LOS POEMAS DEL SER

(  2008 - 2018)

 

 

 

de

 

 


 

José María Torres Morenilla
 

 

Todo acto del hombre, incluso mi poesía, es un acto gregario.

 

Nunca te hice un poema

Escribo en el contramuro, el contrafuerte, la tinta indeleble,

el hombre transparente, tin-tin y la nada, corriendo más que yo,

escribo para leerte, para saber de ti,

para seguir huyendo, escribo por huir;

desde lo más remoto mi alma se complica e implica

en lo que siente rotura del cristal que la protege, excelso,

y por esta herida fluye sin cesar, corriendo, corriendo

como un río, a galope, cuesta abajo, a la aventura.

Nunca te escribo a ti, me escribo por seguir viviendo,

por seguir...

 

 

La vida siempre estuvo cerca

Mi vida es un reproche,

hay veces que miro atrás y estoy de cuerpo presente,

un río de amor ha discurrido sin que yo lo sienta,

llamé amor a mi asesino y hermano a mi devorador,

he sido para mí plenamente el peor impostor.

Me llora el alma del gran hombre oculto y acabado,

la buena prosa hablada con que se escribe el amor.

He dejado pasar a muchas muchachas para mí pintadas,

sin volver la cabeza, ni seguir sus sombras.

Nítidamente entiendo que he perdido el tiempo,

la verdadera poesía es algo que ocurre raramente.

 

 

El robot

Soy el robot anticomunista hecho de lata,

muevo mis brazos y mis manos, sueno a lata,

tic tac, de un lado u otro, soy el anticomunista,

me han hecho un viejo robot de los años veinte,

pintura roja y pintura azul, piernas oscuras,

olor de cochecito nuevo, llave a la espalda,

me muevo en línea recta y asiento a todo,

tic tac, suelo ir a los bosques y a los ríos,

y hablo de todo lo alto por lo más alto,

pero por debajo siempre soy un anticomunista

y lo saco, pese a todo, en las pausas,

el viejo color rojo me repele como la sangre,

aunque el Muro de Berlín han derribado

yo levanto un muro anticomunista de continuo,

creo que cuando era niño, apenas átomo,

cuando no puedo recordar lo niño que era,

me dieron unas consignas anticomunistas

y las llevo tan adentro que me están ocultas,

tengo el cerebro lavado con bondades,

soy un robot de lata, juguete del destino,

tic tac, anticomunista acérrimo.

 

 

El cuerpo desnudo

Un cuerpo desnudo siempre pasa deprisa,

las piernas arqueadas los hombros rotundos,

pasa con el aire y el aire se da la vuelta para mirarlo,

deja una fragancia morena, hermosa, de la carne,

en ciertas ocasiones, mojado, brilla con miles de estrellas

y en otras, embebecido, se bebe así mismo complacido,

la desnudez de tu cuerpo me desnuda el alma,

me enciende como vela que escupe blanca cera

y derretida cae sobre tu vientre plano,

plenitud, rubicunda de montañas terribles

de aquellas que anunciaban la llegada de los héroes

y ese sabor nocturno en los labios de la mañana.

 

 

Los nuevos

Están sin llamar, están sin ser,

son muchos, son todos, es la virtud,

poderosos y ruidosos, aunque benévolos,

un ejército se ha levantado sin ser convocado,

estaban en nuestros genes y salieron silenciosos,

subieron sobre nuestros hombros

 nos traen la nueva virtud del cuerpo poderoso,

 la complacencia del alma sin recovecos,

la inmortalidad soñada que es un presente único,

nos acompañan como los dioses nos habitaban,

beben nuestro aire y auxilian nuestros sueños,

son los ángeles renovadores de la nueva patria,

llenan nuestras calles, el mundo ruborizan.

 

 

En presente

El tiempo es solo cosa del escritor,

ahora mismo eternizo este presente

 cuando la araña blanca se camufla en una magnolia del jardín

y corren secretos senderos de agua por la cañería del riego,

no se agota el agua al correr ni la araña deja de moverse

un tupido presente estará siempre en presente, eternamente,

la única cosa efímera es el dolor pero soy incapaz de describirlo,

a veces he pensado que el dolor soy yo y me divierto doliéndome,

sobre todo si me aburro o si voy a un centro comercial,

escribir es dejar las cosas en un bucle, repetidas,

la vida también escribe pero mucho más rápida agota la eternidad.

 

 

Biografía

Desnudo en tiempo presente

con el aire de mis manos mojado por mi fragancia,

tan yo y aún más que mi vida,

buscándome las cosquillas en los momentos infames,

libre como la mar encerrado entre las piedras,

bello como no he sido y frío como las palabras,

buscándome en el otro al que le hablo muy tenue,

 vivo como un pececito brincando sobre la arena.

 

 

Los nuevos

Están sin llamar, están sin ser,

son muchos, son todos, es la virtud,

poderosos y ruidosos, aunque benévolos,

un ejército se ha levantado sin ser convocado,

estaban en nuestros genes y salieron silenciosos,

subieron sobre nuestros hombros

 nos traen la nueva virtud del cuerpo poderoso,

 la complacencia del alma sin recovecos,

la inmortalidad soñada que es un presente único,

nos acompañan como los dioses nos habitaban,

beben nuestro aire y auxilian nuestros sueños,

son los ángeles renovadores de la nueva patria,

llenan nuestras calles, el mundo ruborizan.

 

 

La ciudad escapada

La ciudad ha escapado por cada una de sus aceras,

se mueve libremente con aspecto dichoso,

miles de ríos le salen y confluyen sin confundirse,

están todos porque ninguno lo está,

si acaso alguno que hace tiempo perdió su norte

 y vaga queriendo ser mirado sin ser visto,

la ciudad se hace grande sin ensanchar sus calles

se viste juvenil y ha crecido su altura,

no choca contra sí, solamente se diluye en el tiempo,

la ciudad es el hoy, la antítesis de la muerte.

 

 

El periquito azul

Me parezco a mi perico azul,

runruneo y saco del viejo baúl palabras y sonidos amorosos,

casi hablaba, le abría la jaula y volaba a mí,

me erizaba tratándome como al amado,

mordisqueaba con embeleso cada pelo de mi bigote,

luego volvía a la jaula con su majestuoso vuelo.

 

 

Habilidad

Tenía una forma sublime de enredar el hilo en la pala del anzuelo,

sus gruesos dedos ponían soltura y decisión mágicamente viriles,

lo he dicho muchas veces la virilidad es lo más sutil del mundo,

nadie lo dice, yo sí, desde niño lo sabía,

ser viril es hilar fino sobre broncos precipicios.

 

 

El viviente

El camino anda con mis pasos, el paisaje se mueve conmigo,

el universo estrellado gira macroscópicamente con mis ojos,

 sostengo las sagradas columnas de la creación en mi mente,

los ríos se me humillan a los pies frescamente

  me lisonjean con besitos grises vestidos de la luz,

mis pasos son agasajados por el polvo del camino,

el universo, con todo su enorme peso, dentro de mí es liviano,

todo cabe en mí, el infinito incluso, pues yo soy el que vive.

 

 

El amor

Amo con entusiasmo hasta al amante anónimo,

me alegro que exista al borde de la botella

que empine la bebida y la beba profuso,

te amo en el fondo mi corazón de todas formas

y este amor no me consume sino que me da más fuerza.

 

 

El hombre cazado

Hoy he fumado el mejor cigarrillo de mi vida

 he bebido la mejor Mahou del mundo,

sentía que me crecían los pelos de mis piernas

y mis músculos endurecían mis brazos,

gozar la virilidad es estar a bien con uno mismo,

sin razones, ni prebendas, ni costumbres,

porque ser hombre es algo intrínseco,

saber desprenderse de los adornos inútiles,

 respirar profundo, y ser amorosamente fuerte,

no oír jamás los buenos ni los malos consejos

la vida correcta es solo una prisión

de hombres abominables, muy mal pensados,

el lento fluir del tiempo nos une a la Naturaleza

que es la madre, auténtica y devoradora,

acabará por consumirme del todo

¡ y el gusto que le daré cuando lo haga!

 

 

Escribir bien

A Blanca, la madridista

Yo escribí bien cuando tú quisiste escribir lo mío,

con mis palabras, aún las corrijas, soy corregible,

luego me olvidarás y menearás tu cabeza,

los lectores sois meneones y os vais luego

al país inaudito del que siempre vinisteis.

 

 

A un amigo

Dentro de ti hay un río,

gracioso y juguetón,

a veces soñador,

sobre todo cuando cierras los ojos y te diriges al cielo,

dentro de ti hay muchas cosas,

hasta los jardines silvestres de los montes,

también el Sol,

 es difícil imaginarte triste,

siempre corriendo

a favor del tiempo...

 

 

Nada en domingo

Nada de lo dicho lo diga luego en mente,

de nada la ocasión en medio del domingo,

mariposee por turbio en su cristal insípido;

nada de lo dicho esté de vuelta en la página vuelta,

si el cartero, que llama una y mil veces,

troceó la vida de tiempos inservibles,

de acompasadas muertes,

escribir no es morir cuando se escribe muerto.

 

 

Por amor al arte

Presiento que esto que hago es lo último,

 los que vengan no tendrán ortografía,

 la palabra volverá por trillones de siglos a estar olvidada,

como después de aquellos dioses elocuentes antes de ser orfebres,

nadie hablará, será un ejercicio inútil, un canto del cisne,

la pirueta en la escena del arte vacío, vacío.

 

 

Escribir

Llega un momento que escribir no es un arte ni una profesión

ni siquiera aquello que fue otras veces, el lugar donde nos echábamos,

escribir, ahora, es un ejercicio físico,

escribo para hacer músculos, levanto palabras,

busco la belleza en mi cuerpo de hombre,

como el viejo sabor a mar en el vientre de los peces,

es algo delicado, y al tiempo viril,

escribir me hace más fuerte.

 

 

El poema perfecto

Cuando un poema no es perfecto por una cosa mal dicha

entonces, oh fortuna, has escrito tu mejor poema,

no le borres la cosa mal dicha, ella es un poema perfecto.

 

 

La certeza

Te busco, pero solo tengo certeza de encontrarme,

quiero amarte pero al final el único amado soy yo,

lloraría tu muerte y nunca lloraré la mía,

el mundo es un misterio, la verdad es siempre otra,

cuando aprenda todas las cosas será hora de olvidarlas,

 entonces me amarás, me amarás como un tonto ama lo imposible,

 todo amor necesita un respiro para ordenar sus ideas,

escribir son palabras, solo palabras.

 

 

El hombre de ahora

Quién diría que aquel niño rubio,

tan pálido y frágil sería luego el hombre delgado de hoy,

tan lleno de vitalidad, un campo hirsuto y fértil,

una palabra amable, llena de matices,

una profunda respiración azul cuando fumas

y todo el atlántico en un vaso de cristal si bebes,

multiplicas el oro de tus genitales,

engendras la vida a cada paso a cada palabra,

verdaderamente haces felices a tus amigos.

 

 

La llamada telefónica

Tu mano siento que está la mar de hermosa,

de uñas recortadas, y así solo es caricia,

tan fresca y tan lozana, tan joven y tan cálida,

con su perfil mullido llenado de almohadas,

tu mano me regala un universo opaco

donde los patos blancos solo son aves que vuelan

y el Sol, acariciante, se esconde tras el cielo,

oh tu mano viril manjar de antiguos faunos

cuando las uvas crecían entre las rubias parras

y sus racimos orondos engolfaban a los poetas,

tu mano en la mía la deja luego átona,

tan falta de otra mano gentil que me añorara,

donde la tibia espera es que sigas llamando.

 

 

 N.Y.

Cuántos años pasé queriendo estar contigo,

tan ciudadano me hice que olvidé tu mar,

yo hubiera paseado a la luz de tus puertos

y en las mullidas aguas te hablaría sordamente,

oh ciudad tan hermosa, tan grande y descuidada

de agrestes oficinas y aguas embotelladas,

tan cálida en verano, tan fría los inviernos,

de esquinas rebosantes y andares muy ligeros,

me hubiera serenado leyendo a tus escritores

con ellos yo tendría tu humano corazón,

de hormigón armado se elevan puros sueños

y en grandes cristaleras reluce nuevo el Sol,

cuántos años pasé amándote con furia,

con el deseo más blanco y el negro trabazón

de una luz proyectada que estremecía al mirarte

por un niño en el cine que en tus calles jugaba.

 

 

El mundo escapa hacia arriba

Las ciudades de ahora escapan hacia arriba,

lucen cristaleras y coches relucientes,

pacíficos lagos donde el agua salta estudiadamente,

gentes y más gentes cada vez más altas,

mientras yo me agacho y apenas dejan sitio a mi ser pequeño,

mi casa es baja, a modo de casa romana, sin pretenderlo,

de rojo ladrillo y patio húmedo con un estanque,

mientras las otras casas miran al cielo,

tocando las esferas con sus piernas de cristal.

 

 

Amor viril

Quiero tu nombre escrito desnudo sobre mi palabra,

lo más semejante a un árbol por su dureza,

lo más parecido a un hombre por su honradez,

quiero que estés en mi paisaje aunque ya no tengas hojas,

 tus ramas definen mi poesía enteramente,

oscuras, contra el color del horizonte, le dan hondura,

eres la nicaragua de mi vida, llena de gente,

de niños que nos miran con sus lunas morenas

y sus manos que se agarran a la misma pobreza,

quiero tu nombre escrito como un poema

de esos que nunca saben decir lo mucho que aman.

 

 

El cine

Permítame, caballero, le diga estoy enamorado de usted,

de sus colores en el ancho espacio negro,

la mágica música que acompaña a los sentimientos en sus escenas,

la agilidad con que mueve a sus personajes,

el mundo todo cabe en cada una de sus películas,

el mayor de los inventos humanos es el cine,

nada hay más importante en el mundo del arte.

 

 

La contingencia

Hay en la Naturaleza un raro sentido último,

como si hubiera quedado algo por hacer,

no la sublime estimación de lo bien acabado

sino estar acabado algo porque ahora no había otra manera,

la contingencia va tirando de los carros como el más derrochón

apura las riquezas sabiendo que se agotan,

la vida toda es simplificada en la mente del hombre

porque siempre podría ser otra cosa,

así los hombres penan consigo,

no se ven acabados ni completos.

 

 

A la pintura

Que me gusta la pintura, que me gustan los pintores,

desde niño entiendo el amor que da un pincel,

en la calle de Segovia de Madrid iniciaban sus cuadros,

la brocha era un sinfín de olas amorosas,

los brillos que no cesan, las duras palabras,

los brotes de amor viril derramados en el óleo,

me gusta la pintura, me gustan los pintores,

yo hubiera acabado el cuadro mucho antes

pero ellos seguían y seguían según una fórmula secreta.

 

 

La sagrada ignorancia

Qué soberbia la mía mirar el paisaje azul,

sentirlo mío como mi saliva en la boca,

tragarme el mar tan verde y tan amargo

y ser dichoso solamente por estar vivo, rodeado de agua;

qué soberbia la mía oler los pinos del montecito

asomados también al mar, humildemente,

qué fragancia me huele el monte moreno

que se acompasa de olitas apenas pespuntadas

y qué ruidosa luz la que exhalan las nubes,

soy un romántico podrido, por los cuatro costados,

me gusta la vida, me gusta mi sagrada ignorancia.

 

 

El Faro

El mar, siempre, a los pies del cañón,

como que va y viene entre bloques de cemento

y sus cabellos de hierro oxidados,

 hacia arriba empuja y hace montañas,

  se agacha luego y remolonea como un puto,

es un gustoso quejido del mar,

también yo siento necesidad de ser un solo ser.

 

 

Los dientes de la quimera

  Cuando las tardes lleguen, desnudas e insinuantes,

desde la tórrida estepa del desierto del alma,

como una brisa sentirás rozar mi rostro,

respirará la tierra un perfume joven,

yo no estaré cerca para cubrirte con mis besos,

no oiremos el lento fluir del río,

 ni la gris montaña brillará con sus tajos de navaja;

cuando las tardes lleguen, tal vez estaremos solos,

cada cual por su lado, de un modo inexcusable,

entonces se escuchará el silencio, que es nuestro,

aleteará en las desnudas ramas del árbol

y la hermosa quimera enseñará sus dientes. Entonces...

 

 

Tus manos

Tu mano se adentra en mí, me da tu intimidad,

un paisaje enervado de noches en galanura,

una sombra adherida, un cuarto oscuro,

me da las ganas de beber en el claro arroyo

y todos los colores de un Sol que se está yendo,

tu mano me adivina, se apropia mis secretos,

tal vez me estás llevando, o tal vez te llevo,

solo sé que juntos vamos por un solo sendero,

que nos perdemos juntos el uno en el otro,

tu mano es mi palabra, yo soy tu mano

quiero llevarte a mí y en mí dejarte,

apropiarme todas tus cosas y lo que tú te callas,

es un clamor de estrellas decir lo que te quiero,

pero lo pones muy fácil, nos hemos encontrado.

 

 

El seco mar

Oh seco mar, tan quieto y rutilante,

mueves tus árboles con soltura marina

y hacen olas las yerbas olorosamente,

oh viejo mar de campiñas inútiles,

sembradas de terrores, de oscuras azucenas,

la soledad te aprieta tu cintura celeste

y los aires encrespan tu desesperanza,

oh viejo mar, arrancado a los sueños,

dejado a la intemperie y a los pájaros errantes,

esperas las lanzas del vigor de los viriles

y en escarpadas rocas esculpes la desolación,

chanza y razón, ruido nostálgico, el silencio te viste,

 pero los no ángeles te desnudan.

 

 

Ruido de cristales

En la noche trabajé en la fábrica,

cajas y volúmenes venían e iban como solo pasa en los sueños,

el hermano me observaba, sabía que yo vivía en la mente de su hermano muerto,

desconfiado, leía mis pasos, quería saber lo más hondo de él, nunca aceptaba el trabajo del otro,

ideas y pensamientos conformaban el trailer de una noche realmente incoherente,

al final concluí y le solté a la cara: Desengáñese, su hermano era un hombre honesto.

 

 

El hombre que soñó con su cabeza

Llevo mi cabeza en una caja de zapatos,

de cementerio en cementerio buscándole sepultura,

familiares y amigos podrían dejarme un sitio en sus hermosas tumbas,

 mejor si la tierra está desmenuzada para enterrar mi caja,

llevar mi cabeza para ser enterrada no es chocante sino algo razonable,

el sueño de buscarme una buena tumba.

 

 

El jardín abandonado

Jardinero, si tu jardín dejaste solo,

en medio de los mundos, distante y olvidado,

aún crecieron las rosas del otoño

tan preciosas y sutiles como has dejado;

siguió el limón llenando de tersura la mañana,

y sumisa la celinda se desnudó los labios;

tal cual dejaste y más crecido espera,

en el rincón la paz que solamente es tu canto,

que vuelvas a las flores y a los frutos, que aún te sueñan,

  y encuentres tu jardín, para cuidarlo.

 

 

El olor de la vejez

 Tu olor corrosivo se pega al paisaje,

sigue siendo oculto cuando levanten la piedra,

es mezcla de mar convulso, de alcoholes y de noches,

dibuja unas flores tortuosas, de colores infames,

 así huele la vejez mancillando a la juventud

a la que coge de la barbilla y la agita frenética

como un profesor perverso.

 

 

Manos cogidas

Somos como dos viejos chochos que se aman,

como dos jóvenes árabes que pasean por el zoco,

como dos niños cogidos de la mano en las filas del colegio,

mano con mano, la mía es la tuya la tuya es la mía,

tú eres yo y me hablas con tu silencio,

yo ni me doy cuenta que soy tú,

los instantes sagrados confunden nuestras almas,

ya nada será igual de ahora en adelante,

he de contar contigo hasta para atarme las zapatillas.

 

 

El ayer

Ayer se vino y estuvo a nuestro lado,

por la ciudad pasea, en la montaña sube,

acarician sus aguas el tiempo que ha pasado

y sus dulces acequias riegan nuestros campos,

se viste de hermosura nos regala su halago

en la Primavera cambia los rayos sutiles

por vientos que acarician con amor, con desgarro,

ayer fue otro tiempo que estuvo a nuestro lado

y cuando vuelve ríe y nos sigue llamando,

ayer es el amor, más sutil y educado

que nos redime ahora y nos  sigue amando.

 

 

Utensilios de cerámica

El hermoso piano sonaba bellamente en las tardes del campo,

cada palabra era un fraseo, cada letra una tecla escrita en hierro forjado,

la dulce campesina manejaba la cerámica con suaves manos de cómodos hoyuelos,

cada uno de sus actos en la cocina tenía la misma tranquilidad de la eterna sabiduría,

el campo era la más grande biblioteca del mundo y el mundo era una gran orquesta,

de las entrañas de los actos se elevaba una mágica música que llenaba los espíritus,

una ciudad de leyenda vigilaba desde las alturas las tareas de los campesinos

y dos ríos como dos colas de lagartija brillaban y se oscurecían alternativamente,

los pechos rubios, recién pelados, exhalaban el agrio perfume de la tierra,

 siempre había en la lejanía otro hombre dispuesto a hablar en silencio,

aquello era vivir, estar del lado de las cosas naturales, civilizadamente arriba,

o hermosamente griego y eterno, abajo, cuando lo cotidiano era un clásico,

para divertirse la gente subía a la ciudad, para aprender la gente bajaba al campo

pues lo más profundo de la vida siempre estaba abajo.

 

 

El poema de la vida

Oh vida que regalas tu embriagante perfume,

 Sol que por divino nos hundes en lo profundo,

vestidos relucientes, pacíficos y brillantes,

y brisas tan suaves cuyo nombre es azul,

oh vida tan hermosa de mis piernas colgando,

cabalgando en mis noches y llenas con alcohol

en la penumbra mansa de sofás siempre cálidos

y las caricias que huyen de las mujeres hermosas,

oh vida qué bien cantas con tus dientes tan blancos,

menudos y bien sonantes de tu buena poesía,

alumbras a mi gozo, con mi vigor me peinas,

reluciendo en los coches que calientan motores;

enséñame a vivir dame tus dunas

que mágicas esconden los desiertos calientes

para que pueda amar y el tiempo me acaricie

 el recuerdo más bello de mi vida que empieza.

 

 

Todos los amigos viven cerca

Un amigo es un proyecto de vida,

si lo ponemos junto a otro hombre parecen lo mismo,

pero hay una imperceptible diferencia,

el amigo es distinto, es otra cosa,

vamos a los bares con los amigos y sobre todo vamos al mañana,

así queremos nuestra patria, la honra, las mujeres y los hijos,

el amigo no acaba nunca, yo no sé definirlo

pero sé que hay una distancia inalcanzable entre ser y no ser amigo,

no por méritos propios sino porque la vida es misteriosa

y concede a los amigos una categoría excelsa dentro de los conjuntos.

 

 

La barca negra

La barca negra sobre la mar de lirios

cruzando la noche aprisa como un velero

una estera de espuma consumida al nacer

toda la noche entera para esperar tus besos

 la noche entregada a deshojar la margarita

y los hercúleos brazos remando, remando

sobre un cuerpo de lirios de olas suavísimas.

 

 

Sollozos

Vida mía, olvídame para siempre, como si no me conocieras,

quiero nuevamente empezar a amarte como la primera vez

y que estemos tan solos como los amantes en la distancia,

tan ardientes nuestros pechos, tan encendidas las almas,

 

amor mío, tiemblo al conocerte de nuevo como el primer día

cuando llegaste tan bonancible el tiempo y yo tan sencillo

que nada sabía ignorante que un ser pudiera ser tan sublime,

vuelve de nuevo al rincón de ninguna parte de donde viniste,

 

mi gran tesoro oculto que en nada sabía yo lo que es amar

hasta que dentro de mi pecho salió el gran río silencioso

sus aguas llenaron todos los paisajes, desbordados,

vuelve a no amarme que se cierren los tiempos, olvídame del todo.

 

 

El poeta

No tenía ojos, mejor dicho, los tenía ciegos,

no podía escuchar, luego nunca supo hablar,

un rumor de mar continuo no le dejaba oír el mar,

caminaba siempre en el kilómetro cero, sus piernas no valían mucho,

nunca distinguió el olor penetrante de la cáscara de limón,

 el sexo le afloraba como una espiga al albor de la noche,

era un hombre, sí, todos estamos de acuerdo,

en nada semejante a los demás hombres, salvo un puñado de versos,

sus versos derramaban la fragancia de los hombres

y en las augustas noches, inmensamente llenas de estrellas, callaban con grandeza.

 

 

Las gafas de cristales azules

Las gafas de cristales azules, la pluma bañada en plata,

el rincón insinúa un verano de polos de manga corta,

el pelo teñido, la falda corta, los senos rebosantes,

oh mujeres qué bien os sienta el verano, qué bien, les digo,

a mí me llama el verano como si yo tuviera veinte años,

las magnolias se hacen añicos, las tardes se extinguen,

los ríos tienen ese ruido inveraz de estar llenos de peces,

las columnas me recuerdan a mí, soy una columna andante,

un tórrido Sol habla con desconocidos,

la Tierra entera acaba de obtener el Nobel de la Vida,

con este tiempo siempre quiero ser escritor

y volver mi cara a las cosas de la vida, carpe diem,

cuando salga a la calle unas piernas abiertas

 me darán el mejor beso que nunca me dieron.

 

 

Otra vez

Pienso que ya nos hemos querido, otra vez,

que me han contado un cuento que me gusta oír, otra vez, otra vez,

que paseo por la orilla de un río de un verano hermoso, otra vez,

que me pajea el viento y me lame las heridas, otra vez,

que la fortuna me ha premiado un décimo de lotería, otra vez,

que me miro en el espejo después de hacer gimnasia, otra vez,

 que la luna es cálida en mi hermano el verano, otra vez.

 

 

Me doy cuenta que soy un ser intrincado y complejo,

Incluso soy mejor cuando estoy dormido y despierta el profundo,

soy yo y miles de antepasados que hicieron la criba,

según se mire, también soy lo que me rodea

aunque me parezca un asedio.

Empecé con un lenguaje solemne, pero lo grande se impuso

y acabé como lazarillo de las cosas profundas lamiendo las llagas,

pidiendo lastimero un lugar en la historia,

 mi fotografía apoyado en el dintel de la puerta.

 

 

La vida es dulce

Mi vida es perfecta, demasiado silenciosa, pero perfecta,

me permite acicalarme, limpiarme enteramente,

oír murmullos, los gritos y el silencio,

en cierto modo me hace ilusión vivir,

como dijo aquel " la vida es dulce".

 

 

Carmen la huevera

El árbol, como un almendro, se llenó de florecillas blancas,

del tranvía amarillo bajaba Carmen la huevera en la soleada Puerta Real de Granada,

sus vestidos amplios y oscuros de mujer de campo balanceaban una gran cesta de mimbre moreno

que paraba a dos manos sobre el delantal a rayas de las amplias faldas,

la cesta tenía dos tapas que ella abría alternativamente para sacar los huevos,

 grandes y sedosos en sus manos, que ella acariciaba, uno a uno, dúctilmente

 o abría la otra tapa y sacaba el prodigio de las yerbas y los frutos silvestres,

 collejas para las tortillas y azufaifas umbrías que llamaba selvas,

apenas hablaba más que con monosílabos amables,

la tarde llegaba pronto y ella salía pitando hacia el pueblo, no todos los días.

 

 

La moto

Todos los días seguidos no nos saben hacer,

nunca nos supieron hacer ni siquiera los maestros,

a veces yo, incluso muy joven, llegué a comprenderme

y me situé con cierta fuerza en el centro de la vida,

ahora mismo, agobiado por unos años extraños

diviso hacia atrás la fregona de los tiempos

muñequita sin cabeza que barre los suelos sucios

a los que llena de más podredumbre aún y la reparte,

nunca fuimos lo que dijeron de nosotros ni somos lo que nos decimos,

somos muy meticulosos con que nuestro ser no se entere,

el ser de nuestro ser somos nosotros y para nosotros él es nuestro ser,

fórmula mágica: uno no es dos y dos es uno,

somos etimológicamente mejores o peores del todo, pero somos:

que el tiempo no nos ponga en la disyuntiva de vencer,

pues ya venimos como vencedores de un largo sueño.

 

 

Contaminación

Se oyen las pisadas y no son nuestras,

brotan las escarchas rojas sobre la luz,

un grupo de violetas bajo las rosas tiemblan,

vuela la noche mustia vestida negra de tul,

salen las miradas que ocultan los rincones

 escudriñan en los fríos a través del trasluz,

muchos corazones ya no quieren ni vernos,

ángeles derretidos del mismo Belzebú,

 por las rocas se suben otrora verdes musgos

agarraditos quedan negros de grisú,

mientras la esfera blanca estira su bostezo

muere un cisne lánguido enlutado en betún.

 

 

Las estrellas me estrellan

Las estrellas son como mi estrella,

pequeña, veraz, echa añicos,

  dice cosas interesantes pero no quiere que yo las entienda,

 traviesa, puntiaguda, saltimbanqui,

estrellita, estrellita, ¿ escribiré alguna vez buena poesía?

las estrellas ríen y alguna maleducada me muestra su dedo erguido,

mis campos están llenos de estrellas

pero mi estrellita se aburre y no me lo disimula.

 

 

Las incontables hojas del árbol

Las hojas de este árbol no tienen excusa,

son tan bellas y tan simples,

tan educadas y difíciles de dibujar,

su mismo verde es un complicado verde nada hostil nada hiriente,

son como las ramas, ramas que se cuelgan de las ramas,

que acarician como cabellos al viento

y se dejan acariciar, son tan sencillas

y su perfume todavía está intacto;

dentro de sí tienen un secreto que cura los corazones,

también lloran si los vientos las azotan sin cuidado,

son lanzas de amor que vencidas derrotan

e insinúan que ya es hora de dormir

cuando nos dan en el rostro si paseamos tarde

por un camino explícito, tan cerca de nosotros.

 

 

Los pinos

Los rayos de luz se adentran explícitamente en la quietud del lago,

las aguas se llenan de color champán, dulces y embriagadoras,

mas ya no quedan bufos ni silfos solitarios que las beban,

las astrología menuda sube y baja por las columnas del color de la uva,

placidamente la quietud se mueve en la luz,

arpegios dorados cruzan sobre las escamas de plata de divertidos peces,

el aroma de los montes, llenos de pinos, eleva los cielos,

prontamente la tarde cae como un espeso Sol

y oscuramente la soledad se nombra a sí misma:

cuando el hombre falta, a nadie se echa de menos,

pues nadie se bebe los dorados champanes de la memoria.

( En esta hora el lago tiene una quietud penumbrosa y sabe que lo que digo es verdad.)

 

 

Atrápame,

Poema de amor

Atrápame, soy un campo incultivado pero fértil,

me muero por tus brazos y el rechine de tus dientes,

tengo ganas de ti con hambre insólita,

 estoy harto de soledad y de las broncas horas.

 

 

Rueda dentada que gira por el gran espacio

En la vida de un hombre un año equivale a otro año,

y todos los años juntos apenas son un año,

hemos pasado el tiempo tirando cosas arriba

que luego caen, impepinablemente, sobre nuestras cabezas;

cuando somos conscientes y radicales con nuestro ser somos felices,

porque vivir plenamente nosotros mismos es lo deleitable,

aseados, bien vestidos, decididos, constante el ejercicio físico,

no hay gozo mayor para el hombre que gozar su existencia,

y no permitir, jamás, que los imbéciles la mancillen con sus tonterías.

 

 

Un dios distinto

En aquellos tiempos yo era un dios muy serio,

todas las gentes me parecían superficiales, algo estúpidas,

incapaces de estudiar completamente una teoría científica,

nada escrupulosos con la buena ciencia,

me decían que eran mis hermanos y yo no los quería ni como primos,

les gustaba el fútbol, las mujeres y hasta la fría cerveza,

menos mal que los tiempos cambiaron y me hicieron un estúpido más,

ahora todos me parecen sabios, lo cual también es sospechoso,

el espíritu del genio que nos habita y explica un poema de mil maneras,

el mismo que hace que en la paradoja la partícula sea y no sea al tiempo,

 me temo influya en mi ánimo y algo me quiera decir con sus intrigas,

porque es lo cierto que el mundo sigue con sus tonterías,

solo que yo echo de menos a mi antiguo dios,

que sabía estudiar y nunca era superficial.

 

 

 Mínimo quantum posible

En aquellos tiempos había un dios que habitaba la tierra,

distinto, orondo, brillante como la piel de una manzana,

sabía distinguir el bien del mal y nos lo decía,

nos decía qué debíamos hacer para ser felices y lo creíamos;

en aquellos tiempos los hombres eran creyentes que es modo de ser sabios,

se peinaban al gusto de los dioses y caminaban con soltura,

cada hombre parecía el arquitecto del Partenón,

en cada hombre había la brillante disquisición del minimum quantum possible,

conocíamos el remoto espacio de lo más pequeño, el peso del alma,

todo esto nos permitía soñar y crear nuestros propios dioses,

algunos austeros y otros no tanto,

en los hermosos cotos figuras mitológicas, de poca imaginación, vagaban etéreamente...

fueron tiempos magnánimos cuyos esqueletos aún permanecen

y en las dulces tardes, en los círculos de los vientos, se oyen como un murmullo,

 los pechos que nos descubren sus mágicas mujeres.

 

 

Vivir

En el mundo de lo imposible todo es posible,

nos quejamos de no tener amigos y no los buscamos,

nos quejamos de que nos falta amor y no nos amamos,

empezando por nosotros mismos, como todo buen cristiano,

la vida es una necesidad vital imprescindible,

algo así como que la vida solamente se vive,

el mejor lamido lo damos a nuestro hombro.

 

 

Las sombras se aproximan

Yo no sé qué es borrachera ni tener amigos,

nadie se alegra al verme y al pronto sonríe,

no sé lo que es sentir el lado del sentimiento,

no sé pasear, ni hablar, ni hurgar en el silencio,

no sé sufrir, ni aletear con el sufrimiento ajeno,

no me calientan las mejillas el cálido aliento de otras palabras,

en fin tengo una áspera nostalgia, las sombras se aproximan.

 

 

Déjà vu

Pasar por donde quiero pasar,

entrar a donde quiero entrar,

estar con quien quiero estar,

tengo la impresión que este poema lo he escrito otra vez,

aquí mismo.

 

 

El viejo corazón

Oh corazón enterrado que escribes raramente

y todavía me suenas como un viejo piano hermoso y diletante;

que no pararás jamás de escribir lo que ya has escrito

y antes que todas las cosas empiecen las concluyes hábilmente;

corazón primitivo que gustas de amar y tu sonido

de viejo piano melancólico está lleno de salud todavía,

escribiendo a altas horas de la noche,

porfiando con los vocablos que mágicamente encuentras,

siempre la consecuencia, que ninguna palabra esté sola,

una música al límite de la belleza;

suena ahora también el reloj menos razonable que tú

y la estancia se llena de latidos mágicos

de vocablos que nunca mueren, pues por eso eres eterno,

viejo corazón.

 

 

El dios araña

 Los narcisos agoreros exhalan un tierno elixir,

sus tallos verdes erguidos como penes,

la dulce armonía blanca se descompone

y caen las cascadas dulces como la miel

en el viejo y oscuro jardín las flores centellean

y placidamente se entregan a los juegos amorosos,

una fragancia inútil hace que la vida sea útil,

mejora los dorados brocados del jardín,

la dulce estancia se alfombra de cosas humildes,

una araña se pasea con cuidado, tened cuidado de ella.

 

 

Algo he hecho mal

Me ha bastado lo poco y aún lo mucho sobró,

no he sido hombre de elocuencias y grandes monumentos,

me basta la escasa biblioteca de un río

que baja cristalino casi pidiendo permiso

y no palabras y más palabras, los atracones de obras de arte,

algo he hecho mal cuando leo mis muchos poemarios,

 que me separan de mis raíces,

para dibujar bien solo hacía falta una recta,

 no la genuflexa lección de mil proyectos arquitectónicos,

todo lo mucho cansa y en mi caso hastía,

sobradamente sé que en la Naturaleza no hay sitio para la soberbia.

 

 

El poema instantáneo

Un poema breve nunca sale del corazón,

es una pizca, una centella, una estrella fugaz,

parece bellísimo, estremecedor, porque es veloz,

 enciende la luz en los párpados,

si yo me lo digo es como un beso inútil que me doy,

también necesito besos, quizás sea lo único que necesite,

amarme enteramente, con todo mi cuerpo,

como si pasara los labios por mi pecho

y me diera un gusto seco que me divida en dos:

  a una parte estoy yo y amara a mi otra parte,

y el culo se me partiera de tanto amor.

 

 

Pase lo que pase, nunca pasa nada

Acaba de pasar la última legión romana y nadie se ha dado cuenta,

iban como en combate, los ojos fijos, el paso unísono, el águila medio tumbada,

redoblaron tambores y chirriaron trompetillas,

penachos rojos, caligas acordonadas, cueros balanceados sobre las faldas,

bajaron de oscuros bosques, al otro lado del río,

como avatares del miedo, el último terror del Imperio,

pero nadie los percibió, ni siquiera yo que soy perspicaz,

los intuí, sí, pero mi intuición casi nunca acierta,

fueron los últimos pasos de las pálidas legiones

que empezaron en Alejandro Magno, aquel que hoy da nombre a los clubs gais

para masajear cabelleras rizadas sobre las mesas blancas.

 

 

Los dueños

Te visten y te desnudan,

todas las noches desnudan tu cuerpo

que orondo se estremece y se exalta,

todos los días te cubren el rostro,

como si la vida sintiera vergüenza de la desnudez,

y con sus palabras, todas las palabras,

taparan tus tetillas erizadas y tu respiración,

la vida siente reparos de las manos ávidas y las miradas a las ingles,

lo más importante es taparlo todo con las palabras

aunque las palabras sean el semen seco que eyaculó la noche.

 

 

La obra maestra

Es una oportunidad de hablar como los muchachos con desparpajo,

el estilo es lo de menos, cada cual leerá una cosa distinta.

 

 

Las nubes

Fragante nube que a la montaña rozas

y la cubres de un vello bellísimo y sutil

tu no sonido me acompaña siempre

y en mi corazón aloja la sombra del cielo,

 solo tú perfumada habitas

el indecible espacio de la etérea esencia

acercas a la tierra la virginal llamada

del cielo de los cielos de una estructura única

y aunque cautiva creces y te desmayas,

la inconsistencia es hija tuya y el deseo

 como nube asciende al corazón contrito

por tanta cosa a la que llega la virginal llamada,

y aun seca te conviertes en el fresco río

que la montaña baja con maternal prisa

y alimentas a la tierra de tu sutil esencia.

 

 

La huerta ante mí siempre

Escribo para mí, cuánto te quiero,

las tardes tienen un campo rubio lleno de sol,

abajo el río, pequeño, medio oculto, de hábiles profundidades,

discurre buenamente defendiendo a sus peces,

los árboles se llenan de moradas ciruelas,

un humo quebrado sube y se desvanece,

escribo para ti, no me interrumpas,

pongo cara de sapo sabihondo, escucho atentamente

en la esquina del jardín el trajín de los hombres,

no quiero alargarte el poema, quiero que sea veraz,

 la verdad es una ofrenda fragante para el amado,

en este caso tú.

 

 

El teatro romano

En las gradas del teatro titilan las margaritas,

aquí estuvieron miles de gentes que oyeron estremecidas

las trágicas palabras de los autores clásicos,

la vida entonces tendría un mágico argumento,

los versos fueron el fundamento de una buena teoría,

en las gradas del teatro hoy titilan las margaritas,

el cielo se embellece y las palabras apenas si se leen escritas.

 

 

Los oscuros ríos

Cuando llega a la ciudad el río cambia de cara,

aún en lo farragoso del día atormentado ralentiza su cauce,

bajo el puente mira al pasajero que lo contempla

y se hunde levemente en la sombra de los arcos,

no precisa de Sol ni de viento, se la traen floja,

es un río ciudadano que ha conocido a miles de sinvergüenzas,

esos hombres que mienten desde niños y son unos golfos,

su filosofía es muy simple: no pasar dos veces por el mismo sitio,

tampoco ser transparente, en la ciudad está mal visto,

ni oler demasiado mal como huelen las acequias,

pero si alguna vez veis un pez en estos ríos ciudadanos

 contempláis a un héroe, con esto lo digo todo.

 

 

En los brazos de Morfeo

Me gustan las mujeres en verano,

de pronto aparecen y un nuevo ser me sale,

 la puntita del cuerpo quiere libarlas como la abeja a la flor,

me doy tan pleno que del todo me doy,

no se lo merecen, es verdad, pero así es la vida.

 

 

La mirada más pura

Perdóname agua por no haberte dejado brincar contra las rocas,

perdóname rayo por no entender tu lenguaje sublime entre las nubes,

perdóname noche por no saber sacar tus secretos brillantes,

y tú, fragante mar, abierto como la gran flor esculpida, perdóname también,

pues sois lenguaje sublime y nunca os entendí,

los hombres desgraciadamente duramos muy poco

y nos cuesta aprender las cosas sutiles y sencillas de la naturaleza

nos vamos sin saber nunca qué cosa es auténtica pureza

y todas las cosas repiten y una mil veces qué es pureza...

 

 

Espacio

 Oh espacio que me acoges en tus divinos brazos

y restituyes mi alma en mayestática esencia,

oh luces y penumbras acogedoras

tendidas sobre mí abriéndome al espacio,

oh silencio que me acompañas íntimamente,

más adherido que mis huesos, mi sostén.

 

 

Los ríos coronados

¿ Cuantos chinarros estarán río arriba,

entre las blandas hojas de las aguas del río,

pellizcados por pececitos que mordisquean sus vellosidades?

Nadie escribe la historia de los ríos, realmente, con paciencia,

yo sí, porque los amo y no les quito ojo,

me gustan los ríos, la languidez de sus aguas,

hasta el runruneo sobre la poza me suena insinuante,

los ríos son todos excelsos y merecen la corona de las hojas de sus árboles,

están llenos de fragante cultura, pues siendo de todos nunca es vulgar.

 

 

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La nueva ciudad

  Ciudad en rectas proyectada,

ventana que nadie abre muro borrado,

campos y más campos, lluvia de cristales rotos,

 ciudad amontonada donde se pasean los cadáveres

que acumula rincones y cubos paralepípedos,

ciudad proyectada en volúmenes discordes,

ojos que nos miran, bocas que nos tragan,

polvos y más polvos, gentes famélicas, abrigos rotos,

sin un solo mural digno de verse, con borrones y manchas,

pisoteada por los cielos, meada por los perros,

su música es el canto agudo de las sirenas,

que nunca duerme del todo y nunca se levanta,

de ladrillos podridos y de caras pálidas

oh ciudad que siempre vive en barrios extremos

y se baña en los oscuros socavones que la socavan,

 que es un grito anónimo de macetas no regadas,

con bares que se hunden en la oscura soledad

y campos improvisados del fútbol por chiquillos

que se entregan al juego como a un deber inconcluso,

ciudad parada, en medio de los campos,

la pobreza se exhibe, las grietas no se tapan,

 también la paz destruye una ciudad hasta con saña.

 

 

Las oscuras iglesias

En las oscuras iglesias los oscuros rincones rezan oscuramente,

el polvo de los siglos desenterró a sus muertos

y una oscura fragancia es salvífica oración,

por esos rincones muestro mi dolor profundo,

la caricia que el viento nunca acarició,

los rostros que se fueron, las risas que se perdieron,

los momentos atentos que prestaron atención,

cuando yo veo a un pobre andrajoso siempre lo pienso:

nació un día, una madre lo tuvo en sus brazos, lo amamantó,

qué fácil es entonces que los oscuros rincones recen una oración

por los que se quedaron solos, tan solos como Dios.

 

 

La cultura

 Me gusta pararme ante las grandes cosas,

la naturaleza, y no lo digo por ser un lugar común,

siempre me asomó a su grandeza desde los altozanos,

ya fueran bosques, mares o tierras solo,

hablar con el mundo vital y único,

frente a lo inmenso y no esperar que me devuelva el pensamiento,

el pensamiento suele hablar consigo y contestarse,

ya sé que parece locura, pero es muy cierto que nos hablamos solos,

basta que ese mundo enfrente sea callado y sea tan grande

que subir y contemplarlo sea un acto de cultura.

 

 

Ritual del vacío

Cuando me estudien leerán lo que he callado,

sobre mis huesos estará indeleble la historia escrita,

las enfermedades me dejaron rictus de máscara griega sobre las costillas

y los momentos de placer que estremecieron mis huesos,

todo el Universo es una inmensa calavera de grandes ojos vacíos,

las partículas se mueven a su antojo por el cadáver y quieren huir a su destino

hasta llegar a poner un punto brillante en la mirada de la belleza.

 

 

Ante el espejo (Dibujo de José Mª Torres Morenilla)

 

El espejo

Yo me miro ante el espejo y el espejo me mira,

 me regala el infinito,

  la luz proyectada que vive tras las cosas,

la inmensa luz que abarca un instante,

si le acerco mi aliento se le nublan los ojos

hasta el espejo me ama.

 

 

Mis besos

Mis besos son seguidos y nunca acaban solos

buscan tu compañía y se desatan fieros,

suave es la fragancia que encuentran en tu cuello,

mis besos son oscuros cual mariposas trémulas

en busca de la luz y las estancias últimas,

no nacen de la boca sino en lugar del cielo

unos tras otros encuentran al ser de mi tesoro

y se consumen líquidos para cantar te quiero,

mis besos son antiguos a través de los tiempos

vinieron decisivos entre los mágicos sueños,

desnudos, son mi carne, dentro de mí se agotan,

y salen muy felices buscándote en tu carne,

 el mismo amor los pinta y los sostiene llenos,

 cofrades de mi alma, refugio de mi anhelo,

tal vez nunca se acaben si me saldrán eternos.

 

 

La herida

Tengo una zanja en mi corazón,

tanto tiempo la llevo que no me doy ni cuenta,

seguramente llora en mis horas ocultas,

lamento de una fiera o de una constelación,

es una llaga luminosa que enciende la oscuridad,

la llama fría que me quema como el fuego,

tengo un dolor hondo que ni le pongo nombre,

me parte el pecho en dos y no me alivia,

seguramente una mano asesina me dio un tajo,

otra mano asesina podría meter en ella sus cinco dedos

y tocar el piano sobre mis pálidas costillas,

es de esas heridas que me duelen en los testículos

cuando las veo llevar por otras gentes.

 

 

La caricia

La caricia es la grafía del corazón en las antenas de los insectos,

 la sublime cultura.

 

 

La campaña

Podemos seguir haciendo las mismas cosas todos los días,

 la rutina acabará borrando el camino verdadero,

en estos momentos estoy pensando en mí,

tal vez nunca haya podido hacer las cosas mejor,

pero nunca las cosas que hice, que yo sepa, me hicieron mejor a mí.

 

 

La cabeza de cristal

Cuando los asesinos se enamoraron  la muerte fue de cristal,

una cabeza de cuarzo que gira mayestática entre los rayos sólidos

que muestra el gran vacío de toda cabeza hueca,

crisálida del mundo rueda por otros mundos,

los visionarios telescopios la tomaron por una estrella

pero solo es un lamento de la cristalizada materia,

gira mayestática con todas las constelaciones,

ni el frío la entumece ni el calor la acojona,

luego, derramada, más valiosa que el oro, se hace agua

 yo la bebo, la bebo insustancial por mi sueño atormentado

 hasta que mis entrañas gritan por el dolor de sus pinchos.

 

 

El reloj

Solo el hombre, con su mente, puede parar la Tierra

 y hacer que sea el Sol el que se mueva sobre coloreadas fachadas.

 

 

Exultación

Silencio que realzan los magníficos pájaros,

 me mira el Sol en laderas de los montes,

 la quietud también del efervescente río,

mi alma la traspasan con su remota paz,

el duro suelo es lo más fiel del mundo,

pero es el árbol la quintaesencia de mi plenitud,

 ¡¡ Irrintzi, jauregui !!, les debo todo mi ser.

 

 

Detrás de las ciudades

Hablo del monte, del río y de los seres buenos,

de quien vuela con alas y el pensamiento,

de todo cuanto el sol calienta y bulle dentro;

me regaló sus sombras y su frescor,

el latido de las fuentes y el calmoso río,

la dulzura del paisaje y el buen olor

de la tierra cuando suda y el aire...

Oh campos que tendréis hijos y más hijos

y los hijos de vuestros hijos serán nuestra patria,

la honda tierra que a los hombres da

la única verdad que en el alma ata.

 

 

Homero

Siéntate en mí,

dame las hundidas perlas de tu no mirada,

 me gusta parecerme a ti y verte repetido.

 

 

El hombre

He crecido sabiendo día a día que soy pequeño,

entre las grandes casas de enorme edificios,

las carreteras altas sobre los curvos puentes,

la enormidad me cubre con su abismo a mis pies,

hasta las mismas gentes me hacen más pequeño,

he crecido hacia abajo, el gran mundo redondo

 desde los cielos gira, me hace aún más pequeño, disminuye mi ser:

se crece cuando sabes que nunca serás grande

y es inútil el empeño, se crece al revés.

 

 

Poema de amor

Soy inmaduro pero contigo maduro al instante,

crezco por donde más gusta,

me hago un hombre duro como el pedernal

y al tiempo mi boca es un manjar fluido,

 saco reservas del aire y me las bebo,

tu amor es insaciable a ciertas horas, que otras no,

tu amor es a diario, que otras no,

soy tu soldado, chavalillo de los pantalones de punta,

que roza el cuello de tus piernas, presumido,

creo que tú no te enteras nunca del todo,

pero así se aman los amantes, no se enteran nunca.

 

 

El hombre que perdió su nombre

Hubo una vez un hombre, que no era muy hombre,

el pobrecillo quería pasar por ser hombre

pero nunca engañó a los maliciosos,

que torcían la mirada al nombrarlo

y nunca le hicieron un hueco en sus charlas,

ese hombre se murió como todos,

también aquellos que le escarmentaban,

y luego, cuando ya no hubo remedio,

desde el otro mundo santísimos doctos le dijeron:

fuiste tonto, los que te torturaban con saña

penaban en ti sus pecados ocultos,

digamos para terminar que las mañanas limpiaron sus heridas.

 

 

El hombre que perdió su virginidad

La virginidad es un bien que la vida regala al nacer,

delante están todos los penes erectos detrás las caracolas babeantes

y la blanca perla que la lengua mojada amolda:

los hombres cuando pierden la virginidad se vuelve ásperos,

 hombres vulgares que pasean sus virgos desgarrados

entre las hirsutas columnas de la civilización amarilla

y los negros taxis que nos llevan a todos los sitios.

 

 

No lo es

El vacío es un hueco que se lo traga todo,

la soledad se llena de sombras y de olvidos,

el mundo es un paseo al encuentro de uno mismo,

se apaga la esperanza que es un sueño húmedo,

no lo es por lo mucho ni lo es por lo menos,

" el aire lo ha llenado una triste canción,

la cantan los ruiseñores y otras aves la ocultan

con flautas y chirimías suena su dulce son ",

cuando el agua la pasa con sus brillantes rizos

 y el viento como a ráfagas se llena de ternura,

no lo es, ni lo dudes, la soledad es el alma de todas las cosas.

 

 

Parad el corazón

Parad mi corazón que sigue dando vueltas,

una cosa a la otra, una verdad engañada a una mentira cierta,

parad mi corazón que solo ama en la elipsis del mundo,

que sube por estancias inamovibles y baja por los senderos húmedos,

parad mi corazón que tiene perfil de rocas que alegran animalillos

y solo sabe amar, que es un rayo de luz en las tinieblas,

parad mi corazón que está agotado y solamente vive

que quiere las palabras y el hálito de los sueños,

parad, paradle, que estando por la vida

transita como un muerto entre penumbras inconmovibles.

 

 

Nunca habrá caos

La Naturaleza puede tocarnos el hombro y sorprendernos

cuando las cosas no las hacemos tan bien como debiéramos

y es tan grande la distancia de las magnitudes físicas

que no escapan de nosotros sino que se muestran tal como son.

 

 

La ciudad

En una ciudad pasa de todo

pero como los buenos escritores todo lo cuenta fácil,

las gentes sufren, charlan y padecen en sus piernas,

las esquinas hacen de la vida una prostituta llevadera,

la ciudad es el poema insuperable,

millones y trillones de buenos versos,

cuando el sol pasa por ella, con discreción admirable,

hasta la lluvia se civiliza cuando llega a la ciudad,

me gusta la ciudad, me da en las ingles su baño de inteligencia,

me lo sube todo, hasta el coeficiente intelectual,

porque me deja pisarla y olerla y ser el que soy.

 

 

Los sueños

¿ Quién entendió sus sueños como verdad si mienten,

mentira que nos cubre de terrores ambiguos

y nos llevan de la mano para mentirnos bien?

¿ quién soñó sus sueños y no ha mentido nunca

si escabrosos lo hunden en lo que más se teme

para ocultarle tenues lo que es la verdad?

Mentimos en nuestros sueños a través de amigos

como aquellos mozalbetes llenados de osadía,

que mágicos y esquivos brotan de lo antiguo

y en las luminarias de espectros fulgurantes

brillan en una noche cual inalcanzable ser.

 

 

La ciudad

La ciudad es el museo de los poemas,

ningún poeta llega a ser nunca un gestor de poemas como lo es la ciudad,

nada escapa a los presentimientos en una ciudad tan grande,

detrás de los cristales escapan como lágrimas

que lloran luminosas en el frío cristal,

la estancia dibujada por las rectas de los muebles

en su techo hay una enorme calavera verde

que escupe un perfume sanguinolento de esta mañana mismo,

de un día negro y noches de cristal.

 

 

La ajenidad

 Soy un habitante de una ciudad de millones de personas,

vivo en un planeta rodeado de incontables soles

y seguramente quedarán muchas más casas y más grandes,

casi todo lo que en el mundo existe, incluida la antimateria, vive en mi ciudad,

entonces, ¿ por qué quiero ponerme el primero si estoy ya para que me cedan el asiento?

 

 

El amigo escritor

A   J. M. C.

Yo tuve un amigo que escribía muy bien,

escribía tan bien que yo ni me daba cuenta

y contaba historias truculentas,

 sabía este amigo hacer amigos y enemistar a los amigos,

un buen día, estando los dos lejanos

leí la mejor página nunca leída sobre la música,

ni Mozart sería capaz de describirla mejor,

desde entonces le tengo por mi mejor escritor,

pero nada más, fue imperdonable que me apartara de mi verdadero amigo.

 

 

Mi amigo

Apuesto a un amigo,

y a un amigo sobre otro amigo,

amigo de amistad líquida,

de virtud sometida,

de campo inexplorado,

amigo tan ruin que me lo quita todo,

hasta los buenos pensamientos

y que se agacha y me ofrece

sus dos senos diminutos,

amigo de las virtudes incontroladas,

de los seráficos vientos

y de las noches luminosas,

de las jugosas palabras en el bar,

donde la soledad se echa un pulso

contra los suelos sucios,

tengo un amigo valentón

que opone su pecho barbaramente,

y su barba escuece solo al mirarla,

mi amigo embraguetado,

padre de mi alma,

por las esquinas de mi corazón sentado,

con muchas tardes a cuestas

y muchas sombras penetradoras.

 

 

La felicidad estalla sin avisar

He mirado al mundo como un espejo a veces rutilante,

otras entendía que nos quedamos solos los días más tristes

y ahora pienso que la felicidad nos estalla por sí sola,

la vida es un yo multiplicado que exige neutralidad,

el fracaso de unos nunca deja de ser también mi fracaso,

las heridas que me muestran duelen en mis testículos.

 

 

El Sol

 Escribo porque el Sol da en las paredes del cementerio

y me entristezco: la vida es efímera,

cualquier hombre merece vivir un poco más,

¿ De qué le vale al arrogante Sol ser tan poderoso

si todas sus criaturas acaban muertas?

Escribo, porque de pronto me brota la tristeza

y no es por mí, nunca me escribo a mí,

escribo por ti, súbitamente.

 

 

El laberinto del fauno

Quién habita en mí, que no habita,

quién conmigo está que no está,

quién llena mi mundo, y me lo vacía,

dónde están sus palabras, dónde están,

quien de mí se acuerda y me olvida,

 solo me he quedado de verdad,

para no ser nada siempre tomé prisa

para morir de gozo se hizo la eternidad,

no soy del mundo, ni tengo vida,

qué pronto mudó quien nunca está,

el infinito oscuro y ciego sobre mí brilla,

yo hasta cuento las arenas del mar,

pero ser no soy, la soledad se inclina

y me rodea de su gozo en soledad.

 

 

El respeto

Cada ser de este mundo es una constelación,

a veces titubeante como el insecto por el jardín,

el respeto se cartografía en la indiferencia y en la libertad,

respetar es no hacer lo innecesario ni gustar lo superfluo

para saborear el fracaso ajeno,

todo ser es centro de un universo y lo arrastra por el jardín,

solo el ojo sabio sabe romper el respeto con su mirada amorosa.

 

 

El baile de la nada

La nada es un baile que dancé con hermosura y me pareció elegante,

hay cosas en la vida que son de una pesadez horripilante, perfumadas en cloacas,

mientras que la evasión, la soledad y los buenos versos me redimen y me besan,

también la buena pintura aunque sea rara y la música toda, do, re, mi, fa, sol,

me encandilan los soles abigarrados y hasta las frías nubes,

la nostalgia de los ríos me discurre sin darme cuenta de que me matan,

el duro perfil de la montaña tan erecta como una mañana húmeda

y la voz de la tierra que suena hueca como un pozo de campesino,

me ilusionan los animales, a los que quisiera parecerme y nunca alcanzo,

y el ruido de la gente, amo a la gente, son mi Ser.

 

 

La esperanza

Donde tu pie se para sin esperar ya más nada

empieza el camino de los que en ti confían.

 

 

La vida es un baile

( A la joven andaluza de hermosos y coloreados pechos que un día me pidió estos versos)

No se me olvida el baile de una música

que dentro de mí bailaba, de las palabras

que yo unía para ti y tú las desatabas.

Yo nací cantando y por cantar nací,

fue así como aprendí a querer

y fue pasito a pasito como aprendí a vivir,

para volverte a ver, para volver,

he de bailar un baile que la razón no vuela,

pues sólo el amor es capaz de unir

lo que en la larga vida siempre será mi espera.

 

 

Todas las aguas juntas contra ti fabularon

y en sus mecidas ondas acabaron tus sueños.

 

El sueño

Quedó dormido Amor entre las aguas,

unido al infinito tan cerca está del cielo,

un sueño tan profundo en su rostro aparece,

como un niño llenado que alimentó una diosa,

quedó dormido Amor y es trascendente

el tiempo detenido entre sus alas tenues,

dulzura de sus labios, de la fragante prosa

que dúctil la almohada a su rostro sostiene,

toda la estancia álgida su palacio parece

pues entre las blancas sábanas Amor se duerme.

 

 

Antinoo

El amor te ha vestido y coronado el celo,

ha medido contigo todas las perfecciones,

te puso la libertad sobre tus ojos tristes

y un canto te acompaña de melódicas voces;

el amor se ha reunido con los sabios señores

y ellos no opusieron ninguna exigencia,

te encontraron perfecto te dieron rienda suelta

y tú, en libertad, te hiciste más y más grande;

el amor dibujó las inexistentes alas

que parecen volar tras de tus hombros plenos,

ha rozado en tu alma el mejor de los vuelos,

pero te dejó desnudo en la temible noche;

nunca bastó el amor para hacer un futuro,

y el pasado solo dio un fuego compasivo,

todas las aguas juntas contra ti fabularon

y en sus mecidas ondas acabaron tu sueño.

 

 

El teléfono dice no a todas las horas

Desnudo y brillante como un cisne negro,

como un calcetín echado en el desván de la cantante calva,

conectado a la central del miedo,

habla consigo en silenciosos universos,

 juega al ajedrez con números noctámbulos,

 a veces suena, " perdone, me he equivocado",

es mi alma contraria que me roba mi retrato,

 yo hablo hasta por los codos con carcajadas sonoras,

hablo y hablo, me atasco al hablar, sueno como un reloj, tic, tac,

alegre como un trino, tengo timbre de mujer,

 me desnudo a los amigos, abro mis piernas,

podrían cogerme de cualquier parte sin que les apartara mi mano,

decididamente no soy un teléfono negro tocándose los huevos,

yo hablo y canto, quiero amigos, tengo ardores de mujer sedienta.

 

 

El banco

Echo de menos la soledad de un banco

que se siente conmigo

y que descanse...

 

 

Mi río eres tú

Oh río por quien pasaste

tantos los años, tantas las gentes

y te llevaste tanto de aires, tanto de sol,

herida de agua bajaste por las riveras,

alegre tu paso hermoso con pies tan fríos

y el alboroto de tus piedras

tan sabio y lento y escurridizo,

río de tantos años y tantos pueblos,

sabio, silente, acompañando

por los resquicios, tierras labradas

y gran hartura entre las nubes

que dibujabas en días calmosos

y reventabas con juventud,

el río de todos, generaciones

te contemplaron, se animaron a hundirse en ti

y te bañaron sus carnes cálidas,

trémulas, alborotadas

y tan gozosas de tenerte a ti,

entre tus brazos, tan tiernos siempre

y tan fríos, del mismo amor

que abre caminos y se desviste

por tus senderos

 que has recorrido, desde siempre

mi río eres tú.

 

 

En tu pecho se mueve el Universo

En las ventanas de tu pecho se abre el universo,

son todos los astros juntos y ninguno lo es,

 el gran sol oculto y negro lo engendra,

sus días no son miles, ni son más, ni un solo día,

bellamente salen los astros y duramente son bellos,

corazones de piedra y gases en fuego se consumen,

giran impávidos nunca pueden huir, pues todo es contingente,

y tú, la más hermosa, ¿ te paseas triste en tu hermosura?

Abre tus pecho y siente fúlgidamente la caricia de su vuelo,

te besarán las tetillas los gruesos labios de tu amante

y brotarán de tu pecho como bulliciosos astros

los ágiles espeluznos del mejor de tus amantes.

 

 

El camino

El paseo se adentra imperceptible en mí,

por mi cuerpo camina como un compañero.

 

 

El hombre

El hombre de la tierra aún conserva el olor,

en sus carnes devuelve el calor de los soles,

son cristal los sudores, vidriosa es su mirada,

de sus esforzados brazos se contiene su fuerza

y un halo de ironía se dibuja en sus labios,

el hombre es la unidad que describe el pensamiento

pues capaz de dudar también ama, incluso a los animales,

amigable en la Tierra, fugaz su escasa vida

un hombre, bien visto, es un regalo que conceden los cielos.

 

 

 Virilidad

Cada día que pasa soy más viril,

de niño apuntaba maneras, la defensa a mis hermanas,

era algo ínclito, que habitaba mis genes,

ahora, cuando la vejez para mí es también recia,

 hago mis ejercicios físicos a diario

y ordeno ascéticamente mi armario,

los trajes bien alineados, las camisas sin arrugas,

 visto y calzo solo cosas de hombre,

rechazo la ambigüedad en las formas y en el fondo,

lo viril es un paseo del alma en busca de lo honesto,

la verdad alimenta mi cerebro y mis músculos,

 tomo partido por la marcha a buen ritmo,

que es una manera de no traicionar a mis huesos.

 

 

Cuando el amor es una tarea

Lastradamente amor, con cuál desgana,

de cuanta fuerza agota y así sucumbe

la carne humana sufre y así se acaba,

en cada fuente seca, en cada umbría

las penas enredadas como zarzas,

con qué serena fuente en la agonía

se agota al fin y muere y ya no es nada.

 

 

Soledad es la raíz de todos los árboles

Si cuento mis amigos me cuento un cuento,

mis amigos no cuentan si mi patria huye,

un consejo de dar siempre fue de recibir,

plañideras me lloraron por surcos interminables,

sus rastros por los paseos de las fuentes hoy secas,

todo está solo en la soledad de las ciudades,

los gritos no gritan, las miradas no miran,

amarga es la estancia de los dioses desocupados;

oh plomo derretido en las calaveras sin nombre,

augusto paseo de cipreses por caminos empedrados,

las capas voladoras, a galope tendido,

 el duro sonido de los cascos acerca a un amigo,

la tarde se extiende como una esmeralda fulgente.

 

 

Lo pasado no es ser

La misma suavidad que tiene hoy

forzosa es dureza inquebrantable

mirar el ayer pasado infranqueable

en la virtud en que viviendo estoy.

 

La misma senda y el alma me la doy,

quebrada estampa de un mundo insuperable,

será presente mas nada es inmutable

si está cargado de lo que en ser no soy.

 

Por mis dichas y amores irresolutos

por tanto azar cambiante entre las gentes

el universo dio partidos impolutos.

 

Mas radical y por seguir a los entes

de un lado a otro fui de fiesta a lutos,

para acabar en cosas intrascendentes.

 

 

El amor

El amor es un sinónimo de la elocuencia,

nadie utiliza un lenguaje más sutil que el amor.

 

 

Soledad

¿ Quién vive ahí

que está tan callado...?

 

 

Lección de geografía

 Mirad las cordilleras exultar bajo los cielos,

la calma excelsa que adjunta magnitudes,

serenas las montañas bullen frondosos bosques,

un éxtasis de soles refulge vigoroso,

la casta melodía sublime se acompaña

y hace grande la Tierra y divino hace al Ser,

las esferas doradas reconstruyen el universo,

se empinan como las mañanas,

pues todo vino de la nada cuando el cielo estuvo muy cerca.

 

 

El guerrero inveterado

Mi brazo para el escudo,

mi caballo negro y bravo,

el alto correr del día

sobre el fuego inmaculado,

correr, correr, a galope

sobre el país conquistado,

luchar en tiempos de guerra,

por siempre alborotado,

de aquí para allá

las sombras se han disipado,

soy la victoria del hombre,

guerrero inveterado,

venga mi escudo deprisa

heme apenas levantado

que corra el día con mi ira,

recorra el país conquistado,

no queden mis enemigos,

en mi frente he soñado

una victoria gloriosa

un vivir ilusionado,

de aquí para allá por siempre,

¡ Victoria, soy tu aliado!

 

 

Venid a mí

 

He llegado a la conclusión que los cristianos, a diferencia de otras ideologías,

aportan un halo de humanidad, de clemencia y de misericordia a la vida que le da

 una profundidad inmensurable.

 

 Cuando yo era un muchacho la soledad era mi coraza,

iba a todos los sitios más impropios para la juventud

y hablaba con gentes inidóneas que nada podían darme.

 

Voy con vosotros, de mis soledades vengo,

tened mi frente, posadme vuestros besos

abridme el corazón, al aire, a la sal de los destierros,

sonadme con los ríos, calladme con los tiempos,

sembradme vuestras dichas dentro de mis sueños,

venid, venid conmigo, aún estamos a tiempo

en rotundas madrugadas, con los cristales inhiestos

heridme por las venas el dulce amor del eco

que en las sonoras montañas suena el silencio,

quiero vivir, seguir, quiero quedarme eterno

si antes vine muerto.

 

 

Yo escribo al borde del abismo

Al límite de un hombre muy limitado,

en el infinito insaculo de la fosforada

y en la alta profundidad de una olla vacía,

escribo y me sale un rollo en el que me convierto,

me lío y doy vueltas sobre lo mismo

como esas mariquitas del jardín que se hacen pelotas,

mi gran sabiduría fue encerrarme en mí,

como si el mundo acabara mañana:

Oh muerte escribe en mí tus manos frías,

llévame a la frialdad total que habitan los astros,

a la oscuridad remota, al límite del ser,

para que entienda de una vez la violencia de los hombres.

 

 

¡ Oh hermosas ninfas, rescatadme!

Si ayer pasara por mi calle ni le hablara,

yo me iría a la otra acera al momento,

ayer fue un pasado cruento, mató mi alma,

y me dejó incruento,

si ayer me viera ni lo viera,

huiría de él como de un maldito,

me alejaría aún más lejos, al infinito,

que el ayer me matara y me doliera,

yo fui un niño feliz y desde entonces

se atravesó un borrico en mi vida,

me persiguió, me calumnió enseguida,

me quitó la moral e hizo incruento.

¿ Qué es un Ser que nunca fue temido,

que hasta los niños se sentían valientes al ofenderlo,

un judío sin raza, un sabio lento

paseando por un ayer que lo hizo incruento?

 

¡ Oh hermosas ninfas, rescatadme!

preguntadme por las esquinas si quiero vuestro amor,

donadme, todas vosotras sois para mí una flor,

con mucho quiero gozaros hasta hartarme.

Que el pasado se me muera, y el mundo alegre,

más ligero lo digiera, yo escupe lejos

y el ayer se me olvide para siempre.

 

 

Oh tú mi sol en campo en mí llevado,

aliento y alma en mi poesía escrito,

oh tú mi bien, excelso tan bendito,

dentro todo de mí, mi bien amado.

 

Tan grande como bello e inaudito,

portento en uno de la virtud has juntado

el oro que regalas en aro descrito

y el halo de armonía que te ha lanzado.

 

Oh sol que repetido haces historia

y traes y llevas por el campo atrevido

el trono de los dioses en tu gloria,

 

que a la Tierra llenas encendido

del calor que da vida en tu victoria

sobre las sombras, sobre la luz uncido.

 

 

El gran misterio del hombre

Dentro o detrás de mí, en alguna parte

vive un ser de verdad que a veces siento

es mi yo y no es mi yo, parte en mí incruento,

que generosamente oculta su gran arte.

 

Mi yo sabe vivir sin mí y aunque reparte

su vida con la mía, no es Dios ni es mi cuento,

sino lo más completo de mí mi aliento

que de verdad me hace entero y me comparte.

 

Saber que yo no soy yo en adelante

parece como locura desatada,

pero es el misterio y lo importante.

 

El no saber de mí me da ganada

una vida que oculta a un ser gigante,

el que a ratos soy, y no es buscada.

 

 

Los gritos del agua

Un grito del agua huye hasta desaparecer del cielo,

yo mismo, ahora, pienso, tuve más salud,

alegre correteé por amores impúdicos.

 

 

El Sol

El Sol está de mi parte,

aquí en esta playa un Sol ardiente está conmigo,

estremece a mi Ser lo amargo del mar

y me embelesan las olas con su frescura, cerca,

pero el Sol se lleva la mejor de mis partes,

entrañable, se une a mí y me da fortaleza,

ahora entiendo que viva y viva todos los años y siga siendo joven,

lo entiendo porque dentro de mí, como unas venas mágicas,

mi cuerpo pone a cien y me subleva,

Oh Sol, el último de los dioses, qué cerca estás y no te dejas ver,

nadie puede mirarte a la cara,

yo, ahora mismo, me pongo ciego de Sol.

 

 

 Canción

¿ Por qué Amor se sienta al lado de un arroyo

y ve el agua correr suave y cantado

si el corazón lo ahonda con mentiras

si sabe que no amó ni fue amado?

 

¿ por qué a los cielos suspiros empedernidos

que en la sutil esencia por pintados

subliman de lo excelso lo salvado

si sabe que no amó ni fue amado?

 

¿ por qué la duda, la magia, la afrenta,

aquel dolor tremendo del pecado

o la razón de creerse enamorado

si sabe que no amó ni fue amado?

 

¿ y por qué la multitud gozosa

 en las plazas y las tabernas alborotado

sonando algarabías su canción

si sabe que no amó ni fue amado?

 

 

Bucólica

Descansar sobre mí bajo la sombra del árbol

un arroyo habla tan bajito que susurra el perdón

y las horas transcurren placidamente en el tiempo.

 


El amor

El amor nunca cabe en un pecho,

como fuego entusiasmado quiere ser,

llegar alegre al amado,

romperse contra los sueños,

estallar en los deseos, ocuparse por querer,

quiere cantar y está mudo de tantas palabras lleno,

gozar, libre, con el cielo, infinito, en el azul,

liquidarse como verso en la corriente de un río

de aguas frescas y tan limpias, donde todo es esplendor,

quiere soñar y despertarse, el alma para arrancarse

y volverse a difundir,

quiere ser para estarse,

del amado acompañarse para morirse o vivir,

es un sueño deseado que acaba de despertar,

alumbre no iluminado,

orillas del río Amar,

por eso, cuando rotundo, se llena todo su ser

el amor parece ido asomado a la mirada,

se llena de la otra mirada

feliz por dejar de ser.

 

 

El dulce pájaro de la juventud

A Zizz, viajero del músculo

Cuando te das cuenta que no eres nada de lo que creías,

cuando le das la vuelta al espejo y miras una imagen torcida,

cuando te dicen que tus temores fueron más ciertos que tu vida,

cuando te mueres, joder, de un golpe y sin ventanas,

entonces los árboles vienen con sus brazos a llenarte de sus risas,

y te besan en los ojos y te secan la frente y te dejan sus pañuelos:

estás jodidamente muerto, te cayó la tapia empujada por el viento,

te sepultó la sonrisa a plomo de un sereno, te dio un tomatazo un asesino,

y en la bandera de tu pecho una camisa blanca flamea, uncida trágicamente a tu destino,

por tus pantalones solamente corren tus piernas y en los insinuados arcos iris un pájaro,

llamado juventud, se vuelve opaco, gris como  un cuchillo, y vuela, vuela...

a tu patria.

 

 

Las grandes contradicciones

Estamos acostumbrados a ser llevados

por gentes sencillas de gran corazón,

pero que tienen tal lío en la cabeza

que nunca nos llevará bien si no es a la locura:

gentes que dicen amar el bien y aman a los malos,

que se dicen decentes e inclinan la cerviz a los indecentes,

que se dicen limpios de corazón y solo miran a los indeseables,

esa buena gente tiene su lucecita en nuestros pechos

y alguna vez tuvieron nuestras lágrimas deslizadas como centellas,

pero solo nos llevaron a locura y la locura no tiene cura.

 

 

El hombre que vino de la eternidad

Me refiero al hombre que vino de la eternidad para morir,

para gozar de una muerte incluso matemática,

para tener un ramillete de cosas buenas que solo tienen los mortales:

la libertad, la valentía, los días perdidos, el amor,

la astuta ignorancia que pasa por ser inocente.

 

 

La araña negra

Para mi fortaleza mi amada es ligera como su tela ingrávida,

sus ondas se despliegan de versátil manera,

me mira y me seduce y me lleva hacia sus ojos,

ay, quién fuera como ella noche y en sus ojos muriera,

mi amada me recoge al trasluz de sus senos

y profunda me cubre de sus besos negros.

 

 

Días de fiesta

Hoy es el día del músculo,

todos los hombres juntos forman un solo cuerpo,

cuerpo musculoso de hercúleas formas,

usados por el uso, gastados como adorno,

los gimnasios del circo están llenos y lubricados,

gozan de vestiduras y se arropan desnudos,

la era del músculo ha sacado a sus atletas,

un hombre solitario no sabe anudar anillos,

lo pierden corredores, tras de olvidadas puertas,

hoy es día de Sol sobre los músculos llena

cuando la tarde cae y las estrellas apuntan,

es la hora nona de silencios inmarchitables.

 

 

Me conformo

Yo me conformo, si miro alrededor yo me conformo,

con ser como la rosa, que es efímera,

con soñar con las sombras,

con dormir por el día,

con recoger en mi frente

todo el frente dorado de la poesía,

con sembrar con mis pasos el triste paso de un hombre,

con mirar la belleza que a los grandes inspira,

con mirarte a los ojos, con oler tu perfume,

con oírte, reír, con callar, con morir, también,

que la vida me cansa y me da miedo perderte...

 

 

Tu cuerpo

Tu cuerpo lo recrea mi mirada, que te envuelve y se queda

totalmente acabada, que muero por mirarte y por sembrar mi fuego;

tu cuerpo que lo mueves como un reloj oculto, cambiándole de horas y de mundos,

como un río que subiera a la montaña,

como una luz quemada que, en medio de la noche, se consume y me baña;

tienes el perfume de los bosques ancestrales,

llenados de malezas y de sublimes paisajes,

urdidos en las estepas y en los terrores viejos,

bajados a los ríos tranquilos, y a las rojas mesetas;

tu cuerpo es la soledad, la gran poesía hablada

la noche trasnochada, el lupanar, el delirio de mi mundo:

tanto querer estar, tanto quererte, que mis días ya no cuentan...

 

 

El amante de la luz

 Quiero pintarte el cuerpo con mis deseos

poner en el lugar de otro mi corazón,

besarte tierno sobre las espaldas

hundir sobre tu pecho mi idolátrica voz,

quiero quererte joven y como un negro potro

que al pronto se levante y encabrite las patas

amar frenéticamente, lo inquieto es el amor,

saborear tus besos sentir su empalago

que brille austeramente la luz en mi rincón,

sin despertar dormirme reposar en tu pecho,

y acompasadamente navegar como un soplo

en la blancura alada de nuestra juventud

por el momento breve que nos junta a los dos,

que luego, jubiloso, después de haber amado

sentir que he reposado y que he nacido nuevo,

brillar, ya sin deseos, como brilla la luz

en un ocaso leve tal como muere el sol.

 

 

Me gustas tú

Me gusta la consonante que no pesa,

la clara luz que escrita sigue clara,

me gusta verte, por una vez, en mi vida,

me gusta que me guste a quien yo gusto,

gústame de una vez por todas y al principio

este gusto que me sale inconocible,

esa crepitación del ser ese indecible

gusto de ser gozado  imperceptible,

me gustas tú, y es hora te lo diga,

como un jardín en medio de la tarde,

como un verso atorado que se sale,

como una noche errada de regustos,

y cuando esté de gusto resabiado,

con cara de partida moribundo

 que me guste la muerte y me guste mi olvido,

a la sazón mis versos derretidos

todos de un gusto amargo. Complacido.

 

 

Quiero que me nombres

 Quiero que te siembres en esta tarde,

 y que al posar tu cuerpo, sobre mí, desnudo,

sobre mi pecho escribas con tus uñas afiladas

el instante más puro.

Quiero que me nombres y que mi nombre suene,

que se llene la tarde de mi nombre, tuyo,

quiero unir mi deseo de amor a tu deseo,

que me tengas también, que estoy cansado,

y deseando recibirte al otro lado del mundo.

Quiero ponerme serio, grave, rudo,

dejar que mi barba te escueza y te arañe,

quiero notar la suavidad de tu piel,

quiero en ti como hembra desearme,

vaciarme del todo, que estoy acumulado, y de una vez, amarte y desamarte.

Me tienes paliativo, errático, trasunto,

me tienes fornicado, hurtado, moribundo,

estoy, por ti, levitado y cornudo,

pon tu pelo de seda, inconsistente y rubio,

sobre mi vientre, mi sexualidad y mis muslos.

 

 

Otoño

Esta dulce estación, benigna en una hora,

plácida la luz, del hombre su recuerdo,

este pasar al lado de la tierra

y sembrar con amor las paradas del tiempo,

me acerca a ti, pues estuve separado

y en lo más recóndito mío en ti me hallo;

yo soy el hombre tan simple y educado

tú eres la mar eterna de los versos;

yo soy el hombre que nunca ve las cosas

si no es con tiempo y cuando la vida cambia,

tú eres la dicha , el sol, la imagen ancha

de la divinidad total, incorrupta y el alma.

Por eso ahora, que vengo nuevamente

a respirar en ti el perfume de los bosques,

en ti hallo mi sol, en ti mi hombre

alegre por tu fuerza, mi día y mis noches.
 

 

Las huellas del tiempo

La tierra que yo piso cuando la ando solo

camina con mi sombra con su carga de tiempo.

 

 

La amistad

La amistad como el amor es pródiga,

a veces pienso que el amor solo es la amistad,

la amistad sobre añade y abre sus cautos universos,

despliega elogios en sus exagerados campos,

pues se adorna de ella que es exagerada,

crece, crece y crece, ayuda,

pronto, con la exactitud biológica, te exalta y te excita

pero ella es tan casta como la vida primera.

 

 

 Canción solitaria

Yo soy del coro de hombres que hablan solos,

que solos se pasean y solos van a dormir,

 tan solo estoy que hasta estarlo me da pereza,

mucho me pesa estar toda mi vida en mí,

a veces busco y escudriño de otro modo

por si aflorara un amor para mí,

mas pronto vuelvo a mi soledad cantada,

mejor estoy solo que mal acompañado, ¿ a que sí?

 

 

Tan solo con el cuerpo

Sin la palabra, tan solo con el cuerpo,

en la penumbra de la noche un día

me dí de bruces con la melancolía,

crucé mis dedos a modo de anticuerpo;

me cachis en la mar el mar está solo,

abruptamente verde como un olivo,

seguramente tiembla, de terror vivo

y solo con bramidos espanta el dolo;

sin la palabra, tan solo voy viviendo,

contando las partículas que me hacen,

el equilibro exacto, la paz que yace,

mi solución es vivir hasta muriendo.

 

 

Tus lágrimas lloro

A mi padre

Tus lágrimas lloro y me atropellan,

tanto me amaste que aún muerto me amas,

tanto suspiraste por mí que un río de lágrimas sale,

la vereda se retuerce, los árboles se rebelan,

las viejas torres retroceden,

tanto me amaste que hasta mi amor se olvida

y por amarte llora, llora tus lágrimas,

desesperado lloro ante tu muerte.

 

 

El error acierta cien veces

Estoy en uno de esos tiempos aniquiladores

tan poético como el inconsciente,

es un día sin fijos, prefijos, ni sufijos,

en el que la vida pasa por una calle cerrada,

en una ciudad cerrada, por un país del error

y en el que recuento mis equivocaciones,

que deben ser muchas según me pesa el alma:

estoy de puntillas ante el filo de la navaja,

quiero ser yo otro siendo yo mismo,

 suele pasar que el hombre razona mucho en la locura,

y lo hago desde la severidad del arrepentido,

aunque ciertamente y aunque parezca mentira

 acerté cuando erré.

 

 

El desamor

Estuve sin estar, miraba sin mirar,

tal como me vine me fui,

no llores más por mí,

 soy como el sol

lo que miro me alimenta

y lo que no, pues no,

no soy tu amor,

el amor llega siempre,

abre tu corazón a su corazón,

calienta el alma y la alimenta,

no llores más por mí,

sal de mi afrenta,

no soy de creer, solo vivo en mi yo.

 

 

La ligera mañana

Un ejército serrano que trasquila la montaña

 serenamente útil acaricia los ríos,

soy la levedad, el espíritu alegre

que transparente mira cómo se une el tiempo

y mágico y sublime se cuelga en la mañana.

 

 

La tierra que yo piso

Cuando la ando solo

me fluye y me confluye con el uso,

me usa en sus jardines y en sus paisajes,

los priscos, los apriscos, las veredas,

los surcos, los guijarros y sus valles

me tiene sobre el mundo muy anchamente

me lleva dulcemente en su canción,

me sube, me enaltece, me encabrita,

me brilla con su luz y buena sombra

me da la fresca paz de su delicia:

Redonda Tierra llenas a mis pasos,

 paras para mí tu vieja historia

y giras como un sol únicamente

llenándome los pechos de tu abrazo,

sagrada sacias tus labios en mi frente.

 

 

Al lector

Para mí es sagrada tu lectura,

jamás corregiré una sola de mis palabras

que te haya gustado.

 

 

La fuente

Canta la fuente debajo como por dentro,

bebe el agua la fuente de su canción,

 brinca llena de espumas dando saltitos,

 revienta pompas de aire, a lo guasón,

suena a fuente nueva que parlotea

con sus burbujas blancas de gris latón,

brilla al sol y le guiña pícaramente,

 hace subir los ojos del lindo amor,

si me la miras tú, yo te lo miro,

 una fuente nos sale del corazón.

 

 

El único poema

Variopinto lugar lleno de escarcha

que en las salobres siembras sembró mi ruta,

buscando para hallar lo que trabaja

un día a otro cortar el dulce junco

y unir el desbarate de palabras:

aquí la arena seguida como el tiempo

cayendo siempre vaciándome el alma,

aquí rotunda la vida va seguida

en dulces notas se cae por la alambrada,

todo es voz y es gran fonema

hundido en mares de pleamar hundido

siguiendo el surco el único poema.

 

 

El orden

Admirad a los hombres que lo hacen perfecto,

cubiertas sus necesidades, sus polvos mágicos,

y sus móviles les suenan disciplinadamente,

admirad a los hombres que son admirables

tienen hijos y nietos y blandas almohadas,

zapatillas calientes y batas sin fatiga,

veranean en verano incluso en el invierno,

viajan en aviones, a ciudades remotas,

una canita al aire, un soplo sobre los ojos,

sus equipos triunfadores, sus botas relucientes,

admirad a los hombres de políticas perfectas,

siempre puestos al día, consecuentes, doctos,

fueron unos pajeros cuando debieron serlo,

votan inteligentes a los tontos progresistas,

en fin, reconozco que no soy del orden,

alguna vez hice las cosas bien, seguramente,

admirad a esos hombres aunque se hayan muerto.

R.I.P.

 

 

La memoria

Oh grandes olas del ayer que fermentáis

el grandísimo mar que muere dentro,

ay aguas oscuras e infecundas

que dentro de mí oscuro me hacéis.

En esto de vivir diariamente

lo vivo vive y lo que no no muere,

no es lo mismo estar alegre y confiado

que piar por un pasado que fue horrible.

 

 

Si alguien merece un premio Nobel ese es Bob Dylan

Porque se llama Bob y se apellida Dylan,

porque es judío y no se le nota mucho,

porque tiene música que es el alma de toda la poesía,

porque tiene poesía que es el alma de toda la música.

 

 

Un momento de siempre

Ya lo he dicho antes, cuando estuve frente a frente con una mujer

entendí al momento que siempre fue la mía.

 

 

Los clásicos

Hubo un tiempo que las ciudades tenían tierra,

no tierra hortelana, cultivada, solamente tierra,

por más seña seca y del color de la tierra que tiende a rubia,

crecía la tierra cerca de los centros,

aún no había caído sobre la tierra las bombas de la construcción,

sobre la tierra habitaban los antiguos pueblos,

espíritus benévolos algo tristes que habían sido bellos,

sus canciones, sus vestiduras, sus atrevidos niños

y a la tarde con el crepúsculo revivían una especie sanguilonenta

el clamor rojo sobre las pálidas columnas rotas

y los perfiles tan bellos y armónicos de los dioses:

las ciudades tenían empaque, al altanería del hombre.

 

 

Las sombras

Todas las sombras miran lo de arriba

debajo de las piernas.

 

 

Una lluvia es poesía y el dolor es poesía

A veces se caen los árboles como las estrellas del cielo,

entre las flores, en las gargantas profundas

brillan las gotas de cristal y se oscurecen

hay tanta magia como poética rareza,

solo la lluvia de un corazón atravesado por el amor

borbotea y languidece con tal pureza

que es capaz de calmar las ansias de los insaciables.

 

 

El amorcillo no es fiel

Una ofrenda para ti tengo en mi pecho,

una fuente que en más fuentes se derrama,

una rama que se adentra en otras ramas,

un bosque tengo dentro de otro bosque hecho.

Tengo una duda en cuanto al verte alegre,

no sé si es por estar a solas conmigo y me amas,

o si es por buscar de otros lo que en mi pecho mamas,

quebrando el arco de la fidelidad por siempre.

 

Y siendo tan confuso y parafraseado

el tiempo que el amor junta y separa,

aunque más viviera en ti yo más te amara,

lo cierto es que ahora es solo un primer tiempo.

 

 

La insoportable levedad del ser

Hay gentes que suelen dejarnos sus motos

otros sus pecadillos veniales

y los más su gran afición al fútbol,

quién me dejara a mí que estoy vagando de mí:

no me encuentro cuando estiro mis brazos,

cuando corro y el viento se hace espeso,

me da en el rostro como otros rostro,

me palpa las manos con su dureza,

pretendo volar, estoy como una moto,

en aquellos días los días amanecían radiantes

y mi mente no dejaba de pensar, chun, chun,

chum, chum, qué buenas maneras de ser bueno,

la tranquilidad me la dio tener un lugar en el mundo.

 

 

Sindéresis del arte lírico

 Beatíficamente me pudro en armonías,

anhelos llevo prendidos no sé los siglos,

paso de las batallas contra los istmos,

poso en lo más melifluo de la poesía;

abundo en la abundancia de la escasez,

por precipicios tengo mi gran constancia,

son mis palabras hijas de mi mudez,

y hasta mi tiempo pierdo con gran ganancia;

trato de ser afable y me contengo

aunque de pronto estalle con gran estruendo,

hijo del rayo soy lengua de fuego

lo que amo diluyo y voy perdiendo;

un día es a otro cabal en todo,

el reloj interior marca mis ritmos,

yo me creo autor de lo que escribo

y hasta lo raro en mí lo escribe otro.

 

 

Aquellos días amorosos

Aquellos días amorosos sembraron nuestros sueños

sobre los campos húmedos de nuestra juventud,

el alma nunca muere no muere ni sufriendo.

 

 

El arrepentido amoroso

Yo dejaría hoy que fueras sin reproches,

sin soltarte peroratas ni abusar de mi verbo,

un hombre así sería más pálido o hermosamente rojo,

de esos bonachones que ni con los cuernos se irritan,

tienen hijas felices, que se contentan alegres

y que danzan y giran sobre los campos verdes,

esos hombres nunca aparecen como viejos maestros,

no dan sermones ni se exaltan con los pecadillos del hombre;

pero aquella inocua frase, que es un modo de decir,

ahora me pesa con la gravedad que contiene: es imposible,

yo soy mi pasado plenamente, mi pasado soy yo,

yo no puedo cambiar nada, nunca seré de otro modo,

aunque me contuviera por momentos, en la siguiente ocasión

te habría dado el coñazo con mis viejas letanías,

sin darme cuenta que lo importante es que tú estabas,

que estabas conmigo sobre los prados verdes.

 

 

El lector que me asombra

Tengo un lector, acomodado a mí,

yo sería incapaz de cambiar una sola palabra de su lectura mágica.

 

 

El ángel guerrero

Oh sombras del país que no conozco,

aliento húmedo de barros sin barrera,

cálidas alas de nube y primavera,

rincones solos en que paseo mis ojos.

 

Oh luna encendida brillándome en el rostro,

extracto de un jardín, aséptica en su esfera,

limpieza que aún me dura y en su lugar me espera,

para vivir mi vida, para gozar mi gozo.

 

Carámbanos y nieves sortean la cuartilla,

paisajes de cristal y de los fríos pausados,

picachos en los montes, riachuelos en la orilla,

 

donde me encuentro a gusto entre versos trabados,

ignorancia de mi ser, en soledad que ensilla

un brioso corcel, sobre el hacer, montados.

 

 

Poco y nada o mucho al mocho,

Poco, nada y mucho al mocho,

debo conformarme con ser el que soy

y seguir siéndolo, que es no dejar de ser,

en la vida nos acostumbramos a vivir en los otros,

a mirar para arriba si ellos dicen arriba

o a dejar de ser, o no haber sido nunca, si nos ignoran,

pero nunca somos más ni menos que ser solamente,

por esto yo sigo escribiendo sin ponerme nota

y cuando me la puse siempre debió ser alta,

es mi mundo, mi necesidad de ser, mi substancia,

algo tan invariable conmigo como mi sangre,

 a los otros puede manchar pero a mí me da la vida,

si yo dejo de escribir los truenos y los relámpagos

o la música escandalosa ocuparían su sitio.

 

 

Madrigal a Madrid

Arroyo que a pedregales viste de oros,

patria entre montañas, luces intactas,

voces que en los pájaros suenan a flautas,

campos de romerales, agua muy clara,

olmos sobre las sombras de sus riberas,

aires sutiles y frescos entre sus jaras,

castillo que las edades no han rebajado,

nubes que en sus alturas se hacen más blancas.

 

 

A mi niño

Se me ha perdido un niño en la noche,

se me ha perdido la noche de ser un niño;

por las estrellas se oye su vocecita,

su voz me llena de estrellas y de alegría;

me llama en los jardines y en las calles,

llamo a un niño que es mío y nadie lo sabe;

se esconde entre sus risas y sus miradas,

tiene cara de ángel entre sus dos alas.

Si me oyen hablar, como en sueños, a mi hijo,

que no me despierte nadie, que no se ha ido.

 

 

El albañil

Hago una casa de adobe, con salivilla y con barro,

unto en las mamparas y fijo bien los marcos,

mezclo con la arena y embadurno las paredes,

subo por las fachadas y las piernas de las mujeres,

llego hasta un buen día en que luce el sol,

el sol todo me lo apaga con su gran esplendor,

rasco en los recodos y mido bien los codos,

de todos los albañiles soy el más sordo.

 

 

Sobre todo la nada

En medio de la nada quiero ponerme,

de nada quiero hacerme en medio mío,

quiero poner por medio mi tronío,

quiero quedarme en nada por tenerme.

No ser más de lo que nada soy,

ni estar de más dentro de mí en poco,

no tenerme nunca más por quien no soy,

ni quererme más de más aunque sea poco;

sino cambiar en todo y en cada parte,

en llevar desde ahora, como un espejo,

por delante de lo mío antes lo anejo

sin querer ser yo más ni con más arte.

La nada me pesa con dolor insufrible,

ser nada es para mí como la muerte,

mi carga más pesada, es ver sin verte,

lo peor de mi todo, in asumible.

Pero es paz también y es mucho fruto,

salir al campo y recibir caricias,

las primeras del sol que son delicias

que el universo acerca impoluto;

luego del campo y de la hermosa tierra,

de tanta flor sacada a lo estéril,

buscar a la mujer aunque sea esméril,

delicia es tanta como de sierra;

quedan pues muchas las cosas y los hombres,

que todo sea un lugar lleno de asombro,

asómbreme pues hombro con hombro

de lo mucho que son todos sus nombres;

y con lo poco,

que lo poco también es, si con grandeza,

pasar desapercibido, una proeza

que buscan los animalejos por no ser presa:

 lleguemos pues a nada, sin pereza.

 

Todo es vida y la vida ayuda

a vivir que es lo mejor de todo,

a respirar la vida y al acomodo

de las cosas sencillas, sin más duda.

 

 

Autorretrato  

( Con santo y seña, con dolor y con amor)

 

Escribo al ser con santo golosino,

al dorado sol y al néctar de la vida,

escribo al mar, que nunca fue destino,

como si el mar me amara o me fuera en ello la vida.

Y no es así, así no soy y pienso que así soy,

no soy del mar, del mito o de los muertos,

soy un hombre sencillo, tal como voy,

no me llamaron del más allá ni de los puertos.

 

Con aire, en nada, y el fulgor quebrado,

esposo juvenil de sueños rotos,

ninguna herida se ha abierto en mi costado,

no cazo hombres ni al alma pongo cotos,

soy hombre solo y ahora que lo pienso

solo me encuentro a mí, aunque pequeño,

pues por no ser soy, y es todo mi empeño,

el humilde cantor de un mundo inmenso.

 

 

El agua

Dame la claridad del agua y su sino de cristal,

su llanto que sin pena pasa y su alma de metal,

dame los alambres que enredan los versos del más allá,

las palabras, los recuerdos, su sencillez elemental,

que no huele, que no piensa, y que sabe a la verdad,

dame el agua somnolienta que no deja de soñar,

que canta entre veredas y no la calla ni el mar,

que susurra como amiga y no se cansa de amar,

que se levanta sin ruidos y que llueve sin parar,

que todo lo ocupa y entra y se desborda en la paz,

mansa como una cordera, violenta como el vendaval,

dame el agua y su tormenta, es la misma eternidad.

 

 

Matar a un ruiseñor

Se cayó el pajarillo,

la tierra rezuma una oscura tristeza

de un día sin Sol aunque lo esté,

y de las horas que se secan en la oficina.

 

Se cayó el cantor,

el silencio puso veredas en la mirada,

y una oración en la boca traidora

que a la inocencia pudo llamar pecado.

 

 

Los bosques del tiempo

Nos perdimos por aquellos bosques que encontramos,

nos quedamos solos los dos, cada uno por su parte,

nos dejaron los prados húmedos, los sutiles ríos,

quedamos sin la silueta quebrada de los pinos,

se agotaron los mares que nos bañaban juntos

y está sola y en silencio la calle donde vivíamos,

si nos volviéramos a ver, ¿ seríamos como antes?

 te añoro como el niño que quiso dejar de jugar,

 nunca me acostumbraré del todo, cada día menos,

te pienso, tan bella, suelta la cabellera, los dientes tan blancos

y tu mágico vientre llenado por el sol y por mis besos,

la tierra se atragantó del enorme sol y se hizo roja,

 estamos perdidos en los bosques de los años.

 

 

El tiempo

Cuando ría, cuando pase y cuando muera,

cuando mejor estuve  y fue contigo,

cuando quise morir, y aún prosigo,

cuando perezca al cabo y cuando fuera.

Cuando estando tan solo y apretado,

me encuentre mal si no tuviera

la más mínima razón porque quisiera

desearte con virtud y con pecado,

y cuando escriba versos de la muerte,

cuando estando ya muerto y acabado

no tuviera mejor ocasión que, iluminado,

me asomara con mi alma para verte.

Esto, que es música solo y es malsana,

de la canción más triste de mi vida,

es la callada copla en mi partida

a un tiempo que ha pasado sin mañana.

Alegoría del mar y del universo,

del común manantial de la desgana,

todo grande y oscuro, historia vana

de unas letras sacadas  a lo disperso.

Mas es amor también si en lo callado

de lo más mío de mí y más inverso

te llame y clame y me declare adverso

 de cuanto ahora es y no he amado.

 

 

La vida

La vida que me enseña amar, tan bella,

que tan profunda exhala lo mejor,

la vida se ha cruzado cual centella

 y me ha dejado en el alféizar una flor.

 

Yo bebo el elixir de su locura,

 de su dorado néctar la belleza,

me embriaga amor con su delicadeza,

 prendado quedo della y su hermosura.

 

Quiero cantar al sol de mis amores,

a la patria ardiente de mis pasiones,

quiero encender en mí unas canciones

alegres, luminosas, de colores.

 

Estoy enamorado, ¡ ilusionado!

 me gusta esta vida y su premura,

para acabar del todo, bien amado,

en su fuente luminosa de agua tan pura.

 

 

Los gritos del silencio

Que dejes de soñar me grita el sueño,

que dejes de creer me grita amor,

que nos calles me gritan mis palabras,

que te escondas me grita mi rubor...

 

 

La vida pega donde duele

La vida me golpeó en las cosas que puse mi ilusión,

no digo yo que los dioses sean envidiosos

y hayamos de ocultar nuestros triunfos como hacían los chinos con lo que amaban,

( qué niño más feo hemos tenido, qué horrible es)

solo digo que cuando algo me interesó o lo miré con agrado

la vida me golpeó y lo estropeó al fin.

 

 

El dolor

Nunca supimos lo que se puede sufrir en la vida,

yo lo intuí y me atasqué al nacer, casi no quise nacer,

dudé como nunca, después he dudado hermosamente,

la duda es el mayor de los pecados para los que no piensan

y sin embargo hasta el paso más decidido nace dudando,

pero ¡ y el sufrimiento! ¡ no hay un dios que lo vea innecesario!

A veces el dolor del alma llega hasta las neuronas,

las únicas y liberales que entienden la libertad,

y las hace sufrir de lo lindo porque lo traducen todo,

la maldad es el árbol negro, sombra en el árbol de los nervios,

acompaña como una amante desprotegida y muestra los abismos,

después del sueño reparador se oculta ese mundo en el olvido,

volvemos a ser nosotros, con todos nuestros pecados

y ninguna de las oscuras culpas, porque tenemos vida.

 

 

Autorretrato

Yo canto con mi pecho dolorido,

me duele el alma de cantar tan solo,

la soledad me duele, estoy muy malherido

de la herida fatal de un hombre solo;

conmigo llevo mi afán por las estrellas,

el universo aúno desde el oscuro cielo,

mi música son unas palabras bellas

que conmigo cantarán puestas en celo;

devuelvo al hombre el eco de su dicha,

la muchedumbre me suena agradable,

timbro mi voz para acercarla amable

o la callo del todo para que no sea dicha;

trastoco el aire, que en mí es natural,

y aunque parezca erguido, en apariencia, al mundo,

yo, en las cosas que paso por ser superficial

más propiamente estoy en lo más profundo.

 

 

Aquello que me llamó

 

Me llama la inspiración:

¡ ya voy!, le contesto yo

 y entre vueltas y revueltas,

escribo lo que os escribo

que en nada es parecido,

de aquello que me llamó.


Si el poeta es muy grande,

no tan grande es el escritor,

incapaz de expresarse,

con maestría y con donaire,

sin salirse del guión,

de aquello que me llamó.


Pero en raras ocasiones

gana más el escritor

al cantar con gran belleza,

sin utilizar la fuerza,

la perfecta evocación,

de aquello que me llamó.
 

 

Corazón volador

Mi corazón volando en dulce compañía,

las horas pasa y su dolor atenúa,

la noche cubre con silencio la alegría

 y su sopor de sombras al sueño lo adecua;

no paso, sin pasar de un modo a otro,

ni miro, pues mirar sería imposible,

al callado vivir sereno me acomodo

y al tiempo que discurre en lo indecible;

la dulce compañía es mi desvelo,

su nombre es nada y para mí lo es todo;

mi corazón es modo de llamar a lo que quiero,

volar es para mí leerlo solo;

cualquier poema empieza, de repente,

y al poco para y la razón se ofusca

si luego sigue, de manera indeleble,

cambiará de rumbos en otras rutas;

mas es igual, del mal hago lo menos,

 pues digo a veces las cosas sin sentido

 y leo después como un preciado nuevo

que habla más de ajeno que lo mío;

¡ ay noche tan lunática y repetida!

que en las paradas horas me detienes,

pues parezco buscar en mí la vida

para encontrarla luego en lo de siempre;

este rostro de la nada es tan bello,

tan dulce y bueno parece al nuevo día

que es mi amigo del alma y son sus versos

su regalo precioso de poesía.
 

 

España

 

A veces quieta en fuentes a duermevela,

 blanca de espumas del mar bronca fragancia,

el sueño gris de recias negras cumbres,

flor de un jardín, el alma siempre ancha,

rojos senderos de músicas sublimes,

noches de luna con frío en la mirada,

gloria del ser, del hombre fuerte enseña,

haz de valientes y de mujeres guapas,

hecha y deshecha, en nubes con misterio,

 alados montes que el sol siempre acompaña,

querida rubia por dioses y muchas gentes,

hagamos juntos unida a nuestra España

la que nos vive y aquella que nos ama.

 

 

Poema al agua

Grata y sonora amiga que acompañas,

que vienes alta y morirás profunda,

hermosa levedad de la montaña,

que cantas clara y con tersura juntas;

madre de madreselvas y de juncos,

delantal de los musgos y los helechos,

aromática y tan fresca en tus pechos

para beber de ti en lo más puro;

por tus veredas el aire se humedece,

 lo llenas de fragancia inmaculada,

grata es tu voz que de la piedra arranca

la sinfónica unidad que nos sostiene;

hermana de la luna, prima del cielo,

bondadosa regadora de los campos,

semilla abierta, errática en tus lechos,

fecundas tierras con virginales pasos;

mi boca te ha besado, en ti he bebido,

el corazón tuyo del astro diste,

el alma para cantar con que naciste

llenó todo mi amor en ti seguido;

natural es tu enseña y es tu surco

de sequedad el mar que has conquistado,

viajera inquebrantable, lo ha llenado

 tu esencia en luna de tu espejo pulcro.

 

 

El último poema

 

Mirarte fue la perfección, hundirse en la poesía,

nada más tenías qué hacer que estar al lado,

tú eras, en ese instante, el ser más perfecto;

la mirada flotaba por un tiempo infinito

con toda la belleza de un poema inexplicado,

nada quería el amor más que tu presencia,

el poema eras tú, absoluto y espléndido.

 

 

 

Últimos poemas incorporados: Madrid, octubre 22, 2018

                                                                                                

***

 

 

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