Cantos del alma suben

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

José María Torres Morenilla

 

 

 

 

Dolor, que no paras de doler,

y por mi tierra caminas,

en un sendero lleno de angustia;

no tienes nada que decir,

ni la voz alada que suba a sus paredes.

 

*

De nada huir, a nadie hacer reproches,

nadie pida su voz si su voz está muda,

como un paisaje que ha muerto en Granada;

la soledad es perfecta,

perfecta la armonía, su llanto es bruma.


*

 

Me inunda como mía la frialdad quemada,

versos desatados que no taladran

las doradas sienes de la poesía, que sólo tienen

la ligera imposición del alma, que no son del amor.

 

Amor, qué amargo paraste a mi mar

donde mi alegría flotaba como una lágrima llena.


*

 

Lento discurrir del pensamiento,

cenefa vegetal de la poesía,

hacia arriba, hacia la altura no soñada: son palabras,

palabras que ocupan espacios irrepetibles.

 

*

 

No pido más, nada más cupo,

esta alegría aún me suena,

no se me calle el alma

muévanme los lazos del pensamiento solo.

 

*

"Nunca he querido dioses crucificados"

L. Cernuda

Dios crucificado, un hombre solo,

en el campo infinito de lo pequeño echado,

en la raíz de hierro a la madera clavado.

Claven mis ojos el ancho mesianismo de la palabra:

"amaos, amaos los unos a los otros"


locura es para el irredento hombre,

por hombre morirá por hombre muere

en una cruz inhábil, madre de las cruces

y su palabra cuelga:

"como yo os he amado"

 

*


Llama a mi puerta con tus nudos de seda,

que mi cuerpo se eleve en sus seguidos saltos,

sáltele la luz debajo de las manos.

Encuéntrame de nuevo, crezcan los ríos

de mi juventud que el agua amaban;

súbase la evanescencia de los espumosos vinos;

tócame tu llamada de llanuras sin término.

 

*

Verdad de las cosas ciertas,

que en ti la ilusión se siente en la alegría,

que el dolor se bañe en el llanto,

el hambre pida pan, la luz centellas;

la mano acoja al hombre y el pensamiento a fuentes,

pero qué tristes y sin sentido son las cosas del poeta.

 

Vano es nuestro intento, aunque miremos alto,

vanas nuestras maneras de bajarlo y de elevarlo.

Nada nos es, nada nos sale al encuentro

y luego se nos quede como duradero.

 

*

 

Se abra en sus pechos la nueva esposa,

te pueden mirar sus ojos en la honda alcoba,

de muchos miles y miles los años a seguir

en que te siga amando,

al final el mundo estará siempre inacabado.

 

*

 

No seas tú, mi amada antigua, sentada en el parque

cuando el camarero se inclinaba ante nosotros

y los pájaros saltaban como manos,

no seas la que me dijo que yo dejaba a todas.


*

 

Fluye la pluma azul y el alquitrán prosigue

al niño que perdió su escuela,

con un nuevo profesor chascando duro

las palabras de martillo que duelen y no consuelan la memoria y los números;

que sí era miedo, sí huida, sí soledad de las grandes avenidas llenas de gentes,

otrora mi pequeño y su mirada atrapada.

¿Qué cosa hizo nacer, malhaya el huerto,

la gente que persiguió tus pesadillas?

La clase sigue abierta, suenan las palmadas,

avanzando dolorosamente en tu mano,

y la mirada parece tener tus ojos,

lentos como llorosos: no sé vivir.

Sólo la tierra oscura de fecundos olores

acoge mis manos con sabiduría intemporal

y en sus bosques me muestra los senos,

para soñar su mar se agacha y me regala su vientre

lleno de fluidos, de amistades y de palabras.

El otro amigo, el sol, baja enteramente,

calienta mi pecado con suavidades altas,

empapa mis ropajes con su sed de agua,

nubla mi mente y todo lo llena oscuro.

 

*


Nunca lo fue escribir su nombre

ni sus ojos mirándome traviesa:

yo descuido los deberes,

emborrono el problema, antepongo a las letras

el lento discurrir plateado del Genil; y el nombre de Dios, único bueno.

Donde me yergo yazgo, y si hostil adopto el puente

doble gusto le doy a mis compañeros de errar en sus miedos.

Un balón de cuero sólo sirve para jugar de portero

y romperle la pierna al profesor de enfrente:

pero mi gran puntapié espera la eternidad soñada

y chuta fuerte en los rincones olvidados de los niños:

jugar, jugar siempre.

 

*

 

Hora va siendo que me crezca la dulzura de huir de la escuela:

desnudar a las gentes que me hablaron de sudarios:

si aún no he muerto, si aún puedo encontrar los viejos cines,

besar la aguas frías, bajadas por la Alhambra,

amar con ganas en las piernas de amor,

llegar a los verdes prados de la vega granadina;

aún enciendo el falaz cigarrillo que me mate de una vez,

y puedo derribar todas las vallas publicitarias

que en mi mejillla izquierda siniestros mercaderes han levantado.


Por qué me suben los gritos de niño con tanta fuerza.

¿Dios, estás todavía conmigo, inmerecidamente?

 

*

 

Suenan los blancos silencios, aplastados brillos,

por el aire liba un ciprés su incienso,

las flores como serpientes tapándose de risa,

sólo el sol redondo se imita recto.

La indiferencia de la vida hacia la muerte

está recompensada químicamente por la indiferencia de la muerte hacia la vida.

Cada esquela lleva las mismas expresiones que las largas calles de los pueblos,

está en medio de la carretera, se para ante los mismos puestos en los mercados,

espera con la mirada de las madres a los niños del colegio;

se embadurna de metáforas:

nació un día, ¿y si nació, estáis seguros?

¿No quedó por nacer, en medio de los barros su rayo de luz eterna?

Murió, seguramente no esté tan muerto,

aún sienta cosquillas del gusano en sus ingles

o se coma a la muerte, entre bromas transparentes.


*

 

Que nada de lo dicho lo diga luego en mente,

de nada la ocasión en medio del domingo,

mariposee por turbio en su cristal insípido;

nada que he dicho esté de vuelta en la página vuelta;

si el cartero, que llamó mil veces,

troceó mi vida de tiempos inservibles,

de acompasadas muertes,

escribir no es morir cuando se escribe muerto.

 

*

 

Mar, devuélveme tus olas del gusto

y el papel garabateado de los finos cuchillos,

o tú, las tardes subidas a los altos cielos oscuros,

con tus astros protectores de las escondidas cavernas.

 

*

 

Vida del pinar, verde reloj que recorres ilusiones

con grandes risotadas sobre pequeños montes

y a socavones llamas entre las mismas calles.

Un seco calor de agua baña al domingo;

bórrame memoria aquellas horas largas

de números inexactos, enseñados a sangre,

tan pronto el precipicio de la rutinaria estera:

soñar en los brazos del sueño, sueño en el sueño,

mañana no, hasta pasado mañana por lo menos,

si hoy estoy de fiesta.

Besar para olvidar los besos domingueros;

letal la tarde que la noche inicia,

la canción masticada sentada oblicuamente,

con los pies mojados por una lluvia enfrente.

Ni así, ni si nadando en manojos de dedos

te encuentres sola. Yo te llevaba con siglos puestos,

dentro de mí, seguramente con más ganas de salir,

con tanta fuerza que hasta lo dulce duele

de la dureza inaudita llamada amor.

Mañana es la muerte sentada sobre la nada.

 

*

Quedó demostrado la palabra es superflua,

la verdadera vida huye por los sentidos únicos,

el pensamiento tiene una muralla dura entre las tumbas.

Si mal dije amor no fueron versos,

si hablé del cielo me equivoqué también,

si puse viento sálvese de donde sale,

leo a los grandes y no puedo entender el abismo existente.

¿No bastaría con esto para callar también?

 

*

 

Oscuro trabajo es el de los escarabajos rodear

los jardines

y yo, yo de dolor no canto, hablo tan solo.

Si es verdad que escribo, escribo en otro;

marejada de la mar, traedme olas

que de una vez por siempre me traguen:

así decir, lo puesto está en mantillas,

abre tus libros, enciéndeme palabras.

Si la otrora luz rolara tenue

en las cadencias de una mar oscura, llena de huesos,

tendría sustancia verde y olor muy lleno,

aspiraría profunda y verde hacia las doradas nucas

limitadas y precisas de los honrados números.

Pero no, tú insistente, diciéndome tonterías.


*

 

Si el pueblo canta y lo hace de verdad parece mudo,

como una verde planta se enreda en su silencio,

entonces, casi Dios, sobre todo si sufre se hace sabio.


Porque cantar no es levantar durísimas campanas

que sólo bajen blandas a las manos del obispo,

ni tratar de estar alegres, sino saber verdad.


Un dulce vino rojo se enciende como pliegos

de incandescentes astros de un firmamento interno,

y calentando cae por sus verdades íntimas

con perfumadas ondas de vegetal unción.


Abajo la tristeza, que cante siempre el pueblo

que la verdad se anima y sale luego a golpes

con amoroso son.

 

No es música ni palabras sino verdad tan sólo,

ni un poema ajustado, pero suena a canción.


*

 

Caracol de mi sombra, la línea azul se pierde

en las címbricas escalas de mi soprano sorda.

Vuelan los pétalos caídos de la flor luminosa,

en un punto la luz ha parado el reloj.

Pisando en las prisas las multitudes huyen,

los trenes los han traído con silbidos in crescendo,

ad líbitum del aire se repite su olor.

El mundo sigue siendo a ratos como bello,

si cada andadura está ya caducada,

si la felicidad se guarda en cajas olvidadas

o si paramos al pronto los relojes del miedo

y nos unimos todos bajo del mismo sol.

 

*

Sin nada, sin pasar, sin la serpiente húmeda,

enroscada en los huesos del ascensor del aire,

como tocada al viento en tiras de papel tensado;

sin mirar si te miren, ni oír si te entiendan,

el tiempo lo han traído unos insectos metálicos

¿Cómo guardaremos la luz en los bolsillos rotos?

La calle de seda gris suena como llovida

por las miradas bajas hacia los bajos vientres,

en una lluvia podrida

las altas cabezas cuecen castañas húmedas;

la gente levita en sus abrigos colgados.

 

                         *

 

Arrebol del aire, la palabra se quema,

como a todas las palabras el viento las lleva;

sus cenizas derramadas como lejanas nieblas,

hojas de un libro unidas, reposadas o quietas,

apiladas en los rincones, sin espera.

Lo que se dijo porque se dijo, como si no se dijera,

lo que no se dijo como si se dijera,

todo huye, todo se aleja,

el eco cambia de alma cada vez que suena,

todo queda atrás, todo atrás no queda,

a todas mis palabras,

el aire las quema,

a todas las lleva el aire, a todas se las lleva.


*

 

La muralla oscura derribada por los vientos derruidos por las murallas;

¡ay, si tuviera los pies que mi juventud corría en las praderas verdes,

y a los verdes prados que corrieron en mi juventud!

¡Tan de cerca ahora! Como remolinos de madejas verdes en los fondos

severas tristezas cortan las risas.

Cuando pasamos por pasar jamás pensamos

que aquellos pasos tuvieran alguna importancia;

pero la poderosa mano sajó las aristas inconscientes,

comprendimos, ahora o nunca, que lo mejor del amor es inconsciente,

siempre habíamos crecido más altos que nuestros pasos.

Ahora duele, duele la juventud dejada en los vientos inmensos

de nuestro corto interior.


*

 

Cerrar su libro, tapiar su sello,

en el sendero oscuro de la noche suene la luz,

en el bajo sendero de los montes, vuele su río,

mójese en la tela blanca que me ha cuidado siempre,

enciéndase como una roja esfera desteñida de azul:

si hay un solo ser que habita mi poesía, ése eres tú.


*

 

Todo lo he dicho por decirlo sólo,

no puede ni debe medirse el sinsentido ser

de unas palabras dejadas en los rincones,

no nacidas ni muertas,

como un arroyo parado sobre un barranco,

como las oscuras fuentes que borbotean en los fondos:

Nada. Nada se ha dicho después de contarlo, aunque nos suene a nuevo, todo está por decir.


*

 

Demasiado es su peso, la mirada atrás se adensa,

demasiada es la voz gritada sin sonido,

vereda entremetida en la vereda,

roca asolada sin sombra que le aprieta,

lamento de las bestias con sus sonidos rojos,

frontera de lo posible que en lo imposible acaba,

si no es muerte, la muerte parece muerta,

cartera olvidada en los cajones,

llena de fotos amarillentas.


*

 

Avidez de tu sangre, avidez de las rosas,

raíz de tu cielo y de la oscuridad inmensa;

cercana es la palabra, la palabra se queda

como un reguero de luz en medio de la niebla;

el sol, que por ser tan mío sólo en mi sueño se sueña.

Amo soy del iris, novio de la noche y de la caverna,

mi brazo es fornido, mi boca es caricia,

el blanco crisol de un fuego que se desmenuza en tierra.

¡Oh sed que en tu sed consumes! Amor que aún no me amas,

novia extranjera buscada en la turbidez iniciada,

palabras, sólo palabras, tan tuyas como tan mías,

tan rotas como calladas.


*

 

Me duele que lleguen de tu frío las palabras,

y en él enredes los viejos poemas oscuros;

a veces olorosos como el seco incienso de los rincones;

que te llenes de mis caricias, que son por mías las más lejanas,

y que a mis ojos, que se cegaron en las tardes luminosas,

queden más ciegos

en la noche soñada de una vez y de una vez tragada .

 

*

Tu pozo hondo aflora como mano fría,

Reyes Católicos abajo multitudes dispersa la tormenta,

días atormentados de un tren que parte,

oscuro y lleno hacia el límite del mundo.

¿Hay algo distinto a ti que a él se llegue?

Un dolor como de rosas pinchadas en mi pecho

levanta una nube perfumada de tus rincones, Granada,

vieja patria mía, de poesía sembrada.


*

 

No sé si era cantor, si luz, si rosa;

si solo estaba en mí, muerto, si vivo,

si tu presencia llenaba el aire de un perfume:

si era yo el que solo te seguía

o era también la noche ampulosa.


Si mis manos te hicieron entre penumbras

llenando el viejo salón de olores nuevos,

si en tus pechos salía la aurora de un modo diferente,

o solamente quedaba dibujado

el exacto espacio de un geómetra.


Como galán nostálgico que sonríe y recuerda,

ahora no sé, no sé,

si era la luz, si era la rosa,

o si era yo, que solamente vivía.


fin
 

 

 

 

Madrid, 12 deJulio de 2003


 


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