REFLEXIONES, RECUERDOS Y PROSAS

 

 

 

 

JOSÉ MARÍA TORRES MORENILLA

 

 

 

 

 

Antes que nada, la inmensa alegría que tengo porque ya sé que Granada solo está ( no le pongo tilde a solo, y es una burrada, pero esto suele pasar cuando la masa dirige a la Real Academia Española de la Lengua y no es al revés, como debería ser, talmente como las sentencias del Supremo cuando echan un guiño a los que se manifiestan y se olvidan estrictamente de los mecanismos técnicos jurídicos con milenios de pureza) solo está a tres horas de viaje en el Ave, desde Madrid. Al fin la primera ciudad turística de España, de siempre, está comunicada por este milagro de la ingeniería que es el Ave. Lo necesitábamos muchos granadinos exiliados, que vivimos con la idealización atroz de nuestra tierra, aunque no sea para tanto. Nos conformamos ahora con que Granada sea el pan nuestro de cada día, al alcance de nuestra mano, disfrutando de ella con naturalidad y sin estridencias, como siempre lo hicimos ( aunque algunos con menor locura que yo, que soy exagerado en mi amor a Granada). Desde Granada se puede ir directamente a Barcelona en seis horas y yo lo recomiendo, estuve el año pasado en Barcelona y me dejó hechizado.

 

 

 

 

 

 

LA ABADÍA DEL SACROMONTE DE GRANADA

 

 

 

Mi colegio, La Abadía del Sacromonte, que parece un conjunto del pintado medievo, junto al muro espléndido del renacimiento español, pero hay más cosas y aún más viejas, catacumbas romanas de los primeros cristianos españoles. " Insigne Colegio de Teólogos y Juristas del Sacro Monte", la parte más nueva, el edificio del fondo es como un Escorial con sus muchas ventanas rectas, sus escaleras de mármol y su grandiosidad en el monte, ha quedado ahora como un cascarón debido al fuego. Con lo bien que estuve en ese Colegio, sus tradiciones ancestrales sobre San Cecilio, patrón de Granada y primer obispo, las catacumbas sobre el lado derecho y primitivo de la Abadía, con sus cipreses reverentes y enanos, sobre cuyas piedras se dice que habló el Apóstol Santiago a los primeros cristianos, Iliberis como la Granada ancestral, sus comidas diarias, para mí inolvidables (creadora de la tortilla al Sacro Monte en el día de San Cecilio), sus patios, su altura, sus horas de estudio antes de cada clase, su rigor en la Literatura ( magníficas lecciones de D. Ismael Pérez) y las Ciencias como una seria iniciación, cultivada,, en fin.

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Por el camino del Darro pasé día a día, años, camino del Sacromonte, en el autobús alemán, color café con leche, que me desayunaba frío al lado del Cine Aliatar, para subir al Colegio y luego, al fin, bajar a Granada.

 

 

LA OTRA ALHAMBRA

 

 

De niño subía a la Alhambra todos los días de verano, me colaba en el palacio de Carlos V para oír los ensayos de las grandes orquestas del Festival Internacional de Música y Danza de Granada que suelen darse sobre el magnífico Julio granadino, gozaba enormemente pues todos tocaban de maravilla y repetían y repetían tan mágicas notas a las órdenes de los mejores directores del mundo.

 

Subir a la Alhambra, como subir a Mozart, a Beethoven, a los músicos rusos, al ballet de Ludmilla Tcherina, a las grandes obras musicales entre los árboles inmensos y el agua clara de las fuentes ( ¡ oh, caños y bajorrelieves de la Fuente de Carlos V y sus bancos de piedra en las sombras! Qué augusto es el clasicismo español, de grandes monumentos de piedra, de márnoles y de fuentes, de las cuadradas ventanas y los patios hermosos, lástima en la Alhambra, diría Lorca, pero incluso ahí, hay rincones que un niño sabe agradecer, bajo las dulces sombras en verano y el ruido musical de los caños generosos del Darro) las torrenteras, la placidez del alma. Luego, a la tarde, montando mi bicicleta roja por mi Barrio de Fígares repetía los grandes acordes, incluso improvisaba los míos.

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Un lugar especial para el Instituto San Isidro de Madrid, estuve allí unos años mágicos y literarios. Allí teníamos el Aula de Teatro de don Antonio Ayora a la que me apunté pronto y participé con mi ánimo, todavía está mi nombre en la plantilla de los teatreros. Pronto empecé a darle a mis compañeros mis escritillos, que gustaron mucho, ellos, chavales inquietos, me asignaron un programa radiofónico en Radio Juventud de Madrid, donde escribía un artículo semanal. Instituto literario, en cuyas aulas han estudiado Víctor Hugo, Cervantes, Lope, Calderón, Quevedo, Tirso, Aleixandre y tantos otros. ¿ Qué escritor no ha estudiado en el San Isidro?. El San Isidro es la cátedra ambulante de los escritores. El otro día yendo por la calle Atocha por casualidad entré en la Iglesia de San Sebastián de Madrid, allí enterraron a Lope de Vega, allí se casaron escritores geniales de todos los tiempos, se bautizó Cervantes, en fin, si me vengo a Madrid acabaré escritor, seguro.

En aquel patio de los Escolapios todos jugábamos, bajo el radiante sol granadino,

y yo encontraba peces rojos ocultos en el cauchil de riego.

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Todos tenemos una ligera idea de los tiempos antiguos, sus batallas y calamidades, sus sufrimientos y sus lujos, pero de qué reían cuando se reunían en los teatros y foros ¿ qué cosas les hacían soltar las carcajadas? pues la risa es una medida del alma, como el llanto lo es del no-alma y es una cosa que no está muy clara del todo en la historia, ¿ de qué se reían los antiguos hasta mearse de risa? La risa es un misterio, algo que siempre estuvo en nosotros y que estará después de nosotros, la eternidad.

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Desde la Abadía del Sacromonte tenía a mi izquierda la Sierra, a la derecha Granada y enfrente el Avellano y la Alhambra,

por eso salí tan poeta.

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Me dijo un lector que mi Poesía de la Alhambra era un llanto, que lloraba por Granada. Pero para mí la poesía siempre fue todo lo contrario: un juego, un cambio, mil cambios, una idea, mil ideas, todo lo más la insigne música que nos llena y nos hace ser felices encontrando la belleza interior, la del alma: pero Granada es tan bella, y está tan fuera que nos saca de nuestras casillas y nos hace escribir, pues quién se cansó nunca de mirarla y quién se cansaría de hablarle al oído, siendo tan hermosa y cabal y tan redonda, oh mágica Granada que tuve la fortuna de que fueras mi entrañable tierra, mi más amada esencia. Subo a tu Alhambra, subo a tu cielo todos los días y me haces mejor, me haces poeta, y nunca me harás llorar porque siempre vuelvo, vuelvo hasta en los vagones de tercera del tren antiguo, los pies hinchados, como Bach buscaba al gran organista, Dietrich Buxtehude, el de la coral " Ach Herr, mich armen Sünder" y caminaba a pie 350 kilómetros junto a un amigo para ir a escucharle.

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Por nuestra necesidad de alimentarnos me temo que estaremos mucho tiempo matando a los animales y que, por ejemplo, unos seres tan serios como son los jabalíes sufrirán la ociosa persecución y bellaquería de los cuchillos humanos. Criminales.

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El tiempo más que inexorable es burlón, desnuda nuestras palabras, las deja sin sentido, amar ¿ qué es amar cuando se tienen tantos años?

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La estética. Todo en la Naturaleza es estético, ha hecho animales y plantas para ser admiradas por lo bellas y completas que son, lo que pasa es que los hombres nos las comemos y a la Naturaleza esto tampoco le parece tan mal.

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Los Maristas me premiaron a los once años un relato sobre su fundador Marcelino Champagnat, ¡¡ al fin un premio literario!!

siempre está conmigo el bajorrelieve de metal.

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Una música rodea a la Alhambra y a Granada,

la música que lleva las almas a tocar el cielo.

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Los Escolapios, los Maristas y el Sacro Monte, tres colegios a cada cual mejor que supieron sacar lo mejor de mí, cada uno a su estilo. Sin olvidarme del primero de todos, la Escuela Publica de la calle Marqués de Mondéjar, a la que me apunté yo solito con tres años, aburrido como estaba de ver pasar los niños por la puerta de casa y yo sin amigos ni hermanos.

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Este Darro, no podría ser de otro modo, es al final de todo mi canto a la amistad, la amistad es el más grato de los paisajes de Granada.

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Creo que nunca he vuelto a tener aquellas reflexiones, aquella inteligencia para amar la vida, aquel espíritu universal como cuando era niño y subía a la Alhambra a diario a gozar la vida en el emporio de la grandiosidad y la intimidad de sus sombras. Disfruté Granada como un cosaco, a lo bestia, que es como hay que gozar en la vida, también en lo religioso como diría aquella santa española del Renacimiento, la Reina Isabel, para su amado Corpus Christi que solemnizó en Granada. Pero cuando estoy lejos y siempre, Granada para mí es el río Darro, un rincón especial precisamente, bajo la iglesia, más cerca de Granada, donde confluyen el río, el monte, la esquiva Alhambra con el paseo de piedra, también los árboles de finas hojas y de suaves temblores. Mi rincón que me hace llorar cuando estoy lejos, el rincón de mi patria, de mi esencia granadina.

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Desde Madrid, Granada es muy hermosa, sabrosa y gustosa, como una hurí en la mente de un poeta. Pero, cuando regreso, la Granada real es, gracias a Dios, mucho más bella.

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Me levanto bien pronto de madrugada para escribir, no me importa lo pronto que sea, me levanto despejado y con ganas de escribir y así lo hago con profesionalidad y rigor ( más quisiera hacer lo mismo para leer, cada día soy el peor lector). Cuanto más se aproxima el amanecer siento cierta desilusión, porque desaparece la pureza de la madrugada y se acerca el escandaloso Sol con su coro de rayos calientes perdiendo la madrugada esa oscura virginidad, esa hora placentera de la noche cuando escribir es una pureza más, sin contradicciones ni interrupciones.

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Ser de Granada. Tenía por costumbre pararme y que Granada me entrara, las calles y edificios venían hacia mí, también su gente, mi cuerpo era un jolgorio del bullicio granadino, sentía la hondura de sus barrancos y la sonora agua, su viento languidecía en mí con su frescura y las enormes sombras de sus árboles caía a plomo sobre mi cabeza, vivía Granada, no vivía en Granada como un pasajero, ser Granada, no ser de Granada como un turista interior, respirar Granada por los cuatro costados, porque ser granadino es que Granada te reconozca desde el primer día y entre en ti para que tú, como a Dios, no la conozcas nunca pero vivas en ella.

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Sebastopol. No me gustaría dar la impresión en este mi Darro de ser el que no soy, no soy triste ni lloro por Granada, soy tan granadino que me gusta Madrid, no soy solitario ni lloro ningún amor. mis amores literarios no son amores es literatura, siempre lo consideré así, a veces sí escribo de mis cosas, muy pocas veces, solo cuando me refiero a mis sentimientos pero no a las personas. Granada no es mi frustración ni mi misantropía como dijeron mal. Granada es mi premio que me doy de vez en cuando, mi traje auténtico que me pongo los días míos que nunca fueron los de fiesta. Tampoco es que sea importante lo que yo parezca a las gentes, sí puedo asegurar que nunca me conocieron del todo, en cierto modo fui la lección mal aprendida de los malos estudiantes, en Granada, en Madrid y en Sebastopol ( ¿ hay algo más granadino que Sebastopol?).

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Cuando el verano de Granada os dé su magnífico calor,

preguntad por Los Italianos de la Gran Vía, unas muchachas delgadas y pálidas os venderán los mejores helados, el de fresa que lo es o el de limón que se acaba muy pronto en vuestra boca.

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La poesía como el río transcurre suave en la superficie, me gusta esa poesía que no nace del llanto ni nace de los hondos sentimientos, esos que arrastran fieros a la tragedia, no me gusta el altisonante tono de los desgarros, ni hurgar las llagas, ni sacar en lo tremebundo el hacer poético, me gusta escribir tan llano como el prosista, el que al narrar no cambia el modo ni se siente mejor, distinto o airado sino que muy bien quiere contar como si la verdad contara, con elegancia y sencillez, por eso grandes escritores de la novela son pésimos poetas pues piensan que la poesía es un viaje al más allá, una escalada a los bajos fondos del alma, una tragedia en fin. Digamos que la poesía no es distinta sino breve, no es altisonante sino bien sonante, ligeramente atada y no del todo libre, tampoco es que sea una mentira como lo dijo Sócrates y el mismo Aristóteles, sino más propiamente un estilo literario, por ello las formas clásicas suelen ser exitosas pues a la poesía le van muy bien las reglas, tanto las fonéticas como las ortográficas. En cuanto a los poetas, en mi caso me dio por escribir poesías, aprovechando entre tiempos del trabajo incluso, al viento de la inspiración que es ese tiempo que de pronto nos lleva a escribir de algo como una necesidad de ese algo, pero una buena prosa, como aquella de Cela de sus primeros años, o la de Azorín suele dar unos frutos sabrosos y en nada tiene que envidiar a la poesía como deleite del alma.

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Monasterio de San Jerónimo de Granada, fundado por los Reyes Católicos

 

Cuando contemplo el monasterio de San Jerónimo estoy en mi Granada de verdad, frente al Perpetuo Socorro de los redentoristas y muy cerca de San Juan de Dios y del economato militar entonces. Sobre todo cuando estoy dentro de esta magnífica iglesia donde no caben más perfecciones juntas del Renacimiento español, gloria de la piedra y de la pintura , exégesis de la Cultura con mayúsculas, ya solo me falta un Ave Verum de Mozart para juntar el espíritu a la raíz humana, lo más cerca de Dios posible. Granada me llevó de su mano por la riqueza absoluta, la inteligencia, el trabajo y el arte y no solo a mí, a todos los granadinos. Mi alma está aquí en plenitud, me identifico con ese misterio que trasciende del mundo castellano y que tan bien se lleva con el árabe de manera que son primos o algo así. También los árabes dedicaron su Alhambra a Dios, y se nota, se esforzaron por llegar a lo más alto.

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Los Maristas hicieron una coral, cantamos acompañados de músicos profesionales, por una vez y sin que sirva de precedente, en la Iglesia entonces cerrada al culto de San Jerónimo, también a capella en Radio Granada y en el antiguo Teatro Cervantes frente a la plaza de Mariana Pineda.( Por cierto soy tan mayor que he conocido incluso el Teatro Gran Capitán, ya cine, que estaba detrás la antigua Casa de Correos, la de los leones, en el lugar que ahora ocupa la escultura de Colón y la Reina Isabel de Mariano Benlliure, en Reyes Católicos.

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©Poesía de Torres Morenilla