LAS CARTAS DE DENIA

( 2007)


 

José María Torres Morenilla




Denia

Una hilera oscura te sube a la cintura,

te ciñes la frialdad de las mujeres

y el calor mojado de sus labios de carmín,

el salitre oloroso de un mar tan azul

 entusiasma tus días y llena tus caderas

te miro todavía, hoy nunca fue ayer,

te miro o me miras, que eso es lo de menos.

 

 

La calle

Un trozo de papel en una calle,

una calle de papel a trozos en la acera,

una farola urdida en contra de las cuestas,

una cuesta perdida como un amanecer,

el silencio que calza oscuro su sombrero,

una quejosa anciana llega a su portal,

el sol, que fue altivo, desaparece luego,

la tarde se oscurece y se inunda de azul,

la calle golpeada por los coches y las gentes

se olvida de ella misma en silenciosa luz,

qué soledad más única se tiende en sus aceras,

qué urdimbre de los restos insinuando hedor,

mañana, por la mañana, amanecerá nueva,

la esperanza se desnuda y se parece a la luz.

 

 

La ciudad del corazón

Salid a la ciudad a recibir el mundo,

oíd largas sirenas gritarnos alocadas,

 alguien se está muriendo o se incendia su casa,

 entrará en un bar, palpará su soledad,

la panadería está abierta, las ventanas cerradas,

el mundo os espera, os tiende sus dos manos,

una flor se ha colgado en oscuro rincón,

pasad, venid, os está suspirando,

la ciudad os muestra su viejo corazón.

 

 

Poesía marítima

Me lo dice todos los días mi mejor amigo, no hagas poesía,

 estas palabras me suenan como los barcos en los puertos,

son tíos muy grandes oscuros de soledad,

yo escribo para vivir nunca para escribiros,

sentado en mi restaurante, detrás de las vidrieras,

huye la gente por un paseo al que hacen andar,

yo siempre me dormí abrazado a una mujer,

sus palabras mordisqueaban mis orejas y buscaban mis ingles,

como altas gaviotas perdidas en el ultramar,

los "no hagas poesía" bajan como las mareas,

unas playas desnudas que son la soledad,

huele a mar y no es mar, huele a tierra y no es tierra,

yo siempre he descansado tras echar un buen polvo,

mi poesía es como el semen, que siempre estuvo de más

pero que no me falte.

 

 

La cola

La soledad es un muchacho lleno de vida y falto de mujeres,

como cáscaras de insectos sus vestidos se almidonan,

la nada andante de un muchacho que ama el bien con toda su alma,

y detesta el sexo pues nunca lo quiere a solas,

el sol se mezcla extrañamente en el cuerpo de una mujer,

es una mezcla explosiva que explota sordamente,

 la marea contra él, la persecución contra él,

 nadie se entera nunca lo triste que es tener todo de sobra.

 

 

El abrazo

Una mujer en un pecho fuerte busca refugio

y paga, con ternura inusitada, la feminidad que le aflora.

 

 

Estación de Madrid

No hace falta decirle al mozo de estación:

la carga que llevas no es tuya.

No hace falta decirle nada.

Silba el tren y parece el silbido ganar más fuerza.

La gran campana del techo repite el silbato,

es estremecedor estar tan solo entre la gente;

si hace frío es terrorífico oir a los que hablan.

Si se es muy pobre las manos se empeñan en estar más frías,

si eres mozo de estación todo el mundo sabe que no eres importante.

En el cielo azul, de un añil muy repetible,

las nubes se descomponen con más agilidad que fuerza,

y un extraño olor lo invade todo como la palabra gas.

También los frenos respiran fuerte y los vagones titubean.

Al pasar por el WC se siente que ha sido perfumado,

una mezcla inusitada habla los dos idiomas,

 la cantina que se abre con olor de azucarillo,

pues lo que es inodoro huele dulcemente a papel.

 

Si se es muy pobre no nos espera nadie, chocan con nosotros.

Las grandes farolas encienden una opaca luz noctámbula.

Todavía es demasiado pronto. El tren para llegar ha de esperar.

No tengo más que mi chaqueta y un papel doblado en un bolsillo.

Mi papel sólo tiene palabras dobladas, sólo me tiene a mí.

Le doy vueltas y más vueltas a la vida y sigue igual:

Nunca cambiará nada.

No hace falta decirle al mozo de estación

la carga que llevas no es tuya.

 

 

Prólogo para un amigo escritor que quiero triunfe

 Sí es para ti, fenómeno, escritorazo,

que fuiste mi vecino y mi amigo hace ya,

desde lo lejos.

La montaña

Piedra a piedra subiste y llegaste a lo oculto,

se cerrarán los cuentos, ya no hablarán más, para siempre

volarán en el cielo como tu sueño y tu mirada juntos.

 

 

Sinhué, el egipcio

( Tengo tantos recuerdos que no caben en mí y me desbordan),

tan grande es el tiempo que me han dado como justo es el equilibrio que me mantiene,

me refiero al orgánico, debiera haber sido bioquímico antes que egipcio

para cantar con formoles a la vida, mi gran ignorada.

 

 

El trigo entre las amapolas

Un campo de amapolas sembrado está de trigo,

domina el monte y, sobre el monte

baja, enredado, un riachuelo escondido.

Se caen las nubes con la misma tristeza

que el alma vuela en su destino,

y un sol, oculto, solemne e impoluto

lanza llamas de fuego, espejo de su poderío.

No canta el pájaro que un día voló,

ni tus pisadas pisan la yerba del caserío,

mas hay, en silencio, la extraña música

que unió tu pecho con el pecho mío.

 

 

***

LOS POEMAS DE LA ALHAMBRA

LOS POEMAS DEL SER

PROSAS PARA MI HERMANO

DIBUJOS A LÁPIZ




 

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