LOS POEMAS DE LA ALHAMBRA

 

 

 

Resultado de imagen de fotos de la alhambra con nubes rojas

( La Alhambra, pintura de Torres Morenilla)

 

de

 

José María Torres Morenilla


 

 

 

 

 

 

LOS POEMAS DE LA ALHAMBRA

 

 


Alhambra de Granada


Oh, flor de los mil colores,

átomo de los mil amores,

Oh, ruindad llena de gracia,

almena de la fragancia.

.

Reina del poderío,

fuente del amor mío,

paloma sin palomar,

Alhambra del bien amar.

.

Oh, reina más coronada,

carne de tierra encarnada,

en bosques oscuros encerrada,

soltada al cielo, soltada.

 

 

Subida a la Alhambra

 

Cómo llegar a ti, hermosa mía, tan alta,

tan soberana de ti, de ti tan llena,

como quedar en ti, tan perfumada,

tan antigua y tan noble, tan llena de Granada.

*
Me suenan a música los cantos de tus aves,

el ruido de los vientos que no mueven tus árboles;

en el frondoso bosque, el sol se multiplica,

y yo me hago más grande, embobado en belleza.

*

Cómo llegar a ti, hermosa mía, ocultada,

tan profunda en la altura, tan grande y arrobada,

tan antigua y tan noble, tan llena de Granada.

*

Nunca estuve más cerca del cielo, enamorado,

el tiempo entre tus torres apenas se detiene;

la ciudad te acompaña, parada en el abismo,

la palabra calla, tu belleza resplandece.

 

 

La ciudadela del monte

 

Alhambra, vergel de sombras, en el agua encantada,

con los oscuros olores de la tierra mojada

y los claros cristales de su alma intransitada,

paraíso escondido, en muchos siglos olvidada,

nacida desde lo mismo y que parece inventada,

cada día es más nueva, cada día es encontrada,

apostada frente al viento, defendida, amurallada,

con las grietas de los tiempos de la belleza parada,

que habla de las victorias y que fue la derrotada,

ora estrella, ora surco, ora arquitectura hilada,

fuente del espejo limpio, quieta luz, inmaculada,

serrana que señorea sobre la vega azulada,

con un alfanje invisible, en su mano levantada,

defensora de un tesoro vinculado a su Granada.

 

 

Sueños de la Alhambra
 

El hermoso zafiro de tus ojos,

las palmeras de tus torres y de tu piel,

el aire que has llenado de fragancias,

las ruideras de las aguas a tus pies.


Eres arroyo de sombras y de musgos,

eres el sueño enredado en el edén,

eres la ciudad más hermosa de este mundo,

eres el barro perfumado del ayer.
 

 

La fuente

 

Un poema es tu vaso de cristal,

una lluvia de tu agua enamorada,

sonrisas de la luna acristalada,

una de tus miradas más calladas.

 

 

El Generalife
 

Alameda florida, parque sin dueño,

flores que al paraíso salen huyendo,

y un viento frío que de la Alhambra vino

a mi delirio.

 

 

Una postal de la Alhambra

 

La Alhambra, en ti montada la luz sube en la tierra,

con el aire de la nieve y tu serena grandeza;

como en volandas te llevan unos jardines de ensueño,

torreones son de oro, y del viento son espejo;

ay sierra, sobre Granada, bruñida en cincel de plata,

senos de color de estaño y luna de nácar pintada;

tan altos como las torres los cipreses te vigilan,

el agua se enreda y piensa y los rosales te miran;

colmena de tu colmenar, los techos de tus enjambres,

dorados como las mieles, tallados en cristal del aire;

como una copla alargada te echas sobre Granada,

ensangrentada de versos, con tus sombras perfumada.

 

 

Las palabras

 

Cedo mi corazón, aquella parte oculta

que nunca ha sido mía ni busca mis disculpas,

cedo el amor glorioso, mis días pensativos,

los pasos transparentes por la Granada eterna;

abundo en mi tristeza, que es nada mía,

en dos ríos profundos de aguas marginadas,

debajo de mis palabras, en ella fue mi vida,

el descanso inhábil encuentra la belleza,.

paso por un mundo, tan sólo voy de paso,

por una ciudad oculta, vestida de silencio,

en bosques amurallada.

 

 

Los bosques de la Alhambra

 

En donde cantan las aves y guiñan verdes espejos,

suben los viejos gigantes, guardianes de los silencios,

desnudos entre malezas, vestidos solo del tiempo,

se amurallan de la luz, con esmeraldas en los pechos,

bosques de manjares rotos, cálices del entresueño,

duermen aires de grandeza y delirios de un destierro.

 

 

El agua de la Alhambra

 

¡ Qué bien se oye y bien suena el agua de la Alhambra,

que nace entre azucenas y canta pronto una zambra!

Cuando cae mira al cielo,

cuando pasa, apenas pasa,

bajada por los senderos,

de barandillas y cauchiles,

pasamanos de labranzas,

cantos de su agua hermosa,

tan perfumada y descalza,

tan profunda y juguetona,

olvidada y encontrada,

al sol su rostro en las fuentes,

en blancos aljibes ocultada,

enmarañada en los bosques,

serenada en las estancias,

enfilada en los palacios,

por los montes encabritada,

como el sueño de sus ríos,

que, olvidados de ser ríos,

entre sus bosques quedaran.

 

 

Las voces de la Alhambra

 

He contado a todas, muchas, y entre ellas tú no estás,

oh silencio de cristal, alas del viento, miradas del pleamar,

la soledad se acompaña solo de la soledad,

¿ quién cerrará sus ventanas? ¿ quién sus ojos cerrará?,

entre los bosques, profunda, tu voz nunca sonará;

suben sobre las cuestas, perfumadas de arrayán,

los olvidos que se han muerto, heridos por el leviatán,

con tarascadas de vientos y sombras de la vanidad;

he contado a todas, muchas, y entre ellas tú no estás,

la grandeza de la Alhambra es también tu soledad,

oh silencio tan capital que llega desde la ciudad,

los olvidos y los desprecios en tu alma de cristal,

la soledad que es tan tuya, en tu Alhambra quedará,

entre los bosques, profunda, tu voz nunca sonará,

¿ quién cerrará sus ventanas? ¿quién sus ojos cerrará?.

 

 

El patio
 

Una fuente me suena y es poesía,

reguerillo de un amor que está sonando,

chapoteo de palabras y de sueños

enredados en las lunas del mosaico.


Canta su agua ligera, entre los mirtos,

entre las verdes sombras sube su canto,

claridad del sol y de las aguas,

chorrillos de un amor que está cantando.


Le perfuman los cipreses y los arrayanes,

le dan carne los barros de los patios,

y los arcos prendidos de la arcilla

le sostienen primorosos alabastros.


Patio tan andaluz, cortado al cielo,

suspiro de un amor que han desterrado,

por la amplia geometría de la belleza

su mirada de tristeza se ha quedado.

 

 

Canto a Granada


Granada, perla, señera,

en el brocal, bordada,

eres primera,

la joya de la corona,

belleza extrema,

sobre los montes subida,

sobre tu Vega.

Granada, la encontradiza,

quién te tuviera

asomándote a mis ojos,

que me embelesas,

que me llenas de tu aire,

que me aprietas

con tu cordura y tus sombras,

con tus pechos y tu silueta,

Granada, la hermosa perla,

en mi corazón bordada

con vida eterna.

 

 

Santa María de la Alhambra

 

Ave María,

toda llena de blanco y de poesía,

torreón bajo las tejas de la alegría,

campanario de las estrellas, luz del día,

novicia recién togada en teología,

estandarte del guerrero de más valía,

madre de los recovecos y de las lejanías,

diosa que nunca pesa, voz de aljamía.

 

 

El silencio

 

El silencio es la brisa que se escucha en Otoño,

que nos deja un reflejo de una mar interior,

las ideas, los recuerdos, los calores y los miedos,

el llegar a la nada de la oscura estación.

 

El silencio está denso, lleva siempre un lamento

de la tierra lejana que dijimos adiós,

tiene tacto de música, de melodía añorada,

de paisajes vividos con el mayor amor.

 

No desdeña ni olvida, ni del todo calló:

dejó que tu ribera se llenara de cosas,

que te complementaras en el mundo exterior.

Pero estuvo al acecho de volver cuanto antes,

de reemprender el camino de los versos utópicos,

la utopía nunca calla, es la inspiración.

 

 

El Rey que regresa

 

Suenan las chirimías, con ampulosos ropajes,

la Alhambra espera a su Rey que viene para quedarse;

amplias plazas, mesas puestas, tapices grandes de paños

y en la torre de la Vela,

vuela en frenesí amoroso

la seda de su estandarte;

el aire flamea los rostros llenados de la alegría,

el sol ocupa su trono

y borra la melancolía.

Un ejército de alcázares

hace la guardia de honor,

tan tiesos como sus alfanjes,

oscuros como el pavor;

el agua  se excita y salta

en chorros de puro ardor

y cae rompiendo ruidosa

las gotas de su clamor.

Cañón de gloria,

por las anchas avenidas,

sube que sube la historia

ceñida sobre el honor.

A fin de cuentas

lo que con sueños se hizo

no lo deshacen los tiempos

y vuelve sin previo aviso

a ganar a su Señor.

Que la Alhambra lo esperaba,

engalanada de orgullo,

como una reina sentada,

alta y digna, colofón

del reino de su Granada.

 

 

La canción del niño

Oh niño, tu canto es primordial,

no guardas mi tesoro,

ni ocultas mis palabras,

tú devuelves mi vida en todo lo que das,

subes, casi sin esfuerzo

y llegas a lo esencial,

mi vida es un sendero oscuro

y tú lo esclarecerás,

oh niño tu canto es canción nueva,

unida a mi espera,

 bajando con mis ríos,

jugando con mi mar,

 barquitas de hojas verdes

que pronto te alcanzarán,

no guardes mi tesoros,

no calles mis palabras,

día a día te espero

en un alto lugar...

 

 

Por un beso regalado

 

Para un amor regalado todo lo tengo dispuesto,

muralla soy de la luz, de la sombra soy espejo;

como el ave adormecida que espera echarse a volar

te espero todos mis días que amanecen sin parar;

parapeto soy del sol; del tiempo soy su reflejo:

un día de más se me escapa y otro regresa más nuevo.

Aquí estoy, aquí plantada, esperándote de nuevo,

para el día que regreses todo lo tengo dispuesto.

 

 

Uno que se fue

 

Uno que se fue, no vino más,

dónde estará,

 lo espero celosa,

 lo busco todos los días,

 no hay momento del alma

que no me ocupe su vida,

¿se acordará?

¿recordará que lo quise

con más amor que deseo,

que no deseé otra cosa

que verlo y nada más verlo?

¿regresará?

pasan los días seguidos

unidos a mi cadena,

el aire se llena de pozos

donde se ahogan mis penas

¿ volverá?

 

 

Mentiras de la luna

 

Me mintió la luna con sus pasos oscuros,

su mirada tan blanca y su cielo azul,

me mintió cuando verde me llenó de jardines,

de sonidos de pájaros, de las flores que puebla,

el olor de sus campos y su bella quietud,

me mintió cuando puso en sus grises ventanas

las mañanas rellenas de dulcísima luz,

y cuando en la penumbra de calladas esperas,

entre soliloquios y cipreses que eleva,

por paseos encumbrados de su alto acimut,

tuve entre mis manos su tacto de rosa,

y me besó en los labios mi amor eres tú.

 

 

El corazón se enamora como loco

 

Del aire, en la razón, en Granada traspuesta,

llevo una corola hecha de tu esencia sutil,

eres la primavera, del cielo la tormenta,

el ruido de los rayos y el silencio gentil;

eres, de no sé dónde, el amor que me has dado,

y regalas, hermosa, solo con tu vivir,

los cielos estrellados que ensimisman y me llenan,

la plácida caricia del viento grácil,

eres la noche oscura que atravieso sin miedo,

que de mí se traspasa a tu gran corazón,

los días sin escarcha, la mañana más clara

 haces alegre y alivias todo a mi alrededor.

 

 

También eres tú

 

También eres tú, también me dejas algo de melancolía,

también siento que te vas y regresas cada día;

también me eres querido y te espero alborozada,

te canta mi agua sinuosa, con cristales y palabras;

me perfumo con la noche, tu esencia pongo en mis pechos,

con besos tuyos mis goces, tus flores pisan mis lechos:

para ti, a ti regresa mi alma ilusionada,

he vagado un destierro que se quedó sin mañana,

 espero que llegues hoy, te recibo alborozada,

contigo vuelven mis besos, me hablas con mis palabras.

 

 

De un amor gocé

 

De un amor gocé,

de otro aún no lo sé;

gocé encerrada

tras de los muros murallas;

te oía llegar en los cascos de caballos,

me regalaban perfumes tus flores a cada paso;

me acariciaban poesías

que en tu paraíso duermen,

tus besos desayunaba

bajo tu aroma caliente.

 

 

El Paseo de los Tristes

 

Caminito de los Tristes, la huella de mi Granada,

diamante oscuro en la noche de su Alhambra iluminada,

esmeraldas de sus bosques, en la altura entronizada,

con sabor a vino y poesía, y su belleza ganada.

 

 

Los Palacios

 

Sale cantando mi amor, entre las ramas del viento,

sale soñando mi amor, casi sin mi pensamiento,

como una flor, llenada de mil colores;

sale mi aliento, a plena luz, mis amores,

 pisando el barro del tiempo, volando mi sentimiento,

por verte, estarme y hablarte, con cantos de ruiseñores

salen mis versos más hondos, para mí que los mejores

porque son del mismo amor que por tu amor mismo siento.

 

 

El agua imparable

 

Sobre las siembras sonoras de la fuente

el agua en chorro salía melosamente,

como imitando el aceite;

diosa fortuna que no para de dar

 su alma misteriosa y cautiva del cristal;

 

había en la fuente, como parado en el tiempo,

 más cercano, un tiempo no terminado,

que nunca muere y nos mirara,

que no sonara y nos hablara, otro silencio,

de la fuente callada que no para de salir

y que, estancada, quedó redonda gozando su fluir, 

 

mientras al cielo miraban unos ojos en el verdín,

alguna flor, las notas limpias de un ruiseñor

y el siseo de las chicharras recocidas al sol;

 a contraluz, una ventana con arcos

de media punta, en la penumbra, miraba...

 

 

Las palabras de cristal

 

Palabras de cristal, entre bosques guardadas,

mosaicos coloridos que brillan con el sol,

palabras tan mojadas por las fuentes más claras,

mensajes de poesía, de belleza y de amor;

palabras que se mueven como alas del viento

y se sientan complacidas en el mirador,

palabras que se dicen con aires rumorosos,

y se quedan por siempre en nuestro corazón;

que se suben alegres por murallas bermejas,

entre sombras bruñidas del luciente arrebol;

palabras musitadas en los siglos pasados,

que aún siguen tan vivas en el mundo interior;

en las salas que brillan con vistas a Granada

y en los techos jalonados de cielos con primor;

traen olores de tierras ganadas a la noche

y los chorros de agua de agradable son;

son palabras tan solo que se escapan del alma,

escritas con la música mejor de la oración.

 

 

El Cubo de la Alhambra

 

Bajo aplausos de las luces que se cuelan entre su árboles,

 un camino muy alto, empedrado en tierra oscura,

me prestó la galanura de sus bancales de mármol,

para tomarme un descanso,

me dio de beber su aljibe en un vaso de cristal,

y bajo un sol de justicia, me enfrentó a su ciudad:

y allí estaba Granada, la Granada inmortal, como subida de blanco,

llena de torres y de cármenes,

y el más rojo de sus barros.

 

 

Río Darro


Cuando el río baja a Plaza Nueva

su sonido de agua tiene mucho de mí,

yo bajo por un río quebrado de mis recuerdos,

la corriente de mis sueños,

con toda la vida entera que he vivido para ti,

 

 

La Granada de siempre

 

No sé cuántas monedas me dio el mundo

para cambiar verte desde tus torres,

para llegar a la línea blanca de tu Sierra,

para mirarte, fría y oriental, en tus palmeras

y para desearte tan solo tierra:

 

Ay hermosura, que en mi alma dueles como todo lo que quiero,

que aún sigues en mí en el marco cuadrado de una foto,

con tu cielo bebido en la pureza azul de tu cristal tan denso

y las nubecillas que escapan como furtivas miradas de tus hijas jóvenes.

 

No sé cuánto me cuesta estar tan lejos de ti,

cuando me digo: mañana mismo vuelvo para quedarme siempre,

si antes no te has muerto o muero yo de no tenerte,

porque es imposible que la hermosura viva más que una vida

y eres la más hermosa siendo pequeña,

y dentro de ti eres inmensa, como tus bosques altos,

los bosques de la Alhambra que Dios Todopoderoso conserva intactos en mí.

 

No sé cuánto te di y qué me diste al nacer de ti,

pero si algo hay en mi vida que merezca la pena

es saberte tuyo desde el primer día,

desde el instante que el sol me llenó la cara con el esplendor de Granada.

 

 

Las colinas del orbe
 

Sobre las altas colinas reposa la creación,

sobre la alta mirada sube la estancia,

mucho más alta,

vuela la imaginación sobre la recreación,

queda el alma serena, llena de amor,

mucho más alta

descansa la vida plena y luminosa ensueña

al gran universo que el universo ensancha...

mucho más alta,

a tu belleza, su gran belleza gana,

sobre las altas colinas, otra es más alta.

 

 

A Granada


A ti, que has susurrado una canción que aún oye

esta alma mía, por tus profundas aguas arrullada.

A ti, que como madre persistes en tus tierras rojas,

como madre me abriste tus verdes faldas.


¡Oh luz, la más hermosa, que yo pusiera en tus oscuras sienes!

¡Oh palabra, la más completa, que mi voz te cantara!

Perdida en la belleza, un cruel abismo

se ha abierto conmigo,

la distancia del sinsentido de ti me ha alejado;

una blasfema copla que entre los dientes derrama

la oscura taberna en tus pechos perfumados.

 

 

Recuerdos de Granada y sus músicos

 

En horas blancas, por laderas que suben,

vuelan amorosos en el jardín sus rostros,

la débil lluvia como cálida escarcha

dibuja en el paisaje sus recuerdos rotos;

la belleza, que es nube más antigua del cielo,

en halo de poesía viste de oro las cumbres,

acerca los arbolillos cargados de esbeltez

y deshace sus nombres haciéndoles de nubes;

entre las verjas rotas de los cercanos cármenes,

los rostros embellecidos resuenan como música,

las lágrimas calladas no paran de caer

y traban jeroglíficos sobre veladas musas;

lloran sobre el gozo del circunspecto ciprés,

sobre los montes morenos al resguardo de la luz,

están entre nosotros, con sus perdidas presencias ,

bambolean en los cielos, desteñidos de azur.

 

 

Romancillo del corzo

 

Por la Vega de Granada

pugnaba un corzo a una corza,

en senderos de esmeraldas

rompieron su corazón,

un corazón encendido

de rubís y de sus lágrimas,

con flores blancas de escarchas

 y de nieve su fragancia;

el Genil, cauce de un río

 que nunca se va de allí,

con paciencia los miraba,

 también recapacitaba,

con suspiros de Boabdil,

para el amor, se decía,

no hay mejor cosa en el mundo

 que quedarse en Granada,

para mirarla despacio,

 y amarla con frenesí.

 

 

Qué lejos estoy de Granada

 

No me arrulla la más hermosa con su voz suave,

ni me llena el pecho de sus estrellas ni de su aire.

No me levanta la trenza de su sierra carmesí,

ni su Alhambra la oculta, para mí;

 

que la llevo en mí y conmigo sale,

que entro en ella y estoy en cada calle,

 nunca sale del todo su presencia,

ella estará en mí y no más nadie;

 

amor que en las corrientes frescas por las laderas corre

y en sus manos se serena y en sus ojos brilla,

cuanto más cerca, más lejos,

cuando más extraña, amiga;

 

oscuridad encumbrada,

soledad ensoñada, para mi estar,

inmensidad, más que del mar,

alhamar de la nívea enramada,

negra oleada de paz, sombra iluminada,.

vaciada luna acabada,

para soñar.

 

Eres mi musa, la canción que suena,

que resuena en mi cielo,

eres mi música, la Granada perenne,

que maduras mi árbol y mi corazón enciendes.

 

 

Te quiero

 

Te quiero como de aire,

como mi alma sacada,

llama de un fuego que muere

de un amor que nunca acaba,

te quiero con alegría

con dolor y hasta con muerte

me brotas como una fuente

de delirio y de poesía,

eres baúl de mis sueños,

tesoro de maravillas,

vivo dándome un paseo,

alrededor de tu vida,

entre sombras y tus noches,

en tu paisaje de amor,

anda y anda el corazón

y lo gasto con derroche.

 

 

Zalamería

 

Mi poema es piropo que te suelto a la cara,

que te digo valiente si solo lo escucho yo,

que no diría por vergüenza y estar tan enamorado,

óyelo cuando quieras, y ponle tu propia voz.

 

 

El Cristo de Granada

 

En la noche, con guirnaldas de la luz,

en la sombra adornada de farolas,

se pasea la imagen de Jesús

por un monte granado de amapolas.

 

Se oye el eco de dos ríos siempre avisos,

subsumidos, bajo tierra, en son constante,

el murmullo de la gente y más callantes

las hogueras que crepitan con delirio.

 

Se pasea la mirada de Jesús,

el perfil de su alma arrebatada,

la silueta de su imagen traspasada,

sobre el monte que ha cargado con su Cruz.

 

Que la mira Cristo y Granada crece,

ya no es sólo la belleza lo que canta

que es el Amor profundo el que levanta

la verdadera paz que la estremece.

 

El silencio rodado de Jesús

ha dejado en Granada un suave viento,

perfumado de retamas de su aliento,

y en las sombras de la noche solo una Cruz.

 

 

Dale limosna, Granada

 

Una canción regalada

de una guitarra rasgada,

el corredor de tu agua

en arcos solemnizada,

algún limón

para llorar al beberte

y el frescor

que de la Alhambra viene dominador,

la luna también te pido

para mis noches morenas,

algo de la alquimia mágica

que embadurna a las parejas,

y el corazón

de rubís de tu Granada.

No te pido nada más,

que el mucho pedir ofende,

algún perdido rincón

en donde yo pueda verte.

 

 

Me gustas

 

Me gusta contemplar la paloma en la fuente,

el pájaro que huye, los límites del mal,

me gusta arribar a lugares con sombras

y ver la luz que inunda la tierra sin parar;

me gusta estar sentado tan solo en la ribera

cuando los árboles vuelan, de pronto, sin volar,

me gusta ser veraz sin palabras siquiera

porque toda palabra es menor que la verdad;

me gusta oír los ruidos de las aguas que suenan,

que bajan torrentosas con clámides de mar;

me gusta estar soñando, a media vela siempre,

y seguir ese sueño sin querer despertar;

me gusta estar contigo y ponerme más cerca,

que plácidamente ocupes mi lugar,

me gusta el calor que unes a mi cuerpo,

que juntemos los rostros y el beso que me das,

me gusta que ese beso no sea un cuento hermoso

sino lo más profundo de tu hervoroso amar.

 

¡ Me gustas, me gustas, cómo me gustas, lo que me gusta más!

 

 

 Poema a un hombre, ahora que se les ataca

 

Un hombre, al fin, tan rudo de modales,

tan pronto en el requiebro y en la voz,

alzando con sus manos el aire también duro,

miradas de diamante, bajuras de tenor,

mi hombre hombre, teñido por la hombría,

por la palabra justa y por el desamor,

con su pecho cubierto de su osada manía

de hacer temblar las rosas tan llenas de pudor,

con brazos poderosos y poderosa frente,

voluntad de hierro, de prontos, de pavor,

seguro que mancilla lo femenino al diente

que en blandecidas fuentes manan alrededor,

hombre hombre, desde que fue un niño,

machote por los riscos del mariquita amor,

con pecho de un arcángel y recta su manía,

pureza de los montes, de lo viril clamor.

 

 

Cuando duele amar

 

Se me suelta un poema que viene sin palabras,

que no sabe lo que dice ni qué decir,

que habla por que habla,

y solo piensa en ti;

se me suelta un poema a modo de mis lágrimas,

como el llanto y su pena, no lo sabe decir,

en el cuerpo me duele y me duele en el alma,

y solo piensa en ti;

se me suelta un poema que es una plegaria

que digo entre los dientes, sin decir,

la rutina del cuerpo que desgrana palabras,

y solo piensa en ti;

se me suelta un poema dotado de la gracia,

que baila con la música, es un decir,

un poema que cambia el mal por su charanga,

y olvida que no olvida,

que solo piensa en ti.

 

 

Llamadme con rocío


Cuando la doblada camisa se hunda en el armario

llamadme con un nombre repleto de rocío,

como una calle húmeda con su olor de Otoño,

traed canastos llenos de piedras muy mojadas

y habladme con los musgos y rayos insonoros;

traedme un cuadro roto, plegado de lisuras,

y los periódicos viejos ¡con sus noticias nuevas!

para que toque el hombro de la ciudad que amé,

 podréis decir su nombre sin que me hagáis llorar.
 


El verdadero amor nunca nació en nosotros,

ni habló nuestro lenguaje, sino el contrario,

no nos sonrió, ni se gustó mirándonos,

no fue río, ni mar, ni calor, ni asombro,

el verdadero amor, como inexistente,

siempre estuvo de nuestro lado.

 

***


HAY UNA EDICIÓN BREVE DE 2013  DE LOS POEMAS DE LA ALHAMBRA ASÍ COMO EL POEMARIO PULSOS DE MI TIERRA

EN EDITORIAL MANDALA

 

 

(Vista de Sierra Nevada de Torres Morenilla)

 

 

 

 

 

CRÓNICA SELECCIONADA:

 

DiarioDigital Linares28

 

 

 

“Los poemas de la Alhambra”, de José María Torres Morenilla

por

Encarnación Sánchez Arenas

13 de Marzo de 2013

9788483527764
Los poemas de la Alhambra, de ediciones Mandala, es una obra de José María Torres Morenilla, que nació en Granada en 1945. Quince años después se traslada a Madrid. Desde que acabó la carrera de Derecho, ha dedicado a Granada todo su tiempo libre; por ello su pasión y nostalgia rezuman en todos sus poemas. Desde niño paseaba por la Alhambra y no dejaba de escribir. Pasados los años, Internet le dio la posibilidad de ir difundiendo su extensa obra, literaria y pictórica. Con los Poemas de la Alhambra, editados por primera vez, el autor decide pasar a la comunicación impresa con sus lectores: poesía que cabe en un bolsillo, pero desborda el corazón.

Los Poemas de la Alhambra serán un clásico en poco tiempo. Bastará con que su difusión impresa continúe el mismo ritmo con que son citados por guías turísticos, agencias de viaje, foros de Internet y estudiosos de Granada y su Alhambra. Este poemario no es localista ni folklórico, sino profundo y existencial, pues nombra con belleza y sencillez la esencia de la vida y de su entorno.

Dedicado a la Alhambra de Granada, a la torre bermeja, el Generalife, La Torre Rosa, Santa María de la Alhambra, la ciudadela del monte, las colinas del orbe, etcétera, pasa a un segundo capítulo del libro llamado “Los poemas de Granada” donde recrea al río Darro, sombras de Granada, el Cristo de Granada, etc., y por último, pasa a un tercer capítulo llamado “Pulsos de mi tierra” en el que nos habla del Realejo, El Campo del Príncipe, Calles de El Albaicín, la Abadía, Camino del Sacro Monte, etc.

En palabras de Alfonso Colodrón, que lleva a cabo el prólogo de este libro, hablar de José María Torres Morenilla implica introducir al poeta de la Alhambra, como le han llamado en foros de Internet y los turistas que acuden a Granada.

No hace falta ser granadino ni conocer la Alhambra. Basta con algo de sensibilidad, sentido común, filosofía profunda, necesidad de belleza o visión penetrante.

Un clásico lo es por su estilo, sus metáforas, su métrica, aunque solo el tiempo convierte a los poetas en clásicos. Es también sorprendentemente moderno. Utiliza voluntariamente lenguaje actual, a veces cacofónico, en ritmo y rima musical de notas átonas. Cumple siempre, sin defraudar la máxima de todo poema, de toda poesía: que empiece con belleza y acabe con sabiduría.

Con esta obra nos centramos en la Alhambra, Granada y la infancia, que el autor consigue aunar, integrar, unificar, contra toda previsión, circunstancia, viento y marea.

Hay poetas de la forma y poetas del Fondo. José María Torres Morenilla es un poeta filosófico, a base de observar, pensar, hacer sinapsis, sufrir y seguir viviendo con los ojos muy abiertos. Es necesario además, una enorme sensibilidad, una empatía por el entorno, personas, animales, plantas y cosas. Hasta ver la enorme belleza e importancia de un simple charco, de una cebolla, sus capas y su corazón des-capado.

Morenilla añora Granada. Es una añoranza de las entrañas y por ello su poesía le fluye visceral. Añoranza y pasión no son suficientes, no obstante, para que la vena poética cristalice en versos que perduren, lleguen al corazón y al alma. Es necesaria la visión pictórica –Morenilla es un excelente pintor y sus mejores cuadros se centran en su pasión por Granada y su Alhambra, ilustrando incluso la portada del libro con su pintura- , la profundidad de las tripas y el vuelo de la mirada.

Y es aquí donde los lectores pueden estar seguros de no hallarse ante un poeta folklórico y provinciano, sino ante un místico que se ignora, un alma grande que solo sale de su jaula a través de este darse generosamente en sus versos. Versos que tienen resonancias de Fray Luis de León, Góngora, Quevedo, Rubén Darío, Antonio Machado, García Lorca, Gerardo Diego y Antonio Gala, pero sin ser copia de ninguno de ellos; pues sin haberlo leído demasiado, también recuerda a veces al gran poeta estadounidense E.E. Cummings.

Y de fondo, siempre el amor. No solo por Granada, no solo por la Alhambra, no solo por el Darro, el Generalife o el Sacromonte. Sino el amor mismo sin objeto, o el amor de los enamorados que encuentran su cobijo, nido y escenario en esos paisajes añorados.

El itinerario métrico y rítmico de Los poemas de la Alhambra son un ejemplo de lectura y escritura para cualquier poeta que quiera escribir sobre su ciudad o pueblo natal y seguir el ejemplo de José María Torres Morenilla.

A continuación expongo tres poemas de este libro que me han llamado la atención por su rima monorrima, el titulado “Los bosques de la Alhambra” destaca por su rima monorrima asonante en e-o.

Santa María de la Alhambra
Ave María,
toda llena de blanco y de poesía,
torreón bajo las tejas de la alegría,
campanario de las estrellas, luz del día,
novicia recién togada en teología,
estandarte del guerrero de más valía,
madre de los recovecos y de las lejanías,
diosa que nunca pesa, voz de aljamía.

La ciudadela del monte
Alhambra, vergel de sombras, en el agua encantada,
con los oscuros olores de la tierra mojada
y los claros cristales de su alma intransitada,
paraíso escondido, en muchos siglos olvidada,
nacida desde lo mismo y que parece inventada,
cada día es más nueva, cada día es encontrada,
apostada frente al viento, defendida, amurallada,
con las grietas de los tiempos de la belleza parada,
que habla de las victorias y que fue la derrotada,
ora estrella, ora surco, ora arquitectura hilada,
fuente del espejo limpio, quieta luz, inmaculada,
serrana que señorea sobre la vega azulada,
con un alfanje invisible, en su mano levantada,
defensora de un tesoro vinculado a su Granada.

Los bosques de la Alhambra
En donde cantan las aves y guiñan verdes espejos,
suben los viejos gigantes, guardianes de los silencios,
desnudos entre malezas, vestidos solo del tiempo,
se amurallan de la luz, con esmeraldas en los pechos,
bosques de manjares rotos, cálices del entresueño,
duermen aires de grandeza y delirios de un destierro.

Enlace a este Diario Digital de Linares

LINARES28

 

 

 

 

OTRAS OBRAS DEL AUTOR

 

RÍO DARRO, al encuentro de GRANADA

 

LOS ALEGRES DÍAS...GRANADA de 1966

 

 

 

 

PÁGINA PRINCIPAL

 

< >

 

También desde aquí:

LOS POEMAS DEL SER

HOME Y DIBUJOS

 



© José María Torres Morenilla, ilustraciones y textos, prohibida la reproducción total, ni la parcial sin la mención expresa del autor.