LOS ALEGRES DÍAS

 

 

GRANADA DE 1966

 


de


José María Torres Morenilla


 

 

 

 

A mi hijo José María

 

 

Quien desconoce la alegría lo desconoce todo

Robert Louis Stevenson

Prólogo


Recojo estos relatos primeros, pasados por el tamiz del tiempo, en los que viví mi infancia. También mi adolescencia que fue paso, el paso pleno al descubrimiento de la espiritualidad que reposa en los tiempos de las pasiones y los modos rebeldes de la juventud.

Perenne es Granada en su belleza, en esto tiene, como buena Religión, estancia de refugio. No os extrañe que haya gentes que con religiosidad ame a Granada, su historia viva, sus murallas y palacios, la verde ecografía de sus bosques ancestrales, donde la riqueza mayor es que aún en ellos pueden sentirse los hados de lo mágico y eterno.

Mi amigo de infancia, Alfonso Colodrón, excelente escritor y traductor, psicoterapeuta y tantas otras buenas cosas, dijo de estos textos que " seguían vivos y frescos como el primer día". Esto sólo me bastaría para que los incluyera en mi edición de Internet.

El título "Los alegres días" es lo más poético de este ejercicio prosístico, para que no se pierda ninguna nota de alegría. La alegría es un vuelo, llegar a lo que queremos, rondar los espacios imposibles, subir inexplicablemente a nosotros mismos, aunque nos arrollemos con este movimiento inusitado. Esos años tienen para mí esta buena memoria, contemplados desde la serena bondad de la Granada inmortal, desde la reina del paraíso y de la belleza, la Granada de "los ínclitos Reyes doña Isabel 1ª de Castilla y don Fernando 5º de Aragón". ¿Hay algún otro sitio donde el pendón de unos reyes se siga blandiendo por un pueblo, pasados cinco siglos, como si fuera ayer? Estos reyes reinarán toda la vida, porque descansan últimamente en Granada, y Granada es fiel para los sueños.

Granada es la musa de mi poesía. Nunca saldré de ella, aunque esté lejos. Mi Granada de nieve y de sol ganada, con sus montañas azules, cercanas e inmensas, avanzada su quilla de la Alhambra, sus hermosos paseos del Salón, del Triunfo, de las Angustias, del Paseo de los Tristes, su vega increíble que siempre recuerdo desde lo alto de la Alhambra. Pero hay para mí algo mucho más pequeño y mucho más importante que todas estas cosas grandes: es mi tierra, en ella nací, crecí, viví los años de mi formación. Soy granadino cabal. A ella le dedico estos escritos, pues de ella seguiré enamorado.

Acompaño a los textos unos dibujos míos, hechos a veces desde la distancia; siempre con total admiración.

 

Madrid, 15 de Octubre de 2008

Vista de Alhambra y Sierra Nevada (Granada) (Técnica mixta ©Torres Morenilla)

I Algo sobre el carácter granadino

Granada es una ciudad cerrada; su posición geográfica especial le da una profundidad en el paisaje que hace destacar la Alhambra sobre las colinas verdes, la nieve como un sueño ideal sobre la sierra azul. Esta peculiaridad del terreno influye en la forma de ser de sus habitantes, confiriendo un carácter cerrado, que hay que encontrar con sinceridad, rectitud; en fin todas esas cualidades que definen la caballerosidad de las gentes de bien.

Granada, como capital, como ciudad de grandísima historia, delega al granadino todos sus atributos, y éste, en consecuencia, muestra el temperamento artístico, burlón y formal que le hace merecedor de mejor fama.

Equivocados están muchos sobre esta tierra asociándola en Andalucía a una especie de convento laico; en Castilla a una gitanería- fullería, dicen-.

Granada está en el centro, en el justo medio, en la vertiente de dos culturas, punto de fusión, identificación y amor, como lo está su propio clima desde el trópico en su costa al glacial en la sierra; y entre estos extremos respira un viento castellano, limpio, purificado a través del curso de su río: el Darro.

Esta confluencia de todo y por todo va pareja al carácter de unos hombres que serán amigos nuestros cuando con nuestra conducta nos hagamos merecedores de ello; unos hombres con un alto sentido de la belleza y de la profundidad del pensamiento.


Claustro de Santa Ana (Acrílico-torres morenilla)

 

II Canales, El camino de la Sierra

Donde comienza el paseo de la Bomba(así lo dije), en el camino de la Sierra, sale el tranvía que va al "Charcón", lugar en las alturas de Granada, cerca del nacimiento del Genil.

Este tranvía pasa por unos precipicios en los que, si miramos hacia abajo, parecemos ir por las nubes. Sobre todo causa impresión un puente de anchura igual a los raíles, por el que el tranvía al pasar parece no tener consistencia, y que al hado se le da toda la palabra; esta sensación es falsa, ya que desde que se construyó, hace cuarenta años, no ha ocurrido ninguna desgracia. El tranvía va por un vergel de verdor y frescura, descubriéndosenos esa sierra abrupta, viva; de los rojos cañones, las rocas salen fuertes, apretadas, en formas cúbicas, talladas con viento y nieve, a enfrentarse al vacío marrones, rojas, negras, llenas en sí de dureza. El verde de los pinos desmenuzado, áspero, brillante hace de franja espesa;

el cielo del mediodía lleva la contraria a la temperatura admirablemente fresca, de viento limpio. El río, abajo, de cristalinas aguas azules va comiendo roca, formando charcas donde la pequeña cascada o corriente, espuma blanca, gorgotea un trinar de un pájaro de alas de agua, en un lecho azul.

Esta pureza de paisajes, en el matiz de los colores más abruptos, innatos del comienzo de un río va parejo a esa otra sierra, casi polvo amarillo, alta, de grandes cuevas inaccesibles; y con pueblecitos como Cenes, Huéjar, Pinos Genil, Canales......

Al llegar ese tranvía de amarillo blancuzco a Canales, vemos una estación pequeñita, de juguete, con una casita marrón, en cuya fachada un tapiz de enredadera se mezcla en su verdor con las viguetas marrones de su techo bajo, a la derecha, una fuente de dos gruesos caños da una agua riquísima, fresca, que cae en el botijo con una canción de mil voces encerradas, cuyo tono llega a las notas más altas, rebosando y cubriendo el áspero vientre de un brillo que el sol pronto se lleva. Canales es un pueblecito de nacimiento, todo es un mundo pequeño. Las huertas regadas de esa agua tan buena dan unos frutos muy ricos. Recuerdo de pequeño el paseo diario hasta llegar allí. Me llevaba mi abuela porque yo tenía tosferina y en aquel paraje dejaba de toser. Es un recuerdo que este año he vuelto a vivir. Podía decir que esta sierra de Granada es pequeña, familiar, temprana y fuerte, de juguete y de creación; áspera, limpia, humana; pero lo que digo con más ganas y fuerzas es que allí nos damos cuenta que el tiempo puede dormirse, que viento, roca, cielo y agua cogidos de la mano saben componer poesía, música, cuadro, en la mano de su Creador, cuya obra más artística se llama Granada.

 


Iglesia de Santa Ana (Acrílico-torres morenilla)

 

 

III Otoño de Granada

En septiembre sale en procesión la Virgen de las Angustias. El pueblo, todo, de Granada va a la calle a ver a "su virgen". Hay en el ambiente de esa tarde un olor húmedo, a brisa de azahar, fresca, tersa, que anima y clarea la mente: se respira esa estación cargada de frutos que es el otoño, el otoño granadino.

Cielo y agua son los componentes de esta tierra. Una agua para todas las fuentes, los ríos, los canales de rumorcillos en la Alhambra, el crispado blancor de la sierra azul; y un cielo transparente y fuerte en el que al atardecer, en el otoño, el color del Paraíso se derrama en el horizonte en la lucha infernal de un sol apuñalado.

La vega es eternamente verde, pero las alamedas de grandes chopos se cubren de amarillo rojizo que el viento hace caer a la tierra, tapándola de hojas que parecen cobre de las cuevas del Sacromonte. Las rosas de Granada, esas piruetas de color, bordan sobre el verde de sus jardines los puentes olorosos que dan al éter la fragancia de un sueño, el oasis de un ideal. Reverdece el tapiz húmedo de los geranios, caídas sus flores sobre las macetas rojas, como esas visitantes bellas en las torres de la Alhambra con sus trajes de vivo color.

El ciprés y el pino adquieren fuerzas para el invierno, ensanchando su aroma limpio sobre el horizonte, el campo; y llega a la calle volcándose, débil en cada mujer, que al pasar nos sonríe...

Qué fuerza tiene el otoño granadino, ese otoño romántico, caído de plano sobre la ciudad, elevando el alma y el cuerpo, los sentidos de los habitantes.

La Alhambra se tiñe de rojo en sus torres; cubre sus paredes de un verdor oscuro y canta en sus árboles y en su viento; chocan las ondas de la campana de la vela con el aire de la sierra bajan juntos al Darro, en sus mil quiebros, donde el agua pequeña y menuda ha querido agonizar por toda la eternidad.

Los membrillos y acerolas acidean nuestras bocas; y los higos chumbos son pregonados por las gitanas morenas, canasta en mano, en canciones con gracia picante: "¡ Qué gordos y qué dulces!". Y así rojos, apretados, ese fruto se hace también Granada en sus mil huesos tallados, en su pulpa suave y olorosa, preñado de frescor y dulzura.

Cantan, azul, las campanas al cielo; palomas blancas en su vuelo, giran al sol que se esconde; el cielo, inflado en su morro florea de mil rojos; la sierra blanca y azul esconde su pureza en el reflejo de la noche; la guitarra rasga el silencio con sus uñas de cristal de aguas, las flores destilan aroma terso; el viento, azul, tranquilo, mueve las ramas del árbol grande y hace caer la hoja de oro sobre la húmeda tierra. Canta el color y el agua en Granada; y ella, entrada en años, como una gran señora sonríe en los dientes de su sierra; y a veces alegre canta, canta con todo su cuerpo. Es el otoño, esa mantilla de plata y oro para una mujer como Granada.

 


 

 

IV Fábrica de poetas

Yo soy poeta porque soy de Granada. Empecé palpando su vientre al nacer; aprendí a coger sus blancos senos en su sierra; besé su boca en el Sacromonte, tuve su cuerpo en la Alhambra. Y todo ha sido por esto.

Lo bueno y lo malo que ha salido de mí se lo debo a mi tierra. Granada es una mujer hermosa, de grandes ojos negros y verdes, de tez blanca como su sierra. Granada, lo juro, con su cuerpo maravilloso, con su alma profunda, grande. Yo me he enamorado de ella hasta el tuétano. Yo no puedo amar a otra cosa que a Granada, porque ella mi tierra, mi mujer, lo es todo para mí. Y empecé a cantarla¡ Qué podía, pobre de mí, si no hacerle unos versos! Tenía yo catorce años y ella fue el amor de mi infancia, la inspiración de mi mocedad, la perdición de mi vida.

Aquel muchacho en la poesía fue como una mariposa de alas de viento que va hacia la luz; a veces quemó sus alas en la falsa inspiración de una bombilla. Pero qué bien se quemó, qué a gusto. Bendito ese revolotear que está lleno de fe y de torpeza. Benditos esos momentos primeros tan llenos de todo y tan faltos de práctica. Luego se sabe dónde está todo, pero no se vibra, no se percibe, el sentido está abortado, repleto, falto de vida. Si a veces se consigue lo mayor, debemos pensar que ha sido gracias a ese torpe comienzo; que sin él nada hubiéramos hecho.

Mi poesía, que aún no conozco, nació en el Sacromonte, entre Sierra Nevada y Granada, frente al Avellano, la Alhambra y el Generalife, bajo el cielo del atardecer granadino. Nació pequeña, ciega, muda; nació pobre, hija sin embargo de una imaginación vibrante. Enamorada de Granada, empezó cantando su amor a ella; y así de esta forma, paso a paso, ha ido consiguiendo hilvanar frases, palabras sueltas, que tal vez el viento agite, mueva y entierre.

Han pasado casi dos lustros desde que empecé; ahora, lejos de mi Granada, lejos de aquello conservo la fe en mi tierra. Quiero volver. Pero he de hacerlo cuando le lleve mis laureles; cuando como un hijo pródigo vuelva a su vientre y como enamorado a su seno, con la gloria conquistada por ella y para ella. Así, altivo, dominando con mi vista sus grandes ojos negros llegaré en magnífico caballo blanco de mis versos, como el dueño a su casa. Pobre y miserable, al contrario, dejaré que otra tierra me posea y me limitaré a dar dos lágrimas oscuras por un amor al que no supe conquistar.

Esto es, así se fabrica un poeta, enamorándolo; aunque este amor sea un ideal en el que la realidad está tan alta que sólo con el sueño se puede remontar un alma miserable hasta su dominio.

En este peligroso juego de juntar palabras que nos digan sentimientos está la perdición del humano, y el caer en poesía. Y la poesía sólo sirve para morir con ella, para llorar, para mover montañas que al poeta nada redundan. La poesía es un lazo al cuello del que nunca podremos desprendernos. Y el tiempo comienza joven para perderse con todo el infinito, que es su ideal. la poesía es tiempo.

 


Plaza de Bibrrambla (Acuarela -Torres Morenilla)

 

V Recuerdos de mi infancia

Son muchos, y a veces oscuros, los recuerdos que tengo de mi tierra. Yo nací en una época desgraciada; justo cuando terminó la segunda guerra mundial, en el mes de Marzo. De entonces a acá ha sido todo un aglutinar momentos, minutos llenos de vida; de alegría y dolor.

Pero de todos ellos, que quizá en otra ocasión futura pueda escribir algo, quiero destacar dos cosas que están directamente relacionadas con Granada. Primero, la idea que tenía de mi tierra; después mi estancia en el Colegio Abadía del Sacromonte, en los primeros cursos de bachiller, en el comienzo de la pubertad, edad que llaman difícil.

Para mí Granada, entonces, era una ciudad muy grande; con muchas calles de nombres que nunca llegué a aprender bien. Pero recuerdo que no tendría los seis años, cuando ya iba solo desde casa a los Escolapios; y después, a los ocho, cuando mi colegio era los Maristas también recorría, pese a ser distante de casa, todos los caminos que había para llegar a él.

De Granada lo que más me ha atraía era su Alhambra; por miedo, el Sacromonte no me gustaba, ni el Albaicín, al que subí siendo muy chico a un cine popular un domingo y volví tal y como, porque " no había entradas". Me admiro hoy de ese afán de ver cine que he tenido siempre. Se puede decir que desde los siete años o quizá menos, desde los cuatro, ya campaba yo solito de cine en cine; y me gustaban sobre manera aquellas películas en las que "salía" Granada.

Los domingos prefería ir a misa a la catedral, causándome viva impresión los dos órganos extraordinarios y el altar que, según me decían, era de plata. También la misa en la Capilla de los Reyes Católicos me hacía estar en aquellos tiempos de la Reconquista que seguramente serían de más esplendor y riqueza de los que el vulgo se imagina.

A la salida volvía a casa por la Alcaicería, callejuelas de casas morunas que conservan ese aire en los escaparates de tiendas de trabajos granadinos, con columnas de mármol en sus fachadas y casas blancas pequeñas con vigas de maderas que sobresalen de sus muros. La Alcaicería da al Zacatín, calle principal que fue de Granada, por la que no circulan coches, con los bajos de las casas convertidos en tiendas de telas, zapaterías, joyerías, en fin de esas cosas que a los mayores tanto gusta mirar. Esta calle da a la Plaza Bibrambla; lugar muy espacioso, con una fuente en su centro; y en cuyo lateral derecho, los puestos de flores alegran el panorama, así como los árboles grandísimos de su contorno. En una lateral paralela a la catedral comienza el mercado, y fácil es suponer el gran número de personas que hay allí. Esto lo recuerdo siempre, cual lo estuviera viviendo.

Desde el Sacromonte, en la plazoleta donde jugábamos al balonvolea, en el recreo, observaba mi Granada, abajo, a la derecha, aplastada y blanca; oía el rumor tranquilo del Darro, enfrente, bajo la Alhambra, verde y oro, y el Avellano y a la izquierda la sierra azul y blanca, empinada, preñado su vientre de un azul morado, inmensa, grandiosa; y cerca, muy cerca, el alboroto de los gitanos, los gritos de su chillería; y al fondo el cielo con un sol que al ocultarse regaba todo con un rojo de sangre viva, limpia, transparente. Este ayer en mí es hoy, y lo será siempre.

 


Viveros del Generalife, detalle (T. mixta-Torres Morenilla)

VI La vida es a diario

Granada ha sido en los últimos años, tras la reconquista, una ciudad de vida sencilla, reposada, en la que ha destacado la monotonía en las costumbres y el trabajo callado, paciente, muy oriental-laborioso- de sus habitantes. estas características han hecho de la capital una ciudad más bien silenciosa y en perfecta armonía de gusto y tradición.

Los más viejos recuerdan todavía la calle Reyes Católicos sin pavimento; y yo mismo me acuerdo del llamado Puente de la Virgen que estaba detrás de la basílica de la Virgen de las Angustias, y que hoy es una calle muy ancha, con grandes casas modernas a su derecha. El río Darro, pues, que atraviesa a Granada desde el paseo de su nombre hasta el puente del Genil en donde junta sus aguas con el río de este nombre, está ahora pavimentado y encima de su curso disxcurren ahora las principales vías de la ciudad;: Reyes Católicos; Puerta Real, Avenida de José Antonio y Acera del Darro. por estas calles se canaliza todo el movimiento de personas y de coches.

El tráfico aumentó tan considerablemente que los ancianos dicen que " cualquier día corriente hay más personas en la calle que antes el día del Corpus". La comparación es explícita pensando que las fiestas de Granada tienen su esplendor en ese día extraordinario.

Granada, a la tarde, tiene el aspecto de una ciudad muy moderna, llena de vitalidad actual, con las ventajas e inconvenientes propios como son: rascacielos, grandes avenidas (Recogidas, Ganivet, Granvía, Reyes Católicos, José Antonio) tráfico de vehículos, y prisas en el caminar de sus habitantes.

En las principales calles los escaparates de grandes almacenes dan vistosidad y alegría. Tenemos que tener en cuenta el buen gusto, la elegancia innata en los granadinos, capaces de convertir en artístico cualquier objeto sin importancia.

Sin embargo, el tipismo de sus barrios( Albaicín, Realejo, Calle de Elvira), ese "espíritu" granadino se conserva a trueque de que con el tiempo la vista de las casas humildes y blancas véase deformado por la aparición de casas modernas, que están muy bien en el camino de Ronda(carretera que poco a poco se está convirtiendo en gran avenida), pero no, no deben de permitirse en el anterior, porque el encanto, la gracia, lo tradicional se perdería para siempre. Y eso es un tesoro.

Granada está aprendiendo a vivir con prisas; los tranvías son reemplazados por líneas de veloces autobuses; los coches de caballos por "utilitarios"; y el taller por grandes fábricas. Moles de edificios se levantan en el exterior. Y todo da la impresión de movimiento de dinero y trabajo.

La familia granadina continúa no obstante en las tradiciones de moral y recato de muchos años de perseverancia. La religiosidad, a veces excesiva,

dirige el pensamiento de esta gente. Por otra parte el granadino no es dado al derroche, o mejor no era dado; en estos tiempos con una especie de seguridad social de parte del estado, el porvenir no adquiere tintes negros y se vive " más al día".

Cines, cafeterías, piscinas, cabarets, van reemplazando a las iglesias y casinos antiguos. Granada va entrando, para su desgracia, en el mundo nuevo de mucho colorido externo y mucha vaciedad dentro.

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Vendedor granadino(Lápiz-Torres Morenilla)


VII "Por un pelo", paréntesis, descanso

Me he fijado que las brochas de afeitar duran siglos...¿Por qué? Ni lo sé, ni creo lo sepa nadie; tal vez "por los pelos". Y ya que digo de afeitar lo que más me saca de quicio es una operación sencilla: secar la cuchilla después de usarla. Es una cosa tonta¿ verdad?. Pues a mí me cuesta un trabajo enorme, después de ponerla bajo el grifo para lavarla, separar los tres artilugios y secarlos. Naturalmente que sólo me sirven para dos o tres afeitados; y el último no muy rasurado, a pesar de que soy una barbilampiño o imberbe.

¿Qué cosa es re imberbe? Ah, una cosa que nadie es: el que los es porque no quiere y el que lo quiere porque no lo podría ser. Y es que en el "poder" hay ya "algo" "en potencia", pero cuando ésta hace ya bastante que desarrolló no hay probabilidad.

Imagino que dentro de unos años, si Dios quiere que viva, odiaré más a los jovencitos pimpollos que fanfarroneando y dueños de algo que desconocen intenten coger del brazo en un cruce de la calle a la linda muchacha de mirada tímida y apretadas formas. ¡Si los odiaré!.

De la juventud lo único que puedo decir es que me viene al pelo; que me encuentro muy conforme con ella; y que sólo temo que en el transcurso del tiempo pierda mi fe en ella, y me deje llevar por esa corriente de neoescepticismo que es la "madurez madura". Ahora tengo dentro de mi cuerpo dos venenos: la poesía y la juventud. La poesía me descubre el quinto vértice del cubo de la vida; la juventud me ciega todo lo que no es recto, portentoso, vivo, ejemplar. Como poeta destaca en mí la sencillez de la forma y el escurridizo fondo, como un pez de nadar suave y corto; como joven mi calma y serenidad, y este estado de animo que va del pesimismo a la alegría más rotunda. Y de las dos cosas lo que amo es la verdad, mi verdad, no traicionarme y no traicionar. Yo soy claro. Digo las cosas bien o mal a tiempo o destiempo, pero con buena fe. Siento sin embargo que puede haber quienes me crean hipócrita, altanero, mísero y demás cosas "buenas", porque si me conocieran estoy seguro que el mayor insulto que podrían decirme es el de ser idiota. Cosa, ésta última, que pocas veces me han llamado.

Esta paráfrasis de mí mismo es un descanso, un reposo para ti, querido lector. Dejo a tu disposición el resto de la página "en blanco", para que ahí escribas lo que se te ocurra, aunque sea una factura o unas cifras de teléfono.

Sólo te pido que alguna vez en tu vida dejes una página, siquiera, en blanco, para que alguien, que no seas tú, escriba lo que quiera.

 


La Alhambra desde el Albaicín (Acuarela-Torres Morenilla)

 

VIII Meditación en la Alhambra: lo que es y el sueño

Por una de las empinadas cuestas que van a dar a plazoleta que hay ante la Puerta de la Justicia, a la entrada de la Alhambra hay rincones muy apropiados para, entre aquel verdor fresco por el aire de la sierra y la sombra, sentarse y meditar: una meditación puede ser un sueño.

El sueño, ese juego de la mente que se recrea en la abstracción de unas imágenes que llamamos reales, a veces está tan apegado a estas imágenes que brota radicalmente de ellas, de su contemplación y les da una vida, una actuación, que va más allá de los límites de la naturaleza.

La técnica, ese mundo de matemáticas y física, ese artificio mecánico que asociamos a lo estricto, a lo concreto, ha nacido del sueño. El hombre que por conocer quisiera abarcarlo todo "quiso" volar; en sus sueños se veía como un pájaro; y por fin de ese sueño, de ese afán de conocer otros lugares, de observarlo desde arriba abarcando más, llegó a construir unas alas, un motor, algo que su naturaleza no le ofrecía, pero que valiéndose del ambiente pudo lograr.

Separar el lado práctico, lo real, de lo imaginativo, de lo que recrea, el sueño, es un absurdo; es algo maligno. El sueño del idealista es el gran sueño; el afán del práctico es medio sueño. No creo que exista monstruo tal para el que las emociones del sentimiento no cuentan. Desgraciado del que sea así, porque no sería hombre. El mundo del hombre no es la razón, sino el sueño. Los animales no existen al menos aparentemente. El hombre es porque sueña.

Para que esto no sea una diatriba: el sueño es la culminación de la materia en el hombre. Dicho de otro modo: el hombre fue tal cuando con el mundo circunstancial "fabricó" uno suyo propio, sui generis, al que dio forma según sus inquietudes.

Pero la vida no es sueño; la vida es juego. El sueño es una particularidad de ese juego. Las cosas reales: el trigo, la madera, la piedra, los números eran antes de que el hombre viniera, se recreara con ellos; y a la vez que fabricara sus sueños fuera "fabricándose" a sí mismo. Las cosas no satisfacen de por sí pero solamente nos conquistan si más allá de ello satisfacen nuestra imaginación.

En Granada hay mucho espacio para esta meditación, para soñar con ella misma. En Granada soñamos a Granada; y al soñarla estamos viviéndola. Y cuando estamos fuera de aquel ideal, aquella composición de razón, sueño de realidad y sueño nos hace vivirla fuera de ella, nos hace recrear. ¡ Dios mío qué tragedia es conocer a Granada! ¡ No id a ella si no podéis quedaros! Porque luego el sueño es pesadilla.

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Carrera del Darro (Óleo-Torres Morenilla)

 

IX Algo mío sobre el Sacromonte

A mí "el monte" me irrita: Es falso, ¡ esto no es mi tierra!¡ Cuántas veces he tenido que llamar idiota a ese petulante del tópico que al hablar de Granada la considera una gitanería! ¡¡Idiotas!! En primer lugar los gitanos del monte son de la raza calé, de una raza que da los ejemplares más bellos: hombres espigados, con el pelo ensortijado, morenos, de ojos grandes, nariz aguileña, facciones de Cristo; las gitanas, aparte de tener unos cuerpos hechos de baile, tiene una buena mata de pelo y unos ojos, muchos de ellos verdes, de tamaños bien grandes y la que no se los pinta con mucha gracia y les hacen adquirir una expresión aguda y simpática. Estos gitanos de cuevas más blancas que el blanco, llenas todas de cobres hechos por ellos mismos, con los suelos bien limpios, que tienen tanta riqueza y limpieza; Y sobretodo mucho salero para hartarnos de blanco y cobrarnos whisky, estos gitanos son de la raza calé, pero con la categoría de artistas, cosa que la mayoría de los payos quisieran. Allí los niños nacen bailando. Yo los he visto casi desnudos- todos de pequeños tiene propensión a mostrar el ombligo- los he visto bailar con un garbo y una "garra" que daba escalofríos. Así que han explotado esta cosa que empezó siendo espontánea; y han hecho bien. Pero es que a los gitanos les gusta eso, les gusta el baile, lo llevan en la sangre y lo harían de balde si no les gustara también el dinero o no hubiera turistas.

Yo estudié también en la Abadía del Sacromonte, colegio que está por ahí.(A pesar de recorrer los tres colegios de Granada era un alumno de excelentes notas) Así que si no me criado en su ambiente, he llegado sí a conocerlo en su salsa. Por la mañana es toda un estampa ver bajar a las gitanas acompañadas de sus mozuelos(amigos o parientes) con la botija en la cadera a llenarla en el caño. ¡Qué gracia y agilidad en el andar! Esa misma gitana a la noche se viste de reina, con sus vestidos de lunares, la peineta y esa flor de papel o natural en lo alto de la cabeza.

La guitarra por la mañana es como esas novias que se prueban el vestido, más espontánea, más ligera de sonido, más silenciosa y más de todos. A la noche parece sonar en el "camino" solamente para el que la escucha.Tal vez para la novia del Monte o del Albaicín (del que antes llegue): la Alhambra.

El Monte le ha dado mucho a Granada, es algo que todo visitante debe conocer, pero lo peor que tiene es que el imbécil de esos que todo lo sabe por el Espasa al hablarnos y sentar cátedra de nuestra tierra vea en todo "gitanería". Y allí, ya lo he dicho, lo gitano es gitano, nada de "gitanería". La "gitanería" para esas tierras bulliciosas de otras latitudes marinas.

¡ Y por favor no vengan con el cuento de que en su luna de miel los gitanos les robaron mil pesetas! Ese que dice eso la pasó en Cercedilla o en Alicante, en el mes de Agosto; y de Granada..nada. Estos gitanos del Sacromonte no tienen por qué robar. Granada en el monte es algo rarico.

 


Detalle de una torre de La Alhambra (Óleo-Torres Morenilla)

 

X La soledad sembrada

La soledad es algo angustioso, negro, denso y vacío, triste, silencioso, histérico: es morir, porque nuestra vida necesita de gente. Yo vivo en mí y estoy seguro de esto porque los demás me conocen y así me lo dicen. Sin embargo ese hombre confundido en la calle de Reyes Católicos entre tiendas de regalos, zapaterías, entre tanta gente, que va acompañado, riendo, peleando; ese hombre que está solo, consigo, por el Paseo de los Tristes, a la noche observando dos o tres parejas de enamorados, cuya contemplación le será como un alfiler para el alma; ese hombre a veces con su familia está solo.

¡ Bendita soledad causa de tanto escrito! Yo, por ejemplo, ahora quiero compartirla contigo, hipotético lector- acaso nadie lea esto-; y lo hago alegre, confiando en poderte dar una participación de lo que he visto, de lo que siento.

Estoy en estos instantes contemplando la foto de una muchacha, Encarnita, con la que salí durante un año, allá cuando tenía dieciocho. Bien; si yo hubiera ido a Granada con ella seria tanto lo que le habría enseñado de mi tierra; lo que le habría dicho acerca de mis ocurrencias de niño que estoy seguro de que pocas ganas tendría ahora de escribir esto, ni siquiera en telegrama azorinesco. Encarnita, junto a "te quiero", "guapa" "reina" amén de otras primuras, fáciles de adivinar, se habría llevado todo consigo para ella solita.

El poeta el escritor, por humilde y machacón que sea, tiene su arma en la soledad. ¡Ojo! es una espada que pesa mucho, contra la que yo José María, muchacho en" la flor de l a vida", con muchas ganas de hembra me revelo. Pero es mi aliada. No puedo. Es vocación. ¡Hasta dónde llegará a ser morboso y maligno este estado de sentirse escritor, que yo enamoré a Encarnita- y tengo pruebas-para poder "decir", con "experiencia"- ¡ a bona parte!- cosas de amor en mis cuentos y poesías! La verdadera experiencia me dijo que me ilusioné de veras con ella, que no escribí nada sobre ella y que pensaba en los domingos para ver cuándo le iba a besar y cómo. Pero aquel niño era un "enfant terrible", un pequeño monstruo de las letras.

Esto, para sacar en conclusión que es en la soledad donde el poeta se trabaja y consigue. Y que es preferible estar solo, que no "acompañado y no". Porque muchas veces me he colocado en situaciones embarazosas al hablarme el que fuera en un paseo, en clase, en la oficina y "salir `por los cerros de Úbeda", lo que después de todo es algo cómico, que llaman "despiste" y yo sé que es soledad.

¡Respetad la soledad del artista! La necesita, es su fuente. Y cuando el artista se vea como un hombre de carne y hueso observaréis que es sencillo, humano, sin complicaciones, espontáneo, sincero. Comprended su soledad. Y...¡por favor!, no penséis mal, porque os puede salir el tiro por la culata, que de todo hay en la tierra del Señor.

No, la soledad no es nada. Depende del uso que hagamos de ella. El hombre está encerrado en la carne, pero puede desprenderse de ella, en la meditación. Aunque a veces esta soledad sea cruel, inhumana, mala.

 


Patio de la Alhambra (Detalle, Óleo-Torres Morenilla)

 

 

 

XI El tiempo solamente pasa

Lo mejor de quien como yo se vanagloria de haber leído poco y bueno será este lujo de permitirse ideas propias. Conozco a muchos a los que la frase leída en el libro de autor de fama le alegra enormemente, pues le recuerda otra cosa que él dijo o meditó. A mí no: a mí me produce una desilusión pues la otra, la primitiva mía, la creía inédita, revolucionaria y el dichoso librico me demuestra lo contrario. Por esto el libro nos interesa para convencernos de algo muy importante: "nada se crea ni se destruye, únicamente se transforma"- a pesar de Einstein (así dije).

Como el salvaje que diría Schiller, como el hombre intuitivo, propiamente infantil, voy a desarrollar la idea del tiempo; una idea de un tiempo muy importante: el tiempo de Granada.

En Granada el tiempo pasa y no pasa. Pasa para mí que soy mortal; pero para la ciudad, no. Y es trágico ver cómo nuestras carnes se arrugan y pierden, mientras esa ciudad parece haber quedado tal y como la dejaron los moros. La mayoría de las casas de aquellos tiempos han sido destruida por terremotos y vientos. Pero ahí está la Alhambra con sus doradas torres, que parece eterna; y el agua de mi tierra en el Dardo, en el Genil, en las fuentes. Ahí queda la sierra azul y blanca; el cielo denso de color; la vega, quedan todas esas cosas una y varias que definen mi tierra.

El tiempo nos quita. Hay quien opina lo contrario. Lo admito. pero ¿ quién no recuerda cosas más apretadas, más llenas de vida que su momento actual?. El tiempo para el artista es demoledor; el filósofo que al fin y al cabo artista es del pensamiento viene a "echarle una manita" negando la existencia. ¡ Y existe! El tiempo es un espíritu, como el viento, con capa; pero a diferencia de éste, aquél más sutil, más fino, no hace ruido, parece no estar.

El tiempo produce la sensación del movimiento del caracol; cualquiera que vea a este animal batiendo sus cuernos en todos los sentidos, como las ramas de esos árboles de P. Claudel ("Comme un poéte qui pense") se cansará pronto de mirarle y preferiría decir que el caracol está quieto. (el caracol construye un rastro de cristal para mirar hacia atrás y convencerse de que se mueve, ¡ cosa que hasta él mismo duda!); después este hombre se levanta de la cama, olvidado el caracol; se da cuenta que va descalzo al sentir el frío, busca sus zapatillas de paño, introduce el pie y chas. Algo con cáscara estalló: ¡el caracol!

Pues así nos pasa a nosotros. Que el tiempo existe me lo dice estos viajes sorpresa a mi ciudad. cuando estoy allí, en sus calles, en todo que es siempre igual en su eterna belleza el tiempo no es. Pero luego....Luego todo es distinto. Tan distinto como yo mismo.

El tiempo fuera de Granada es un cuchillo que nos atraviesa el corazón poco a poco.

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Flores del Generalife (Óleo-Torres Morenilla)

 

XII El cielo abierto

Me acuerdo de cuando era niño. Solía subir muy a menudo a la Alhambra. ¡Tenían para mí tanto misterio esos bosques verdes y negros! Sí, yo, como Ganivet, no me encontraba solo, había "alguien" que me acompañaba por aquellas cuestas; tal vez Zaida o Zorahayda.

Yo he visto bailar ni más ni menos que a la Ludmilla Scherina(fonéticamente); dirigir a unas orquestas, enormes en todo, en el palacio de Carlos V, a los mejores directores. Era mi diversión subir a "colarme" en los ensayos de los Festivales de Música y Danza ¡ Cómo se me ponía la carne "de gallina" con aquellos monstruosos acordes!;

Y también los domingos, que es gratis, visitar el palacio; subir sus torres y mirar la ciudad como aplastada, apretada de casas, blanquecina, como mi propio pecho conocido, allí abajo, mi tierra...

¿ Y el cielo? En el Cubo de la Alhambra, en todo lo alto me hubiera gustado crecer hasta tenerlo en mis manos, y apretarlo fuertemente hasta que se derramara sobre la Alambra y la inundara de su transparente azul. ¡Qué fuerza tiene el cielo de Granada! Es un cielo denso, un cielo de Mediodía, limpio, "jondo", un cielo con vida. Pero si de día es así al atardecer es algo grandioso: la luz roja derrama tonos violáceos, dorados, caobas, a todo lo largo del horizonte con un sol que parece un rubí ardiendo y hacia arriba vemos ascender los rayos que empujan el azul. El sol agoniza con bravura, quiere quedarse, no puede y es la noche. Las estrellas están muy cerca, más cerca que en parte alguna. El cielo está "cuajado" de luces limpias, hermosas, titubeantes, nítida la luna, rey el lucero del alba, apretada esa nube desmenuzada que es " el Camino de Santiago" en los meses de estío. ¡Qué magnificencia! ¡ Qué silencio!

Nos tachan a los granadinos de serios; y no es cierto. Por allí decimos una palabrota que no significa nada (no busquen los filólogos sus raíces etimológicas, que se pierden) y es "malafollá", su homóloga más suave que decíamos los niños sin temor al cachete, "malafondinga". Sí en Granada, y entre nosotros, entre granadinos, hay "malaeso", pero es porque el pensamiento allí es muy profundo y la "chirigota" no nos va. ¡Qué nos va a ir! Con ese cielo dan ganas de amar, de comerse a besos todo, de decir palpando en cada piedra, en cada flor, en cada fuente, en cada cara de mujer: ¡Dios mío, se te ha caído el cielo!, por esta tierra, para esta tierra. No, nos dan ganas de reírnos, sino de alegrarnos por dentro, muy por dentro.

Con este cielo Granada está segura: abierta al infinito, encerrada en el color por el día y a la noche, en lo profundo y silencioso. Quiero terminar con unos versos de la Contesse de Noailles:

Nuit d´été, obscure et sans bruit,

Prodigue de fraicheur limpide!

L´infin destin se dévide

Lentamente. Une étoile luit.

Esa estrella es Granada.

 


Jardín de Alhambra, con fuente(Acrílico-torres morenilla)

XIII Lecturas para unas vacaciones cortas

En estos quince días, demasiado quince(creo que fueron doce), que estuve en mi tierra procuré proveerme de lecturas, para esas horas de la siesta, del sol dorado o del amanecer cuando lo único que apetece es un libro.

Pasaron el autor de Cuerpos y Almas M Van der. Meels; Pío Baroja; W. Irving, Miguel Hernández ( no sé si su nombre es Miguel; pero sí que es el autor de "El rayo que no cesa", libro de poesías reveladoras de un espíritu auténtico, español) (así dije) y que yo sepa nadie más, pues he dejado para último lugar a Unamuno y su obra "El sentimiento trágico de la vida".

El título de esta obra lo creí más apropiado para un marco de más tragedia, que para llevar a mi tierra, mi Granadica mía. Pero no. Cualquier lugar hubiera valido. Unamuno es un hombre al que he encontrado en esta obra(que me parece no es muy citada) y lo he encontrado porque verdaderamente en ella nos muestra al hombre tal cual, al hombre de la contradicción. Lo importante de esta obra es que el autor nos habla de algo que vale mucho: "el sentimiento". Ahí, todo. Unamuno, sin rechazar la razón, ridiculiza a los que hacen de ella un escudo, a los que se han llamado a decir "prácticos".Estos prácticos se quedarían dubitando si hubieran leído esta frase que hallé en su libro" Más veces he visto razonar a mi gato que reír o llorar". Tiene "razón" Unamuno en esto. El hombre que es animal racional no es el único que razona; sino que debe ser el que sepa "sentir" en el razonamiento.

Unamuno llega a decir que por la razón se va a la desesperación; que por la fe se consigue todo. La razón parte de un artificio: su propia esencia. ¿Qué es racional? Yo diría que esa virulencia con la que Dios nos vacuna de la idiotez. Pero idiota sobre todo el hombre "práctico"(y sobre esto no estoy muy de acuerdo sobre unas ideas de Pío Baroja sobre lo oriental y singularmente sobre Tagore); este hombre es el pescador sin red que coge los remos y dirige su barca al banco más lleno, calculándolo todo y olvidando lo más esencial como es la red; pues lo fundamental escapa del calculo. Pretender por Matemáticas llegar a Dios, es pretender llegar a la idea del " no Dios", por el camino más rápido, la corta lógica en la que las matemáticas se basan.

Pero en fin no pretendo disertar sobre ideas altas, sino recordar esas siestas con calor, leyendo unos libros a los que traeré a mi memoria siempre que me acuerde de este verano en mi tierra.

Sobre el sentimiento, lo trágico, la vida o todo junto ya diré cuando pase algún tiempo lo que yo pienso. Ahora sólo puedo leer y vivir, o viceversa, pensando en un mañana en el que tenga espacio para meter un poco la pata y el pato.

 


Rincón de la Alhambra (Acuarela-Torres Morenilla)

 

 

XIV El Paseo de los Tristes

Limpia la tarde, el viento mueve los árboles del bosque de la Alhambra y el Generalife. En medio, el Darro; al otro lado el Albaicín moruno; enfrente Sierra Nevada; se adivina a la derecha, entre el verde del cerro, el rumor humilde de la fuente del Avellano; y puede que llegue el rasgueo de una guitarra o la voz que entona una media granadina. Es el Paseo de los Tristes; donde empieza la carrera del Darro; donde comienza la Cuesta del Chapiz que va al Monte; donde miles de enamorados desde miles de años se dicen requiebros, palabras sueltas, guiños, bajo la Alhambra, donde Granada es Granada; donde se es granadino.

Por el Avellano y al pie de la cuesta del Chapiz hay cármenes de flores; verdes y oscuros, regados por el agua; que dan aroma de jazmín y frescor al ambiente.

Un puente une las márgenes del río; un río que muy "jondo" hace girar sus aguas verdosas con miles de quiebros blanquecinos, como una canción de agua.

Las torres del palacio, torres de oro parecen, se enfrentan al cielo azul, cristalino, denso, lleno de estrellas muy próximas, tal vez con una luna de nácar- diría Lorca-

De la Sierra Nevada baja el río y el viento; fríos, ruidosos, leves bajan viento y río. Sobre las copas de los avellanos, bajo los pies de los avellanos uno y otro mueven cielo y tierra en canto hondo, lleno de misterio, de una fuerza que llena nuestros sentidos, nuestra alma. Le llaman Paseo de los Tristes y será porque los hombres que por él vamos quisiéramos ser roca, agua, viento, árbol para estar allí siempre contemplando aquella belleza señora y fuerte; aquella profunda huella donde Granada destila en la savia de su río una canción triste y remota, un diamante oscuro, de dureza cristalina y fría en el viento; una esmeralda en el bosque de mil verdes; un oro en las torres rubias, un topacio de las zambras gitanas; un rubí de su cielo en el horizonte; una nieve de Sierra y Albaicín; una Granada toda con nosotros en un camino a donde Granada va por los cuatro costados, a un camino para amar lo que es más grande: el amor.

A Granada hay que ir con el corazón. No subir al "lujurioso" Carmen de los Mártires, sino bajar al Paseo de los Tristes para reír a la vida, a todo lo que es sentimiento que vibra en el alma. ¡Aquí sí estamos en esta divina tierra!. Paseo de los Tristes, ahí está todo; y en el centro una redonda, blanquecina fuente, dando, dando, dando agua para el sediento. Un sediento, como yo, de esta tierra.

¡Ay Granada! ¡Ay Granada! " Te llevo en mí. Y no te tengo. Paseo de los Tristes tu fuente es mi calvario. Fui por ahí y triste estuve; sólo salía de mis labios un suspiro, un suspiro a...Granada"(lo subrayado lo ha puesto mi madre en mi cuaderno, otra granadina).

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Detalle de Carmen de los Mártires (Óleo-torres morenilla)

 

XV Las fuentes de Granada

La más humilde, la más natural y quizá la más famosa es la del Avellano, a las faldas de la Alhambra, sobre el Darro, frente al Sacromonte. Cuántas historias de amor se habrán trabado alrededor de su caño pequeño y gracioso; cuántas meditaciones, palabras sueltas, susurros y silencios.

Sabido es que el árabe, cuya piel tostó un sol sobre el desierto, porque conoce su redención, ama el agua, la sombra, el frescor, los jardines; y así en Granada procuró que no le faltara ¡Buen lugar eligió! Miles de manantiales da la Sierra Nevada, ese escudo azul y blanco que protege, anima y purifica a Granada. El árabe trajo el agua a su Alhambra, procuró que no le faltara construyendo unos Aljibes bajo el Cubo de la Alhambra; hoy lugar frecuentado por cuantos visitan el palacio, y donde es tradición beberla en unos vasos grandes y densos de vidrio, donde la fresca materia se toma apurando la última gota tras la petición de un deseo.

De las fuentes de la Alhambra me ha sido grata y familiar la que hay frente al monumento a Ganivet, en donde termina el camino central que se bifurca al palacio y al Carmen de los Mártires. No sé si su nombre es la fuente del Tomate; pero efectivamente su forma semeja medio tomate. Allí de pequeño solía jugar y un día por querer mirar-bello inicio de niño- lo que contenía dentro de aquel "medio tomate" entronizado, al poner los pies sobre la verde base resbalé y me di de frente con el moho; el porrazo fue grande; yo iba solo y me contuve de llorar, pero una bendita madrileña (hablaba con eses) de unos veinte años, bastante bonitos, me auxilió con mimos y caricias que hoy desde aquí se lo agradezco ¿Se acordará ella de esto?

¡Ah las fuentes de la Alhambra, caños del Generalife, riachuelos en cascada! ¡Ah agua de la Alhambra cómo estás allí; qué de tu presencia!

Para subir a la Alhambra por la Cuesta de Gomérez, en Plaza Nueva, donde el Darro se hace canal, a los pies de Santa Ana; donde queda el enorme edificio de la Audiencia, fiel testigo de la Inquisición; donde comienza la calle de Elvira " la de las manolas", en Plaza Nueva, hay una fuente bella y pequeña, preludio de vida, en cuyos alrededores hay gitanos y gitanas, gentes en fin que viven en aquellas granadinas calles, en el Albaicín y en el Sacromonte. La fuente en el centro de la Plaza parece dirigirse a todos que rodeándola le rinden pleitesía.

En Bibrambla, plaza del Mercado desde el tiempo de los moros, hay la de Neptuno, figurilla de lo alto,en tridente,que dice que no dice; unos monstruos de descomunales cabezas arrojan gruesos caños de agua de cada una de sus bocas. En esta plaza de Bibrambla aboca una calle de la Alcaicería, antiguo mercado moro donde Boabdil adquiría la plata labrada de trabajo granadino.

Toda esta ciudad de mil fuentes sencillas, acogedoras, cerca en cada una de ellas lugares íntimos y populares; está hecha como un gigante monumento a la Naturaleza y al Hombre.

Las fuentes de Granada, gorgotean puras; limpias fuentes de esta tierra nos saludan, frescas las brisas, en los rincones más bellos. Como un remanso, como un sifón del sueño, donde en él se arrastra la palabra paz; están sus redondas siluetas entre el blanco y el verde, para darnos tranquilidad.

Y Granada toda es agua para el sediento de hermosura, de serena belleza; para el que cree que más allá, más lejos de la simple contemplación del hombre está aún ese misterio, esa última frontera que un día, en la redención, conoceremos.

Quizá desaparezca esta ciudad, pero estoy seguro de que quedará su agua y en canales o libre cantará la belleza de una ciudad que el poeta llamó trozo de cielo en la tierra.

Y esa agua está ahora en sus fuentes. Tocadla. Bebed de ella. Sentid en su interior el frío de un algo que Vivió siempre ¡Fuentes de Granada! ¡Fuentes del Cielo!

 


Fuentes de Alhambra, detalle (Óleo-Torres Morenilla)

 

Donde hay alegría, hay plenitud espiritual y donde hay plenitud espiritual hay alegría

Paul Tillich

Granada 1966

He subido este verano al Sacromonte en una noche cerrada, negra, llena de estrellas hermosas, y con un viento fresco, de tersura, por la Cuesta del Chapí al Sacromonte: desde éste miré hacia la Alhambra, iluminado su bosque, y el contorno de sus torres y murallas con una limpieza armoniosa y terriblemente bella. ¡Qué profusión de contrastes suaves y fuertes! Qué hermosura desvelar los colores más puros en una noche de Agosto.

Sin embargo el Sacromonte queda lejos de esto; desde él se mira la Alhambra y a Granada desde mayor distancia. Prefiero pasear a la tarde, ya casi en tinieblas, por el Paseo de los Tristes y la Carrera del Darro; desde allí, sin artificios me creo fuera del tiempo como un granadino de leyenda; un moro que viera su Granada antes de la Reconquista. Un personaje, yo, gris, de entonces, sin más gloria que haber nacido allí; sin más filosofía que amar el paisaje de mi tierra; sin más ambición que morir en ella.

He llorado. siempre que voy a Granada lloro. Tal vez de nostalgia, tal vez porque cuando camino por ella me parezco a mí mismo como muerto, una alma en pena que va furtivamente a un cielo que difícilmente llegará a cumplirse.

Este amor a mi tierra es porque sí, porque me da la gana. No puedo buscar para él explicación razonada, ni siquiera sentida; es un todo absoluto, que me hace llenarme de amor y de apego; y cuando menos, dos manos para palparla y sentirla en mí.

Lejos, mi imaginación y recuerdo quedan siempre cortos en la belleza de esta tierra. Una tierra sensual. De acuerdo. Lujuriosa. No diría tanto. Pero sobre todo honda-"jonda"-, una tierra muy profunda en su mente y muy alta, limpia, casta en sus sueños. Es todo.

Estuve en los Jardines del Carmen de los Mártires. Bien; no me convencen. De Granada me gusta ese bosque indescriptible de su Alhambra, esa sombra de verdes oscuros; esa frescura, ese "tapar". Los Mártires me recuerda lo facilón y sensiblero. Todo muy bonito, limpio y cuidado, demasiado. Quizás a la noche sea otra cosa. Granada es noche y Otoño.

Ya nos dijo Pío Baroja que la oscuridad, el velo, al paisaje granadino le iba mejor que la luz del mediodía. Yo lo comprendo y lo siento así. Sobre todo a Granada ciudad.

En fin recomiendo a cuantos quieran visitarla leer los cuentos de Washington Irving, pues así la tendrán más cerca. Y por supuesto a Angel Ganivet.

 

FIN

 

 

RÍO DARRO

 

 

LOS POEMAS DE LA ALHAMBRA

 

 

 

 

 

 

 

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