Los pobres

 

 

de

 

José María Torres Morenilla

Madrid, 2001

 

 

 

 

 

 

 

Los pobres

 

 

U n día cantó, los otros le siguieron mudos:

 

la palabra ha dormido en baúles muy antiguos

y los pobres aprovechan sus gabanes exagerados;

 

enorme es la soledad, construye su catedral,

sin manos y sin espaldas, en los hundidos váteres

hacia el hondo corazón de tierra de lo humano;

 

la muerte está enterrada a lo antiguo,

hundiendo su vuelo infinito en el universo.

*

M i corazón amargo, adentro,

el muro transparente, infranqueable mira

los pasos titubeantes, los horizontes rotos,

la voz quebrada de su aliento corto.

 

No hay resquicio para el sol, ni soledad,

en las muchas hojas del árbol solitario,

todas de vuelta, con ruidos atormentados.

 

Vientos muy lejanos vienen con los rotos

crujidos de los rayos y los pasos de los truenos,

a tragos de la saliva y de la dura carne.

*

 

A mor, nadie sabrá jamás que yo he pisado

por un reguero de tus pisadas hembras,

nadie entenderá que se alargó la tarde,

y detrás de las palabras encendidas

mis violetas de silencio cayeron negras

sobre tus sueños.

*

A  la voz cavernosa del mar extiendes

tu cueva oscura, abierta y andrajosa,

que en ti no vean al hombre sino a su sombra:

 

desnuda al niño pisoteado,

y limpia sus facciones hermosas

con el agua clara de la verdad.

*

M anos blasfemas, muñones de los borrachos,

a las esquinas agarradas,

por el suelo derramadas,

soportando los soportales,

arrastrando el eco de las pesadas piernas.

*

S e inclina el día hermoso,

a sotavento, la gris acera,

fuera de tus vergüenzas y de tus raíces,

tendida está también tu inclinación de tumba.

Abajo, la palabra perfumada, la ancha veta

que apura nuestra lengua.

 

Fuera, la línea de los peinados, tu melena

totalmente enmarañada, tus brazos retorcidos,

tu ansiada libertad por los jardines

y tu vientre de mar redondamente hinchado

hacia los mares alcohólicos.

 

*

M i soledad de inútil empeño,

tantas las veces puesta,

tanto el corazón

en el baño blando de los sueños;

¿ para qué peinar los hermosos cabellos?

*

Y a cerró el carcelero las oscuras verjas,

después se fue, camino del cementerio,

 los árboles se atragantan de humedad,

 

En medio, se cruzó la habitación enorme de la noche.

 

Un día la vida se volcó enteramente,

los fantasmas antiguos le extienden

sus negras manos de limosna.

*

¿N o fue siempre nacer estar desnudo?

Entonces, desnudez enséñame a pedir.

*

N i suena, ni consuena, ni sonará jamás;

si saliera como el olor de la flor sale a la flor,

o fuera como las piedras, infinidad de piedras...

*

L os pies se hunden en los barros,

el pan se atraganta de lamentos;

las manos se han hinchado,

los cabellos crecen;

 ilustres muertos erraron en los paisajes,

evacuaron los cielos las altas aguas

y mojaron de espeso vino la espesa tarde,

 es infinita la quietud de los alcoholes,

todos sus vestidos se llenaron de agujeros.

 

Aquí yace, quien yació de siempre,

aquí se entierra a quien muerto estuvo.

*

E n la acera de enfrente, un paseo paseado

de un buen piso de principios de siglo;

 cómo crecía el niño hasta acercarse al cielo,

a ser fachada feliz en las fiestas del domingo.

*

Granada:

U na ciudad se pierde

con más facilidad con que se pierde un niño.

*

"A Víctor Botas " Oviedo 1945-1994

L a campana, como los poetas, callada suena

después de pensada,

como el buen poeta sigue sonando,

 lo llena todo de un verde acrisolado.

*

D ame la mano siempre de un niño,

en los bosques nublados con soles amorosos,

en las aguas transparentes que acompañan,

 en los anchos espacios de los pechos nobles.

Dame el sentido exacto de lo auténtico,

su ambivalencia única, conjuntada,

y el largo vapor huido de los motores negros.

*

T  ú,  en las altas iglesias vacías,

en los purpúreos cielos tan semejantes y griegos.

Nada de esto vale una palabra:

es soledad, retirada de los hombres,

fugacidad del pensamiento eterno,

alteridad del ser, destino o muerte.

*

H acia la luz, hacia la luz, su cuerpo y su chirrido

porque la luz de afuera nos consume,

de consumirnos enteramente en el universo,

 

¡Oh, vocación de sol que adentro vuelas!

*

 

A y, la nada de puntillas, feliz en nuestra alcoba,

¿recordaré también que las ideas se mueren

y resucitan luego inarticuladas y cadáveres?

*

 

S onados días de vinos y de rosas,

¿hará falta pedirle, a juventud, amad?

Irrealidad del verbo que quebrado

y vestido de negro mendiga con su cuenco,

los días sonados del corazón que ama.

*

 

O h, hermosura de la mujer que, al fin, encuentras,

profundidad del pozo que aflorado besa

con sus fangos de fondos y sus rosas mojadas.


fin

 

 

 

 

©JoMaría Torres Morenilla, prohibida la reproducción.

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