LOS POEMAS DEL SER

(  2008 - 2019)

 

 

 

 

de

 

 

 

 

José María Torres Morenilla
 

 

Todo acto del hombre, incluso mi poesía, es un acto gregario.

Nunca te hice un poema

Escribo en el contramuro, el contrafuerte, la tinta indeleble,

el hombre transparente, tin-tin y la nada, corriendo más que yo,

escribo para leerte, para saber de ti,

para seguir huyendo, escribo por huir,

desde lo más remoto mi alma se complica e implica

en lo que siente rotura del cristal que la protege, excelso,

y por esta herida fluye sin cesar, corriendo, corriendo

como un río, a galope, cuesta abajo, a la aventura.

Nunca te escribo a ti, escribo para seguir viviendo,

por seguir...

 

 

La vida siempre estuvo cerca

Mi vida es un reproche,

hay veces que miro atrás y estoy de cuerpo presente,

un río de amor ha discurrido sin que yo lo sienta,

llamé amor a mi asesino y hermano a mi devorador,

he sido para mí plenamente el peor impostor.

Me llora el alma del gran hombre oculto y acabado,

la buena prosa hablada con que se escribe el amor.

He dejado pasar a muchas muchachas para mí pintadas,

sin volver la cabeza, ni seguir sus sombras.

Nítidamente entiendo que he perdido el tiempo,

la verdadera poesía es algo que ocurre raramente.

 

 

El puño apretado

¡ Oh silencio dame tu cristal denso de la verdad!

verdad dame las llamas claras de tu agua,

agua dame la virtud donosa que ama a todo lo viviente,

viviente dame tu luz ensoñada, tu atardecer agotado y luminoso,

luz dame tu cuento frito, tus parábolas del ojo ciego,

ceguedad escríbeme todos los nombres que has olvidado,

olvido déjame a tu hijo escalando por los riscos inaccesibles,

altura dame tu suelo para que se echen al vuelo mis sombras,

sombras acordaos que sois la dulce siega que mi siega os segó.

 

 

La mirada más pura

Perdóname agua por no haberte dejado brincar contra las rocas,

perdóname rayo por no entender tu lenguaje sublime entre las nubes,

perdóname noche por no saber sacar tus secretos brillantes,

y tú, fragante mar, abierto como la gran flor esculpida, perdóname también,

pues sois lenguaje sublime y nunca os entendí,

los hombres desgraciadamente duramos muy poco

y nos cuesta aprender las cosas sutiles y sencillas de la naturaleza

nos vamos sin saber nunca qué cosa es auténtica pureza

y todas las cosas repiten y una mil veces qué es pureza...

 

 

El viviente

El camino anda con mis pasos, el paisaje se mueve conmigo,

el universo estrellado gira macroscópicamente con mis ojos,

sostengo las sagradas columnas de la creación en mi mente,

los ríos se me humillan a los pies frescamente

me lisonjean con besitos grises vestidos de la luz,

mis pasos son agasajados por el polvo del camino,

el universo, con todo su enorme peso, dentro de mí es liviano,

todo cabe en mí, el infinito incluso, pues yo soy el que vive.

 

 

Lluvia de verano

El otro día, ayer, yo estaba cobijado en la chamuza gris oliva de una lluvia atroz que caía dolosamente sobre mi cabeza,

cobijado y meado, atrapado en la dura tela gris oliva que me ponía una piel de hipopótamo y me daba una figura atroz,

yo la oía tamborilear, a la lluvia, sobre el duro pellejo acartonado, retumbar dolosamente sobre mi cuerpo hirsuto,

creía morir, de siempre me ha dado miedo esa lluvia atroz que baja dolosamente sobre los inválidos cuerpos y los machaca,

creí morir, agonizar, lastimar el hirsuto pellejo blanco, lleno de lluvia, atormentado por los cielos que son verdaderos infiernos

y al tiempo, en el tiempo de los desmayos, creí desmayarme de tanto dolor soportado de quienes viven arriba,

arriba es el lugar donde han vivido todos los que me atormentaron, empezando por los porteros del chamuzo alto,

era impresionante ver que la lluvia desdibujaba los divinos cipreses y se reía de todos nosotros, niños, aves y cipreses,

un nauseabundo olor a tierra mojada, culos mojados, garrafas mojadas, cipreses mojados subía escaleras arriba,

una lluvia atroz todo lo ocupa, cuerpos y almas, vivos y muertos, escaleras y senderos, plazas vacías, fuentes llenas

pero sigue impertérrita demostrando que la que manda es ella y puede maltratar a los que viven abajo,

¿ no queríais agua? ¡ pues toma agua! todo el agua posible y la imposible, estáis malditos, llorad con la lluvia,

mis lágrimas bajaban y la lluvia las desalaba, llegaban a la  comisura de los labios y la lluvia se las tragaba,

la lluvia me caía sobre el pernil como si yo me estuviera meando, chorrillos cristalinos convalecientes de apenas brillo,

era inconmensurable, devastadora, canora, opípara, secundaria, trementina, atroz, atroz, atroz, seguramente vacía

y no dejaba de caer, con el mismo tono, el ritmo atroz, bajando, bajando, llenando, vaciando, signo de la altura,

nunca había visto llover tanto, ya podía morirme tranquilo, nunca después podría repetirse, lluvia de verano.

 

 

Los nuevos

Están sin llamar, están sin ser,

son muchos, son todos, es la virtud,

poderosos y ruidosos, aunque benévolos,

un ejército se ha levantado sin ser convocado,

estaban en nuestros genes y salieron silenciosos,

subieron sobre nuestros hombros

 nos traen la nueva virtud del cuerpo poderoso,

 la complacencia del alma sin recovecos,

la inmortalidad soñada que es un presente único,

nos acompañan como los dioses nos habitaban,

beben nuestro aire y auxilian nuestros sueños,

son los ángeles renovadores de la nueva patria,

llenan nuestras calles, el mundo ruborizan.

 

 

El jardín abandonado

Jardinero, si tu jardín dejaste solo,

en medio de los mundos, distante y olvidado,

aún crecieron las rosas del otoño

tan preciosas y sutiles como has dejado;

siguió el limón llenando de tersura la mañana,

y sumisa la celinda se desnudó los labios;

tal cual dejaste y más crecido espera,

en el rincón la paz que solamente es tu canto,

que vuelvas a las flores y a los frutos, que aún te sueñan,

y encuentres tu jardín, para cuidarlo.

 

 

La vereda

Vereda que al mar no va

no es la vereda,

no es la vereda

la que en el mar no se queda

solamente por mirar,

para mirarte de cerca,

 nada más;

 

del ultramar al violeta

 tener todos tus colores

y embriagarme con ardores

solamente al rozar

en tus olas fragantes,

para en tu mar desnudarme

y entrar

 

en las sedosas espumas

 a bailar

con la danza de la luna,

   y luego salir del mar

 y en una playa desierta

regresar, regresar,

nada más.

 

 

Yo lanzo al mundo mis poemas

para que un poeta los convierta en poesía.

Ya no vendrás

Ya no vendrás, no llamarás,

no oiré tus pasos al pasar,

no me dirás había mucho tráfico,

no acabarás en la mesa después de llamarte,

no me nombrarás, ya no estaré en la otra parte,

no asumiré que fuiste para mí lo deseado,

no asumirás que siempre me tuviste a tu lado,

 no me tendrás no esperarás no suspirarás,

no querrás que tarde o que me pierda luego,

ni luego te arrepentirás y me dirás te quiero.

 

 

Aire

Aire que en mi boca duele,

cargado está de mi pena,

de la soledad del pecho

que en mi corazón se encierra,

aire que me da y no queda,

que me nubla la mirada,

que me llena de las lágrimas,

que me embebe de añoranzas,

soltado está de mi alma,

aire y soledad,

soledad tan mía,

que en el aire está.

 

 

Cuando los sueños son muchos más que la realidad

el mundo pánico se vuelve cómico.

Un hombre

Un hombre con todo lo que llevo,

con todo lo que soy aunque lo ignore,

con todo lo que quiero y no lo soy,

con todo lo que quise o me lo crea.

 

Un hombre para bien y para mal,

para seguirme a mí aunque me pierda,

cuando me acabe al fin, cuando me muera,

porque lo quiera así aún no lo sea.

 

Sin más pena ni gloria que el pecho ansía,

ni más ventura que ser o seguir siendo,

con la fortuna al revés, y aún perdiendo,

el hombre del que nací y al que voy.

 

Capaz de estremecerme con el llanto,

más si no es mío aunque por mí lo sea

capaz de cantar a otro y en el encanto

callar también si la palabra afrenta.

 

Saber que nada sé y esto sea mucho,

para vivir al cabo en consecuencia,

sentir que fui y aunque la muerte venga

mirar la vida con alegría interna.

 

¿ Soy yo así o no lo he sido nunca?

¿ mi yo nació enterrado entre mis músculos'

¿o soy aquel que aunque no lo entienda

prosiga y siga en la feroz contienda?

 

Descanse pues sobre mis versos ahíto,

parándose ante mí toda la enmienda

véngase la paz como postrera hacienda

y sea el que sea como mío lo crea.

 

 

A la verdad o se la ama o se la viola.

 Amor rima con deseo

Con mi mano partí toda mi dicha rota,

en cada región de amor se me enconó la vida,

rondé al amor, pero sonó sin nota,

llenose el aire de mi soledad herida.

¿Se pena acaso, amor, estando tan sumido

en el deseo de amar, si sólo es herido

y no es amor lo que en deseo se deja?

Yo sigo enamorado, estoy comprometido

a no dejar de amarte y a mi deseo estoy unido.

 

 

Lo incorrecto es lo explícito

La culpa es del cigarrillo

Es culpable mi cigarrillo de que cuando me disponga a escribir

lo haga como aquellos señores que se repanchingaban en los sofás de un café teatro,

es culpable que mi poesía se profesionalice y esté escrita por un escritor,

el humo del cigarrillo me ata al mundo de lo exquisito, al privilegiado mundo del ser,

creo incluso que deletrea un paisaje abstracto de cuadros surrealistas en el cenicero,

mi cigarrillo es culpable y me hace culpable de todas las enfermedades posibles,

de siempre puso una distancia entre yo y el mundo, de la fugacidad del tiempo atrapado,

insiste y persiste se alborota rojo a cada chupetada, soy tragado por mi cigarrillo,

lo digo de verdad es inexcusable fumar y fumar, todo hombre autoritario debe fumar

o no fumar, que es lo mismo, hay hombres que tienen por profesión no fumar ni hacer cualquiera vicio,

son unos minutos, el tiempo escapa por mis fauces después de haberme visto por dentro,

pero a veces, esto es verdad, me hace falta de verdad, enteramente, hasta mi conciencia lo reconoce,

necesito fumarme un cigarrillo para sopesar los malos momentos, como si me complementara,

lo cierto es que no me gustó nunca fumar, ni me gustó la calabaza, en general todas las verduras,

sutilmente he traspasado mi mala conciencia al cigarrillo al que culpo de mi mala cabeza

¡ y dura tan poco! lo enciendo doy unas pocas chupadas y me deja otra vez atoro, flojo, casi sin ser

no hay cigarrillo que resista unos pocos segundos sin desvanecerse, morir y oler mal;

y sin embargo fumo, fumo alicortado unos pocos cigarros al día, a la noche, a la mañana,

en las peores horas, esto sí que lo hago bien, el mal en el peor de los momentos, como escribir,

a veces, estando con una señorita, le he pasado mi pitillo y ella lo ha chupado eróticamente,

unidos por un cigarro, luego si la beso me beso cabalmente, somos una sola persona, ella más guapa,

creo que he hecho el amor a una hermosa mujer que en el fondo es un cigarrillo en mis manos,

alargado, consumible, la cabeza roja, y echando humo por la cabeza, algo tiene de órgano sexual...

 

 

 Dame tu pecho

Dame tu pecho frío, para el descanso,

dame el silencio,

que quiero llenar en ti todo mi espacio,

dame los huecos de las palabras,

dame el trabajo,

que quiero estar en tu sombra, que quiero estar,

dame tu mano.

 

 

Te miro

Te miro cuando pasas y me asombras,

la lividez del rostro, última pena,

cuando no se si vas o si regresas,

cuando mi alma está enterrada o muerta.

Te miro y no dejo de seguirte,

soy como un fiero león, montado en celo,

soy el oscuro burdel de los deseos.

 

Entonces me espabila, de pronto, una mirada,

nos encontramos en puntos llenados de infinitos,

callamos como perros escarmentados

y nos ponemos a proseguir los hitos,

Y en ellos estás tú también, es ya cansino

que hayas muerto y te hayas ido sin llamarme,

y que sigas aún tú, tan distante.

 

 

Ahora, que estás vivo

Mejor amarte ahora, que estás vivo,

que corra por mi pecho tu corazón latiendo,

que te beba mi saliva y me ilumine tu cielo,

que cada día crezca también contigo amor;

mejor es conocerte cuando te vas callado

y te asolan los olvidos de tu infancia lejana

y te quedas dudando si el futuro vendrá.

Mejor será tenerte en mis sueños más grandes

ocupado en las sombras y con agua regarte

y mirarte amoroso con mi vida interior.

Ahora, que la palabra está en las nubes

y las nubes, tan altas, pasean por el cielo

y al cielo no lo borran la duda o el temor;

ahora, que el hombre siembra la espiga de sus sueños,

mejor será amarte y recordar tu infancia

y llenarme el corazón, ahora que estás vivo,

para pedirte perdón.

 

 

España

España es voladora, rosa temprana,

sol que en todos se acuesta, luna alumbrada,

 raíz de todos mis vicios, mi luz ansiada,

pureza de mi virtud, mi patria anclada,

 España es mi delirio, mi amor primero,

aquella que me desviste su cuerpo lleno,

 la que calienta mi vientre y esconde mi corazón,

España es la que quiero,

lo digo yo.

 

 

Mi cuerpo

Mi cuerpo yace en mí y me cimbrea,

olas me da de carne, sed de sudores

me entrega su alma en nudo, me abre sus llamas

y en las encendidas hogueras así complace,

se arrima solo a mí el que de mí deviene,

un beso de no besar es su caricia,

un seno de no tocar es su ternura,

aún guarda de mí la tierna prisa

que la juventud estalla como mil soles,

sostiene mi andadura y en el espejo

me mira más como mío que como dueño,

mi cuerpo deambula en mí por mis senderos,

por tesituras de herrumbres y de penumbras,

me toca solo a mí y me desborda

pues sin rubor me hace quien con dolor me llora.

 

 

Este veneno de la poesía funciona al revés de todos,

 primero te duele y luego te mueve a curiosidad.

Poema de un amor delirante

Sombras sobre mi pecho, mi amor contrito,

sobre mi amor la dicha, sobre mi bien lo escrito,

sobre la duda brisas, sobre la brisa el mar,

sobre la mar los días, sobre los días la sal,

sobre todas las cosas saber que tú me vienes

 

con tus alas fragantes con tu baile caliente,

que no me duela ayer con sus hirientes rosas,

que no me duela amarte, ahora, a todas horas,

y que luego me olvide serenamente

que no me quede en ti, que no me quede.

 

 

El cuerpo desnudo

Un cuerpo desnudo siempre pasa deprisa,

las piernas arqueadas los hombros rotundos,

pasa el aire y el aire se da la vuelta para mirarlo,

deja una fragancia morena, hermosa, de la carne;

la desnudez de tu cuerpo me desnuda el alma,

me enciende como vela que escupe blanca cera

y derretida cae sobre tu vientre pleno,

plenitud rubicunda de montañas terribles

aquellas que anunciaban la llegada de los héroes

y ese sabor nocturno en los labios de la mañana.

 

 

El muchacho

En casa se nos coló un muchacho, de esos que son alegres,

los muchachos vienen con una frescura desmesurada,

tienen una forma peculiar de entender la vida,

entre la resolución y la duda, por la calle de en medio,

se nos coló un muchacho de formas machotas,

 cuyos calcetines se acumulan en los tobillos

y tienen ojos enormes admirablemente oscuros,

de carnes rutilantes y hombros caídos,

no querría decir que nos entró un rayo de luz,

entró una sombra fresca con olor a heno,

lo cierto es que fuimos felices con él,

el ruido de la puerta cuando él entraba fracturaba el tiempo,

a ver qué se le ocurriría ahora,

incluso en momentos planos era ocurrente.

 

 

Mi teléfono dice no a todas las horas

Desnudo y brillante como un cisne negro,

como un calcetín echado en el desván de la cantante calva,

conectado a la central del miedo,

habla consigo en silenciosos universos,

 juega al ajedrez con números noctámbulos,

 a veces suena, " perdone, me he equivocado",

es mi alma contraria que me roba mi retrato,

 yo hablo hasta por los codos con carcajadas sonoras,

hablo y hablo, me atasco al hablar, sueno como un reloj, tic, tac,

alegre como un trino, tengo timbre de mujer,

 me desnudo a los amigos, abro mis piernas,

podrían cogerme de cualquier parte sin que les apartara mi mano,

decididamente no soy un teléfono negro tocándose los huevos,

yo hablo y canto, quiero amigos, tengo ardores de mujer sedienta.

 

 

El hombre que fumaba colillas

Cuando a un hombre no le da asco la saliva de otro,

ni la sífilis, el escorbuto, el cáncer de laringe o las pústulas de la piel

y recoge las colillas del suelo y se las fuma

ese hombre merece algo más que recoger colillas,

merece ser hombre, pues esa es la gran diferencia entre ser y no ser,

sentir igual, asumir los fluidos y las enfermedades de otros hombres

y gozar el límite de otros goces,

como los machos que se añaden a los cortejos amorosos,

subsumir sin asco un mundo de hombres iguales.

 

 

La escuálida mentira

Casi todo es verdad, es cierto, el cerebro discurre de aquí para allá,

busca dentro de nosotros las razones de los éxitos y de los fracasos

que son las del mundo, que son la historia nuestra,

pero la verdad es algo que nunca tiene el cerebro, amigo de la fantasía,

la verdad es patrimonio del poeta que suele encontrar un mundo,

solo del poeta, nada más que del poeta, algo que nadie entiende,

tampoco lo entiende el poeta, el ser más falso de todos,

tan falso que se viste de hermosura, de hermosas palabras,

él sabe que siempre hay alguien que lo necesita,

el poeta es un ser con la suprema necesidad de la realidad,

converge en la dicotomía, entre sus párrafos arados,

asiste, persiste, se encumbra, se acomoda, se entiende,

singularmente se cree poseedor de un don que nos es de todos,

un ser complejo que casi desde la cuna gusta los lugares solitarios,

solitariamente se solaza en sí mismo, se busca todos los días,

advierte que hay que llamar la atención, despertar al mundo

enseñarle lo evidente que suele ser lo más oculto,

poseedor del gran secreto lo enseña a pequeños golpes,

a sorbitos se bebe el mundo, lo licua, lo entrega,

las piedras, que suelen concentrar la verdad, lo hacen para siempre,

acumulan verdades y nunca se degradan, al revés, se crecen,

un paisaje de piedras, doloroso, es el camino de la poesía donde andan los poetas,

solo los poetas acercan la realidad porque nunca saben mentir los mentirosos.

 

 

Cuando éramos jóvenes

Los cedros se agachaban, las colinas se hundían,

la noche era una esclava vestida con muy poco.

 

 

Las sufridas mujeres

Si yo alguna vez quisiera enamorar a una mujer me pondría al revés,

la cabeza en el suelo los pies en el aire mirando el firmamento,

la mujer es todo lo contrario del hombre o el hombre es lo contrario de la mujer,

si yo pienso blanco diría negro, si yo pienso negro diría cualquier color menos el negro,

pero no siempre lo he sentido así, yo era un brutote hablando en femenino,

hasta mis caricias más íntimas tenían más de mí en solitario que de amante,

ellas me sufrieron, a las mujeres les gusta sufrir, qué raras son,

me sufrieron con placer y lascivia, creo que pensando en otro

pues una cosa que nunca dije es que la mujer es infiel por naturaleza,

lo dicho, la cabeza en el suelo los pies en el corazón.

 

 

El arte desnudo

Desnudo, totalmente desnudo,

a espaldas de todas las ciudades en gran silencio,

desnudo y grande con fuentes y con arroyos,

con nubes in marchitas que van evaporándose

por las colinas,

desnudo de claridad inquebrantable frente a los astros,

vestido solo de mí, de mar y de arena,

desnudo de soledad, de hambre y de llanto,

de tanto penar la vida por los senderos rotos,

desnudo como los cables picoteados por las águilas,

alto del todo, allá en el aire, volando plácidamente,

desnudo como las sombras y como el agua refrescante,

cayendo plácidamente de mi lluvia ligera, casi de lluvia,

desnudo en las mañanas antes que el sol me vista de otredad

y solo me quede en mí, como mi arte.

 

 

Las colinas

Esas colinas que dan al mar a un río, a un camino a otras colinas,

bajando, callando, deslizándose, zambulléndose, limitándose,

perfiles de la tierra femeninos y orondos, suaves, simétricas, extenuadas,

esa voz que susurra, insinúa, se degrada, se pierde, se oculta a sí misma,

la llama de un fuego que se extingue, en las últimas, el arte decadente,

la lengua que nos besa, nos mima y se hunde en nuestros lomos,

esa tierra degenerada, superada, asequible, familiar, inamovible

donde los poetas sueñan y la historia se repite en cotas insuperables,

sustento de los pueblos, de las ciudades, de los paisajes, de los horizontes,

de color blanco, azules, rojas, destellantes, entre las nieblas,

la gran colina hallada entre pinos que se desvanece y se muere,

las grandes colinas de mis delirios, el arte sagrado del silencio,

habitadas en mí, encerradas en mí, trastocadas en mí,

a punto de ser fundadas para que emerja nueva la civilización caótica.

 

 

Libertad, dame un nombre.

El soldado

Érase una vez un soldado

que no venía de la guerra sino de la paz,

que no venía del tiempo impetuoso sino de la calma

que no vestía de gris sino de verde esperanza,

érase una vez un muchacho atrevido

que bajaba su corazón al arroyo de los besos

y en ti depositaba su exquisita fragancia,

venía de lejos, de lo más hondo del corazón

y lo abría con más ternura que fuerza,

era un hombre según apuntaba su músculo

pero el trémulo amanecer lo devolvía tierno,

con esa ternura que nació a lo primero

cuando los hombres soñaban dulcemente

y el mundo, áspero y terrible, les daba sus rosas,

extraña locura ésta del amor que deja sus rosas

y con dientes muerde el destino de los hombres.

 

 

 Mis vaqueros

Un poco amargo escribo y un poco amargo soy,

ya se acabó aquel muchacho que a todo sonreía,

hoy me he levantado alegre pero soy otro muchacho,

ya no me acaricio el pene con mis dos manos,

ni paso mis manos por tu vientre como el agua sobre el río,

ya no miro el cielo de las impolutas nubes, ni más lejano

siento la dureza del pantalón tejano, azul entre los montes,

tampoco escribo tan mal cuando después me leo,

todavía me queda el gusto de no haberme terminado.

 

 

Para ti

De cuando era un gritón

Te hablaré mucho más bajo, como en susurros te hablaré, te cantaré incluso mucho más bajo,

te hablaré solamente con sonrisas y el hermoso silencio brillará como brillaba el agua del estanque,

mucho más sabia entonces que los dos, tenuemente, haciendo pequeñas ondas profundas y espontáneas,

suponiendo que pudiera ser lo que no puede ser, te amaré mucho más bajo, casi no te tocaré,

mi corazón se llena ahora de ti, vida mía, porque estás lejana y te siento cercana, en la prisa que pongo al escribir,

atrás hay un murmullo solemne de las brisas, de mares, de tacones en el metro, de cigarros encendidos,

atrás hay un barquichuelo en el río que se pierde bajo el puente como nosotros nos perdíamos,

un beso para ti desde mis labios profundos, para ti.

Estoy en ti, para ti, por ti.

La naturaleza

A veces la naturaleza nos sorprende

si descubrimos la oronda desnudez de sus vergeles,

los ríos arrolladores que plácidos convergen,

las sombras cuidadosas bajo la gran vegetación,

 intrépidos animalillos gozando de la vida

y el silencio que no rompen sus aguas tan ruidosas,

el cielo está muy cerca sobre los árboles canta

el coro natural y nos sorprende,

a veces la naturaleza grita de pronto

y muestra sus rincones, la grandeza de su esencia,

el ancho universo que la sostiene,

con mágica precisión,

¡ oh vida me has dejado el mayor de los tesoros

y mi corazón se llena de tu gran armonía,

de tu palabra atroz!

 

 

Los dedos y los dados

El modo y la moda, lo liso y lo estriado, lo ambiguo y lo superfluo,

todas las cosas se dan de dos en dos y las que están únicas desean dejar de serlo a la menor ocasión,

yo, que a veces tengo un surtidor, iba a decir de mierda, una fuente

que brota desde lo más hondo y abusa de mis palabras, soy para mí cosa nueva,

pero hay otras que doy vueltas y más vueltas, ¿ sabían que las lagartijas en el amor y la caza hacen lazos con su cuerpo

yerguen sus cabezas y las giran en aptitud de esculturas griegas, con arte y clase,

miran fijamente al animal cazado y en movimiento profesional lo engullen al socaire?,

si esto hace una lagartija qué no podrá hacer un poema, la quintaesencia humana,

pero no siempre hay un poema, las más de las veces hay un poeta llorón,

el lugar común, el destino mediocre, la carnaza de los escritores, el ruido fecal,

hay la podredumbre humana mojando el bollo en el café sin arte ni parte,

 lo díptico y eufórico, la epífisis y la anabasis, inalámbrico y espasmódico,

otras, hay un escritor que saca palabras con audacia mordaz,

hundidas penumbras en el índice luminoso del arte y manoseo de los culos,

hay la sed de vida, recoger el hatillo al hombro y recorrer caminos,

y aunque parezca que hay un solo caminante, siempre hay dos, como los caminos.

 

 

En la mañana demasiado pronto

Supongamos que tengo un amigo

de esos que me conocen mejor que yo mismo,

y ese amigo estuviera a mi lado y me mirara por el rabillo del ojo,

él no se sorprendería de lo que yo pienso ahora,

alguna vez si acaso le sorprenderían mis palabras,

las palabras de un hombre son explícitas y descubren sus cosas,

por simple matemática, la probabilidad es el goce del azar,

como las hembras, por más que quieran herir el pecho de los hombres

los hombres se les escapan con la agilidad del agua entre las manos,

 gozamos del amigo como un pan interminable

pues llena la memoria de hechos imprescindibles,

su silencio incluso acompaña más que un buen texto,

todos los amigos fueron los poetas con chispas de ironía,

rieron mis cosas con crueldad y cariño, las dos cosas juntas.

 

 

El grito

Un grito oigo de ti, aire, tu aliento,

unas lágrimas encendidas brotando desde tu llanto,

oigo el lamento de los oscuros vuelos,

las lágrimas que se asombran y bajan por tu rostro,

te veo llegar de acero en el paisaje,

la soledad te acompaña como un vuelo de buitres,

 nunca sabrá besarte ni saborear tus desnudos,

ese calor tan íntimo que consume tus sueños,

la magia de ser un hombre flotando sobre los tiempos,

seguramente yo, que soy tu amigo, nunca lo sabré,

 tu lamento es como un río que viste el sol más puro.

 

 

Machacado, machacadísimo, pero ahí sigo.

El mar

Suponiendo que haya un mar, que es mucho suponer,

yo me conformo con que haya agua, que no es poco haber,

el agua dicen vino del espacio sideral, viajando como picha fría a través de los cometas,

cristalizada y oscura, regalada y encogida, diamante que se hace agua con un poco de calor,

 le llamo mar, me hace una grieta en el corazón y me lo parte en dos,

solo con verla mi corazón late deprisa y se para con gusto,

da gusto verla con todos los senos levantados en las puntillas blancas de las olas,

tiene profundidad de amor, locura de amor, frialdad de amor, gusto salado de amor,

coge al sol por los cuernos y lo lleva a su vientre y lo exprime como una uva ácida,

suena como un látigo degradado por la costa, ronca y crujiente

o se calla como una muerta, llena de azur, calmosa y vidriosa, entera y fustigada,

la tierra es solo un mar con cinco enormes cachalotes que viven del mar,

vino de las estrellas, se estrelló contra las rocas calientes y se quedó para siempre,

cuando yo era un joven delgado el mar me daba en las piernas y me mordía el sexo,

me escocía su gusto ácido y salado por todo mi cuerpo, me abrasaba su abrazo,

entonces y por no sé qué misterio el mar me recuperaba de los sueños insípidos

me devolvía la turgente esencia sideral de los viejos conocimientos

y yo quedaba fresco como una rosa.

 

 

El mundo en un barco de papel

Se escapaba, como un pez que había comido bastante,

gustaba de tener el vientre cerca de la superficie y lo sumergía ágilmente,

hacía olas pespuntadas de blanco, efímeras y disolutas, las hundía,

sobre todo huía, se escapaba, acumulaba mi soledad en la superficie

de manera que yo podía verlo en todo momento cada vez más lejano,

la amistad era un carámbano frito en los aleros del tejado,

un terruño oscuro que ensuciaba las manos y las palabras,

 montón de estiércol recogido en una mañana nevada con todo el frío del mundo,

un arcángel maravilloso de alas inmensurables a punto de desvanecerse,

estar en su amistad era para mí estar vivo y coleando,

pero los amigos siempre merecen algo más que yo mismo y prosperan fuera,

se escapan como peces llenos de baba escurridiza hacia otros sitios, siempre por delante,

yo creía que el mundo era angosto, efímero, vulgar, paralelepípedo, creído

y no era tal, el mundo es como un pez de vientre hinchado,

un barco de papel que se deshacía más a cada paso, solo yo sigo inmutable.

 

 

El hombre que solo se amaba a sí mismo

Yo no cuento años sino cuento días,

cada día pasado ha sido siempre el último,

me dibujó impepinable una circunferencia,

en física es el equivalente al fenómeno pi,

  los profesores me ocultaron las matemáticas,

así mi amada natural yació para mí irreal,

tal como la muerte, suponiendo que exista,

las matemáticas y el sexo, arrebatados de niño,

 mis erecciones entonces como fuegos de artificio

sobre la noche escura de mi ignorancia,

disfrutaba la grandeza de mis seres irreales,

pero todavía lo entiendo como algo pecaminoso,

aunque al final de un día solo me pesará un pecado,

 mi sagrada ignorancia.

 

 

Una necesidad

Permitidme os diga que mis palabras no hacen versos,

mis versos no hacen poemas, mis poemas no hacen libros,

soy una absoluta calamidad como cuando era un niño,

un niño perdido entre palabras ininteligibles, en un mundo difícil,

entonces no tenía palabras, pero me gustaban las obscenidades,

reía con las palabrotas y les daba un sentido íntimo,

me gustaba andar, no pasear, andar por la ciudad,

la ciudad no tenía palabras, ni poemas, y no era difícil,

era hermosa, esto lo he sabido mucho después,

 era una ciudad de olores, olían sus calles, sus ríos,

los callejones donde meaban los borrachos, los bares abiertos,

olía a mujer con esencias vegetales, a los soldados,

cada soldado olía corto y dulce, verde y áspero,

bajaban hasta mí y me dejaban sus besos,

quizás por entonces empecé a hacer poesías

cuando me empinaba para coger las cosas del aparador,

ese movimiento todavía me dura al escribir,

 leía alto y corrido imaginando ser un locutor de radio,

creo que escribir empezó a ser entonces una necesidad.

 

 

Arrepentimiento

Siguiendo con lo del otro día, estaba yo sentado en el límite del parque,

en un banco de madera de esos que son un viejo quejido que nadie escucha,

nadie escucha a todo lo viejo del planeta y algo tendrán que decir las cosas viejas, incluidos los hombres,

y me dio por pensar en mis cosas antiguas, antiguas aunque las recuerdo como si fuera ayer mismo,

qué injustos fuimos cuando éramos jóvenes, y vociferantes, qué pocos cuidadosos con quienes nos amaban,

a veces tenemos la oportunidad, por cercanos, de corregir los viejos errores con dulzura y cariño, las dos cosas juntas,

pero los parques siempre están alejados del mundo, lo hacen a propósito, como los viejos poetas,

no es el lugar adecuado para decir a la otra persona, perdona, pero fui contigo un imbécil,

creo que por todo esto soy escritor, la escritura me redime de mi falta de tacto para vivir,

de mi gran elocuencia con la que cubro la falta de exquisitez con el otro

y el otro es un ser que requiere toda la atención, aunque esto en el amor es utópico

y pese a los peses en aquel tiempo yo te amaba, a mi manera, pero sin maneras.

 

 

Todos los barcos navegan torcidos

Bueno, aquel barco de papel que era un pez, que era mi yo, que era mi amigo abandonado

resultó ser un barco de verdad, un barco pintado con su marquito torcido

y torcidamente escapó por la pared navegando torcidamente a gusto por mares color crema,

tenía velas y las trazaba en el viento ideal de los sueños que son muchos y malos todos,

dejó al cuadro en cuadros, un todo mar azul torcido y encrespado con las tripas afuera,

siguió avanzando hermosamente despacio por el gotéele de las paredes hacia el país soñado

y llegó un día que se dio de bruces con la puerta y cayó, cayó al suelo como una mancha blanquecina,

una mancha con olor a mar y a cloro, con vetas de sangre y parecido a un escupitajo,

el mundo se quedó sin cuadro, la pared sin barco y yo sin vergüenza por contar mis interioridades.

 

 

Ante la muerte

Por qué tan mal herida el alma llora

y sufre sordamente en este tiempo,

un desazón del aire, un pecho lento

la deja sola en sí desasistida,

por qué la herida hiere sobre la herida

y dobla su dolor en medio pecho,

por qué el alma crece si muere dentro

y nada queda del ser la amanecida,

todo es negror un peso alto de monte

asciende oscuro por los recuerdos rotos,

nada en que creer si muere el hombre

y nada deja de sí si no es su vida.

 

 

Todas las aguas juntas contra ti fabularon

y en sus mecidas ondas acabaron tus sueños.

 

 

El sueño

Quedó dormido Amor entre las aguas,

unido al infinito tan cerca está del cielo,

un sueño tan profundo en su rostro aparece,

como un niño llenado que alimentó una diosa,

quedó dormido Amor y es trascendente

el tiempo detenido entre sus alas tenues,

dulzura de sus labios, de la fragante prosa

que dúctil la almohada a su rostro sostiene,

toda la estancia álgida su palacio parece

pues entre las blancas sábanas Amor se duerme.

 

 

Adonai

Ah perfección, belleza, alma,

han de acusarte entre todo esto en que resaltas,

perseguir en tus ojos tan lúcidos,

para no verse a sí mismos,

para no verte.

 

 

Antinoo

El amor te ha vestido y coronado el celo,

ha medido contigo todas las perfecciones,

te puso la libertad sobre tus ojos tristes

y un canto te acompaña de melódicas voces,

el amor se ha reunido con los sabios señores

y ellos no opusieron ninguna exigencia,

te encontraron perfecto te dieron rienda suelta

y tú, en libertad, te hiciste más y más grande,

el amor dibujó las inexistentes alas

que parecen volar tras de tus hombros plenos,

ha rozado en tu alma el mejor de los vuelos,

pero te dejó desnudo en la temible noche,

nunca bastó el amor para hacer un futuro,

y el pasado solo dio un fuego compasivo,

todas las aguas juntas contra ti fabularon

y en sus mecidas ondas acabaron tu sueño.

 

 

Solo

Compañero, cómo puede ser que el tiempo te haya cambiado tanto,

recuerdo cuando me picaba tu mirada y me inquiría algo que yo no entendía,

no entendía tu tribulación, ese meneo oscuro de tus ojos avergonzados

la palabra que llenaba tu boca in marchita y la vergüenza que te daba mirarme a los ojos,

lo sabías, sabías que yo era un enjambre de palabras siniestras

donde los cuervos graznan y las palomas huyen, como buitres, amansadas

sabías que lo sabías, pero yo era un procaz de sueños insensatos,

acurrucado siempre en la nostalgia del corazón, huyendo por Granada,

y un dulce colmenar me cubría con sus llantos,

es cierto que las persianas suenan llorosas cunado llueve al mediodía

cuando del sol solo hay luz, no el dulce picor de su calor siniestro,

compañero, me dejaste traspillado en tus sueños insensibles,

adormecido de ti, empapado de ti, corneado de ti, seguramente cadáver,

oye cómo el mar cruje como si quisiera decir algo, todo es mentira,

no habla el mar, solo yo hablo y solo hablo cuando escribo,

escribo tan deprisa que pongo el final al principio y cuando llega el final ya no queda nada,

ya no queda nada de ti, ni de mi, ni del viento ni de la escarola con ajos quemados,

solo

las palabras, palabras fritas y refritas, fritanga del sopor y la desolación,

nunca fue después igual.

 

 

A riadas con los ritos

En cualquier río, de esos incluso que nunca están en la ciudad,

bajan seres mitológicos de antiguas civilizaciones,

llevan en sus manos oscuras argollas para encerrar a los hombres,

caminan con pies descalzos sobre los alegres cursos,

esas calzadas al ras que peinan las canas del agua,

ellos dan saltos y esquivan riscos agudos,

porque son mitológicos pero nunca fueron tontos,

fueron crueles, imaginaron unas idioteces enormes

y al hombre acostumbraron a pensar malamente,

yo los oigo cantar sus canciones vetustas

 mal sincopadas como una mala traducción,

no tienen rostro y si lo tienen es bello,

cualquier belleza cubre la deformidad de un alma,

son espíritus carnales y como carnales tiemblan,

tiemblan sobre los arroyos, que pueblan hermosos peces

cuya única latría es dar saltos en la vida,

componen pronto poemas, repentizados, alegres,

pero nadie los ha oído, nadie los ve,

yo sí, yo sé que en los ríos hay poderes extraños,

todos vienen del norte y todos mueren al sur,

en sus paisajes tan puros lo solemne es el error.

 

 

Las cosas mías

 Escribir es echar fuera las cosas mías para que me dejen mi yo,

mis cosas hacen que yo no sea yo, que vaya cargado con ellas,

me absortan empirulan me llevan trastornado y opacamente lleno de mis cosas,

escribiendo huyen como un mojón de majaderías absentotas, epicúreas, francas,

yo, sin mis cosas, soy yo más que yo y nada más que yo, libre y epicúreo,

por esto escribo y dejo el cabo suelto, le doy hilo para que escapen y salen a puñados,

pero por más que escribo más cosas me quedan dentro de las que digo dirían mejor,

escribo disoluto, cambiado, trastocado, yo solo, por cierto que solo lo hago muy bien.

 

 

El caballero de negro

Pasaba mucho el tiempo en la blanca habitación,

dorado, pasaba el tiempo con gran desolación,

el sillón se le encogía en sus brazos de madera,

vacilaba el velamen de las velas amarillas

las sombras se le ocultaban en las ventanas umbrías,

pasaba mucho el tiempo sobre su pecho guardado,

un fino brocal bordado de babero en su camisa,

el pecho partido en dos, a un lado el de su costado

y al otro lado el de Dios,

a su hermosa la perdía, entre chanzas y entre horrores,

llegaban de corredores las grietas y las celosías,

con la belleza perdida, un nudo de sus amores,

por qué señora, por qué a estas hora me olvida,

la grande habitación se le partía como en dos,

en tres, en diez, en todas las partes juntas,

como en las viejas latrías de la antigua marabunta,

entre preces y más preces, suspiraba el caballero,

pasaba mucho el tiempo, en la antigua habitación

por una amada difunta.

 

Yo creo que a estas alturas de mi vida

 lo que puede salvarme es el humor.

 

No consuela escribir

Fluye la pluma azul y el alquitrán prosigue

al niño que perdió su escuela,

con un nuevo profesor chascando duro

las palabras del martillo que duelen y no consuelan la memoria y los números;

que sí, que era miedo, huida, soledad en las grandes avenidas llenas de gentes,

otrora mi pequeño y su mirada atrapada.

¿Qué cosa hizo nacer , malhaya el huerto,

esa mala gente que persigue tus pesadillas?

La clase sigue abierta, suena la palmada,

subida sobre tu yo, escondida dolorosamente en tu mano,

y la mirada parece tener tus ojos,

lentos como llorosos: no sé vivir.

Sólo la tierra oscura de fecundos olores

acoge mis manos inocentes con sabiduría intemporal,

y en sus bosques me muestra los redondos senos,

para soñar su mar se agacha y me enseña su vientre

lleno de fluidos, de amistades y de palabras.

El otro amigo, el sol, me llega enteramente, calienta mi pecado con suavidades altas,

empapa mis vestidos con su sed de agua,

nubla mi mente y todo lo llena oscuro.

 

Nunca lo fue escribir, ni su nombre de ella

ni sus ojos mirándose traviesa:

yo descuido los deberes,

emborrono el problema, antepongo a las letras

el discurrir plateado del Genil con sabores verdes y rojos; y el nombre de Dios,

único y bueno.

Donde me yergo yazgo, y si hostil adopto el puente

doble gusto le doy a mis compañeros de errar en sus miedos.

Un balón de cuero sólo sirve para jugar de portero

y romper la pierna del padre en medio de sus juegos:

pero mi gran puntapié espera la eternidad soñada

y chuta fuerte en los rincones del niño:

jugar, jugar siempre.

Hora va siendo que me crezca en la boca la dulzura de huir del profesor:

desnudar a las gentes que sedaron mi sudario:

aún no he muerto, aún puedo encontrar mis antiguos cines,

besar la aguas frescas, con sed, bajadas por la Alhambra,

amar, con las ganas, entre las piernas de amor,

bajar por los senos suaves de su vega,

aún enciendo el falaz cigarrillo que me mate de una vez, y puedo derribar todas

las vallas publicitarias

que en mi mejilla izquierda siniestros mercaderes han levantado.

 

Por qué suben mis gritos de niño con tanta fuerza.

¿Dios, estás todavía conmigo, inmerecidamente?

 

 

Poema del amorío

 Qué hermosos tus cabellos, planchados, como míos,

la rubia cabellera que cae sobre tus hombros,

la dulce manera tuya de mirarme tan plácido,

y, sobre todas las cosas, la vieja costumbre aquella de contarme tus cosas,

seguramente estás en tu mejor momento, después nada volverá a ser nada parecido,

que la vida se va y nunca vuelve la vida y si vuelve nunca es vida,

por eso me enamoras y me hincas tu hermoso precipicio donde vuelo sin alas,

sin alas se menea el viento de la ira y huye también, todo huye, todo escapa por el alero del tejado

se cae la teja y la paloma asesina saca su vientre oscuro y vuela como si nada,

el cielo está manchado de palomas oscuras que vuelan ruidosamente,

solo tú me miras como un plácido lago azul lleno nítidamente de paz,

la paz infinita que habita en tus ojos y en el brillo de tus cabellos sobre tus hombros lúcidos.

 

 

La noche interminable

Oh noche amorosa que de mí haces el amante,

noche atribulada que acercas a mi amor y le convences,

cálida noche de caricias infinitas, sobrada sobre mí, sobreabundante,

noche temible del ser más ignorado que soy yo mismo,

trémula noche, tibia y anhelada, incontenible noche,

acurrucada en mí, niña de infinitos besos

 luego pronto olvidada en el duro día,

infinita noche arrastrada por todos los tiempos,

brillante lucero que luce solo sus sombras,

 grandiosa noche de rincones silenciosos, escrita sin palabras.

 

 

La nada

Que nada de lo dicho lo diga luego en mente,

de nada la ocasión en medio del domingo,

mariposee por turbio en su cristal insípido;

nada que se ha dicho esté de vuelta en la página vuelta;

si el cartero que llamó mil veces,

troceó mi vida de tiempos inservibles,

de acompasadas muertes,

escribir no es morir cuando se escribe muerto.

Mar, devuélveme tus olas del gusto

y el papel garabateado de los finos cuchillos,

o tú, las tardes subidas a los altos cielos oscuros,

con tus astros protectores de escondidas cavernas.

Vida del pinar, verde reloj que dibujas ilusiones

con grandes risotadas sobre pequeños montes

y a socavones llamas entre las mismas calles.

Un seco calor de agua baña al domingo;

bórrame memoria aquellas horas largas

de números inexactos, enseñados a sangre,

tan pronto el precipicio de la rutinaria estera:

soñar en los brazos del sueño, sueño en el sueño,

hasta pasado mañana por lo menos, mañana no,

si hoy estoy de fiesta.

Besar para olvidar tus besos domingueros;

letal la tarde que la noche inicia,

si la canción mascada se sienta oblicuamente,

con los pies mojados por una lluvia, enfrente.

Ni así, ni si nadando en manojos de dedos

te encuentro sola. Yo te llevaba con siglos puestos,

dentro de mi, seguramente con ganas de salir

con tanta fuerza que hasta lo dulce duele

de la dureza inaudita llamada amor.

Mañana es muerte sentada sobre nada.

 

 

El pozo

Dónde está el pozo que se llena de las cosas que dejamos,

cosas y casos, sueños incluso, palabras repetidas, encontronazos,

dónde está el pozo que se queda con las cosas de nuestra vida,

no somos nosotros, ni es nuestra memoria, ni es el ácido desoxirribonucleico,

no son nuestros calambres y los infinitos gozos pequeños orgiásticos,

no es la dulce pelambrera de las palabras, los libros escritos y los libros no leídos,

no son nuestras mujeres, pobrecillas, peinando canas in marchitas sentadas frente a la lumbre,

ni siquiera los hijos, desarraigados siempre, huyendo de nosotros,

me refiero al pozo de los pozos, al gran pozo donde tienen cabida todas nuestras vidas

y donde nada se pierde, como un gran agujero negro oscureciendo el firmamento,

allí estaré yo con mi yo de verdad, con mi yo inocuo que ya no puede hacer daño

con todas mis cosas dolosas y las ambiguas, con mi ser y mi no ser, todo junto

y siempre podrá tener sentido el hermoso caos que es una vida,

desde el principio, totalmente inesperado, al final totalmente predecible,

también estarán mis no cosas, las que nunca hice, las que nunca escribí que también soy yo,

por simple matemática ese pozo es lo posible, pues que lo posible son todas las cosas que fueron

todas las que pudieron ser y también las imposibles, me lo dijo un sabio.

 

 

10 COPLILLAS PARA NO SER CANTADAS

 

1 Dar la llave

A ti sí y a ti no;

qué bien me sale

lo que tan bien me sale,

a ti sí y a ti no,

 por mi vereda llegué a mi valle,

a ti si y a ti no,

 que no se diga que yo me calle,

a ti si y a ti no,

escribo lo que escribo en mi renglón,

a ti sí y a ti no.

 

 

2 Otra vez

Por dos, por cinco, por diez,

quiero tenerte, quiero volver,

es sólo mi deseo ardiente

que me vuelve de repente,

para empezar otra vez,

por dos, por cinco, por diez,

por todas las veces juntas,

te quiero en mí solamente,

para empezar terminamos

del otro lado también,

tantas las vueltas nos damos,

nos encontramos tan bien,

que cuando hemos parado,

por dos, por cinco, por diez,

a comenzar reanudamos,

otra vez.

 

 

3 No es que no sea

No es que no sea, es que no es

quise besarte en la boca

y luego dije besé,

quise tenerte en mis brazos

y luego dije te amé,

y no es que no sea, es que no es,

pensé llamar a tu puerta

y luego dije entré,

quise ser correspondido

y luego dije gocé

y no es que no sea, es que no es.

 

 

4 Amorosas las flores

Amorosas las flores

en el campo en que estáis,

y vosotros, las veáis,

vestidas de exuberancia,

y sin embargo elegancia,

y vosotros, las veáis,

al soplo del aire danzan,

y lo llenan de fragancia,

y vosotros, las veáis.

 

 

5 Sólo porque me amas, yo soy mejor,

que tu amor es mi amor,

sólo porque me miras, miro mejor,

que tu amor es mi amor,

sólo por estar contigo, conmigo me quedo yo,

que tu amor es mi amor,

te amaré todos los días, te desearé en todo tiempo,

que tu amor es mi amor.

 

 

6 La montaña es muy alta

Siempre nos queda un gusto

de que pudo ser más,

mejor es menos,

que en la vida aunque lo pongamos todo

siempre pudimos hacer más,

mejor es menos,

que no sólo hemos de ser limpios,

sino también aseados,

mejor es menos,

nunca acabamos completos

ni nos llenamos de sal,

mejor es menos,

aunque tocáramos el cielo

sobre el cielo habría otro cielo,

mejor es menos,

por qué no miramos

a quien abajo está,

mejor es menos.

 

 

7 O el poema o el mundo

Si una mujer hermosa es más hermosa que un poema,

fuera el poema,

si la vida es más profunda y en cierto modo más poética,

fuera el poema,

si un pensamiento en prosa nos gusta tanto como el sexo,

fuera el poema,

pues que todo está ya escrito en el libro de la vida,

fuera el poema.

 

 

8 Tantas

Tantas las veces callado,

tanto a este mundo atado,

tanto el dolor soportado,

tan fieramente ultrajado,

no en uno sino en dos,

por uno yo fui curado,

después de una gran corriente,

quebrada y rota mi fuente,

vapuleado de frente,

por detrás y por poniente,

no en uno sino en dos,

por uno yo fui curado,

me es bueno ahora poner,

que en esto es menester

de saber y de entender,

no fuercen lo mío meter,

no en uno sino en dos,

por uno yo fui curado.

 

 

9 Cuando duele amar

Se me suelta un poema que viene sin palabras,

que no sabe lo que dice ni qué decir,

que habla por que habla,

que solo piensa en ti,

 

se me suelta un poema a modo de mis lágrimas,

como el llanto y la pena no lo sabe decir,

en el cuerpo me duele y me duele en el alma,

que solo piensa en ti,

 

se me suelta un poema que es una plegaria

que digo entre dientes, sin decir,

la rutina del cuerpo que desgrana palabras,

que solo piensa en ti,

 

se me suelta un poema dotado de la gracia,

que baila con la música, es un decir,

y olvida que no olvida,

que solo piensa en ti.

 

 

10 El jardín italiano

Una fuente italiana no dejará de sonar,

aquellos jardines altos en que pasea

el sol en soledad, el agua en niebla,

en que se viste el mar, oculto, en lejanía,

la pradera en los balcones y la palabra no está

una fuente italiana no dejará de sonar,

no dejarán sus jardines las cultivadas flores,

la espesura de las ramas y de los rincones,

almena de las postales, descoronada y ciega,

de la vetusta estancia, la más nueva,

una fuente italiana no dejará de sonar.

 

 

El agua y el árbol

Te quiero roca y raíz, rama y cemento,

en una mar tan bronca dura enramada,

te quiero contra tus nervios, enamorada,

luz que se sublima en ti, agua agotada,

te quiero todos mis días desde la madrugada

a despertarme en ti, totalmente entregada.

 

 

El jilguero

Ligero jilguero volando sobre el suelo,

girando y corriendo alegre en sus colores

en el aire dibuja elipses de jardín,

por la huerta y los prados en fuentes por riberas,

sin peso sus pasos cortitas sus fronteras

en el ciprés enseña su culito gris,

al lado de la gente como la gente misma,

suspiros en el cielo, colores pespuntados,

el amarillo fuerte y el rojo carmesí,

piquito bien armado, cantos esmerados,

parándose en la rama, saluda el caballero,

 oscura su levita, quitándose el sombrero

se inclina ante mí.

 

 

Los libros

Tengo que ordenar mi pequeña biblioteca,

los libros de tapas rotas, con células de mi piel,

mi juventud robada, empapada, todavía caliente,

derramada la lectura, vuelta y vuelta las palabras,

 mis pocos libros,

está mi vida en ellos más que mi memoria,

mi memoria me olvida,

pero ellos siguen fieles e iguales a sí mismos,

siempre los compré rotos aunque fueran nuevos,

destrozados por la moda, enjaulados por la crítica,

y me dieron su luz, las palabras gozadas,

el denso tiempo de los escritores,

la oculta riada de las palabras, enigmática y antigua,

la elipsis genética de los cromosomas,

 todos ellos más antiguos que sus autores,

derramados ahora, amontonados y escasos,

no tengo una biblioteca, tengo unos pocos libros

y ellos son mi vida dura,

la solitaria vida de un jovenzuelo soñador

que escribiría para derramarse por otra parte

que no fuera el pernil del solitario goce,

mi propia vida encuadernada y rota,

tan rota como mi juventud, y aún siguen fragantes.

 

 

El sábado

¡ Ay, Dios mío! cuándo acabará el día

y yo vuelva a mi trabajo

que es escribir y descansar escribiendo,

hoy no paro de escribir en mi mente,

mi descanso del sábado no para de escribir,

con alas de querube, suaves, las brisas,

los ríos invisibles de transparentes aguas,

los sonidos inmarchitables de los músicos,

las buenas pronunciaciones silábicas de los actores,

los posados jardines de mi casa de campo

y hasta las densas nubes que amenazan llover,

he venido para olvidar mis páginas,

huyendo del oscuro piso de la ciudad

para tener el ancho pecho gris de este otro cielo

pero luego el día aquí parece interminable,

ahora quiero estar escribiendo, escribiendo

porque mi mente no para de escribir,

de corregir poemas, de diseñar mis páginas,

mi día de más trabajo, mientras la música

llena mi cocina de sonidos áureos

y la mañana tan suave y fresca amanece

con su poco de agua sobre las plantas

de mi jardín.

 

 

PARADIGMAS

 

Adiós

Adiós, amigo adiós,

días lejanos que nos separamos,

hacia unos horizontes más distintos,

sin nuestras viejas palabras, ni nuestras risas,

sin los tiempos que compartimos comiendo y riendo,

sin el alborozo de nuestra juventud, ni los arrebatos del alma,

los jóvenes siempre parecimos ociosos y regalados, siempre cogimos más,

ya ves, un raquítico poema con cuarenta años de retraso y tú sigues tan joven todavía.

 

 

Los poemas del ser

La soledad, el dolor y la pregunta nada son,

nada, el modo indefinible en que quedamos huérfanos,

nada es el día y la noche que le sigue y la mañana siguiente,

nada son tampoco las palabras, aunque las conozcamos del todo,

ni los sueños que se diluyen con el tiempo cuando estamos más dormidos,

ni las alegres mujeres, con sus sonrisas e insinuaciones, con sus pechos agitados,

cuando el ser no está,

un velo blanco les dirá adiós, una nueva poesía les susurrará al oído,

unos velados pasos lo llevarán hacia los valles incomprensibles,

su vida pasará como un relámpago en la noche

y navegará de nuevo por el otro río

sin remos y sin ruidos,

hacia la luz

total

 

 

Furtivos

¡ Cuidado, con los hombres gruesos! siempre van de caza,

siempre se calzan botas verdes guerreras y hebillas en las correas,

sombreritos de fieltro y guantes sedosos, fuman en pipa y usan cortaúñas,

son los primeros en llegar a todo y los primeros en salirse de todo,

capaces de cogeros por el pescuezo y de soltaros blasfemias,

sentados en los asientos traseros, las manos apretadas,

miran el mundo como el águila miraría el cielo

buscando a cualquiera que puedan digerir.

 

 

Este poema es tuyo

Un poema para ti es lo que tengo,

día a día lo construí con todo mi tiempo,

con mis anhelos, con mi alegría, con mi dolor,

a ti remotamente, desde lo más lejano, te lo leo,

es tuyo, también los parques pasean nuestros secretos,

el alma se abrió para unirnos en la desgracia y en los vientos.

 

 

Escena 2, Plano 27

Es peligroso hables en el cinematógrafo,

lo digo, a propósito, a la manera antigua,

o que te veas como uno de sus personajes,

el pájaro que huye será luego el más bello,

será más bello el mar y sus rompientes olas,

el rugido del león y la inmensidad del cielo,

las mujeres, que desnudas ganan mucho,

la desnudez alcanzará el límite impensado,

y el deseo será algo más que salivar el alma.

 

 

Sueños

Tengo un bosque oscuro, enredado en mis sueños,

las ramas de sus árboles se tuercen, bajo los rayos del sol,

tengo arrayanes y nombres, todas las calles de mi ciudad Granada,

sus barrios y sus ventanas, las rejas que en el hierro forjan sus gitanos,

las sombras y sus olores y sus canciones hondas, sus membrillos y acerolas,

también la fría nieve, corren dos ríos por dentro y en mí reposan la Vega y la Alhambra.

 

 

No es para menos

Echo de menos el infinito,

el no saber más de lo que sé,

aquel bosque tan grande, inescrutable,

saber que infinitas las cosas nos habitan

y vienen del misterio que es la ignorancia,

las moscas revolotean en la bombilla quieren la luz,

yo soy de los que vuelo alrededor de la infinita oscuridad,

echo de menos el infinito,

no es para menos.

 

 

Noche de luna llena

Esta noche de luna parada tiene noches escritas

ni una gota de aire queda en el aire todo se calla

recuerdo tantas cosas que es imposible escribirlas

el espejo negro mira nóstico desde su lado oscuro

la luna lo ha estacionado con discreción y abuso

el aire que no pasa las hojas quietas y la luna llena

 un crisol blanco en la espuma negra de la noche

parada ante mi casa ante el ciprés ante el suelo

 suena el insonoro crujido de las cosas calladas

podría escribir tantas cosas esta misma noche

 un chorro blanco de la luna entra en mi cuarto

mañana ni la noche ni yo tendremos luna llena

mañana la noche y yo notaremos su ausencia.

 

 

El Azar

Si hay veces que la muerte pasa y desenreda nuestra vida del dolor,

si el dolor a veces nos deja en la vida como sueltos y gozosos,

y se goza la vida pese a que nos duela alguna de sus cosas,

en las cosas de la vida, nunca hemos contado el dolor,

entonces, más que vivir, nosotros hemos pasado,

y más que gozar también nos hemos sufrido,

ni siquiera la muerte contará con nosotros,

la vida sólo ha sido un juego del azar.

 

 

Te miro

Te miro como la música que me mira transparente,

como te miro tapada y me desnudas al verte,

enamorado, alado, poético, evanescente...

como te mira la noche que se desnuda al tenerte,

anclado en las esmeraldas de tus pechos incandescentes,

corriendo en ti con los ríos de mis ojos insaciados y valientes.

 

 

El personaje

Cuando me pongo serio y profundo nunca encuentro mi personaje,

un hombre rubio, seguramente joven, amante o envilecido,

al que yo le diera nombre y lo tratara como esclavo,

que lo traiga y lo lleve con mis perversiones,

 le humille y le haga sufrir mis crueldades,

 con mi ser escondido en su ser,

como lo hizo Cervantes.

 

 

Alegato a la amistad ruidosa

Aleteo una cosa superior al amor y es la amistad,

pues si el amor es excluyente y celoso, lo contrario es la amistad

que comparte el universo, el fluido de la sangre, la alegría de vivir,

el primer impulso del hombre es tener amigos y el segundo es amar,

cuando un hombre ama a veces se separa del mundo a vivir su amor,

pero cuando un hombre tiene amigos, no importa cuántos, cuantos más mejor,

los amigos juntan y alegran su alma.

 

 

El presente

Cuando la araña blanca se camufla en una magnolia del jardín

y corren secretos senderos de agua por la cañería del riego,

no se agota el agua al correr ni la araña deja de esconderse,

un tupido presente está siempre presente, para siempre,

la única cosa efímera es el dolor pero soy incapaz de describirlo,

a veces he pensado que mi dolor soy yo y me divierto doliéndome.

 

 

Las grandes contradicciones

Estamos acostumbrados a ser llevados

por gentes sencillas de gran corazón,

pero que tienen tal lío en la cabeza

que nunca nos llevará bien si no es a la locura,

gentes que dicen amar el bien y aman a los malos,

que se dicen decentes e inclinan la cerviz a los indecentes,

que se dicen limpios de corazón y solo miran a los indeseables,

esa buena gente tiene su lucecita en nuestros pechos

y alguna vez tuvieron nuestras lágrimas deslizadas como centellas,

pero solo nos llevaron a locura y la locura no tiene cura.

 

 

Mañana

Puede que mañana, o puede que otro día,

vendrá, desde lo lejos, lo que siempre esperé,

parece que a mi tiempo se lo llevó el anhelo

y ahora, tarde o nunca, no sé lo que tendré.

 

Yo alargo una llamada a los siglos pasados

y en la absoluta nada espero nueva luz,

no nublan mis deseos saber lo que me viene,

simplemente me busco en lo que hallaste tú.

 

 

Mi lector

Ahora mismo necesito ser comido, engullido, devorado

por el ávido lector que a mi palabra haga proteína

y a mi pie calzado y a mi poema un canto,

necesito tener al buen amigo de siempre

que le gustaron mis escritos mejor que a mí

y supo encontrar en ellos lo que escapa al escritor,

lo necesito ya, tengo la solemne necesidad de que me lea.

 

 

Dibujo con un poema

Hay cosas en la vida que no tienen explicación,

por qué el Señor, que es Misericordioso, acabó con los dinosaurios,

el siguiente poema hago un guiño a Parque Jurásico, de manera imperceptible,

de igual manera Dios nos lleva de un sitio a otro, sin darnos ninguna explicación.

Yo repetía y repetía viajes en mi Granada por el Carril del Picón, la calle Puentezuelas,

sitios todos ellos nada turísticos en una ciudad turística. ¡ Y lo hacía tantas veces!

Visitaba los grandes dinosaurios de mi ciudad, me los tragaba, me los embebía,

tenía que terminar granadino profundo, de los que la viven de pé a pá.

Ahora, cuando recuerdo a mi tierra no soy una postal.

 

 

Tengo una isla

Tengo un cuadro, pintado por mí, que, contra mi costumbre, me gusta,

el cielo tiene un azul que, agolpado por las nubes, el barniz y los espacios, lucha,

vana pelea, el cielo es ganado en la batalla, pero no siempre perder es lo peor,

el cielo está hermanado más aún al barro de las torres de la Alhambra,

el barro cocido, con el sol, brilla como una piel de mujer y su perfume,

y unos árboles grandes, más altos que las torres, se coronan también

con sus penachos que el viento, es suponer, ha inclinado; hasta son árboles,

que un árbol pintado también lo sea tiene su mérito, por ello me gustará el cuadro,

me recuerda a un Velázquez, nada menos, de una villa lujosa de la Italia,

es reducido también y tan moderno, con unos árboles grandes y muy oscuros.

El mío termina al fondo, con un dibujo que nunca lo fue, perdido entre las nieblas,

nieblas que me supongo serán del verano, un verano borró todos mis paisajes.

Los ocres y los rojos no son constantes, como el rubor de un rostro que esté vivo,

y esto le dará vida a mi cuadro, incluso una cueva oscura, abajo, se parece al sexo.

De este cuadro han salido mis "Poemas de la Alhambra", ¡ no he reparado en gastos!

 

 

La herencia

Es evidente que mi columna vertebral la heredé del dinosaurio,

los dinosaurios tenían gran amor por la arquitectura y las montañas,

sabían administrar las grandes cantidades y sus corazones latían con fuerza,

pero hay otras cosas mías sorprendentemente más importantes de ellos heredadas,

la primitiva pureza del lenguaje de las nubes, la transparencia del cristal,

en los rayos se oyen los sonidos primigenios recién salidos del ser,

es un mundo virginal mágicamente in perenne en nada fósil.

 

 

  El poema perfecto

Cuando un poema no es perfecto por una cosa mal dicha

entonces, oh fortuna, has escrito tu mejor poema,

no le borres la cosa mal dicha, ella es un poema perfecto.

 

 

Poema a la higuera seca

Como recuerdo a Ángel González, que ayer 12 de

diciembre de 2008 falleció en Madrid

Blanca, ya sin hojas, retorcida y enana,

parada en medio del siglo como el árbol último

de lo que el viento se llevó, después de la otra guerra,

en una huerta de Granada, hoy trasegada al museo de Lorca,

calladas las señoreadas ranas que nos advertían sus ganas de joder,

sin el olor de los cienos ni los oscuros frutos llenos de los rosados grumos,

sin las ásperas hojas que al cortarlas se corrían en lechosos ríos de pegamento,

sin un Cristo que llevarse a la sombra, digamos que hoy está enteramente muerta.

 

 

En busca del arca perdida

Me rebelo contra mí y contra mí tengo

por no ser quien de verdad soy,

por no estar donde quiero estar,

por pasar de mí y por en mí no entrar.

 

¡Basta ya de acomodada hipocresía!

El mundo acumula en mí su día a día,

pues temeroso estoy de mi verdad,

y acomodada está mi vida a la ruindad.

 

 

Los bosques del tiempo

Nos perdimos por aquellos bosques que encontramos,

nos quedamos solos los dos, cada uno por su parte,

nos dejaron los prados húmedos, los sutiles ríos,

quedamos sin la silueta quebrada de los pinos,

se agotaron los mares que nos bañaban juntos

y está sola y en silencio la calle donde vivíamos,

si nos volviéramos a ver, ¿ seríamos como antes?

te añoro como el niño que quiso dejar de jugar,

nunca me acostumbraré del todo, cada día menos,

te pienso, tan bella, suelta la cabellera, los dientes tan blancos

y tu mágico vientre llenado por el sol y por mis besos,

la tierra se atragantó del enorme sol y se hizo roja,

estamos perdidos en los bosques de los años.

 

 

El dulce pájaro de la juventud

A Zizz, el viajero del músculo

Cuando te das cuenta que no eres nada de lo que creías,

cuando le das la vuelta al espejo y miras una imagen torcida,

cuando te dicen que tus temores fueron más ciertos que tu vida,

cuando te mueres, joder, de un golpe y sin ventanas,

entonces los árboles vienen con sus brazos a llenarte de sus risas,

y te besan en los ojos y te secan la frente y te dejan sus pañuelos:

estás jodidamente muerto, te cayó la tapia empujada por el viento,

te sepultó la sonrisa a plomo de un sereno, te dio un tomatazo un asesino,

y en la bandera de tu pecho una camisa blanca flamea, uncida trágicamente a tu destino,

 tus pantalones solamente corren en tus piernas y en los insinuados arcos iris un pájaro,

llamado juventud, se vuelve opaco, gris como un cuchillo, y vuela, vuela...

a tu patria.

 

 

El llanero solitario

Estoy que tirito del frío que tengo,

muerto de frío, en medio de un desierto,

más oscuro que el mar de las metáforas,

más vacío que la mente de un político,

más muerto que el mar del mismo nombre,

la soledad me alcanza por los cuatro costados,

creo que hablo por echar de mí a las palabras,

me resisto a quedarme solo conmigo,

estoy a punto de entrar, dando tumbos,

en la tumba del soldado desconocido,

soy el soldado que nadie reclamó y nunca pegó un tiro,

 acabaré siendo el héroe agasajado por la diplomacia,

entre la oscuridad, que es la pausa de los dioses.

 

 

Como un beso, tu aroma.

Soneto de la carne, uncida aurora,

a tu cuello prendido, quién fuera ahora

entre tus suaves delantales, a toda prisa,

amor que amor desata, parece huido,

y levanta volandas, aires que traigo

del más allá, llenos de penas, olas

del mar amargo, lleno de prisas, rocas

por manos talladas, rocío sembrado,

el de tu pie desnudo, no me desaires,

oye mi rugido íntimo en que me muero loco,

oscura luz de mi sentido único

con tu manantial de abrazos, riega sin tino,

unicidad evocada desde lo más remoto

y desde lo más antiguo,

unicidad diversa, que me une y me llena,

camino que atravieso indemne, sacrificio

del que muero poro a poro, vicio

de mi carne, eternidad adornada, hembra

y suplicio.

 

 

El tritón

Triste andaba el tritón en el fondo de la fuente

en el fondo del estanque su cabeza de león

y su mirada sapiente,

triste andaba el tritón con sus deditos de rana

subiendo por las paredes

y culebreos por el agua,

triste andaba el muy glotón comiéndose caracoles

les arrancaba las conchas

y saboreaba con goce,

triste, muy triste estaba, con su cara de dragón

las branquias en el pescuezo

y cola de lagartón,

yo quiero ser un tritón para sentirme más triste

que os mire sobre mis hombros

y huya sin despedirme.

 

 

El pescador

Tenía una forma sublime de enredar el hilo en la pala del anzuelo,

sus gruesos dedos ponían soltura y decisión mágicamente viriles,

lo he dicho muchas veces la virilidad es lo más sutil del mundo,

nadie lo dice, yo sí, desde niño lo sabía,

ser viril es hilar fino sobre broncos precipicios.

 

 

Las playas seductoras del amor y sus goces

Esta tarde que tan plana resplandece

en una mar tranquila, tan última y azulada,

tiene goces de amor, quietud y alas

rozadas por el azul, que en bien padece.

 

Posado forzosamente entre las nubes

por un amor que huyó, en un camino

hecho de plata y de rosadas pubes

se va mi amor en esta tarde herido.

 

Tengo mi pecho alzado a lo valiente,

puños tengo de acero en mi caricia,

un lupanar de hielo y por delicia

que no te tiene a ti de frente a frente.

 

Tengo la herida en tan ruidoso goce

quebrado mi dolor gorgoteando

un claro derroche de poesía manando,

en tu recuerdo, a la menor que roce.

 

 

Es importante ponerte una palabra

y esa palabra sea todo para mí,

que se me mueva por prados y por días

en ríos y veredas y playas carmesíes,

el arco de los soles en firmamentos extensos

y el azul consolidado del mar en el confín,

es muy importante que me lo diga todo

pues todo lo que dije fue para ti,

tan mágica y etérea encuentre el dulce vuelo

cuando la vida olvida que es tan solo vivir.

 

 

Palabras

Palabras que de amor son como la pureza

bailan solas y alegres con alegría interior,

que van del mundo al aire, del aire por el cielo

se pierden y se callan como una vieja canción,

fragantes como el agua, corrientes en el pueblo

de la divina fuente son la inspiración,

palabras que nos unen y nos llevan atados

y como lágrimas conmueven nuestro alrededor,

que son hoyas hundidas, miradas realzadas,

paradas y cristalinas, calientes como el amor,

palabras, las palabras, la sangre de poetas,

estrellas de armonía, unidas a la flor

que las dejo a solas y solas están perdidas

sobre el mundo en el aire, sobre el aire hasta Dios.

 

 

No

No tienes que venir pues ya has llegado,

no tienes que querer pues no te quieren,

no tienes ya que ser porque ya eres,

ni tienes que dejar pues te han dejado.

 

No busques a quien nunca te ha buscado,

ni mires pues mirar es lo que tienes,

no andes pues andando vas que pierdes,

ni quedes para estar pues has estado.

 

No sea que al vivir te desmorones

y llegue a ti, pausada, lentamente,

aquella que te busca en los rincones,

 

solo te quiere quien te da la muerte

y saca hasta el último de tus dones,

no hay más que interés, el no es de siempre.

 

 

La muchacha

Estás detrás,

tras los cristales estás,

desnuda de tu vientre,

redonda luna creciente,

tras los cristales mojados

con tu beso deseado,

toda la vieja fragancia

del alma joven ganancia,

escondida en mis días,

serena cuando me olvidas,

con tanto sólido ayer

que hasta el aire sabe a miel

alegre cual ventolera,

espumosa por primera

 tanto amor me has dejado

tras los cristales mojados.

 

 

Nostalgia

No dejes a los otros lo recto de un poema,

ni dejes a tus hijos, ni tus rostros amados,

no dejes la virtud posarse en sus pecados,

ni tu ira hermosa, ni tu vientre de esposa,

no dejes que tus llantos se queden entre los olmos,

ni a tu cansada niebla, ni a tu cansado amor,

dilúyete en las cosas paradas de recuerdos,

ata cabos con hitas sedosas cual de oro,

subir por las escaleras que ascienden a los cielos,

descubre nuevas rosas y arráncalas del pecho,

traspasa los cristales que el frío antes nubló

 duérmete en tus pechos, como aurora en los mundos,

dibuja las palabras cándidas y graciles

como huidizas nubes, en delicado adiós,

si tú quieres, en los puertos, oscuros y cristalinos,

si te cuesta olvidarme y aún quieres tenerme,

cruzadas en tus pechos tapándome mis manos,

con perfumados besos, abrígame tu amor.

 

 

Elegía desesperada

Nunca se sabe si hace más daño una patada en los huevos

o un beso en la mejilla,

si por querer a nuestro amor vamos matando

o se muere de amor por solo serlo,

 

pero el caso es que uno se muere y nos deja muertos,

nos corta el aire,

 nos deja más solos

en los recuerdos,

 

nunca lo hicimos bien del todo cuando el mal se hace,

ya no estaremos

sentados en las sombras

ni nos miramos,

 

la vida pasa y cada día que pasa esperamos el final que nos resuelva,

mientras estamos

maniatados del alma

y del cuerpo,

 

Ay, mar serena, que te entierras tan bien, verde y entera,

dame cobijo,

que en tus entrañas muera,

como mi amor.

 

 

La canción del campesino

Venid las tierras cálidas a mis brazos,

rodéenme las cañadas y los árboles,

cérquenme las murallas y los peñascos,

coged mi corazón hecho pedazos,

 

sembrad en mí semillas de esperanza,

tenedme entre los días y mis años,

cantad tan bajo y bajos espetadme

hundid mi tierra hundida en el regazo,

 

labrad por mí con surcos y con arenas

en las sentidas sendas tenedme al tanto,

contadme los universos y las veredas,

estad en mí, sembrados, en mis cantos.

 

 

La tierra que yo piso

Me fluye y me confluye con el uso,

me usa en sus jardines y sus paisajes,

los priscos, los apriscos, las veredas,

los surcos, los guijarros y sus valles

me tiene sobre el mundo anchamente

me lleva dulcemente en su canción,

me sube, me enaltece, me encabrita,

me brilla con su luz y en buena sombra

me da la fresca paz de su delicia

llenándome de pecho el corazón.

 

 

El único poema

Variopinto lugar lleno de escarcha

que en las salobres siembras sembró mi ruta,

buscando para hallar lo que trabaja

un día a otro cortar el dulce junco

y unir el desbarate de palabras,

aquí la arena seguida como el tiempo

cayendo siempre vaciándome el alma,

aquí rotunda la vida va seguida

en dulces notas se cae por la alambrada,

todo es voz y el gran fonema

hundido en mares de pleamar hundido

siguiendo el surco del único poema.

 

 

Una lluvia es poesía y el dolor es poesía

A veces se caen los árboles como las estrellas del cielo,

entre las flores, en las gargantas profundas

brillan las gotas de cristal y se oscurecen

hay tanta magia como poética rareza,

solo la lluvia de un corazón atravesado por el amor

borbotea y languidece con tal pureza

que es capaz de calmar las ansias de los insaciables.

 

 

Perfecta es la montaña que al corazón sube

y con paso decidido la población atraviesa,

la que bastó en los bares y se puso en la tierra

en medio de la plaza con sus puertas abiertas,

que nos entregó su luz, rebosante, repleta,

y llenaron sus guiños nuestras noches de seda...

 

 

Sindéresis del espacio

Deletrear el universo y el espacio,

el frío atroz que reina por el orbe

el negro sol que ocupa todo el orden,

la voz callada que clama por abrazos,

volar, y sin caer, seguir volando,

abrir los brazos y esconder el rostro,

seguir, seguir, pues solo estando

ocupamos un lugar sobre los astros,

cada palabra, cada piel contiene

el polvo solitario de los caminos,

la grandeza del ser, el gran vacío

que a todos conduce en lo silente,

la vida es un hartazgo de belleza,

sostiene la grandeza en temas

que nadie esculpe y nadie contiene.

 

 

Sindéresis del arte lírico

Beatíficamente me pudro en armonías,

anhelos llevo prendidos no sé los siglos,

paso de las batallas contra los istmos,

poso en lo más melifluo de la poesía;

abundo en la abundancia de la escasez,

por precipicios tengo mi gran constancia,

son mis palabras hijas de mi mudez,

y hasta mi tiempo pierdo con gran ganancia,

trato de ser afable y me contengo

aunque de pronto estalle con gran estruendo,

hijo del rayo soy lengua de fuego

lo que amo diluyo y voy perdiendo,

un día es a otro cabal en todo,

el reloj interior marca mis ritmos,

yo me creo autor de lo que escribo

y hasta lo raro en mí lo escribe otro.

 

 

Los días jóvenes

Juventud, quiero que estalles mis días azules,

los caminos nunca rectos de la naturaleza,

los soleados requiebros de los ríos en los montes,

la abigarrada paz de los árboles y sus frutos,

quiero verte verde y extensa con tus tardes

y el fresco airecillo de tus riberas,

los dorados manjares de las rocas con el sol

y la ruidosa noche de las incontables estrellas,

juventud, eres como el amanecer que se deshace en la aurora,

el rocío moja tus labios y te perfuma la nada,

quiero que llenes mi cuerpo de tus limpias ideas,

que la luz refleje en mí tu transparente cristal.

 

 

Déjala suelta

Déjala tal como vino y que se vaya,

que cante alegre bailando en su sentido,

sus pies le ponen prosa a flores in marchitas,

camina en libertad sin las doradas cadenas

y pulsa como el aire en donde debe ser,

déjala que se arrime a los rincones nuevos

donde los hombros sienten las caricias que ama,

que escurra y se descubra que ilumine sus lunas

y acostumbrada a amarte ella quiera volver,

déjala, no le pongas cadenas, el amor no es amante

y nunca supo amar, la danza es un deleite,

le brillarán los ojos y dormida parece un ser angelical.

 

 

El ángel guerrero y escritor

Oh sombras del país que no conozco,

aliento húmedo de barros sin barrera,

cálidas alas de nube y primavera,

rincones solos en que paseo mis ojos.

 

Oh luna encendida brillándome en el rostro,

extracto de un jardín, aséptica en su esfera,

limpieza que aún me dura y en su lugar me espera,

para vivir mi vida, para gozar mi gozo.

 

Carámbanos y nieves sortean la cuartilla,

paisajes de cristal y de los fríos pausados,

picachos en los montes, riachuelos en la orilla,

 

donde me encuentro a gusto entre versos trabados,

ignorancia de mi ser, la soledad que ensilla

un brioso corcel, sobre el hacer, montados.

 

 

Persigo sombras

Persigo sombras, negrores sin figura,

humo persigo y quiero atar mi cuerpo,

campos tan blancos llenan el firmamento,

perfiles tienen las rosas de mi musa;

lo etéreo es vano y no tiene sentido,

el fin lo ponen las hadas de mis versos,

huyen de mí, y a mí me dejan preso

del sueño que he tenido desde niño,

ser y no ser como es campo las flores

el ojo de los buitres huele su objeto

lo peor es no ver que solo es un eco

la ilusión tan falsa que huele a nubarrones.

Oh linda mariposa volando desterrada

por los antros tan anchos descubiertos,

palpitando en su fulgor y solo ansiada,

alegre como el sol, entre sus blancos vuelos.

 

 

La utopía

Estoy sentado en mi poesía, montañas de mis mundos en mí se mueven,

siento la vida fluir, contra corriente, estoy como la bajamar totalmente de frente,

aviento el otro lado y aunque perdí los sueños,

en la medida de lo posible, espero el otro día, siempre en lo puesto.

Hace tiempo tomé conciencia de las cosas, y me alejé de mí cuando dejé a alegría,

y aquello, que es común y a las gentes une, fue, en su razón estricta, una utopía.

 

 

Un cuento

Hubo una vez un loco tan loco que cogió su fusil

y a todas las gentes obligó a leer sus poesías,

al principio las gentes sorprendidas leyeron con fruición,

cada palabra podía contener un átomo de su salvación,

pero pasaba el tiempo y leyendo, leyendo...

nació en las gentes un sentimiento ambiguo entre la rebeldía y la decepción,

leyeron unas tonterías grandísimas que solo un loco podría escribir,

acabaron por hacer como que leían mientras con guiños se confabulaban,

los más valientes se abalanzaron sobre el loco y lo maniataron,

nada es más atroz en la vida que una mala escritura

y aunque nos fuercen a leer en las escuelas, en los foros y en la televisión

todos tenemos a locos maniatados por nuestra decepción.

 

 

El último

No solloces de amor, no tengas pena,

levántate de amor sobre ti mismo,

sube por tu mar angustioso,

bebe el amargo sorbo de la desdicha,

encuéntrate llorando una vez más,

necesitas ser el último de tus traidores,

levanta tu cabeza y escupe lejos,

atrévete a nacer, ahora, ya mismo,

vivifica tu aliento en tu memoria,

esculpe una figura única irrebatible,

los campos que te esperan, la plácida luz,

recoge de la vida los frutos inexpugnables,

de las gentes su odio, de ti la indiferencia

y lucha por ti mismo con todas tus fuerzas,

sé el último de tus traidores.

 

 

Zenobia

Zenobia era una novia

de amor bendita,

veladores de hierro,

olas y brisas,

alondra en corredores,

fiel a su planta,

educada y tan bella,

rosa que encanta,

vestía como las novias

de blanco excelso

y para los poetas

era un buen verso,

salpicada de gracia,

con su chispita

se reía de los otros

y de Afrodita,

reina y señora

y soberana,

encantaba salones

con su prestancia.

 

 

Las nubes

Una nube pasaba y otra venía

y una, la más lejana, se detenía,

venían sedosas, siempre calladas,

llenas y blancas se paseaban,

una mano invisible las desgarraba

y otra, de oscuro sino, las condesaba:

¡ ay, qué tormenta

avisa un viento furioso, contra la puerta!,

suena un gran trueno...

que nos recuerda a todos el día primero,

mientras las nubes, antes altivas,

sobre la tierra caen, como cortinas.

 

 

El amor

El amor es un sinfín, es una espera,

llamaradas y fuegos en primavera,

una caricia, una delicia,

un sorbo de amargo vino, a toda prisa,

es un volcán, ¡ ja, ja, ja!,

el no va más,

unas manos cogidas

para pasar a mejor vida,

un beso que nunca acaba

en una larga mirada,

es un paseo

y aprovecho que te veo,

es la locura

que sólo otro amor cura,

es el deseo,

¡ espera!, que me lo creo...

Y nada más:

¡ me volveré a enamorar!.
 

 

Desengaño amoroso

Cállate corazón, aún poderoso,

gritas, ahogas, asfixias mi grato corazón,

cállate cuando vuelas por paisajes ignotos,

con el presente atado en la desilusión

que fuiste mi tormento por no dejar de amarte,

que apuraste mi tiempo sin nada de tu amor,

que me llevaste mudo, llenado de palabras

que me dolían y duelen de amargo sinsabor,

cállate corazón y escribe solamente

de lo bueno del mundo, del aire o del sol

que son cosas que pasan, furtivas, en el presente

que nunca tuvo nadie y solo tengo yo.

 

 

La llama amorosa

Ya liba de azul el sol dorado derretido

y sobre la mar vuelan las alas de la espuma,

a por la miel van las obreras aguerridas,

en campos del amor bullen premuras.

¿ Dónde estás tú, mi amada, llamada antes

que en la lejana aurora sangrara el sol?

Pues todo ama y es amor, mas yo estoy solo,

la soledad me pesa como una carga repleta

de manzanas mordidas toda una noche entera.

Ya llama Primavera y yo no puedo oírla,

echado como estoy sobre la misma espera.

 

 

El río

Creo que el río se equivoca de tanto querer andar,

de pasar de lo vivido y solo estar por estar,

de bajar por las ruideras, de llegar solo hasta el mar,

de no quedarse en la tierra y buscar, solo buscar,

creo que el río se equivoca hasta de suspirar,

de amarse tan de continuo, de estar y de no estar,

de ser tan descuidado con la palabra mirar,

por no saber los esfuerzos y solo querer virar,

creo que el río se equivoca cuando se pone a llorar,

cuando nada puede hacerse y solo sabe cantar.

 

 

Las lágrimas

Las lágrimas se mojan en las miradas

se cambian por palabras que tapan con su agua

se llenan de la música e inundan de dolor

ocupan en los rostros los ojos embellecidos

se ríen las desgracias no tiene precisión

son unos mundos bellos que han perdido el suelo

el agua sagrada que desunió el amor

se dicen y no expresan se cantan y no hablan

se secan con el tiempo y queman con su ardor.

 

 

La novia in marchita

40 años de novia y al fin me caso,

de blanco como las aguas de la mar por las orillas,

más vieja es la mar que mi poesía,

no más tranquila,

más suspira el mar, mucho más se agita,

cultiva algas moradas y peladillas

y siegue siendo el mar, la mar, cosa magnífica.

 

Más de 40 años de novia y al fin me caso,

me caso como hicieron los antiguos,

sin lunas de miel, ni paisajes, ni fotos,

sin comerme los postres de toda buena boda,

sin algaradas, ni nubes de arroces,

con los pies en la tierra y por delante,

( podría aprovechar para morir también).

 

Más, 40 años, cómo pasa el tiempo,

quién lo diría si ayer mismo empezó mi noviazgo,

tendremos que adoptar un niño,

niño yo te adopto y te adapto a dos vejestorios,

a dos lunas de miel de miel hurgadas,

a dos colinas blancas sin ningún picacho,

en fin que no me he muerto del susto pero casi.

 

 

El rincón

Sitio reposado en que venimos

árboles, pájaros y yo, a descansar,

le dejo mi inquietud, los anhelos truncados,

mis nerviosas manos,

los sueños evadidos y el ansia de cantar,

entre las densas sombras,

de mis años perdidos, horadados de afán,

escribo sin palabras, al albur de sus fragancias,

el no ser, con alivio, me deja su gran paz.

 

 

Te quiero

Te quiero cuando es de noche,

si acaba de amanecer,

a pleno día te quiero,

mi tiempo es solo querer.

Por eso cuando de cerca

te acercas solo por ver

tiemblo como tierna brisa

sin poderme contener.

 

 

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La mariposa

Mariposa de papel,

 volando a saltos deprisa,

en las flores detenida

para las flores beber,

insecto de la delicia,

de colores presumida

con ojos puestos al revés,

vienes desde las cornisas

y salpicas e irisas

el jardín de mi edén,

ay mariposa alada,

en colores encerrada,

alegre y siempre contenta

cómo ha podido ser

que antes que el hombre naciera

la mariposa tuviera

la alegría de nacer.

 

 

Me muero amándote

Te amo y amo,

me muero amándote,

más no puedo amar,

el mundo lo atraviesa la espada amorosa

y dentro de mí se clava mil veces,

te amo del todo,

con mi falsedad incluso, literariamente,

de tus pestañas a tus manos, enteramente a ti,

me muero amándote.

 

 

El amor es incansable

No se cansa mi amor de más amar

ni se agota del todo si agotado,

no me deja vivir si ha comenzado,

no me deja ni amar ni disfrutar.

 

Me suspira y me tiembla al mirar

y me ciega y me nubla si mirado,

se me tumba en mi lecho a mi lado

y no cesa de amar ni al despertar.

 

Me suplica y me lleva a amarlo todo

una brizna en el aire solivianta,

una perdida sombra es su acomodo.

 

La belleza y fealdad une y encanta,

más que amor es señor sabelotodo

que me empuja y me pesa como manta.

 

 

El amor

El amor nunca cabe en un pecho,

como fuego entusiasmado quiere ser,

llegar alegre al amado,

romperse contra los sueños,

estallar en los deseos, ocuparse por querer,

quiere cantar y está mudo de tantas palabras lleno,

gozar, libre, en el cielo, infinito del azul,

liquidarse como verso en la corriente de un río

de aguas frescas y tan limpias, donde todo es esplendor,

quiere soñar y despertarse, el alma para arrancarse

y volverse a diluir,

quiere ser para estarse,

del amado acompañarse para morirse o vivir,

es un sueño deseado que acaba de despertar,

alumbre no iluminado,

orillas del río Amar,

por eso, cuando rotundo, se llena todo su ser,

el amor parece ido asomado a la mirada,

se llena de la otra mirada

feliz por dejar de ser.

 

 

Los paisajes

Aún se mueven los viejos paisajes,

no esos que vuelvo a visitar, que están estancos,

los que por dentro de mí siguen fluyendo,

una ciudad me acompaña en su cajita de fichas de archivo,

sus gruesos volúmenes se caen de estancias atiborradas,

incluso su viejo olor se me acerca hoy y me deja tarumba,

una ciudad no muere nunca salvo si sigue moviéndose.

 

 

El corazón de los valientes

El hombre valiente conoce al mundo y sabe acariciarlo,

no lo modela a su antojo solamente lo cuida,

tiene detalles viriles llevándolo de su mano,

en la fiereza del monte en el profundo mar en el vacío de las estrellas,

un corazón valiente se me antoja sagrado

es el vínculo indetectable del hombre y la eternidad,

 así cuando muere ningún cobarde sabe darle sepultura.

 

 

La ciudad escapada

La ciudad ha escapado por cada una de sus aceras,

se mueve libremente con aspecto dichoso,

miles de ríos le salen y confluyen sin confundirse,

están todos porque ninguno lo está,

si acaso alguno que hace tiempo perdió el norte

 y vaga queriendo ser mirado sin ser visto,

la ciudad se hace más grande sin ensanchar sus calles

se viste juvenil y ha crecido su altura,

no choca contra sí, solamente se diluye en el tiempo.

 

 

El periquito azul

Me parezco a mi perico azul,

runruneo y saco del viejo baúl palabras y sonidos amorosos,

casi hablaba, le abría la jaula y volaba a mí,

me erizaba tratándome como al adolescente amado,

mordisqueaba con embeleso cada pelo de mi bigote,

luego volvía a la jaula con su majestuoso vuelo.

 

 

A mi musa

Yo escribo para amar y si me canso

reposo sobre el brazo del olvido,

 yo soy viejo rufián que no descanso,

corazón de niebla, de belleza huido,

te tengo para verte y contemplarte,

para mirarte tengo las dos varas que mido,

la una, exuberante, se vanagloria en tu arte,

la otra desperdicia un gran  amor vivido,

te quiero por gustar con elegancia,

para elegirte me entiendo el elegido

y no soy más que tú con más prestancia,

ligeramente anciano, encanecido.

 

 

Nunca supimos

Duele amar en lo íntimo, en la fuente del llanto,

en los poros del cuerpo, en el alma y el ser,

hermano de nuestra sangre, recorre nuestras células

y a nuestros ojos llega para perderse del todo,

nunca se sabe del todo lo que pudimos querer.

 

 

El amorcillo infiel

Una ofrenda para ti tengo en el pecho,

una fuente que en más fuentes se derrama,

una rama que se adentra en otra rama,

un bosque tengo que para ti he deshecho.

Tengo una duda en cuanto al verte alegre,

no sé si es por estar conmigo cuando me amas,

o si buscas en otros lo que en mis pechos mamas

quebrado el arco de infidelidad que integre.

Y siendo tan confuso y precipitado el tiempo

en que el amor nos junta y nos separa,

aunque cuanto más viviera en ti más te amara,

lo cierto es que ahora solo eres pasar mi tiempo.

 

 

Herido por el Sol

Herido por el sol me dejó cristales en la barba,

una llanura extensa que me embriaga,

la dureza viril que habita el alma,

me dejó en sus campos de amapolas,

la vívida llama roja de mis sueños,

el pastoso vivir, el aire lento,

que en los campos de España desparrama;

me vistió de hombrecito con sombrero,

puso sus alas negras sobre el pulso,

socarrón me entregó un fiero impulso

y me hizo un hombre verdadero,

herido por el Sol yo tengo hartura,

me cobijan sus nidos y escaramuzas,

las hojas de la parra, sus ojos de lechuza,

y la herida mortal de quien más quiero.

 

 

A pierna suelta

Si quieres que te rescate yo te rescato,

te rescato de aquellos que te quieren

pero no aman tus risas desabridas,

los que no entienden tus exabruptos del alma,

aquellos que no tienen la delicadeza de amar tus groserías,

de tu mujer, sin ir más lejos, cuando te sorprende odiando tu risotada,

esa expansión del alma que no es tan simple como parece

sino que reposa en lo más hondo de tu ser,

que eres tú mismo cuando te quedas boquiabierto a pierna suelta.

 

 

La niebla que no dejaba ver la montaña

Hubo por años una niebla tan espesa

que ocultó la gran montaña verde hecha de rocas,

animales y gentes se ocultaban como ocultables

refugiándose bajo las densas sábanas de la niebla,

allí el amor corría cuesta abajo, enteramente loco,

y una música, tan densa como la niebla,

dotaba de efectos mágicos el solemne silencio,

moraban los dioses y las cabras, también los picapedreros,

y solo la noche desvestía de negro los picudos senos

y el vértice embaucador del monte de Venus,

la montaña ascendía eternamente embriagada,

llena de brumas, blancamente oscura y desconocida,

no diría que estaba en la Cordillera,

sino que siempre estuvo enfrente.

 

 

Acabaremos solos

Hay veces que yo toco en el aire mi soledad,

mi soledad es cantada por el magnífico coro de las rocas,

el mundo se hace un inmenso espacio y lo llena de estrellas,

minúsculos guiños le lanza al agua por los riachuelos

y el hondo sonido del mar es el hueco de mi soledad,

nunca había advertido que me quedaba solo,

tan solo que me temo quedar con lo imprescindible,

me llevo lo puesto, pero aún tengo una esperanza,

advierto que puedo ser feliz, que no me falta nada:

si me tengo a mí, camino seguro, y conmigo me divierto.

 

 

El holandés

Guardo un raro recuerdo de mi persecución,

hecho de esquinas que me llamaban químico,

de mi carrera frenética por las calles

y que nunca tuve un amigo que me salvara,

recuerdo también, más vagamente,

que sobre mí dijeron cosas que no conocía,

tampoco es que me guste pasar por virgencita,

pero era lo más parecido a una calumnia;

 fue horrible vivir aquellos tiempos,

que los dioses que ven motivos en los detalles

seguramente habrán tachado de justos

para tapar a sus hijos calumniadores.

 

 

Alegoría

Decir que era muy bella era mentir,

que era graciosa también sería mentira,

que me gustaba era rebajar mis gustos,

entonces, ¿ qué es lo que era que me hacía feliz?

era la única que soportaba mis tardes soporíferas.

 

 

El hombre

Hoy he fumado el mejor cigarrillo de mi vida

 he bebido la mejor Mahou del mundo,

sentí que me crecían los pelos de mis piernas

y mis músculos endurecían mis brazos,

gozar la virilidad es estar a bien con uno mismo,

sin razones, ni prebendas, ni costumbres,

porque ser hombre es algo intrínseco,

saber desprenderse de los adornos inútiles,

 respirar profundo, y ser amorosamente fuerte,

no oír jamás los buenos ni los malos consejos

la vida correcta es solo una prisión

de hombres abominables, mal pensados,

el lento fluir del tiempo nos une a la Naturaleza

que es la madre, auténtica y devoradora,

acabará por consumirme del todo

¡ y el gusto que le daré cuando lo haga!

 

 

A un amigo

Sobre U2

Dentro de ti hay un río,

gracioso y juguetón,

a veces soñador,

sobre todo cuando cierras los ojos y te diriges al cielo,

dentro de ti hay muchas cosas,

hasta los jardines silvestres de los montes,

también el Sol,

 es difícil imaginarte triste,

siempre corriendo

a favor del tiempo...

 

 

Escribir ahora

Llega un momento que escribir no es un arte ni una profesión

ni siquiera aquello que fue otras veces,

escribir, ahora, es un ejercicio físico,

escribo para hacer músculos, levanto palabras,

busco la belleza en mi cuerpo de hombre,

como el viejo sabor a mar en el vientre de los peces,

es algo delicado, y al tiempo viril,

escribir me hace más fuerte.

 

 

Desnudez

Desnudo, de cintura para arriba,

arrimando el hombro a las cosas de la vida,

seguramente turbio en contadas horas

también opaco y si me apuran siniestro

madrugando en los mendrugos

suspirando en los suspiros,

montado sobre sí cuanto antes y con exceso

a veces transparente y otras veces callado

es pintura sacada a las primeras horas del día,

 un corazón fiel lo esculpe sordamente

nunca entiendo del todo que ese soy yo muchas veces.

 

 

El hombre de ahora

Quién diría que aquel niño rubio,

tan pálido y frágil sería luego el hombre delgado de hoy,

tan lleno de vitalidad, un campo hirsuto y fértil,

una palabra amable, llena de matices,

una profunda respiración azul cuando fumas

y todo el atlántico en un vaso de cristal si bebes,

multiplicas el oro de tus genitales,

engendras vida a cada paso a cada palabra,

verdaderamente haces felices a tus amigos.

 

 

La patera (dibujo de Torres Morenilla)

 

Espinos y alambradas

A los que murieron en las pateras

Erial del amor, noche de espinos,

mi corazón lastrado por doce caninos,

doce figuras dulces, llenas de alba,

doce manos abiertas de lirios y agua.

 


Miran tus ojos verdes ramos de estrellas

y es la corona al viento tu cabellera,

vistes vientos suaves y entre tus trenzas

caen cascadas de luces, gritos de sedas.

 


Ara de los vergeles, dame tu abrazo,

que quiero morirme pronto en tu regazo;

dame tus pechos y volaremos juntos,

 


llenándonos de la noche, como difuntos,

que el alba llegue y nos encuentre Aurora

fundidos en un cuerpo solo y un alma sola.

 

 

Los pobres

Inmóvil la carne se agarrota,

muda la boca se acomoda,

los pies se hunden en los barros,

más fría que la noche es la mirada,

más esquiva es la luz sobrellevada en las sombras,

el pan se atraganta de lamentos,

las manos se han hinchado,

las piernas se acortan,

los cabellos crecen.

¿Qué queda de estos hombres después de todo?

¿Quién tan mal escribió sus versos?

 

Las lápidas se abrieron antes del juicio

e ilustres muertos erraron en los paisajes

evacuaron los cielos las altas aguas

y mojaron de sopor la espesa tarde,

después de todo la vida se bebió a un trago,

y luego es infinita la quietud de los alcoholes,

todos sus vestidos se llenan de agujeros,

todos los labios se secan húmedos

y sobran las manos y las palabras sobran.

 

Aquí yace, quien yació de siempre,

aquí se entierra a quien enterrado estuvo.

Pero los otros nunca lo han sido en las horas justas,

en los rincones chocaron en contra

de los divinos brazos, nunca fueron hijos.

 

 

La verdad

Maldita sea la paz de mis canciones fáciles

y el ritmo de sus sueños y sus mentiras rotas,

malditas sean las musas que me inspiran deleites

de juegos envilecidos que a mi alma aflojan,

quiero la verdad, y que me ponga un manto

lleno de soledad, de claridad y de sombras,

¡ Verdad, verdad! aunque yo no cante al día

que fúlgido amanece en la rosada aurora,

verdad,

aunque me falte belleza y se muera mi poesía,

si la verdad está conmigo, llenándome de la vida,

mi mundo será mejor y nunca estaré a solas.

 

 

La llamada telefónica

Tu mano siento que está la mar de hermosa,

de uñas recortadas, y así solo es caricia,

tan fresca y tan lozana, tan joven y tan cálida,

con su perfil mullido llenado de almohadas,

tu mano me regala un universo opaco

donde los patos blancos solo son aves que vuelan

y el Sol, acariciante, se esconde tras el cielo,

oh tu mano viril manjar de antiguos faunos

cuando las uvas crecían entre las rubias parras

y sus racimos orondos engolfaban a los poetas,

tu mano en la mía la deja luego átona,

tan falta de otra mano gentil que me añorara,

donde la tibia espera es que me sigas llamando.

 

 

 N.Y.

Cuántos años pasé queriendo estar contigo,

tan ciudadano me hice que me olvidé tu mar,

yo hubiera paseado a la luz de tus puertos

y en las mullidas aguas te hablaría sordamente,

oh ciudad tan hermosa, tan grande y descuidada

de agrestes oficinas y aguas embotelladas,

tan cálida en verano, tan fría los inviernos,

de esquinas rebosantes y andares ligeros,

me hubiera serenado leyendo a tus escritores

con ellos yo tendría tu humano corazón,

de hormigón armado se elevan puros sueños

y en grandes cristaleras reluce nuevo el Sol,

cuántos años pasé amándote con furia,

con el deseo más blanco y el negro trabazón

de una luz proyectada que estremecía al mirarte

por un niño en el cine que en tus calles jugaba.

 

 

El mundo escapa hacia arriba

Las ciudades de ahora escapan hacia arriba,

lucen cristaleras y coches relucientes,

pacíficos lagos donde el agua salta estudiadamente,

gentes y más gentes cada vez más altas,

mientras yo me agacho y apenas dejan sitio a mi ser pequeño,

mi casa es baja, a modo de romana, sin pretenderlo,

de rojo ladrillo y patio húmedo con un estanque,

mientras las otras casas miran al cielo,

tocando las esferas con sus piernas de cristal.

 

 

El sapo

El sapo en mi jardín es su dueño,

vestido de camuflaje, musculoso como una rana,

sale cuando llueve y en las nupcias de las hormigas,

se adivina, se acomoda, no le importa que yo lo vea,

a veces si me oye hablar croa como una rana,

apuesto, como un caballo, erguido sobre las patas,

una vez le molesté regando, y saltó ¡ hostias! ten cuidado,

como esos hombres rudos hablan a sus amigos,

no agacha los ojos como hacen los sapos,

sabe el secreto día en que las hormigas vuelan

y en el festín del ácido acaba dando tumbos, colocado.

 

 

Amor viril

Quiero tu nombre escrito desnudo sobre mi palabra,

lo más semejante a un árbol por su dureza,

lo más parecido a un hombre por su honradez,

quiero que estés en mi paisaje aunque ya no tengas hojas,

 tus ramas definen mi poesía enteramente,

oscuras, contra el color del horizonte, le dan hondura,

eres la nicaragua de mi vida, llena de gente,

de niños que nos miran con sus lunas morenas

y sus manos que se agarran a la misma pobreza,

quiero tu nombre escrito como un poema

de esos que nunca saben decir lo mucho que aman.

 

 

El cine

Permítame, caballero, le diga estoy enamorado de usted,

de sus colores en el ancho espacio negro,

la mágica música que acompaña a los sentimientos en sus escenas,

la agilidad con que mueve a sus personajes,

el mundo todo cabe en cada una de sus películas,

nada hay más importante en el mundo del arte.

 

 

La quintaesencia de mi amor

Rompe al fin la página y sal a verme

te espera mi pecho herido todo ese tiempo

la flor que mi boca besó en la oscuridad,

el placer con que mi vientre requiere a tu vientre,

la esmerada ranura ávida en tus mejillas,

sal a mí que el aire se marea solo con verte,

siento la árida voz de tu palabra y me enciendes,

 me enciendes súbitamente desde tu rincón hallado,

el ritmo que respiran mis entregados labios,

ponme tu vientre al fin de espinos y de alambradas,

que el vino corra en mi surco caliente por el sendero

y el miedo sea aventado en el tronío de tus besos,

que al fin pueda decir te amo y te amé siempre.

 

 

A la pintura

Que me gusta la pintura, que me gustan los pintores,

desde niño entiendo el amor que da un pincel,

en la calle de Segovia de Madrid iniciaban sus cuadros,

la brocha era un sinfín de olas amorosas,

los brillos que no cesan, las duras palabras,

los brotes de amor viril derramados en el óleo,

me gusta la pintura, me gustan los pintores,

yo hubiera acabado el cuadro mucho antes

pero ellos seguían y seguían según una fórmula secreta.

 

 

La sagrada ignorancia

Qué soberbia la mía mirar el paisaje azul,

sentirlo mío como mi saliva en la boca,

tragarme el mar tan verde y tan amargo

y ser dichoso solamente por estar vivo, rodeado de agua;

qué soberbia la mía oler los pinos del montecito

asomados también al mar, humildemente,

qué fragancia me huele el monte moreno

que se acompasa de olitas apenas pespuntadas

y qué ruidosa la luz que exhalan las nubes,

soy un romántico podrido, por los cuatro costados,

me gusta la vida, me gusta mi sagrada ignorancia.

 

 

Los dientes de la quimera

  Cuando las tardes lleguen, desnudas e insinuantes,

desde la tórrida estepa del desierto del alma,

como una brisa sentirás rozar mi rostro,

respirará la tierra un perfume joven,

yo no estaré cerca para cubrirte con mis besos,

ni oiremos el lento fluir del río,

  la gris montaña no brillará con sus tajos de navaja;

cuando las tardes lleguen, tal vez estaremos solos,

cada cual por su lado, de un modo inexcusable,

entonces se escuchará el silencio, que es nuestro,

aleteará en las desnudas ramas del árbol

y la hermosa quimera enseñará sus dientes. Entonces...

 

 

Tus manos

Tu mano cierta me da tu intimidad,

un paisaje enervado de noches en galanura,

una sombra adherida, un cuarto oscuro,

me dan ganas de beber en el claro arroyo

y todos los colores del Sol que se está yendo,

tu mano me adivina, se apropia mis secretos,

tal vez me estás llevando, o tal vez te llevo,

solo sé que juntos vamos por un solo sendero,

que nos perdemos juntos el uno en el otro,

tu mano es mi palabra, yo soy tu mano

quiero llevarte a mí y en mí dejarte,

apropiarme todas tus cosas y lo que tú te callas,

es un clamor de estrellas decir lo que te quiero,

pero lo pones fácil, nos hemos encontrado.

 

 

El seco mar

Oh seco mar, tan quieto y rutilante,

mueves tus árboles con soltura marina

y haces las olas verdes olorosamente,

oh viejo mar de campiñas inútiles,

sembradas de terrores, de oscuras azucenas,

la soledad te aprieta tu cintura celeste

y los aires encrespan tu desesperanza,

oh viejo mar, arrancado a los sueños,

dejado a la intemperie y a los pájaros errantes,

esperas las lanzas del vigor de los viriles

y en tu escarpadas rocas esculpes la desolación,

chanza y razón, ruido nostálgico, el silencio te viste,

 pero los no ángeles te desnudan.

 

 

Ruido de cristales

En la noche trabajé en la fábrica,

cajas y volúmenes venían e iban como solo pasa en los sueños,

el hermano me observaba, sabía que yo vivía en la mente de su hermano muerto,

desconfiado, leía mis pasos, quería saber lo más hondo de él, nunca aceptaba el trabajo del otro,

ideas y pensamientos conformaban el trailer de una noche realmente incoherente,

al final concluí y le solté a la cara: Desengáñese, su hermano era un hombre honesto.

 

 

El hombre que soñó con su cabeza

Llevo mi cabeza en una caja de zapatos,

de cementerio en cementerio buscándole sepultura,

familiares y amigos podrían dejarme un sitio en sus hermosas tumbas,

 mejor si la tierra está desmenuzada para enterrar mi caja,

llevar mi cabeza para ser enterrada no es chocante sino algo razonable,

el sueño de buscarme una buena tumba.

 

 

Manos cogidas

Somos como dos viejos chochos que se aman,

como dos jóvenes árabes que pasean por el zoco,

como dos niños cogidos de la mano en las filas del colegio,

mano con mano, la mía es la tuya la tuya es la mía,

tú eres yo y me hablas con tu silencio,

yo ni me doy cuenta que soy tú,

los instantes sagrados confunden nuestras almas,

ya nada será igual de ahora en adelante,

he de contar contigo hasta para atarme las zapatillas.

 

 

Autorretrato

( Con santo y seña, con dolor y con amor)

 

Escribo al ser con santo golosino,

al dorado sol y al néctar de la vida,

escribo al mar, que nunca fue destino,

como si el mar me amara o me fuera en ello la vida.

Y no es así, así no soy y pienso que así soy,

no soy del mar, del mito o de los muertos,

soy un hombre sencillo, tal como voy,

no me llamaron del más allá ni de los puertos.

 

Con aire, en nada, con el fulgor quebrado,

esposo juvenil de sueños rotos,

ninguna herida se ha abierto en mi costado,

no cazo hombres ni al alma pongo cotos;

soy un hombre solo y ahora que lo pienso

solo me encuentro a mí y, mucho más pequeño,

por no ser, cada día soy, y fue todo mi empeño,

el pequeño cantor de un mundo inmenso.

 

 

El gato blanco

Tuve una vez un gato,

era blanco y negro, hermosamente joven,

me cuidaba como un gato cuida a un niño,

dejaba que le metiera los dedos en la boca y contara sus dientecitos,

me esperaba en el hall y detrás de mí subía las escaleras,

en la cama dormía a mis pies,

le enseñé a saltar sobre mis manos tras dar una palmada

y saltaba como un hermoso león o como un tigre ágil,

un día inopinadamente mordió mi mano

y pasó por debajo, sin saltar, de manera explícita,

solo le faltó decirme no me toques los cojones.

 

 

El amigo

Un amigo es un proyecto de vida,

si lo ponemos junto a otro hombre parecen lo mismo,

pero hay una imperceptible diferencia,

el amigo es distinto, es otra cosa,

vamos a los bares con los amigos y sobre todo vamos al mañana,

así queremos nuestra patria, la honra, las mujeres y los hijos,

el amigo no acaba nunca, yo no sé definirlo

pero sé que hay una distancia inalcanzable entre ser y no ser amigo,

no por méritos propios sino porque la vida es misteriosa

y concede a los amigos una categoría excelsa dentro de los conjuntos.

 

 

El poeta

No tenía ojos, mejor dicho, los tenía ciegos,

no podía escuchar, luego nunca supo hablar,

un rumor de mar continuo no le dejaba oír el mar,

caminaba siempre en el kilómetro cero, sus piernas no valían mucho,

nunca distinguió el olor penetrante de la cáscara de limón,

 el sexo le afloraba como una espiga al albor de la noche,

era un hombre, sí, todos estamos de acuerdo,

en nada semejante a los demás hombres, salvo un puñado de versos,

sus versos derramaban la fragancia de los hombres

y en las augustas noches, inmensamente llenas de estrellas, callaban con grandeza.

 

 

Las gafas de cristales azules

Las gafas de cristales azules, la pluma bañada en plata,

el rincón insinúa un verano de polos de manga corta,

el pelo teñido, la falda corta, los senos rebosantes,

oh mujeres qué bien os sienta el verano, qué bien, les digo,

a mí me llama el verano como si yo tuviera veinte años,

las magnolias se hacen añicos, las tardes se extinguen,

los ríos tienen ese ruido inveraz de estar llenos de peces,

las columnas me recuerdan a mí, soy una columna andante,

un tórrido Sol habla con desconocidos,

la Tierra entera acaba de obtener el Nobel de la Vida,

con este tiempo siempre quiero ser escritor

y volver mi cara a las cosas de la vida, Carpe diem,

cuando salga a la calle unas piernas abiertas

 me darán el mejor beso que nunca me dieron.

 

 

Carmen la huevera

El árbol, como un almendro, se llenó de florecillas blancas,

del tranvía amarillo bajaba Carmen la huevera en Puerta Real de Granada,

sus vestidos amplios y oscuros de mujer de campo balanceaban una gran cesta de mimbre moreno

que paraba a dos manos sobre el delantal a rayas de las amplias faldas,

la cesta tenía dos tapas que ella abría alternativamente para sacar los huevos,

 grandes y sedosos en sus manos, los acariciaba, uno a uno, dúctilmente

 o abría la otra tapa y sacaba el prodigio de las yerbas y los frutos silvestres,

 collejas para las tortillas y azufaifas umbrías que llamaba selvas,

apenas hablaba más que con monosílabos amables,

la tarde llegaba pronto y ella salía pitando a su pueblo.

 

 

Cuando el ayer era una montaña

Quizás se lo debía, habida cuenta el tiempo que estuve con ella,

aunque tampoco estoy seguro de haberlo hecho bien,

había muchas más cosas, era enorme y yo solo un niño,

el humo del cigarro se escapa ahora de mí cachondeándose,

no es lo mejor que he escrito, tengo el arrepentimiento ante la obra,

se lo debía, ahora parece que es ella la que me lo debe,

el tiempo es maraña de cosas inservibles, mejor me callo,

en cierto modo yo era feliz entonces, también con ella,

he disfrutado su ritmo solemne y apabullante,

pero ya soy otra persona, ¿ debería ser el otro de entonces?

¿ seguir siendo yo sin perder ninguno de mis ápices, estar en la cumbre del todo?

esa obra es poca cosa y la posteridad un cuento chino,

la colilla del cigarro ahora apagada acaba todo su cachondeo,

 me preocupa ser con dignidad, disfrutar de mí,

me arrepiento de no haberme obsesionado conmigo,

ni ella, con toda su enorme grandeza, merece mi ensimismamiento.

 

 

Pocos son los que son y ninguno lo advierte,

de este mar profundo solo puede sacarse profundidad

que es un concepto, no alegoría, ni modo, ni sustancia,

tan solo la distancia enorme que puede suponer la muerte,

cuanto más adentremos el corazón del hombre más necios somos,

pues que todo hombre acaba de nacer ayer mismo

y lo sostiene el cuidadoso amor que lo lleva por los hombros,

el que juega con él por los paseos y le hace sonreír;

hombres, no es que no améis al hombre sino que no sabéis hacerlo,

amar es un principio equivalente, paradigmático, secuencial,

necesita corregir y ser corregido y sobre todo disfrutar,

solazarse en el amor es ser muy clemente con los hombres

y querer para todos ellos la gran felicidad,

que nadie tuerza el gesto ante cualquier hombre,

pues todo hombre es digno de ser amado si somos inteligentes.

 

 

El ser

Pienso que si es altura de un personaje modesto

seré yo. Recorreré los inmensos espacios siderales,

llenos de matemáticas puras y de silencios,

y esa inmensa atomicidad, del hombre más modesto,

pertenecerá de tal modo que viviré dándome cuenta

que el infinito que fuera lo es de verdad, dentro de mí es el ser,

personaje que dispersará el cosmos para siempre.

 

 

Hacemos el ayer

Nos acompañan los soles ocultos,

la gran bóveda celeste nos cobija tras el sol,

omnipresente en mí, quédate conmigo,

vivir es recordar el presente de la fugaz vida,

el hoy mira el ayer que brota del cuerpo:

llegó la hora, tiemblan los carámbanos,

el aire se consume en los pulmones,

se sudan trémulas perlas y renace el amor,

mojado en nuestros jugos, lleno de nuestros sueños,

quédate en mí, haremos el ayer, por estar vivos.

 

 

La montaña

Mi montaña amiga, a tantos metros sobre el nivel de mí,

que mueve su flequillo un viento impetuoso,

tan cerca de mi sol, de mis arrugas la tierra,

sus cuevas insospechadas, mi dura amiga,

frente a los valles inmensos, los bellos y los bajos,

mi corazón tomó por suyo y así me hizo

las tardes inolvidables, tan dulces y hasta frescas del verano,

siempre la encuentro cuando vuelvo a mí,

es alta y espigada, la amiga mía, hasta sabrá mi nombre...

 

 

El hombre que estuvo más cerca

Se acerca un hombre que me llega del olvido,

hace años lo olvidé en una tormenta,

su rostro no me mira ni yo lo miré nunca,

sus ojos son mis pensamientos, sus besos lo fueron míos,

me dejó un corazón que es de lo más discreto,

podría decirle, sin faltar a la verdad, no te conozco,

hemos vivido tan cerca que así es imposible conocernos,

dicen que en la piel del Sol uno se muere de frío,

cuando las lágrimas le cegaron parecíamos estar aún más cerca,

pero las celosas mujeres llegaron para destruir el embrujo,

habíamos edificado una casa que no la destruyera el viento.

 

 

Un día podré soñarte

20 años, 20 palabras, 20 sueños

un sol por uno solo, el aire cálido,

 

oh corazón apenas sabes circular y ya vas corriendo,

verdes praderas, rubios cabellos,

veinte besos seguidos y ninguno es acabado,

 

oh corazón te echabas en el camino y tú eras lo más calido,

debajo del puente transcurría el arroyo

y lejanamente se acercaba otro coche,

 

oh corazón el polvo del camino te cegaba los ojos

y tú seguías corriendo, tic tac, tic tac

te quedaste con todas las cosas que yo he querido,

 

oh corazón tu pecho noble no guardaba sorpresas

seguían los días radiantes y más radiante tu pecho

la semilla sembrada floreció mil flores

 

oh corazón el aire llevaba tus flores sutiles y amorosas

con pizquitas de olores virginales

y el blanco saborear de las nubes acostumbradas,

 

oh corazón sigue, sigue, llamándome en las entrañas

abre las ventanas de mi cuarto y que me entre el aire

tan fresco y tan sutil, debajo de las montañas,

 

un día podré soñarte.

 

 

Los días especiales

Tengo la sensación de que no volverán aquellos días especiales,

los días en los que pasaban cosas extraordinarias, no que fueran importantes,

cosas que ocurrían inesperadamente, las buenas cosas que nunca se esperan,

porque hace ya mucho tiempo que no tengo esos días especiales,

días para regalar a la gentes para las que yo escribo,

esas personas que son sensatas en los manicomios,

amantes en los infiernos, triunfadoras de la poesía aunque fracasen,

gentes que ha merecido la pena no conocerlas, pero intuirlas, pensarlas,

quizás viendo un personaje del teatro o de la televisión,

con las que me siento solidario, de la misma especie, del mismo ser.

 

 

Compañero del alma toma mi aliento,

Nunca estés tan solo como te dejaron,

que no rebanen del todo tus cosas,

aletee mi aliento y mi palabra junto a ti

y restituya todo el amor que te robaron,

para que seas libre del todo y llegues a volar

con la dignidad y destreza de otros seres vivientes.

 

 

El amante enfebrecido

Ay pajarillo alza tu vuelo, aléjate de mí

yo suelo amar y amarte tanto

que no me canso de amar ni de mirarte,

ser músico nunca me hubiera cansado,

tenerte conmigo en cada pensamiento

de sobar tu nombre enfebrecido

y de estar por ti y para ti a diario,

extiende tus bellas alas de un color excitante

y con el blanco purísimo de tu plumaje alza el vuelo,

no haya jaulas para un ser tan hermoso,

aléjate de mí.

 

 

La escuela del mundo

Vine al mundo con muchos millones de años,

quizás en mi niñez, por más reciente, me sabía la lección,

recordaba las cosas que podían hacerme daño y a los falsos amigos,

entonces la verdad fue mi estandarte, mi amiga y mi razón,

con ella firme, huí de las falsas promesas y de los mundos falsarios,

nunca podré tener éxito con quienes hacen de la belleza primacía sin parangón,

pero tampoco quiero ser indelicado con quienes se mienten,

ni tan ingenuo como para querer cambiar el mundo,

yo solo estoy vivo con muchos millones de años.

 

 

La voz que tiembla

La voz tiembla cuando estamos solos y el mundo nos acompaña,

este mundo acompañante qué difícil es ignorar y más saberlo,

la emoción es uno grande de los sentimientos, tiene voz de cantante

y el trémulo ser que un día nació de un vientre,

habita dentro del alma junto los triglicéridos y la testosterona,

también del corazón, la cuna andante de los sentimientos,

la voz te tiembla y yo me siento más unido a ti,

tienes tanta vida que me contagias tu fragilidad,

es el momento de gozarte, para luego olvidar del todo

que es la belleza.

 

 

Los poemas olvidados

Esa voz que me habla es el yo que me habita,

un día cantó y hoy lo hace por otro,

cuesta dejar de ser el yo que hablaba ex cátedra,

desde el oscuro vértice de las palabras de otros,

llevamos sobre nosotros la otredad amurallada,

el auténtico ser apenas si tiene espacio entre la ley y el pueblo,

nos hace, nos deshace, nos lleva y nos trae en el desconocimiento;

por eso, al olvidar mis versos, me rescato doblemente,

tengo nuevo rostro, otra voz me desacostumbra, otro sentir,

también un dolor vago que no sé localizar exactamente,

el extraño picor que juega a equivocarme,

no me da vergüenza estar en la ingle de los pueblos

y que ellos me lleven hacia el amor o hacia el desagüe,

solamente el campo, los árboles, el río, me hacen libre

con su palma de la mano llena de arrugas,

la constante y cristalina seguridad de las piedras,

el sonoro vacío que dejan los vientos y los rayos,

los poemas olvidados.

 

 

Nada más despertar

Al despertar del día volvemos a nacer,

podemos borrar en la noche los días anteriores,

son como frutos, algunos tan malos, que se deshacen

y van a parar con sus huesos y pieles a la basura,

cada día nos renovamos y cambiamos de nombre

ponemos el que más nos gusta, miramos

las mujeres que nos apetecen,

cada día morimos en nuestros brazos,

que no es cerrar, ni huir, ni cambiar, sino volvernos polvo,

el polvo enamorado de la libertad.

 

 

Cuando paseo por la tarde en el ancho sol,

te miento al mirarte y al emocionarme,

creo que siempre te mentí y me acostumbré,

ahora mismo te miento cuando te olvido,

sigo mintiéndote, mi mundo es una mentira,

te llegué mintiendo en un suave avión,

aterricé pálido y sumiso en la ciudad de cristal

y pronto me llené de ti, totalmente,

tus palabras se hicieron verdad toda mi vida,

aletean sobre los cristales que el sol enrojece,

trémulamente se hunden en mi vientre,

todo mi cuerpo es una callosa mentira,

que dice te quiero, que dice me gustas.

 

 

Ser por ser y no serlo nunca,

ser para no ser y no encontrar la dureza del no ser,

ser también, y es hora de decirlo, la quintaesencia:

el mundo maravilloso, hermoso del pensamiento,

un ruido azul turquesa entre los montes azules,

yo mismo en cuclillas

colgándome faroles y palabras agarrotadas,

el dulce olor a esencia derramada

la primavera frugal en las esquinas del alma,

corriendo por praderas dulcemente frescas,

al tuntún del silencio, a veces un zumbido,

hago proposición de mis partículas elementales,

la fosforescencia de la fotosíntesis,

hoy pensé en mi casa, la puerta,

al abrir, me abro, al entrar me entro,

cada habitación es mi cuerpo en decúbito supino,

siempre pasó algo atrevido y placentero,

la luna de los espejos reflejando mi ser,

¿ soy yo o no soy yo?, pienso en los libros...

 

 

Silenciosamente

Otra vez mañana me habré ido

esta vez para siempre, se quedará el paisaje,

los árboles cautivos, también las aves,

no me olvidaré los peces, sin peces no hay amigos,

resonarán los aires golpeando las puertas,

es manía muy antigua el dejarlas abiertas,

se entonarán las nubes encendidas de rojos

y el sol tan rutilante te cegará los ojos

y yo ya me habré ido,

esta vez para siempre sin volver del olvido,

habrá días alegres que cantarán canciones,

las calles solitarias que amanecen tranquilas

y sonará en la fuente el agua que desperdicia,

todo será igual a como hubo sido,

repicarán campanas, se jugará en las escuelas,

los mares llenarán turistas y clientelas

por la ciudad encendida subirá su luz

tan blanco como el ocaso brillará el grisú

y yo me habré ido

y todos, bien con mal, desde la misma gente,

no quedará jamás ni rastro de ponerme,

tal como vine fui, silencioso, sin ruido.

 

 

Las estrellas estrellan

Las estrellas son como mi estrella,

pequeña, veraz, echa añicos,

  dice cosas interesantes pero no quiere que yo las entienda,

 traviesa, puntiaguda, saltimbanqui,

 estrellita, ¿ escribiré alguna vez buena poesía?

las estrellas ríen y alguna maleducada me muestra su dedo erguido,

mis campos están llenos de estrellas

pero mi estrellita se aburre y no me lo disimula.

 

 

El goce de la vida

La vida sigue pisándonos el cuerpo

dejándonos sus pasos de huellas inhabitables,

largos caminos, salidas, bocacalles,

y el ancho mar, inmenso, intransitable,

la vida sigue con su dolor en el viento

saltando cumbres, esquinas, en las ciudades,

su espíritu fugaz, de hombres, acumulable,

se balancea y no la escucha nadie;

la vida escribe por el oído ajeno,

que no calibra y piensa mal por talle,

la que trabaja rudimentariamente,

la que nos lleva perdidos a sus finales,

oh vida escasa, fragancia de la rosa,

escrita en tablas y rota en sus murallas,

vida de paz conforme están las cosas,

tan bella es como pronto acaba.

 

 

Paradoja del ser único

Impensado mi otro yo se va conmigo

de mis ojos su vista es más alcance,

de su tiempo el amor imponderable,

al rigor de la verdad y de su abrigo,

otro ser, otro aire, el pensamiento

puro e inmarcesible vive dentro,

si por dentro yo manejo los detalles

él por fuera me dirige como nadie,

vino en mí mas por mí nunca me vino,

que ya contaba antes su presencia,

se hizo yo, mas pronto fue advertido

que no lo es en nada en esencia,

mi otro yo se insacula en mis manos,

sobre el cuerpo describe lo profundo

más que yo y siendo de este mundo

yo le dejo seguir mientras me acabo.

 

 

Las incontables hojas del árbol

Las hojas de este árbol no tienen excusa,

son tan bellas y tan simples,

tan educadas y difíciles de dibujar,

su mismo verde es un complicado verde nada hostil nada hiriente,

son como las ramas, ramas que se cuelgan de las ramas,

que acarician como cabellos al viento

y se dejan acariciar, son tan sencillas

y su perfume todavía está intacto;

dentro de sí tienen un secreto que cura los corazones,

también lloran si los vientos las azotan sin cuidado,

son lanzas de amor que vencidas derrotan

e insinúan que ya es hora de dormir

cuando nos dan en el rostro si paseamos tarde

por un camino explícito, tan cerca de nosotros.

 

 

Los pinos

Los rayos de luz se adentran explícitamente en la quietud del lago,

las aguas se llenan de color champán, dulces y embriagadoras,

mas ya no quedan bufos ni silfos solitarios que las beban,

las astrología menuda sube y baja por las columnas del color de la uva,

placidamente la quietud se mueve en la luz,

arpegios dorados cruzan sobre las escamas de plata de divertidos peces,

el aroma de los montes, llenos de pinos, eleva los cielos,

prontamente la tarde cae como un espeso Sol

y oscuramente la soledad se nombra a sí misma,

cuando el hombre falta, a nadie se echa de menos,

pues nadie se bebe los dorados champanes de la memoria.

( En esta hora el lago tiene una quietud penumbrosa y sabe que lo que digo es verdad.)

 

 

Rueda dentada que gira por el espacio

En la vida de un hombre un año equivale a otro año,

y todos los años juntos apenas son un año,

hemos pasado el tiempo tirando cosas arriba

que luego caen, impepinablemente, sobre nuestras cabezas,

cuando somos conscientes y radicales con nuestro ser somos felices,

porque vivir plenamente nosotros mismos es lo deleitable,

aseados, bien vestidos, decididos, constante el ejercicio físico,

no hay gozo mayor para el hombre que gozar su existencia,

y no permitir, jamás, que los imbéciles la mancillen con sus tonterías.

 

 

La esfera negra

La negra esfera que del vivir es planta,

tanto brilla en el azur, como se espanta,

como un vientre obscuro que de cristal resplandece,

o como la noche grande que lo embellece,

con lados sin las formas, las formas sin los lados,

tan ancha para atrás, como adelante atados,

como una madre o como una fiera boba,

ya sea atolondrada, o argucia que nos roba,

por todas partes o solamente arriba,

tan bella como un mar, o solamente viva,

la negra esfera de amor es bella y fría,

seduce con hundirnos y con abismos guía.

 

 

En aquellos tiempos

En aquel tiempo yo respiraba,

cosa que no era poco en aquellos tiempos opresores,

también comía y disfrutaba el sexo,

era un tiempo hermoso para mí,

fragante para mi flor nueva, para mi mente clara,

pasaban nubes, terrores, furor y fuego

y de aquellas cenizas saqué sonrisas,

lo que tampoco es poco reír ante los malos tiempos,

¿ habré aprendido la lección y no escucharé

a las negras nubes, los terrores y el furor del fuego?

¿ sabré solo quedarme con mis sonrisas,

con la fragante flor nueva de mi pensamiento?

¿ o tendré piedad de los malos, que me suele pasar,

y pondrán su bota sobre mi cabeza a la menor ocasión?

 

 

Sin hacer nada

Sin la palabra, tan solo con el cuerpo,

en la penumbra de la noche un día

me dí de bruces con la melancolía,

crucé mis dedos a modo de anticuerpo,

me cachis en la mar el mar está solo,

abruptamente verde como un olivo,

seguramente tiembla, de terror vivo

y solo con bramidos espanta el dolo,

sin la palabra, tan solo voy viviendo,

contando las partículas que me hacen,

el equilibro exacto, la paz que pacen,

mi solución es vivir hasta muriendo.

 

 

Un dios distinto

En aquellos tiempos yo era un dios serio,

todas las gentes me parecían superficiales, algo estúpidas,

incapaces de estudiar completamente una teoría científica,

nada escrupulosos con la buena ciencia,

me decían que eran mis hermanos y yo no los quería ni como primos,

les gustaba el fútbol, las mujeres y hasta la fría cerveza,

menos mal que los tiempos cambiaron y me hicieron un estúpido más,

ahora todos me parecen sabios, lo cual también es sospechoso,

el espíritu del genio que nos habita y explica un poema de mil maneras,

el mismo que hace que en la paradoja la partícula sea y no sea al tiempo,

 me temo influya en mi ánimo y algo me quiera decir con sus intrigas,

porque es lo cierto que el mundo sigue con sus tonterías,

solo que yo echo de menos a mi antiguo dios,

 sabía estudiar y nunca era superficial.

 

 

 Mínimo quantum posible

En aquellos tiempos había un dios que habitaba la tierra,

distinto, orondo, brillante como la piel de una manzana,

sabía distinguir el bien del mal y nos lo decía,

nos decía qué debíamos hacer para ser felices y lo creíamos,

en aquellos tiempos los hombres eran creyentes que es modo de ser sabios,

se peinaban al gusto de los dioses y caminaban con soltura,

cada hombre parecía el arquitecto del Partenón,

en cada hombre había la brillante disquisición del minimum quantum possible,

conocíamos el remoto espacio de lo más pequeño, el peso del alma,

todo esto nos permitía soñar y crear nuestros propios dioses,

algunos austeros y otros no tanto,

en los hermosos cotos figuras mitológicas, de poca imaginación, vagaban etéreamente...

fueron tiempos magnánimos cuyos esqueletos aún permanecen

y en las dulces tardes, en los círculos de los vientos, se oyen como un murmullo,

 los pechos nos descubren sus mágicas mujeres.

 

 

La araña

 Los narcisos agoreros exhalan un tierno elixir,

sus tallos verdes erguidos como penes,

la dulce armonía blanca se descompone

y caen las cascadas dulces como la miel

en el viejo oscuro jardín las flores centellean

y placidamente se entregan a los juegos amorosos,

una fragancia inútil hace que la vida sea útil,

mejora los dorados brocados del jardín,

la dulce estancia se alfombra de cosas humildes,

una araña se pasea con cuidado, tened cuidado de ella.

 

 

Algo he hecho mal

Me ha bastado lo poco y aún lo mucho sobró,

no he sido hombre de elocuencias y grandes monumentos,

me basta la escasa biblioteca de un río

que baje cristalino casi pidiendo permiso

y no palabras y más palabras, los atracones de obras de arte,

algo he hecho mal cuando leo mis muchos poemarios,

todo lo mucho cansa y en mi caso hastía,

sobradamente sé que en la Naturaleza no hay sitio para la soberbia.

 

 

El poema instantáneo

Un poema breve nunca sale del corazón,

es una pizca, una centella, una estrella fugaz,

parece bellísimo, estremecedor, porque es veloz,

 enciende la luz en los párpados,

si yo me lo digo es como un beso inútil que me doy,

también necesito besos, quizás sea lo único que necesite,

amarme enteramente, con todo mi cuerpo,

como si pasara los labios por mi pecho

y me diera un gusto seco que me divida en dos:

  a una parte estoy yo y amara a mi otra parte,

y el culo se me partiera de tanto amor.

 

 

Los dueños

Te visten y te desnudan,

todas las noches desnudan tu cuerpo

que orondo se estremece y se exalta,

todos los días te cubren el rostro,

como si la vida sintiera vergüenza de la desnudez,

y con sus palabras, todas las palabras,

taparan tus tetillas erizadas y tu respiración,

la vida siente reparos de las manos ávidas y las miradas a las ingles,

lo más importante es taparlo todo con las palabras

aunque las palabras sean el semen que eyaculó la noche.

 

 

La huerta ante mí siempre

Escribo para mí, cuánto te quiero,

las tardes tienen un campo rubio lleno de sol,

abajo el río, pequeño, medio oculto, de hábiles profundidades,

discurre buenamente defendiendo a sus peces,

los árboles se llenan de moradas ciruelas,

un humo quebrado sube y se desvanece,

escribo para ti, no me interrumpas,

pongo cara de sapo sabihondo, escucho atentamente

en la esquina del jardín el trajín de los hombres,

no quiero alargarte el poema, quiero que sea veraz,

 la verdad es una ofrenda fragante para el amado,

en este caso tú.

 

 

El teatro romano

En las gradas del teatro titilan las margaritas,

aquí estuvieron miles de gentes que oyeron estremecidas

las trágicas palabras de los autores clásicos,

la vida entonces tendría un mágico argumento,

los versos fueron el fundamento de una buena teoría,

en las gradas del teatro hoy titilan las margaritas,

el cielo se embellece y las palabras apenas si se leen escritas.

 

 

Los oscuros ríos

Cuando llega a la ciudad el río cambia de cara,

aún en lo farragoso del día atormentado ralentiza su cauce,

bajo el puente mira al pasajero que lo contempla

y se hunde levemente en la sombra de los arcos,

no precisa de Sol ni de viento, se la traen floja,

es un río ciudadano que ha conocido a miles de sinvergüenzas,

esos hombres que mienten desde niños y son unos golfos,

su filosofía es simple: no pasar dos veces por el mismo sitio,

tampoco ser transparente, en la ciudad está mal visto,

ni oler demasiado mal como huelen las acequias,

pero si alguna vez veis un pez en estos ríos ciudadanos

 contempláis a un héroe, con esto lo digo todo.

 

 

En los brazos de Morfeo

Me gustan las mujeres en verano,

de pronto aparecen y un nuevo ser me sale,

 la puntita del cuerpo quiere libarlas como la abeja a la flor,

me doy tan pleno que del todo me doy,

no se lo merecen, es verdad, pero así es la vida.

 

 

Espacio

 Oh espacio que me acoges en tus divinos brazos

y restituyes mi alma en mayestática esencia,

oh luces y penumbras acogedoras

tendidas sobre mí abriéndome al espacio,

oh silencio que me acompañas íntimamente,

más adherido que mis huesos, mi sostén.

 

 

Los ríos coronados

¿ Cuantos chinarros estarán río arriba,

entre las blandas hojas de las aguas del río,

pellizcados por pececitos que mordisquean sus vellosidades?

Nadie escribe la historia de los ríos, realmente, con paciencia,

yo sí, porque los amo y no les quito ojo,

me gustan los ríos, la languidez de sus aguas,

hasta el runruneo sobre la poza me suena insinuante,

los ríos son todos excelsos y merecen la corona de las hojas de sus árboles,

están llenos de fragante cultura, pues siendo de todos nunca es vulgar.

 

 

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La nueva ciudad

  Ciudad en rectas proyectada,

ventana que nadie abre muro borrado,

campos y más campos, lluvia de cristales rotos,

 ciudad amontonada donde se pasean los cadáveres

que acumula rincones y cubos paralepípedos,

ciudad proyectada en volúmenes discordes,

ojos que nos miran, bocas que nos tragan,

polvos y más polvos, gentes famélicas, abrigos rotos,

sin un solo mural digno de verse, con borrones y manchas,

pisoteada por los cielos, meada por los perros,

su música es el canto agudo de las sirenas,

que nunca duerme del todo y nunca se levanta,

de ladrillos podridos y de caras pálidas

oh ciudad que siempre vive en barrios extremos

y se baña en los oscuros socavones que la socavan,

 que es un grito anónimo de macetas no regadas,

con bares que se hunden en la oscura soledad

y campos improvisados del fútbol por chiquillos

que se entregan al juego como a un deber inconcluso,

ciudad parada, en medio de los campos,

la pobreza se exhibe, las grietas no se tapan,

 también la paz destruye la ciudad hasta con saña.

 

 

Las oscuras iglesias

En las oscuras iglesias los oscuros rincones rezan oscuramente,

el polvo de los siglos desenterró a sus muertos

y una oscura fragancia es salvífica oración,

por esos rincones muestro mi dolor profundo,

la caricia que el viento nunca acarició,

los rostros que se fueron, las risas que se perdieron,

los momentos atentos que prestaron atención,

cuando yo veo a un pobre andrajoso siempre lo pienso

nació un día, una madre lo tuvo en sus brazos, lo amamantó,

qué fácil es entonces que los oscuros rincones recen una oración

por los que se quedaron solos, tan solos como Dios.

 

 

La cultura

 Me gusta pararme ante las grandes cosas,

la naturaleza, y no lo digo por ser un lugar común,

siempre me asomé a su grandeza desde los altozanos,

ya fueran bosques, mares o tierra solo,

hablar con el mundo vital y único,

frente a lo inmenso y no esperar que me devuelva el pensamiento,

el pensamiento suele hablar consigo y contestarse,

ya sé que parece locura, pero es cierto que nos hablamos solos,

basta que ese mundo enfrente sea callado y sea tan grande

que subir y contemplarlo sea un acto de cultura.

 

 

La herida

Tengo una zanja en mi corazón,

tanto tiempo la llevo que no me doy ni cuenta,

seguramente llora en mis horas ocultas,

lamento de una fiera o de una constelación,

es una llaga luminosa que enciende la oscuridad,

la llama fría que me quema como el fuego,

tengo un dolor hondo que ni le pongo nombre,

me parte el pecho en dos y no me alivia,

seguramente una mano asesina me dio un tajo,

otra mano asesina podría meter en ella sus cinco dedos

y tocar el piano sobre mis pálidas costillas.

 

 

Ante el espejo (Dibujo de José Mª Torres Morenilla)

 

El espejo

Yo me miro en el espejo y el espejo me mira,

 me regala el infinito,

  la luz proyectada que vive tras las cosas,

el inmenso tiempo que contiene el instante,

si le acerco mi aliento se le nublan los ojos

 hasta el espejo me ama.

 

 

La caricia

La caricia es la grafía del corazón en las antenas de los insectos,

 la sublime cultura.

 

 

La cabeza de cristal

Cuando los asesinos se enamoraron  la muerte fue de cristal,

una cabeza de cuarzo que gira mayestática entre los rayos sólidos

que muestra el gran vacío de toda cabeza hueca,

crisálida del mundo rueda por otros mundos,

los visionarios telescopios la tomaron por una estrella

pero solo es un lamento de la cristalizada materia,

gira mayestática con todas las constelaciones,

ni el frío la entumece ni el calor la acojona,

luego, derramada, más valiosa que el oro, se hace agua

 yo la bebo, la bebo insustancial por mi sueño atormentado

 hasta que mis entrañas gritan por el dolor de sus pinchos.

 

 

Detrás de las ciudades

Hablo del monte, del río y de los seres buenos,

de quien vuela con alas y el pensamiento,

de todo cuanto el sol calienta y bulle dentro,

me regaló sus sombras y su frescor,

el latido de las fuentes y el calmoso río,

la dulzura del paisaje y el buen olor

de la tierra cuando suda y el aire...

Oh campos que tendréis hijos y más hijos

y los hijos de vuestros hijos serán nuestra patria,

la honda tierra que a los hombres da

la única verdad que en el alma ata.

 

 

Homero

Siéntate en mí,

dame las hundidas perlas de tu no mirada,

 me gusta parecerme a ti y verte repetido.

 

 

El hombre

He crecido sabiendo día a día que soy pequeño,

entre las grandes casas de enorme edificios,

las carreteras altas sobre los curvos puentes,

la enormidad me cubre con su abismo a mis pies,

hasta las mismas gentes me hacen más pequeño,

he crecido hacia abajo, el gran mundo redondo

 desde los cielos gira, me hace aún más pequeño, disminuye mi ser:

se crece cuando sabes que nunca serás grande

y es inútil el empeño, se crece al revés.

 

 

Poema de amor

Soy inmaduro pero contigo maduro al instante,

crezco por donde más me gusta,

me hago un hombre duro como el pedernal

y al tiempo mi boca es un manjar líquido,

 saco reservas del aire y al instante me las bebo,

tu amor es insaciable a ciertas horas, que otras no,

soy tu soldado, chavalillo de los pantalones de punta,

que roza el cuello de tus piernas, y presumido,

creo que tú no te enteras del todo,

somos como los amantes que nunca se enteran del todo.

 

 

El hombre que perdió su nombre

Hubo una vez un hombre, que no era muy hombre,

el pobrecillo quería pasar por ser hombre

pero nunca engañó a los maliciosos,

que torcían la mirada al nombrarlo

y nunca le hicieron un hueco en sus charlas,

ese hombre se murió como todos,

también aquellos que le escarmentaban,

y luego, cuando ya no hubo remedio,

desde el otro mundo santísimos doctos le dijeron:

fuiste tonto, los que te torturaban con saña

penaban en ti sus pecados ocultos,

digamos para terminar que las mañanas limpiaron sus heridas.

 

 

La ciudad

En una ciudad pasa de todo

pero como los buenos escritores todo lo cuenta fácil,

las gentes sufren, charlan y padecen en sus piernas,

las esquinas hacen de la vida una prostituta llevadera,

la ciudad es el poema insuperable,

millones y trillones de buenos versos,

cuando el sol pasa por ella, con discreción admirable,

hasta la lluvia se civiliza cuando llega a la ciudad,

me gusta la ciudad, me da en las ingles su baño de inteligencia,

me lo sube todo, hasta el coeficiente intelectual,

porque me deja pisarla y olerla y ser el que soy.

 

 

La ciudad

La ciudad es el museo de los poemas,

ningún poeta llega a ser nunca un gestor de poemas como lo es la ciudad,

nada escapa a los presentimientos en una ciudad tan grande,

detrás de los cristales escapan como lágrimas

que lloran luminosas en el frío cristal,

la estancia dibujada por las rectas de los muebles

en su techo hay una enorme calavera verde

que escupe un perfume sanguinolento de esta mañana mismo,

de un día negro y noches de cristal.

 

 

Mi amigo

Apuesto a un amigo,

y a un amigo sobre otro amigo,

amigo de amistad líquida,

de virtud sometida,

de campo inexplorado,

amigo tan ruin que me lo quita todo,

hasta los buenos pensamientos

y que se agacha y me ofrece

sus dos senos diminutos,

amigo de las virtudes incontroladas,

de los seráficos vientos

y de las noches luminosas,

de las jugosas palabras en el bar,

donde la soledad se echa un pulso

contra los suelos sucios,

tengo un amigo valentón

que opone su pecho bárbaramente,

y su barba escuece solo al mirarla,

mi amigo embraguetado,

padre de mi alma,

por las esquinas de mi corazón sentado,

con muchas tardes a cuestas

y muchas sombras penetradoras.

 

 

La felicidad estalla sin avisar

He mirado al mundo como un espejo a veces rutilante,

otras entendía que me quedé solo en los días más tristes,

ahora pienso que la felicidad estalla por sí sola,

la vida es un yo multiplicado que exige neutralidad,

el fracaso de unos nunca dejó de ser también mi fracaso,

las heridas que me muestran me duelen en los testículos.

 

 

El Sol

 Escribo porque el Sol da en las paredes del cementerio

y me entristezco: la vida es efímera,

cualquier hombre merece vivir un poco más,

¿ De qué le vale al arrogante Sol ser tan poderoso

si todas sus criaturas acaban muertas?

Escribo, porque de pronto me brota la tristeza

y no es por mí, nunca me escribo a mí,

escribo para ti, súbitamente.

 

 

El respeto

Cada ser de este mundo es una constelación,

a veces titubeante como el insecto por el jardín,

el respeto se cartografía en la indiferencia y en la libertad,

respetar es no hacer lo innecesario ni gustar lo superfluo

para saborear el fracaso ajeno,

todo ser es centro de un universo y lo arrastra por el jardín,

solo el ojo sabio sabe romper el respeto con su mirada amorosa.

 

 

La vida es un baile

No se me olvida el baile de una música

que dentro de mí bailaba, de las palabras

que yo unía para ti y tú las desatabas.

Yo nací cantando y por cantar nací,

fue así como aprendí a querer

y fue pasito a pasito como aprendí a vivir,

para volverte a ver, para volver,

he de bailar un baile que la razón no vuela,

pues sólo el amor es capaz de unir

lo que en la larga vida siempre será mi espera.

 

 

El banco

Echo de menos la soledad de un banco

que se siente conmigo

y que descanse...

 

 

El arte de repartir

Alguna vez alguno dio su parte

y en parte por ser parte otra parte dio,

 no es del todo cierto que el que todo reparte

 reparta todo del todo si alguna parte dio,

 que en esto de partir parte con parte

no fue el todo la parte que alguna vez se dio,

 es más, y con razón lo digo, quien la dio,

 aún teniendo ante sí todo, de parte a parte,

 estando de su parte la mejor parte quedó.

 

 

Mi río eres tú

Oh río por quien pasaste

tantos los años, tantas las gentes

y te llevaste tanto de aires, tanto de sol,

herida de agua bajaste por las riveras,

alegre tu paso hermoso con pies tan fríos

y el alboroto de tus piedras

tan sabio y lento y escurridizo,

río de tantos años y tantos pueblos,

sabio, silente, acompañando

por los resquicios, tierras labradas

y gran hartura entre las nubes

que dibujabas en días calmosos

y reventabas con juventud,

el río de todos, generaciones

te contemplaron, se animaron a hundirse en ti

y te bañaron sus carnes cálidas,

trémulas, alborotadas

y tan gozosas de tenerte a ti,

entre tus brazos, tan tiernos siempre

y tan fríos, del mismo amor

que abre caminos y se desviste

por tus senderos

 que has recorrido, desde siempre

mi río eres tú.

 

 

En tu pecho se mueve el Universo

En las ventanas de tu pecho se abre el universo,

son todos los astros juntos y ninguno lo es,

 el gran sol oculto y negro lo engendra,

sus días no son miles, ni son más, ni un solo día,

bellamente salen los astros y duramente son bellos,

corazones de piedra y gases en fuego se consumen,

giran impávidos nunca pueden huir, pues todo es contingente,

y tú, la más hermosa, ¿ te paseas triste en tu hermosura?

Abre tus pecho y siente fúlgidamente la caricia de su vuelo,

te besarán las tetillas los gruesos labios de tu amante

y brotarán de tu pecho como bulliciosos astros

los ágiles espeluznos del mejor de tus amantes.

 

 

El camino

El paseo se adentra imperceptible en mí,

por mi cuerpo camina como un compañero.

 

 

 Virilidad

Cada día que pasa soy más viril,

de niño apuntaba maneras, la defensa a mis hermanas,

era algo ínclito, que habitaba mis genes,

ahora, cuando la vejez para mí es también recia,

 hago mis ejercicios físicos a diario

y ordeno ascéticamente mi armario,

los trajes bien alineados, las camisas sin arrugas,

 visto y calzo solo cosas de hombre,

rechazo la ambigüedad en las formas y en el fondo,

lo viril es un paseo del alma en busca de lo honesto,

la verdad alimenta mi cerebro y mis músculos,

 tomo partido por la marcha a buen ritmo,

que es una manera de no traicionar a mis huesos.

 

 

Soledad es la raíz de todos los árboles

Si cuento mis amigos me cuento un cuento,

mis amigos no cuentan si mi patria huye,

un consejo de dar siempre fue de recibir,

plañideras me lloraron por surcos interminables,

sus rastros por los paseos de las fuentes hoy secas,

todo está solo en la soledad de las ciudades,

los gritos no gritan, las miradas no miran,

amarga es la estancia de los dioses desocupados,

oh plomo derretido en las calaveras sin nombre,

augusto paseo de cipreses por caminos empedrados,

las capas voladoras, a galope tendido,

 el duro sonido de los cascos acerca a un amigo,

la tarde se extiende como una esmeralda fulgente.

 

 

Lo pasado no es ser

La misma suavidad que tiene hoy

forzosa es dureza inquebrantable

mirar el ayer pasado infranqueable

en la virtud en que viviendo estoy.

 

La misma senda y el alma me la doy,

quebrada estampa de un mundo insuperable,

será presente mas nada es inmutable

si está cargado de lo que en ser no soy.

 

Por mis dichas y amores irresolutos

por tanto azar cambiante entre las gentes

el universo dio partidos impolutos.

 

Mas radical y por seguir a los entes

de un lado a otro fui de fiesta a lutos,

para acabar en cosas intrascendentes.

 

 

El guerrero inveterado

Mi brazo para el escudo,

mi caballo negro y bravo,

el alto correr del día

sobre el fuego inmaculado,

correr, correr, a galope

sobre el país conquistado,

luchar en tiempos de guerra,

por siempre alborotado,

de aquí para allá

las sombras se han disipado,

soy la victoria del hombre,

guerrero inveterado,

venga mi escudo deprisa

heme apenas levantado

que corra el día con mi ira,

recorra el país conquistado,

no queden mis enemigos,

en mi frente he soñado

una victoria gloriosa

un vivir ilusionado,

de aquí para allá por siempre,

¡ Victoria, soy tu aliado!

 

 

Venid a mí

 

He llegado a la conclusión que los cristianos, a diferencia de otras ideologías,

aportan un halo de humanidad, de clemencia y de misericordia a la vida que le da

 una profundidad todavía desconocida.

 

 Cuando yo era un muchacho la soledad era mi coraza,

iba a todos los sitios más impropios para la juventud

y hablaba con gentes inicuas que nada podían darme.

 

Voy con vosotros, de mis soledades vengo,

tened mi frente, posadme vuestros besos

abridme el corazón, al aire, a la sal de los destierros,

sonadme con los ríos, calladme con los tiempos,

sembradme vuestras dichas dentro de mis sueños,

venid, venid conmigo, aún estamos a tiempo

en rotundas madrugadas, con los cristales inhiestos

heridme por las venas el dulce amor del eco

que en las sonoras montañas suena el silencio,

quiero vivir, seguir, quiero quedarme eterno

si antes vine muerto.

 

 

Yo escribo al borde del abismo

Al límite de un hombre muy limitado,

en el infinito insaculo de la fosforada

y en la alta profundidad de una olla vacía,

escribo y me sale un rollo en el que me convierto,

me lío y doy vueltas sobre lo mismo

como esas mariquitas del jardín que se hacen pelotas,

mi gran sabiduría fue encerrarme en mí,

como si el mundo acabara mañana:

Oh muerte escribe en mí tus manos frías,

llévame a la frialdad total que habitan los astros,

a la oscuridad remota, al límite del ser,

para que entienda de una vez la violencia de los hombres.

 

 

¡ Oh hermosas ninfas, rescatadme!

Si ayer pasara por mi calle ni le hablara,

yo me iría a la otra acera al momento,

ayer fue un pasado cruento, mató mi alma,

y me dejó incruento,

si ayer me viera ni lo viera,

huiría de él como de un maldito,

me alejaría aún más lejos, al infinito,

que el ayer me matara y me doliera,

yo fui un niño feliz y desde entonces

se atravesó un borrico en mi vida,

me persiguió, me calumnió enseguida,

me quitó la moral e hizo incruento.

¿ Qué es un Ser que nunca fue temido,

que hasta los niños se sentían valientes al ofenderlo,

un judío sin raza, un sabio lento

paseando por un ayer que lo hizo incruento?

 

¡ Oh hermosas ninfas, rescatadme!

preguntadme por las esquinas si quiero vuestro amor,

donadme, todas vosotras sois para mí una flor,

con mucho quiero gozaros hasta hartarme.

Que el pasado se me muera, y el mundo alegre,

más ligero lo digiera, yo escupe lejos

y el ayer se me olvide para siempre.

 

 

Oh tú mi sol en campo en mí llevado,

aliento y alma en mi poesía escrito,

oh tú mi bien, excelso tan bendito,

dentro todo de mí, mi bien amado.

 

Tan grande como bello e inaudito,

portento en uno de la virtud has juntado

el oro que regalas en aro descrito

y el halo de armonía que te ha lanzado.

 

Oh sol que repetido haces historia

y traes y llevas por el campo atrevido

el trono de los dioses en tu gloria,

 

que a la Tierra llenas encendido

del calor que da vida en tu victoria

sobre las sombras, sobre la luz uncido.

 

 

El gran misterio del hombre

Dentro o detrás de mí, en alguna parte

vive un ser de verdad que a veces siento

es mi yo y no es mi yo, parte en mí incruento,

que generosamente oculta su gran arte.

 

Mi yo sabe vivir sin mí y aunque reparte

su vida con la mía, no es Dios ni es mi cuento,

sino lo más completo de mí mi aliento

que de verdad me hace entero y me comparte.

 

Saber que yo no soy yo en adelante

parece como locura desatada,

pero es el misterio y lo importante.

 

El no saber de mí me da ganada

una vida que oculta a un ser gigante,

el que a ratos soy, y no es buscada.

 

 

Los gritos del agua

Un grito del agua huye hasta desaparecer del cielo,

yo mismo, ahora, pienso, tuve más salud,

alegre correteé por amores impúdicos.

 

 

El hombre que vino de la eternidad

Me refiero al hombre que vino de la eternidad para morir,

para gozar de una muerte incluso matemática,

para tener un ramillete de cosas buenas que solo tienen los mortales,

la libertad, la valentía, los días perdidos, el amor,

la astuta ignorancia que pasa por ser inocente.

 

 

Me conformo

Yo me conformo, si miro alrededor yo me conformo,

con ser como la rosa, que es efímera,

con soñar con las sombras,

con dormir por el día,

con recoger en mi frente

todo el frente dorado de la poesía,

con sembrar con mis pasos el triste paso de un hombre,

con mirar la belleza que a los grandes inspira,

con mirarte a los ojos, con oler tu perfume,

con oírte, reír, con callar, con morir, también,

que la vida me cansa y me da miedo perderte...

 

 

Tu cuerpo

Tu cuerpo lo recrea mi mirada, que te envuelve y se queda

totalmente acabada, que muero por mirarte y por sembrar mi fuego,

tu cuerpo lo mueves como un reloj oculto, cambiándole de horas y de mundos,

como un río que subiera a la montaña,

como una luz quemada que, en medio de la noche, se consume y me baña,

tienes el perfume de los bosques ancestrales,

llenados de malezas y de sublimes paisajes,

urdidos en las estepas y en los terrores viejos,

bajados a los ríos tranquilos, y a las rojas mesetas,

tu cuerpo es la soledad, la gran poesía hablada

la noche trasnochada, el lupanar, el delirio de mi mundo,

tanto querer estar, tanto quererte, que mis días ya no cuentan...

 

 

El amante de la luz

 Quiero pintarte el cuerpo con mis deseos

poner en el lugar de otro mi corazón,

besarte tierno sobre las espaldas

hundir sobre tu pecho mi idolátrica voz,

quiero quererte joven y como un negro potro

que al pronto se levante y encabrite las patas

amar frenéticamente, lo inquieto es el amor,

saborear tus besos sentir su empalago

que brille austeramente la luz en mi rincón,

sin despertar dormirme reposar en tu pecho,

y acompasadamente navegar como un soplo

en la blancura alada de nuestra juventud

por el momento breve que nos junta a los dos,

que luego, jubiloso, después de haber amado

sentir que he reposado y que he nacido nuevo,

brillar, ya sin deseos, como brilla la luz

en un ocaso leve tal como muere el sol.

 

 

Me gustas tú

Me gusta la consonante que no pesa,

la clara luz que escrita sigue clara,

me gusta verte, por una vez, en mi vida,

me gusta que me guste a quien yo gusto,

gústame de una vez por todas y al principio

este gusto que me sale inconocible,

esa crepitación del ser ese indecible

gusto de ser gozado  imperceptible,

me gustas tú, y es hora te lo diga,

como un jardín en medio de la tarde,

como un verso atorado que se sale,

como una noche errada de regustos,

y cuando esté de gusto resabiado,

con cara de partida moribundo

 que me guste la muerte y me guste mi olvido,

a la sazón mis versos derretidos

todos de un gusto amargo. Complacido.

 

 

Quiero que me nombres

 Quiero que te siembres en esta tarde,

 y que al posar tu cuerpo, sobre mí, desnudo,

sobre mi pecho escribas con tus uñas afiladas

el instante más puro.

Quiero que me nombres y que mi nombre suene,

que se llene la tarde de mi nombre, tuyo,

quiero unir mi deseo de amor a tu deseo,

que me tengas también, que estoy cansado,

y deseando recibirte al otro lado del mundo.

Quiero ponerme serio, grave, rudo,

dejar que mi barba te escueza y te arañe,

quiero notar la suavidad de tu piel,

quiero en ti como hembra desearme,

vaciarme del todo, que estoy acumulado, y de una vez, amarte y desamarte.

Me tienes paliativo, errático, trasunto,

me tienes fornicado, hurtado, moribundo,

estoy, por ti, levitado y cornudo,

pon tu pelo de seda, inconsistente y rubio,

sobre mi vientre, mi sexualidad y mis muslos.

 

 

Otoño

Esta dulce estación, benigna en una hora,

plácida la luz, del hombre su recuerdo,

este pasar al lado de la tierra

y sembrar con amor las paradas del tiempo,

me acerca a ti, pues estuve separado

y en lo más recóndito mío en ti me hallo,

yo soy el hombre tan simple y educado

tú eres la mar eterna de los versos;

yo soy el hombre que nunca ve las cosas

si no es con tiempo y cuando la vida cambia,

tú eres la dicha , el sol, la imagen ancha

de la divinidad total, incorrupta y el alma.

Por eso ahora, que vengo nuevamente

a respirar en ti el perfume de los bosques,

en ti hallo mi sol, en ti mi hombre

alegre por tu fuerza, mi día y mis noches.
 

 

 Canción solitaria

Yo soy del coro de hombres que hablan solos,

que solos se pasean y solos van a dormir,

 tan solo estoy que hasta estarlo me da pereza,

mucho me pesa estar toda mi vida en mí,

a veces busco y escudriño de otro modo

por si aflorara un amor para mí,

mas pronto vuelvo a mi soledad cantada,

mejor estoy solo que mal acompañado, ¿ a que sí?

 

 

El amor se sienta en el dintel del jardín

Qué fragor tiene la herida de las flores

y mansedumbres de amor callado tienen,

la presencia inhabitable que sostienen

todo el profundo amor que al mundo ponen

y qué bella es la flor del pensamiento

esa que adorna las risas de las bellas,

que saca luz y belleza a las estrellas,

la que sostiene el poder del Universo,

¡ tengo una flor, por ti tengo un te quiero,

tengo una rosa blanca, guardada y dura,

tengo un perfume a sal, mi empuñadura

por ti se eleva al viento cuanto yo puedo!

 

 

Ejercicio marino

Soy socarrón y digo que te amo,

tierno no soy y digo que te sufro,

soy el amor vestido de sepulcro,

soy quien más te ama desde el otero al rabo,

soy quien más puso y el que acabó agotado,

de mí podrás decir, me lo dio todo,

soy aquel mar que pasa sobre el lodo,

radiante sol que quemo a quien más amo,

y soy tu amigo, después de haberlo escrito,

miles de versos sacados abruptamente,

razón del ser en modo preferente,

desde el cabo de gata hasta mi huevo frito.

 

 

El juglar de blanco

Yo no quiero cantar sino ponerme,

dejar mi sueño, mi sangre alborotada,

dejar mi carne, mi dolor, dejar mi entraña,

a mí dejarme hablando con el alma,

yo no quiero hacerme bello ni aún eterno,

sino fugaz en el tiempo y predecible,

quiero ser yo y como yo oírme

diciéndome verdades sin más trampa,

no quiero el ejercicio fortuito,

ni la voz quiero para acallar la vida,

quiero ser un torrente entre mentiras,

auténtico, veraz, el ser posible,

para cantar, por susurrar, callando,

entre mis versos habitarme silencioso

con el tiempo de ser un ser dichoso

sencillamente hablando, y conocible.

 

 

El viaje sideral

A veces he paseado en mundo de vitrioles,

que en mi mejilla dieron los ácidos corruptos,

me escupió el sol, con soles nauseabundos

soledad de montañas, de desiertos, moles,

a veces he recibido la fría carta

que con miles de hormigas por mis manos

me llevaron al dolor y me dejaron,

más solo que soledad, en todo el alma,

 he viajado por un mundo sin maneras,

sin modos, en oquedades, sin tiernas brisas,

por la aridez del viento, entre mis rimas

sin más razón de ser, ni más defensa,

oh tierno olvido que te posas como nieve,

tan blando tienes las alas infragantes,

tan leve es tu pureza y tan constante

que los perfiles y con el aire pierdes

frescura de otro yo y a veces vales.

 

 

Tus lágrimas lloro

A mi padre

Tus lágrimas lloro y me atropellan,

tanto me amaste que aún muerto me amas,

tanto suspiraste por mí que un río de lágrimas sale,

la vereda se retuerce, los árboles se rebelan,

las viejas torres retroceden,

tanto me amaste que hasta mi amor se olvida

y por amarte llora, llora tus lágrimas,

desesperado lloro ante tu muerte.

 

 

El error acierta cien veces

Estoy en uno de esos tiempos aniquiladores

tan poético como el inconsciente,

es un día sin fijos, prefijos, ni sufijos,

en el que la vida pasa por una calle cerrada,

en una ciudad cerrada, por un país del error

y en el que recuento mis equivocaciones,

que deben ser muchas según me pesa el alma,

estoy de puntillas ante el filo de la navaja,

quiero ser yo otro siendo yo mismo,

 suele pasar que el hombre razona mucho en la locura,

y lo hago desde la severidad del arrepentido,

aunque ciertamente y aunque parezca mentira

 acerté cuando erré.

 

 

La tierra que yo piso

Cuando la ando solo

me fluye y me confluye con el uso,

me usa en sus jardines y en sus paisajes,

los priscos, los apriscos, las veredas,

los surcos, los guijarros y sus valles

me tiene sobre el mundo anchamente

me lleva dulcemente en su canción,

me sube, me enaltece, me encabrita,

me brilla con su luz y buena sombra

me da la fresca paz de su delicia:

Redonda Tierra llenas a mis pasos,

 paras para mí tu vieja historia

y giras como un sol únicamente

llenándome los pechos de tu abrazo,

sagrada sacias tus labios en mi frente.

 

 

La fuente

Canta la fuente debajo como por dentro,

bebe el agua la fuente de su canción,

 brinca llena de espumas dando saltitos,

 revienta pompas de aire, a lo guasón,

suena a fuente nueva que parlotea

con sus burbujas blancas de gris latón,

brilla al sol y le guiña pícaramente,

 hace subir los ojos del lindo amor,

si me la miras tú, yo te lo miro,

 una fuente nos sale del corazón.

 

 

El único poema

Variopinto lugar lleno de escarcha

que en las salobres siembras sembró mi ruta,

buscando para hallar lo que trabaja

un día a otro cortar el dulce junco

y unir el desbarate de palabras:

aquí la arena seguida como el tiempo

cayendo siempre vaciándome el alma,

aquí rotunda la vida va seguida

en dulces notas se cae por la alambrada,

todo es voz y es gran fonema

hundido en mares de pleamar hundido

siguiendo el surco el único poema.

 

 

El orden

Admirad a los hombres que lo hacen perfecto,

cubiertas sus necesidades, sus polvos mágicos,

y sus móviles les suenan disciplinadamente,

admirad a los hombres que son admirables

tienen hijos y nietos y blandas almohadas,

zapatillas calientes y batas sin fatiga,

veranean en verano incluso en el invierno,

viajan en aviones, a ciudades remotas,

una canita al aire, un soplo sobre los ojos,

sus equipos triunfadores, sus botas relucientes,

admirad a los hombres de políticas perfectas,

siempre puestos al día, consecuentes, doctos,

fueron unos pajeros cuando debieron serlo,

votan inteligentes a los tontos progresistas,

en fin, reconozco que no soy del orden,

alguna vez hice las cosas bien, seguramente,

admirad a esos hombres aunque se hayan muerto.

R.I.P.

 

 

La memoria

Oh grandes olas del ayer que fermentáis

el grandísimo mar que muere dentro,

ay aguas oscuras e infecundas

que dentro de mí oscuro me hacéis.

En esto de vivir diariamente

lo vivo vive y lo que no no muere,

no es lo mismo estar alegre y confiado

que piar por un pasado que fue horrible.

 

 

La insoportable levedad del ser

Hay gentes que suelen dejarnos sus motos

otros sus pecadillos veniales

y los más su gran afición al fútbol,

quién me dejara a mí que estoy vagando de mí,

no me encuentro cuando estiro mis brazos,

cuando corro y el viento se hace espeso,

me da en el rostro como otros rostro,

me palpa las manos con su dureza,

pretendo volar, estoy como una moto,

en aquellos días los días amanecían radiantes

y mi mente no dejaba de pensar, chun, chun,

chum, chum, qué buenas maneras de ser bueno,

la tranquilidad me la dio tener un lugar en el mundo.

 

 

Poco y nada o mucho al mocho,

Poco, nada y mucho al mocho,

debo conformarme con ser el que soy

y seguir siéndolo, que es no dejar de ser,

en la vida nos acostumbramos a vivir en los otros,

a mirar para arriba si ellos dicen arriba

o a dejar de ser, o no haber sido nunca, si nos ignoran,

pero nunca somos más ni menos que ser solamente,

por esto yo sigo escribiendo sin ponerme nota

y cuando me la puse siempre debió ser alta,

es mi mundo, mi necesidad de ser, mi substancia,

algo tan invariable conmigo como mi sangre,

 a los otros puede manchar pero a mí me da la vida,

si yo dejo de escribir los truenos y los relámpagos

la música escandalosa ocuparía su sitio.

 

 

Madrigal a Madrid

Arroyo que a pedregales viste de oros,

patria entre montañas, luces intactas,

voces que en los pájaros suenan a flautas,

campos de romerales, agua muy clara,

olmos sobre las sombras de sus riberas,

aires sutiles y frescos entre sus jaras,

castillo que las edades no han rebajado,

nubes que en sus alturas se hacen más blancas.

 

 

Ay flor, que en mis brazos te sientas

campo rubio y orondo de un jardín que celeste

encaprichas mi alma y a mi alma sostienes,

Ay luz, repentina, de la carne tan solo

de mi carne completa que de mi te viniste,

y allegaste tan pronto y me hiciste feliz.

 

 

A mi niño

Se me ha perdido un niño en la noche,

se me ha perdido la noche de ser un niño,

por las estrellas se oye su vocecita,

su voz me llena de estrellas y de alegría,

me llama en los jardines y en las calles,

llamo a un niño que es mío y nadie lo sabe,

se esconde entre sus risas y sus miradas,

tiene cara de ángel entre sus dos alas.

 

Si me oyen hablar, como en sueños, a mi hijo,

que no me despierte nadie, que no se ha ido.

 

 

El albañil

Hago una casa de adobe, con salivilla y con barro,

unto en las mamparas y fijo bien los marcos,

mezclo con la arena y embadurno las paredes,

subo por las fachadas y las piernas de las mujeres,

llego hasta un buen día en que luce el sol,

el sol todo me lo apaga con su gran esplendor,

rasco en los recodos y mido bien los codos,

de todos los albañiles soy el más sordo.

 

 

Sobre todo la nada

En medio de la nada quiero ponerme,

de nada quiero hacerme en medio mío,

quiero poner por medio mi tronío,

quiero quedarme en nada por tenerme.

No ser más de lo que nada soy,

ni estar de más dentro de mí en poco,

no tenerme nunca más por quien no soy,

ni quererme más de más aunque sea poco,

sino cambiar en todo y en cada parte,

en llevar desde ahora, como un espejo,

por delante de lo mío antes lo anejo

sin querer ser yo más ni con más arte.

La nada me pesa con dolor insufrible,

ser nada es para mí como la muerte,

mi carga más pesada, es ver sin verte,

lo peor de mi todo, in asumible.

Pero es paz también y es mucho fruto,

salir al campo y recibir caricias,

las primeras del sol que son delicias

que el universo acerca impoluto,

luego del campo y de la hermosa tierra,

de tanta flor sacada a lo estéril,

buscar a la mujer aunque sea esméril,

delicia es tanta como de sierra;

quedan pues muchas las cosas y los hombres,

que todo sea un lugar lleno de asombro,

asómbreme pues hombro con hombro

de lo mucho que son todos sus nombres,

y con lo poco,

que lo poco también es, si con grandeza,

pasar desapercibido, una proeza

que buscan los animalejos por no ser presa,

 lleguemos pues a nada, sin pereza.

 

Todo es vida y la vida ayuda

a vivir que es lo mejor de todo,

a respirar la vida y al acomodo

de las cosas sencillas, sin más duda.

 

 

El agua

Dame la claridad del agua y su sino de cristal,

su llanto que sin pena pasa y su alma de metal,

dame los alambres que enredan los versos del más allá,

las palabras, los recuerdos, su sencillez elemental,

que no huele, que no piensa, y que sabe a la verdad,

dame el agua somnolienta que no deja de soñar,

que canta entre veredas y no la calla ni el mar,

que susurra como amiga y no se cansa de amar,

que se levanta sin ruidos y que llueve sin parar,

que todo lo ocupa y entra y se desborda en la paz,

mansa como una cordera, violenta como el vendaval,

dame el agua y su tormenta, es la misma eternidad.

 

 

Matar a un ruiseñor

Se cayó el pajarillo,

la tierra rezuma una oscura tristeza

de un día sin Sol aunque lo esté,

y de las horas que se secan en la oficina.

 

Se cayó el cantor,

el silencio puso veredas en la mirada,

y una oración en la boca traidora

que a la inocencia pudo llamar pecado.

 

 

El tiempo

Cuando ría, cuando pase y cuando muera,

cuando mejor estuve  y fue contigo,

cuando quise morir, y aún prosigo,

cuando perezca al cabo y cuando fuera.

Cuando estando tan solo y apretado,

me encuentre mal si no tuviera

la más mínima razón porque quisiera

desearte con virtud y con pecado,

y cuando escriba versos de la muerte,

cuando estando ya muerto y acabado

no tuviera mejor ocasión que, iluminado,

me asomara con mi alma para verte.

Esto, que es música solo y es malsana,

de la canción más triste de mi vida,

es la callada copla en mi partida

a un tiempo que ha pasado sin mañana.

Alegoría del mar y del universo,

del común manantial de la desgana,

todo grande y oscuro, historia vana

de unas letras sacadas  a lo disperso.

Mas es amor también si en lo callado

de lo más mío de mí y más inverso

te llame y clame y me declare adverso

 de cuanto ahora es y no he amado.

 

 

La vida

La vida que me enseña amar, tan bella,

que tan profunda exhala lo mejor,

la vida se ha cruzado cual centella

 y me ha dejado en el alféizar una flor.

 

Yo bebo el elixir de su locura,

 de su dorado néctar la belleza,

me embriaga amor con su delicadeza,

 prendado quedo della y su hermosura.

 

Quiero cantar al sol de mis amores,

a la patria ardiente de mis pasiones,

quiero encender en mí unas canciones

alegres, luminosas, de colores.

 

Estoy enamorado, ¡ ilusionado!

 me gusta esta vida y su premura,

para acabar del todo, bien amado,

en su fuente luminosa de agua tan pura.

 

 

Corazón volador

Mi corazón volando en dulce compañía,

las horas pasa y su dolor atenúa,

la noche cubre con silencio la alegría

 y su sopor de sombras al sueño lo adecua;

no paso, sin pasar de un modo a otro,

ni miro, pues mirar sería imposible,

al callado vivir sereno me acomodo

y al tiempo que discurre en lo indecible,

la dulce compañía es mi desvelo,

su nombre es nada y para mí lo es todo;

mi corazón es modo de llamar a lo que quiero,

volar es para mí leerlo solo,

cualquier poema empieza, de repente,

y al poco para y la razón se ofusca

si luego sigue, de manera indeleble,

cambiará de rumbos en otras rutas,

mas es igual, del mal hago lo menos,

 pues digo a veces las cosas sin sentido

 y leo después como un preciado nuevo

que habla más de ajeno que lo mío,

¡ ay noche tan lunática y repetida!

que en las paradas horas me detienes,

pues parezco buscar en mí la vida

para encontrarla luego en lo de siempre;

este rostro de la nada es tan bello,

tan dulce y bueno parece al nuevo día

que es mi amigo del alma y son sus versos

su regalo precioso de poesía.
 

 

Aquello que me llamó

 

Me llama la inspiración:

¡ ya voy!, le contesto yo

 y entre vueltas y revueltas,

escribo lo que os escribo

que en nada es parecido,

de aquello que me llamó.


Si el poeta es muy grande,

no tan grande el escritor,

incapaz de expresarse,

con maestría y donaire,

sin salirse del guión,

de aquello que me llamó.


Pero en raras ocasiones

gana más el escritor

al cantar con belleza,

sin utilizar la fuerza,

la perfecta evocación,

de aquello que me llamó.
 

 

Poema al agua

Grata y sonora amiga que acompañas,

que vienes alta y morirás profunda,

hermosa levedad de la montaña,

que cantas clara y con tersura juntas,

madre de madreselvas y de juncos,

delantal de los musgos y los helechos,

aromática y tan fresca en tus pechos

para beber de ti en lo más puro,

por tus veredas el aire se humedece,

 lo llenas de fragancia inmaculada,

grata es tu voz que de la piedra arranca

la sinfónica unidad que nos sostiene,

hermana de la luna, prima del cielo,

bondadosa regadora de los campos,

semilla abierta, errática en tus lechos,

fecundas tierras con virginales pasos,

mi boca te ha besado, en ti he bebido,

el corazón tuyo del astro diste,

el alma para cantar con que naciste

llenó todo mi amor en ti seguido,

natural es tu enseña y es tu surco

de sequedad el mar que has conquistado,

viajera inquebrantable, lo ha llenado

 tu esencia en luna de tu espejo pulcro.

 

 

El último poema

 

Mirarte fue la perfección, hundirse en la poesía,

nada más tenías qué hacer que estar al lado,

tú eras, en ese instante, el ser más perfecto,

la mirada flotaba por un tiempo infinito

con toda la belleza de un poema inexplicado,

nada quería el amor más que tu presencia,

el poema eras tú, absoluto y espléndido.

 

 

 

Últimos poemas incorporados: Madrid, octubre 19, 2019

                                                                                                

***

 

 

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Música de Salvador Bacarisse (1898-1963) - Romanza del concertino para guitarra y orquesta, en el poema España

Imagen de Marilyn Monroe para "Blonde" de Joyce Caroe Oates

© José María Torres Morenilla, prohibida la reproducción total, ni la parcial sin cita del autor.


 

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