RÍO DARRO

(2013- 2019)

 

 

 

AL ENCUENTRO DE GRANADA

 

 

de

 

 

José María Torres Morenilla
 

 

 

 

Granada, vista de Sierra Nevada ( T. mixta de José María Torres Morenilla)

 

 

 

Introducción

 

 

La ciudadela del monte

 

Alhambra, vergel de sombras, en el agua encantada,

con los oscuros olores de la tierra mojada

y los claros cristales de su alma intransitada,

paraíso escondido, en muchos siglos olvidada,

nacida desde lo mismo y que parece inventada,

cada día es más nueva, cada día es encontrada,

apostada frente al viento, defendida, amurallada,

con las grietas de los tiempos de la belleza parada,

que habla de las victorias y que fue la derrotada,

ora estrella, ora surco, ora arquitectura hilada,

fuente del espejo limpio, quieta luz, inmaculada,

serrana que señorea sobre la vega azulada,

con un alfanje invisible, en su mano levantada,

defensora de un tesoro vinculado a su Granada.

 

José María Torres Morenilla

 

 

Després d’aquests versos de José María Torres, poc queda a dir d’un dels més bells monuments que s’han conservat de l’època musulmana en el territori peninsular.  

  elementosinteractivos.blogspot.comalhambra-interactiva.html 15 de Marzo de 2013

***

 

 

 

RÍO DARRO

 

 

Tú, Darro, de oro conocido río,

cuán bien agora puedes señalarte

y con nueva corriente y nuevo brío

al apartado Hidaspe aventajarte.

Pues Gonzalo Mateo de Berrio

tanto procura con su ingenio honrarte,

que ya tu nombre la partera fama

por él por todo el mundo le derrama.

 

 Miguel de Cervantes

 

 

 

 

 

Prefacio

 

 

A las sombras de El Salón

 

Con este cansancio que tengo bien me vendría estar sentado bajo las sombras del Salón, oír, en el recuerdo, el goteo del río Genil, hoy un espejo verde, callado, sin guijarros ni grietas, serenamente cansado y tan lleno como yo de viejas tropelías, de los surcos que dejaron los amores, bajo el prisma del Sol granadino, primo del de Jaén y rival del malagueño, que atraviesa todos los caminos que van a dar a la mar, la más distante, la de Sevilla, que es el morir, o sea todo lo contrario de estar sentado bajo las sombras que titilan en el Salón y recibir todavía el pálido aliento húmedo de los tranvías de la Sierra, que subieron por quebradas y cañadas y por los viejos puentes de puntillas sobre el abismo de Granada, pálidos de miedo. Aquellos tranvías de la Sierra cargados de aire limpio, de olores desterrados, de aguas subterráneas y cóncavas. Todavía hay un rastro de ellos en el cruce de la Sierra, la carretera que parte del Salón, la que contemplaba la Reina Isabel en el bronce de Mariano Benlliure, sentada magníficamente como una reina, con su bellísima papada, mezcla de buena educación y de los buenos alimentos, callaré, por Dios, hermosa mujer. Bam, bam, suenan los alabarderos de las viejas pelucas y los terciopelos viejos, los escudos, los timbales, el 2 de Enero, las chirimías gatunas de las trompetas de plata, toda la cohorte de un Imperio naciente bajo los pies de su hermosa reina- enamorado de ti escribo después de muchos siglos-. Oh mi Señora sentaos en la alfombra verde de la Vega, que os contemple la cautiva nieve, que os refresque las mejillas y tiemblen los chopos con vuestro terror y las palomas revoloteen como jaculatorias ante la serena majestad de todas vuestras preguntas. ¡ Vivan la Virgen de las Angustias y la Reina Isabel Primera de Castilla!, las hermosas mujeres granadinas que se pasean por el Salón vestidas de fiesta, perfumadas y adornadas con las flores de sus sonrisas. Que sonría Granada entera, bajo las sombras del Salón, que es es el único capaz de soportar el asfixiante calor de esta ciudad de casas encendidas, lejos del bosque blanco de la Sierra, toda hecha agua, en cascadas, en torrentes, en cuevas subterráneas, en los jardines, en los cauchiles, en las veredas, en las eternas aguas de las eternas nieves, las que toman el buen aire de Canales y regalan a puñados en el rostro de la Reina- enamorado de ti escribo después de muchos siglos-. Ay, mi Señora, cuánto tiempo hace que no vienes por aquí y nos enseñas a amar a Cristo, a juerguearnos con Cristo, como debe ser, sin quiebra ni medida, alborotadamente, bajo los cimbeles de tu Caballería Real, la que tronó más que el trueno e hizo temblar las piedras de los sentidos. Yo tu amante, mi amor secreto, tú mi amor carnal, el más espiritual de todos, mi velado amor para una tarde fresquita a las sombras del Salón...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  RÍO DARRO   

 

 

 

 

 

La verdad es sencilla como el agua, parece que se va y luego regresa. (  Público 25.11.2016)

 

 

 

 

Río Darro


Cuando el río Darro baja a Plaza Nueva

su sonido de agua tiene mucho de mí,

yo bajo por un río quebrado de mis recuerdos,

la corriente de mis sueños,

con toda la vida entera que he vivido para ti.

 

 

Al encuentro de Granada

 

Oh triste lágrima

inconsolable cayendo

por la belleza encontrada

 

 Siento mi alma bajar,

a un lado estoy yo,

  y al otro lado Granada.

 

 

Las tardes del Darro

 

Triste y sonora voz que la costumbre

un camino ha sembrado de agua misteriosa,

una perdida estera, con voz calmosa,

la imagen del río, rota, en la fuente;

por ese camino van, con los ruiseñores,

los frescos andurriales de la Sierra,

senderos ocultos, fragantes, en la niebla

y los pasos alegres de la gente;

dolor y sal, llanto y pecado,

entre alamares verdes y rojas tapias

se asoma a sus balcones y se subleva

una Alhambra exaltada bellamente,

una parada en paz, guerra sin frentes;

sobre las anchas llanuras de poniente,

qué belleza y fulgor sirve natura,

toda la tarde viste florituras

de brocados que enardecen su hermosura.

 

 

Acera del Darro

 

Mira cómo gana y baja

por esta acera tu agua,

vira, surge, se acomoda,

se entrelaza y se allana,

suena gris por el sendero

como una larga cascada,

busca los peines del sol

con sus cabellos de plata,

 se adensa y se recoda,

se extingue y sobresalta,

al aire le dan tersura

sus sonsonetes de latas,

se anuda y se desencuentra,

 se encanta y se desencanta,

se precipita y se hunde

 y entre las piedras se embaba,

mírala qué clara corre,

cual desquiciado corcel

en busca de llanuras anchas,

y cuanto más clara cae

más clara miro la sed

de ser agua de tu agua.

 

 

A dónde voy que no voy,

con quién estoy que no hablo,

las sombras que me desechan

en mi tierra van de paso,

por una vereda oscura

oscuros son los sembrados,

las palabras siempre faltas,

los paisajes siempre faltos,

las sombras que derruidas

desde la higuera, a saltos,

a llamaradas sus dedos,

al aire me dan sus manos

que me dejan luego frío,

 y entre las sombras tirado,

en los escombros del ruido

 y del silencio que es extraño,

la oscuridad como en vuelo

de olores viejos sacados

a bocanadas me empapa

 del rubio sol que esquivando

baja y sube de la higuera,

humos grises de los astros,

sobre casas derruidas,

viejas tapias y atajos,

 donde si voy nada dejo

 y si me quedo me acabo.

 

 

Estoy en estos momentos como cuando el Darro callaba,

tan metido en mí, que solo mis pensamientos suenan,

de pronto, volvía el Darro, con ruidos poco grandiosos,

 susurraba sus quejas a los pies de todo el mundo, incluso los que olían mal,

y lo hacía verdadero, cargado de su buen arte,

 yo no era un artista, solo quería escribir.

 

 

Campana, quiero cantar y que me escuche Graná,

cuando juegue, cuando sueñe, porque sí, al azar,

que suene honda y secreta, las dos, las tres, muchas más

 retumbe sobre los llanos y a saltos suene a oleás,

campana quiero cantar, melódica y a tres voces, dando la campaná,

como el paisaje de ondas que vienen del más allá

y se alejan achicadas, como queriendo callar,

sí, luego quiero callarme, como el que no hizo ná,

para escucharlos a todos, a Granada en primer lugar,

que ser campana es oficio y casi no es trabajar,

el badajo bajo el vientre, de bronce la voluntad.

 

 

Los pinos


Camino de la Sierra había un pinar,

que el camino partía en dos al pasar;

por el monte subía y por el monte bajaba,

y perfumado de pinos al río llegaba.

 


Guiñaba como un lucero de sombra y pinos

un verde pinar que había en el camino;

con sus olores

se llenaban de Sierra todas las flores.

 


Entre trinos y almendros bajaba un río,

ligerito de ropa, muerto de frío;

tan cerca estaba de mi Granada

que en las ramas de un pino la columpiaba.

 


Unos montes desnudos, morenos, altos,

en el río se bañaban a grandes saltos;

sobre las huertas

tiraban huesos mondados de las cerezas.

 


Las rosas del pensamiento hilaban fino

pues a nadie contaban historias de aquel camino,

y las habría....

según cantaba sus cosas José María.

 

 

Háblame, háblame de Granada,

run run, los nombres de todas sus calles, los nombres de todas sus tiendas,

háblame del dulce encanto de sus terrazas,

de su vino abundante y de sus fritadas,

háblame de Granada y sus famosas mujeres

que bailan por los tablaos y por las fiestas,

háblame run run de sus plazas y me sentaré en ellas,

 la dulce placidez de su verbenas,

las calladas riadas de sus aceras,

la dulce algarabía de sus guitarras,

sus chiquillos jugando sobre las murallas blancas,

háblame run run de Granada, yo la perdí

y luego las mañanas me llegaban vacías,

lléname de Granada, run run, quiero oírla,

que Granada me suene quebrada como un río,

profunda como un río, como el agua del río,

con el brillo del río, más hermosa que las estrellas

y luego cállate, run run, deja que el silencio atardezca

y que la noche me llene de su herida luminosa.

 

 

Ven conmigo, soledad, ligerilla de ropa,

caliéntame el costado con tus labios,

posa tus senos morenos en mi boca,

déjame besarte y hablarte,

pero tú calla, soledad, sabes todas mis cosas

y algunas no estoy para oírlas,

préstame el calorcillo de tu desnudez

y entretén mis horas con tu dulce silencio,

que nadie profane tu hermoso silencio,

soledad mi amiga, mi hermana.

 

 

La frívola ciudad


De aire levantaron una ciudad muy hermosa,

con flores la malcriaron y alimentaron de rosas,

criadas pronto pusieron que la sirvieron más prontas,

lucía como un sol colado entre las ramas y las hojas,

mas desde niña sabía que sustentaban sus cosas

la ilusión y la utopía,

y así pasó, con el tiempo, estando en su lozanía,

un céfiro, brotado lejos de una aurora que salía,

ruidoso y de malos modos a ella la raptaría,

y la ciudad levantada en aires y en armonías

pronto se deshizo en vientos, huracanes y tropelías.

 

 

El Capitán

 

Qué mal te quieren Señor, aquellos que tú has amado,

qué mal se callan, señor, los que dejaste sin llanto,

qué mal te sacan, señor, de tu silencio esmerado,

y qué mal te entregan, señor, los que habías rescatado.

 

España, que es tan profunda, qué malamente ha enterrado

al que más la amó en su vida y en sus guerras fue quebrado,

qué lejos queda verdad de los que siempre la odiaron,

y qué soledad más grande, la tuya, ya por los astros.

 

 

El río que no baja

 

No bajan las aguas claras, augustas, desde las eras

ni de los campos nevados hieráticas las montañas,

ya no baja el mundo aquel que era por lo benévolo,

me sonaba a cinamomos perlados como los sueños,

no me cantan sus cristales de cuentas sobre los ojos

callado hoy está el río sembrado sobre lo poco,

esos sueños que en un niño era el mundo de lo bueno,

 solo me queda la tierra mojada por el desprecio,

 palabras de la posguerra entre músculos malévolos,

para sombras que se hincan perfumadas de lo nuevo,

el rojo carril del sol llena de alambres los templos

 y sobre la vieja tristeza nunca se alivia el mañana,

 nunca se abren senderos.

 

 

Qué dicen las cosas que callan,

qué hablan las tierras mojadas,

las higueras y las fuentes,

los caminos que se pierden

en la desnuda esbeltez

 de los palacios de invierno,

qué dice el mar aquí muerto

y el nublado sol que pierden

unas nubes de cristal,

¿ alguien habló alguna vez?

creo que todas las cosas están calladas

y cuando hablan están locas,

 hay que callarlas ahora mismo,

el silencio es alguien que tuvo que venir

y se le espera suspendiendo a todo el universo.

 

 

Granada

 

Granada, la que me llega, tan honda que hasta me besa,

la que repleta de brillo con su nombre me embelesa,

la de montañas de nieve con blancores de azucena,

suave y presumida, rosal de rosas que sueñan,

  capciosa y juvenil, tranquilona y verdadera,

como una amistad perdida en medio de su belleza...

 

 

Negras aguas, sombras negras,

aguas de mi desengaño,

subiendo por mis costillas,

por mis caderas bajando,

llegando hasta la cima

de un amor desesperado,

te quiero y no te lo digo,

cuando lo digo más callo,

negras sombras de las huertas,

negras máculas zumbando

en las orillas de un río,

que solo baja despacio,

con los amores perdidos

mezclados entre los barros,

aguas sinuosas, turbias

que atraviesan mis costados.

 

 

La fuente del tomate

 

A una fuente subí y me dí un coscorrón,

por tratar de ver sus peces entre la copa pillados,

 resbalando por las faldas en el verdín de su espejo,

 

 el agua que allí callaba era fría como el hielo,

 

llenaba alta su copa y yo no la pude ver,

ni a las carpas doradas ante la cabra cornuda

y el desnudo del doncel monumento a Ganivet,

 

el agua que allí lloraba luego mi llanto fue,

 

calamones que me dí en la frente y moratones,

ante la cabra velluda y el de los verdes cojones,

    en la chola me brotó sacándome lagrimones,

 

el agua arriba reía castigando a los mirones.

 

 

El Puente del Genil era rubio como el oro,

destellante de sol y de anchura,

plácido, de sabios viejos sentados en el pretil,

partía la ciudad en dos, a un lado el barro,

al otro lado la huerta de Granada,

los viejos fumaban en la comisura de sus labios

y bebían del Sol la suave calentura,

Granada bajaba, bajaba, entre brotes de árboles caducos

y un tranvía amarillo, como un dinosaurio,

culebreaba con más rigor que el río casi seco,

el Puente del Genil era un dintel dorado,

sonaba claro y ancho, perdido contra el Sol,

a un lado Granada, al otro lado la huerta,

el Darro era un sumidero oscuro, sin nombre,

ni siquiera pestilente como la Acequia Gorda

sino una metástasis oscura en las tripas de Granada,

los viejos fumaban y hablaban y sobre todo callaban,

les doy ahora nombres de héroes griegos,

la vida les concedió entonces al final una elegía,

el Puente del Genil era su catedral vitalicia,

también lo cruzaban enormes camiones,

más de uno murió atropellado en su calzada,

delante de los viejos, ahora tienen nombres de héroes.

 

 

Contra el río yo te canto,

contra las piedras yo sueno,

tengo la voz quebrantada

desnudos mis pensamientos,

 entre murallas de montes

 grito un sonido seco,

quiero cantar y te lloro

 lloro un oscuro sendero

 que sube por donde bajas

y baja cuando yo quiero,

contra el río mi voz se pierde

en los murales del miedo,

me hunden tus arenales,

solo con mi llanto vuelo,

quiero ser el mismo río

 y contra el río yo me pierdo,

entre las cañas oscuras,

como sombras mis deseos,

los falsos oros me visten,

me desnuda tu desprecio,

 quiero amarte y encontrarte,

 rozar tu cuerpo, aunque lejos,

 mi voz como azul campana

 ha perdido su silencio,

  en contra tuya me busco,

 y en contra tuya me encuentro.

 

 

Por el monte va un corcel llenado de su alegría

qué alegre se va mi potro dejando suelta la brida,

te mira y te desconcierta, cuando te mira te olvida,

 qué alegre se va el doncel montado donde quería,

los ángeles le apabullaban con místicas lejanías,

todo lo daba por bueno, qué alegre así seguiría

trotando contra lo visto, desnudando a la poesía,

mientras la tierra redonda era poca a su alegría,

alegre se va el corcel, qué tristeza dejaría.

 

 

Frío

 

Frío, dame el cristal en que miras,

los paisajes que me hieren,

el sol que perdido pierde,

y dame tu soledad,

las manos en los bolsillos,

tu frente sobre mi frente,

dame tu llaga que herida

se entra en la corriente

de la humanidad,

las palabras por ajenas,

el sordo rumor del humo,

la mudez con que me alumbras

el hueco que me acostumbras

dame tu generosidad

de no darme nada a cambio

de quitarme hasta el cansancio

de pasar por mi contrario

de hartarte de no hacer nada

dame tu heterosexualidad

tu nombre escrito en mi sangre

tu alambres que me pinchan

el bronco dorado oscuro

con que se escribe lo puro,

dame solo la verdad

tus pasos en contra de todo

las penumbras del tesoro

que nadie encuentra en la vida

cuando tan solo camina

dentro de tu frialdad.

 

 

Susurro grítame hoy,

caliéntame con tu viento,

serenamente olvidado,

entre la bruma despierto

con tu amanecer desnudo,

con tu noche, con tu sueño,

susurro cántame hoy

que al parecer no me encuentro,

devuélveme del todo a mí,

aletéame en el fresno,

de tus hojas delicadas,

con tus caricias que siento

volar sobre mis mejillas,

como repentinos besos,

lléname con tus olas,

del embrujo de tus vuelos

a ras de mí y de la vida,

cuando lo cerca está lejos,

llámame sin mi nombre,

pasa tus alas sin tiempo,

y pasa también de mí

con tus pasos a lo eterno,

cuando la vida no grita

pero tampoco es silencio,

acompáñame entre muros

que se me caen de viejos,

como la juventud que huye

cuando viene desde adentro,

como viento, como voces,

como palabras que digo

y siempre callan mis versos.

 

 

Aún me suena el río

y el abismo que se para

en sus cristalinos pies.

 

 

Los bosques sonoros

 

Un bosque de recuerdos parado desde los tiempos,

que me llama sin su voz y me mira sin sus ojos,

yo mismo que acabo de nacer y tengo el mundo por delante,

todas las cosas de Granada discurren sonoras y constantes,

desde la quietud del aire y los castillos de barro,

de atrás para adelante de delante para atrás

un surco seguido de todos los secretos, la palabra misteriosa

que me llama sin mi voz, que me mira sin  mis ojos.

 

 

Por qué amor se viste de hermosura si todo es regalado

y en la divina secuencia todo es tan suyo,

por qué gusta el agrado, el bello rostro anunciado,

si en la divina presencia todo es sutil y etéreo y va desnudo,

de qué nos sirve amar si amor nos fue pecado

o por qué llamamos tal a lo más puro,

de cuantas cosas hay en realidad aquello que más la huye más se la encuentra,

siendo que todo es uno y el tiempo un sol presente

por qué vamos con la verdad puesta de frente

si no amamos de verdad o lo hacemos en modo diferente,

cansémonos de amor que así cansados el mundo encontraremos a nuestro lado

no nos avergüencen los sentimientos atados  y por delante

vayamos codo con codo con nuestro ser amante

que estando puros, amor será su goce y su abundancia

estemos por ser amantes dentro del alma,

y la gocemos

que amor es gracia y mucho mundo amado en nuestra estancia.

 

 

La princesa granadina

 

Dormía una bella princesa embrujada por el sueño,

sobre sus largos cabellos pasaba un río de secretos,

el crepúsculo la vestía de rojos y suaves destellos,

sus ojos aunque cerrados miraban paisajes llenos,

las hermosuras trabadas entre arcos circunflejos,

álgida e inalterable como de mármol sus senos

dormía tan placidamente elevada como un templo,

esperaba que su amor la despertara de un beso,

la gente la contemplaba y admiraba su embeleso,

como torres sus dos hombros, su vientre lleno de espejos,

el agua la reflejaba y susurraba entre quiebros,

mientras la luna de nácar le prestaba sus mancebos,

qué bella y joven dormía la reina del dulce sueño,

vestida como una novia, transparente como el viento,

sus vestidos de alabastro y sus desnudos perfectos

esperaba que un amor la despertara de un beso

mas fue un rey quien la besó y desvaneció el misterio,

siendo joven envejeció del todo en un momento,

se rompieron sus columnas y el cincel del pensamiento,

decayeron las palabras exactas de su buen verbo,

y nunca fue luego bella, ni la vida fue un sueño,

que el poder cuando nos besa nos deja luego más muertos.

 

 

Por qué no vuelve el río del revés

y vuelve la gente,

la gente que se ha ido por sus veredas,

hasta desaparecer

por qué la tierra se los tragó y nunca más los veré;

oh río tan lúgubre y tan preclaro bajando siempre,

parece el mismo río pero sus aguas se llevaron a mi gente.

 

¿ Por qué no vuelves río del revés

y me devuelves mi gente?

sus palabras confortables, sus miradas complacientes,

sus ruidos y risotadas,

incluso la soledad,

mi soledad acompañada de la gente que yo amaba

en tus aguas transparentes.

 

 

La Granada de siempre

 

Es un fruto que ha caído de mi árbol primordial,

ni recoge, ni recuerda, deliberadamente se queja

de algo que fue inmortal,

silenciosa y oscura, de claro sabor a Sierra,

en la huerta se renueva y me sabe esconder,

tiene jardines y plantas, hundidos los socavones

y por todos sus rincones se escucha sonido a mar,

caracola de mis sueños, escrita sobre el deseo,

no es de la luna ni es corriente sino de largos paseos,

meneando a sus fuentes y a la tarde se embellece del cercano hontanar,

vetusta saca de quicio pero es un claro resquicio de flores, tumbas y brisas,

 es jardín de las delicias,

mi Granada y nadie más.

 

 

La lluvia

 

Jugaba Granada un día rompiendo todos los charcos,

por la Cruz, la Alcaicería, el Realejo y el Darro,

la Sierra que tiritaba, se tapaba con su manto,

los ríos acojonados se mezclaban con los barros

el Sol nunca aparecía con la bandera en su arco,

las palmeras ateridas, los olivares mustiados

y el agua llovía y llovía y Granada, sin desmayo,

 jugaba muy divertida, rompiendo todos los charcos.

 

 

Amigo es palabra única que te mejora,

que se pone en vez de ti, tan cerca aflora,

que lo buscas al nacer y lo encuentras al perder,

amigo es lo admirable

 estuvo cerca de ti jugando en la misma calle,

a la flor de tu piel, dentro de tu alma,

duplicado y envés, más que del mismo gen

el sonido del alma, el sonido del bien,

amigo es lo profundo por fuera hallado,

un misterio sin voz, siempre a tu lado,

un tesoro abierto nunca escondido,

que lo llevas entrañable como a los hijos,

tan lejano y tan cerca, en la flor de tu piel,

la mirada más tuya, lo mejor de tu ser.

 

 

Atardece en una pátina

que pone rojas las sombras,

sangra sobre las murallas

cuando callan las alondras

 

Las lágrimas y los sentimientos

tropiezan cuando se callan,

y si hablan mucho más

nunca saben razonar.

 

 Navego por una mar

que a solas está vacío,

y contigo mucho más,

nunca supe navegar.

 

Palmeaban como olas

las palmeras sin parar

la luna que despertaban

no paraba de mirar.

 

Cada calle es tu nombre

cada puerta una cita

 cada calle que es tuya

si la miro me mira.

 

Bailaba sonoro el aire

y apenas me susurraba,

brillaban los nuevos tiempos

y mi corazón danzaba.

 

Canciones que yo callaba

 tan llenas de mi alegría,

entre las rejas forjadas

cantaban al nuevo día.

 

Donde la noche nevaba

 flores blancas en tus pechos

se alzaba mi torreón

subido a tus recuerdos.

 

Hirieron las suaves palabras

del fuego de mi querer,

se vació mi sentimiento

 y el río empezó a crecer.

 

Cantaba mi enamorada

y el tiempo bailaba puro,

rosas rojas de un rosal,

llenado por el embrujo

 

Barrotes negros de pena,

obscuras sombras peinadas,

abríos que yo quiero verla

desnuda, en la madrugada

 

Cuando al vino lo prohibieron

lo escanciaron por Granada

y se quedó entre las lomas

su cristalina prestancia.

 

 

Las voces de la Alhambra

De Poemas de la Alhambra

He contado a todas, muchas, y entre ellas tú no estás,

oh silencio de cristal, alas del viento, miradas del pleamar,

la soledad se acompaña solo de la soledad,

¿ quién cerrará sus ventanas? ¿ quién sus ojos cerrará?

suben sobre sus cuestas, perfumadas de arrayán,

los olvidos que se han muerto heridos por el leviatán,

con tarascadas del viento y sombras de la vanidad;

he contado a todas, muchas, y entre ellas tú no estás,

la grandeza de la Alhambra es también tu soledad,

oh silencio capital que llega desde la ciudad,

los olvidos y los desprecios en tu alma de cristal,

 la soledad que es tan tuya en tu Alhambra quedará,

entre los bosques, profunda, tu voz nunca sonará,

¿ quién cerrará sus ventanas? ¿ quién sus ojos cerrará?

 

 

 Del Darro

 La música granadina

 

Esa música callada que suena a todas las horas,

esa mirada tan suya volando con las alondras,

la hermosura de sus parques y su Vega extasiada,

la pintura de su nieve sobre la montaña echada,

el aire lleno de sitios inmemoriales y eternos,

la sagrada magnitud de las torres en el cielo,

la vida tan regalada surcando por las montañas,

el silencio que engrandece los bosques de su Alhambra,

la beatífica mirada con que me miró de niño,

su habla tan espaciosa de dulzura y de cariño,

mi soledad acompañada de esta ciudad tan hermosa,

que me requiebra con aires y me estremece con coplas,

así se vayan los días y no me ganen las sombras.

 

 

Volver

 

Qué bien tus calles si las paso enamorado,

qué bien la noche para poder soñar,

qué bien mirarte y quedarme extasiado,

qué bien volver para volver a mirar.

 

 

Recuerdos

 

Mi corazón brota como un río,

sube por las callejas, llega hasta los rincones,

se retuerce y suspira al modo transparente,

alegre como un trino, calmoso como una fuente,

Granada, Granada,

el río de la amistad, perenne e inmutable,

de aguas tan escaso y tan lleno de su sal,

por todos los paseos, sus recovecos siempre,

mi corazón se goza teniéndola de frente,

Granada, Granada,

no puedo pedir más.

 

 

El bosque de la Alhambra

 

El aire mueve las hojas

como siempre traspillado,

 cantan las avecillas

y un riachuelo borracho

repite con unas eses

  guiños que el sol le ha sembrado,

es un bosque clamoroso

muy por las sombras ocultado

con ascuas rojas en sus muros

y con nieve en sus costados.

 

 

(Árboles en el río, detalle, de Torres Morenilla)

Postal del río Darro

 

El río culebrea por el tablero del monte

brilla tan suavemente que susurra la amistad,

un sol rojo penetra en el peine de las torres

 y el aire fresco se llena mansamente de ciudad.

 

 

Los versos de la amistad

 

Ten el calor de mi pecho,

el arrullo de mis besos,

mi mano sobre tu hombro

el cigarrillo que gozo

mis nubes más consideradas,

ten la amistad de Granada,

 

el aire que te estremece,

el amor nada más empiece,

las jarchas y las canciones

cascadas de ruiseñores,

mi Alhambra más coronada,

ten la amistad de Granada,

 

ten mi voz hecha de jaspes,

mi agua que desbordaste

mi barro y mis jazmines

mi mundo de colorines

mi palabra desatada

ten la amistad de Granada,

 

quédate entre mis sombras

mi estanque lleno de ondas

la alegría de mis cuevas

entre mis noches serenas

alégrate hasta con nada

ten la amistad de Granada,

 

en el calor de mi pecho

en el aire de mis besos

mi cielo lleno de nubes

te conforten los querubes

en tu alma ilusionada

ten la amistad de Granada.

 

Estás ahí mirándome en silencio,

a veces fuiste yo y aún creo lo eres,

 me mirabas desde tu amistad remota,

el río te trae hoy en su cristal insonoro

tan débilmente herido y tan discreto,

sella con tierra, con árboles y con llantos

la postal de ensueño de tu amistad perdida;

 

estás ahí como pregunta quieta

que en la raíz del hombre fue tu llamada,

con todo el tiempo hermoso inalcanzable,

mágica la Alhambra vuela sobre nuestros rostros

desde su manto oscuro de pasillos y de templos

y los ojos vacíos de sus minúsculas ventanas

de blancas columnas finas que nunca nos sostuvieron;

 

estás ahí, cristalizado, eterno

con tu amistad perdida desde las cumbres insonoras

mirándome a la luz desde tu rincón oscuro,

temblando como un árbol barrado por el viento

y la quietud mortal de la ruidosa piedra,

fuiste tanto yo que me da miedo saberlo,

pues nada pertenece a quien nunca fue dueño.

 

 

Los pájaros negros

 

Por qué súbitamente vienen los pájaros

y con su tristeza me hacen estremecer,

oh tú río sagrado, de las rituales aguas,

que naces pronto en la cueva y mueres pronto al nacer,

un vívido fulgor precede a tu no ser,

los pájaros oscuros se marchan con sus vuelos,

cuidadosos y discretos, humanizados siempre,

parece que llegaron sabiendo mis secretos,

un vacío más enorme adentra el anochecer.

 

 

La ciudad ausente

 

He forjado mi mundo en la ausencia,

una Alhambra que no está,

unas calles que no recorro,

 una casa que no habito,

 

me pueblan fantasmas holgazanes,

 

Granada me cruje como un petisú de caramelo,

la ciudad me tiene en el hojaldre de sus casas,

dentro de ella yo vine al mundo

y con hierro forjado me dio su nombre.

 

 

 Granada se vino a mí

 

Siguió a mi nombre en todos los sitios,

vestida como una reina, alta, asombrosamente verde y oscura,

mi primigenia fuente de inspiración y de los verdaderos poetas,

pintada armoniosamente como alfanje y como diosa,

Granada se vino a mí todos mis días, la eternidad incluso,

cosida, corte con corte, a todos los tejidos de mi nombre,

los dos unidos para siempre desde el costurón que me la arrebató,

incluso con sus oscuros rincones que eran mi secreto,

vino un domingo luminoso lleno de horas

y me gustaron luego sus barrancos viejos hechos de barro

 las casas que se caían de puro viejas,

 los murales que ya nada guardaban

y hasta su nieve calienta mi corazón,

ya que yo no voy a Granada Granada se vino a mí, 

para que luego digan.

 

 

Viene del monte otro monte,

de tu vega el ensoñar,

vienes cuando más me voy,

sueño en ti al despertar,

vienes y me alborotas,

mi alma sacas de un mar,

te encuentro cuando me buscas,

eres también soledad,

me llenas con tus palabras,

me vacías con tu verdad,

vienes y siempre regresas,

te miro y es mi mirar,

como dos montes tus pechos,

como el aire el respirar,

tan honda como un secreto,

cálida como un volcán,

mojada brisa en la nieve,

abrazo que es encontrar,

seguramente me amas,

lo de menos es amar,

lo importante es que te quiero,

y hasta me haces llorar.

 

 

Ruido de gente

 

 La soledad para la torre de la iglesia sobre el río,

en los muchos amigos

están los bosques exuberantes,

el ruido es la música sublime de la humanidad,

 los instantes de vida compartidos.

 

 

Los suspiros de Granada

 

Un Otoño lluvioso, ya senil,

suspira y sus suspiros son navajas

que brillan en el río contra mí.

 

 

Las nubes

 

¿ Hay algo más verdad tras esas nubes

que me miran más de mí desde la altura?

¿ Hay algo más de mí si en mí se apura

y me hace llegar hasta las cumbres?

 

 

El río Darro es tan breve como el trago de un buen vino,

solo la vida es más corta,

la vida es un soplo en los ojos que nos dan las montañas,

 es tan breve, que al vernos en vez de decirnos hola, deberíamos decirnos adiós,

 

 

Soledad

 

La soledad se cruza en el aire,

quién me dice a mí que a veces no haya querido hablarme,

eh, tú, chalado, estoy aquí más sola que tú,

el aire que se la trae el aire se la lleva,

y me deja más solo todavía,

ya no corre ni una pizca de aire,

la tarde está vestida del cuello a los tobillos,

un calor inaguantable se llena de mis recuerdos,

menos mal que tengo un plato caliente en casa,

en eso estaba pensando.

 

 

Medio camino lo trazó la soledad

 

Un camino tan bello para mí siempre fue una solución,

pero lo cierto es que lo recorrí demasiadas veces solo,

  la belleza es una cárcel con sus rejas de cristal,

la solución es el hombre cuando quiere serlo.

 

 

 Foto de Manuel Rodríguez García

 

Qué bien sentarme en Granada,

  y que Granada se pasee de sol a sol,

  y a mí me llegue su aire, lleno de toda mi alma.

 

 

Echo de menos la dureza de un banco,

que se siente conmigo

 y que descanse.

 

 

Cuesta arriba y cuesta abajo

 

Por este paseo pasé años y años camino del Colegio,

cuestas y más cuestas, entre jardines y huertas,

la Alhambra era una diosa desnuda en las alturas,

 a veces, yo oía discurrir el agua del Darro,

 y este sonido parecía decirme, bajo el pretil verde del puente,

¡ Granada!, ¡ Granada!, con una voz muy granadina.

 

 

 Generalife

 

Alameda florida, parque sin dueño

flores que al paraíso salen huyendo

y un viento frío

que de la Alhambra vino a mi delirio.

 

 

La fuente

 

Un poema es tu vaso de cristal,

una lluvia de tu agua enamorada,

sonrisas de la luna acristalada,

una de tus miradas más calladas.

 

 

 

Los secretos de las fuentes

 

La más humilde, la más natural y quizá la más famosa es la del Avellano,

a las faldas de la Alhambra, sobre el Darro, frente al Sacromonte.

 Cuántas historias de amor se habrán trabado alrededor de su caño pequeño y gracioso;

cuántas meditaciones, palabras sueltas, susurros y silencios.

(Granada 1966, los alegres días)

 

Me gusta pasar contigo por surcos y por avenidas,

recorrer todo tu cuerpo y hasta lo profundo estar,

hacer de mi cuerpo el tuyo, tan de seguido a ti;

me gustas, no es un secreto, hasta yo mismo lo sé,

las palabras se me enredan como arcos transparentes,

y en medio todas las fuentes, que nada saben decir.

 

 

La imagen puede contener: cielo, nubes y exterior

(Rincón de la Alhambra de José María Torres Morenilla)

 

Prodigiosa Alhambra

En la Alhambra, 23 de Octubre de 2015

Prodigiosa poesía que sigas siendo hermosa,

sentada reina en tu salón dorado,

que pase el mundo viejo y jorobado

y tú te muestres bella, asombrosa.

 

Prodigiosa la lluvia que exaltas celosa

y desborda cauces en tu rincón alado,

pues vuelas quieta y el tiempo lo has sembrado

del aire que perfumas como mujer preciosa.

 

Te quiero prodigiosa, tan llena de colores,

 tan exquisita y bella en tu mirador de oro,

abriéndome a los ojos los más dulces amores.

 

Hazme cautivo a mí en negros corredores,

entre las rejas y las sombras de tu tesoro,

¡ reina del poderío y los ruiseñores!

 

 

Ay río, que lo llenan los amores

y lo vacía el olvido.

 

 

La soledad solo es bella

  cuando pasea por Granada.

 

 

En el silencio de Granada

las sombras caminan descalzas

y con suerte hasta desnudas.

 

 

Los lirios azules

 

Poema que tú me cantas y que me hace llorar,

fuente donde me quebrantas, surco donde ya no estás,

delirio de un verbo vacío, cansado de tanto andar,

preguntas que sin respuesta me contesto sin pensar,

tu poema ya está escrito, es tu inmensa soledad,

rincón de valles y de huertas, viejo sonido a callar,

piedras rotas, rotas tapias, roturas de agua y de cal,

vetusta flor que en tus labios no me cesa de cantar,

labios de rosa y de humos son besados sin besar,

hacia la honda mirada de un río que ya no está,

ay amor, qué gran desgarro siento en mi alma al dejar

 tu hondo sendero oscuro de grande luminosidad,

por un camino de piedras se silencia soledad,

hacia los valles profundos do el sol me calentará,

 olitas blancas de lodo, que afloran a voluntad,

y las palabras calladas que nunca dejan de hablar,

un negro sabor desde el cielo se hace lirio al despertar.

 

 

Camino del cementerio

De mi poemario Imágenes y escenas

Por el monte bajo y quebrado,

quebrado sube un sendero

de olivos y cipreses viejos.

 

Un aire grave en meneos

de nostalgias inmortales,

se turba en el cementerio.

 

Entre tumbas solitarias,

llenas de flores de muertos

se muere la muerte en medio.

 

-Oh céfiro de la noche

oye el grito y el lamento

de mi hermana soledad.

 

-Oh záfiro, el temible,

de denso cristal, no guiñes

con sombras su eternidad.

 

La Luna, clara y muy cónica,

desde su cumbre empañada

baja su mano redonda.

 

Lazos de piedra desata

el movimiento, no deja,

nunca, de romper lo roto.

 

 

Fuente del Paseo de los Tristes

De mi poemario Imágenes y escenas

 

La gota densa del cielo cae,

sobre la fuente, más gotas caen

se llena el aire de esferas voladoras,

a un paso el río antiguo y vagabundo,

corre con sus pasitos, repletos de esas gotas

densas, como de plomo, de vuelos sin ideas,

enaguas de tormenta en un cielo raído,

ya luz, luz sin luz, extrañamente bella

para la noche que empieza a punto de acabar.

¡Ay, tanto mirar lo alto!

atrás volver los rostros de su mirada eterna,

día a día consumida, la vida era nuestra,

y extasiados por ti de tu nombre fuimos llenos,

y acabamos por ti completamente muertos.

 

Y soledad, mi cuñada, posada en el alféizar,

recogida de culo, conformada en sus hombros,

mirando en la ventana a tu vega indecible,

desde la composición irreal de una hora compleja

con su día goteado y densado de azul.

 

El sonrojado sol te colorea de vieja,

como un áspero acorde de torres inacabadas

tu antigua catedral al otro lado suena,

en tus entrañas un hombre, huido de su carne,

como un humo oscuro, choca entre tus calles,

del color de tus tapias y tus antiguas aceras.

 

La tarde se entumece, se asorda atormentada.

 

 

Torres desmoronadas

 

A veces las fortalezas tienen cierta inclinación

y levemente en la brisa parecen como temblar,

a veces los torreones como que también vacilan 

y se estremecen las rocas

y hasta el mismo sol dubita

 quebrado de soledad.

 

 

El tiempo de un enamorado

 

 Cuando reí, cuando pasé por fuera,

cuando mejor estuve y fue contigo,

cuando quise morir, y aún prosigo,

cuando perezca al cabo y cuando fuera.

 

Cuando estando tan solo no tuviera

ni ganas de abrazarte como amigo,

cuando me encuentre mal, como un castigo,

cuando me muera dentro y no me muera.

 

Cuando me escriba versos de la muerte,

cuando estando ya muerto y acabado

me asome con mi alma para verte,

 

será tiempo de amor si en lo callado

de lo más mío de mí, y por tenerte,

clame por ti mi voz de enamorado.

 

 

Una noche en la Alhambra

 

Cálida nieve de dulce encanto,

donde las lágrimas no fueron llanto

sino las aguas de mi querer,

el fuego frío de tu mirada,

bajo la Luna que lo sembró,

besos y nubes nubes y escarchas,

tu hermoso cuerpo lo desnudó;

por paraísos y por estanques,

gratas fragancias del corazón,

se abrieron puertas, llenaron calles

las soledades de nuestro amor;

fuimos pareja mal avenida,

tú a tus cosas, yo por mi vida

 y en dulce encuentro de tus caricias

la hermosa Alhambra nos concilió.

 

 

El sol cuando amanece

 

Ardiente sol que en la montaña luces

tu disco alegre de radiantes brasas,

canícula estival que en la tierra abrasas

con paso inmortal que en rigor conduces;

 

brillante espejo de tu escudo aduces

lo más de ti que en el albor enlazas,

dorada siembra, irresistible pasas

con fúlgido fuego de esplendentes luces.

 

Borra el cielo su azul en cuanto piensas

en tu bella tierra a la que enamoras,

eres su reloj sin pausa y sin horas,

 

y en los sutiles rayos, en paz, comienzas

a unir tu rostro y tus llamas intensas

con que, enamorado, a tu amada adoras.

 

 

La Carrera del Darro

 

Oh río de la humanidad corriendo en contra del río,

las aceras y los puentes entre murales antiguos,

los árboles amontonados se echan sobre el abismo,

un surco de las estrellas cruza los montes partidos,

por el río de Granada sube Granada a sus ritos,

la Alhambra puesta en lo alto se asoma al precipicio,

el aire lleva fragancias de medievos muy antiguos,

 oh río de la humanidad corriendo en contra del río.

 

 

La llama amorosa

 

Ya liba de azul el sol dorado derretido

y sobre la mar vuelan las alas de la espuma,

a por la miel van las obreras aguerridas,

en campos del amor bullen premuras.

¿ Dónde estás tú, mi amada, llamada antes

que en la lejana aurora sangrara el sol?

Pues todo ama y es amor, mas yo estoy solo,

la soledad me pesa con su carga repleta

de manzanas mordidas toda una noche entera.

Ya llama Primavera y yo no puedo oírla,

echado como estoy sobre la misma espera.

 

 

El agua y el árbol

 

Te quiero roca y raíz, roca y cemento,

en una mar tan bronca dura enramada,

te quiero contra tus nervios, enamorada,

luz que se sublima en ti, agua agotada,

te quiero todos mis días desde la madrugada

a despertarme en ti, y tú totalmente entregada.

 

 

( Árboles en el río, detalle, de Torres Morenilla)

 

 

El viejo Camino

 

Camino del que bajan el Darro junto al hombre,

oscuro de simiente, de río parado en monte,

detrás del hombre solo está el monte de los hombres,

la soledad es la inmensa Alhambra que los mira despectiva,

el hombre se agarrota como cuervo entre jardines,

el silencio de las piedras repite el tongoneo de los viejos carros,

los labios cristalinos recitan versos muy fríos.

 

 

 Granada, Joaquín Sorolla ( Óleo 1910)

 

Las alegres tardes del Darro

 

La Alhambra sobre los montes cabalga inmensa,

y fulge cual soberana como una reina,

mientras la tarde se empalma sobre la plaza,

 bebida con alegría llena de guasa,

el cielo se mancha en rojo y abre sus venas

 y pone vívida sangre sobre las almenas.

 

 

Isabel y la Alhambra

 

Quieta de amor, de lo celeste siembra,

en aras de la verdad puesta delante,

orografía del mar, lirio constante,

alhaja de la virtud, durmiente hembra,

 

De la quieta verdad sentada y reina,

en la historia parada no se derrumba,

mirando grande la paz, hechura y tumba,

de un celado manjar do siempre reina.

 

Colofón es virtud a plazo cierto

entre oriente y occidente fértil desierto,

jardín del amor su pecho abierto,

encerrada virtud de lo valiente,

espejo de los delirios, cielo reciente,

que entre la tropa truena con voz clemente.

 

 

Granada me canta y suena

como un reguero perdido

en medio de la belleza,

claro norte de mis sueños

donde pierdo la tristeza,

desde el alto campanario

de sus ondas reverbera,

las canciones que en el viento

me cantan todas sus cuestas,

tan mansamente en sus ríos,

iluminada y entera

por sus calles y avenidas,

por sus noches y sus estrellas,

la mirada que me mira

me llena de su guapeza,

por ser reina de mi vida,

lo mejor que hay en la tierra.

 

 

 

¡¡ ESPAÑA!!


Ebrio de tu grandeza

me llenaré de tu nombre,

pues el nacer hijo tuyo

me vale también ser hombre.


Los blasones y los pendones

en el dulce balanceo

de tu sencilla bandera

tremolan en mis canciones:

¡ España!, ¡ España!, ¡ España!

(1966)

 

 

 

El rincón

 

La vieja estampa se repite a diario, cobijada en la iglesia

que le presta su incienso y letanías doradas

como limones viejos para el lecho del río.

 

 

 Fuente de los leones

 

En la fuente tan blanca donde el agua para

y no cesa de manar y de saltar corriendo

vide lo más bello de ti a mí viniendo,

los ojos más hermosos en una cara.

 

Bullí de amor y el alma se animara

a salir de mí y como a ti huyendo,

la alegría incontenible de mi amor trayendo,

en la fuente tan blanca borboteara.

 

Mírenme esos ojos tan divinos

que no son de mujer sino del cielo

y no por un tiempo corto, en los destinos

del eterno fluir y el transparente velo

que el amor asalta y bulle por caminos

espumosos y alegres de su celo.

 

 

Recuerdos de los músicos de Granada

 

En horas blancas, por laderas que suben,

vuelan amorosos en el jardín sus rostros,

la débil lluvia como cálida escarcha

dibuja en el paisaje sus recuerdos rotos;

la belleza que es nube más antigua del cielo,

en halo de poesía viste de oro las cumbres,

acerca los arbolillos cargados de esbeltez

y deshace sus nombres haciéndoles de nubes;

entre las verjas rotas de los cercanos cármenes,

los rostros embellecidos resuenan como música,

las lágrimas calladas no paran de caer

y traban jeroglíficos sobre veladas musas;

lloran sobre el gozo del circunspecto ciprés,

sobre los montes morenos al resguardo de la luz,

están entre nosotros con sus perdidas presencias

y bambolean los cielos desteñidos de azur.

 

 

Los árboles

Los árboles de Granada la invaden sin misericordia.

 

Árboles, árboles, miles de árboles,

que la palabra aún no ha oscurecido,

en la clara luz, esencial, del sol,

sus verdes hojas de mil colores hechas,

sus vuelos estremecidos, sobre el flujo de los ríos,

en praderas azules el cielo de sus copas henchidas,

posadas sin peso al paso de las brisas,

¡ oh sueño inmortal de los árboles en el universo!

que perfuman el aire y al agua dan sus vestiduras

suntuosas, orillas de la tierra confundida en su vuelo;

árboles, árboles aún posados en las riberas

en el límite alto de la mirada, como centellas

del fuego frío de la creación, recreándose en los árboles,

la sinfonía de los colores verdes, la esencia de la música

suena como una inmensa pradera llena de verdor,

árboles, árboles que suben los cielos de su pureza

en la tierra hundida, apurando la economía del mundo,

las flores y los frutos, sus perfumes y sus sombras,

nervios de la vida, que respiran con sus pechos llenos

de árboles, árboles, miles de árboles, más que de estrellas,

más hermosos y rotundos en el paisaje,

a su costado, yo sueño el más justo de mis sueños,

como hijo suyo caído de sus copas, árboles, árboles...

 

 

El jardín abandonado

 

Jardinero, si tu jardín dejaste solo,

en medio de los mundos, distante y olvidado,

aún crecieron las rosas del otoño

tan preciosas y sutiles como has dejado;

siguió el limón llenando de tersura la mañana,

y sumisa la celinda se desnudó los labios;

tal cual dejaste y más crecido espera,

en el rincón la paz que solamente es su canto,

que vuelvas a las flores y a los frutos, que aún te sueñan,

y encuentres tu jardín, para cuidarlo.

 

 

Generalife (Torres Morenilla)

Paré por verte Deseada

 

Parose el tiempo por mirar sus días

y parado se quedó ya para siempre,

el que mira el ayer tan de repente

el ayer se lo traga para siempre;

 

paré por verte, Deseada,

y mi vida se paró para quererte,

el que mira el ayer tan de repente

el ayer se lo traga para siempre;

 

y luego de adornado y precavido,

llegué a más y olvidé mi presente,

el que mira el ayer tan de repente

el ayer se lo traga para siempre;

 

tragado estoy, soluto y digerido,

solo soy yo en lo que queda al verte,

el que mira el ayer tan de repente

el ayer se lo traga para siempre.

 

 

El misterio de Granada ( Composición en negativo de J. Mª Torres Morenilla)

La tristeza

 

La tristeza no escribe ni me canta al oído

con sus tristes canciones que hablan siempre de amor,

la tristeza es un nombre que quedó en el olvido,

 se olvidó de mi nombre pero a mí no olvidó,

fue el suave aleteo que provoca un amor,

cogidita del talle y la suave fragancia

de su boca encendida, levemente tragada

por mi mundo interior,

la tristeza no canta ni yo quiero cantarla,

me cantó la alegría

que ahora mismo me suena con lejano fulgor.

 

 

La mística soledad de la iglesia

 

En la soledad de la plaza,

por la torre de la iglesia

subía como una plegaria,

adornada de ribetes,

dorada en sus consejos,

como fina aspiración,

ligera cadena de oro

caliente del corazón,

entre las nubes quedaba

su aguja hiriendo a los vientos

con más poesía y fulgor,

ay, arroyo suave y trémulo

que en las guirnaldas del cielo

subes los viejos consejos,

en oros y en alamares

con ventanas, siempre abierto

en la soledad del día

plaza nueva del adiós.

 

 

 

Granada mágica ( Composición en negativo de J. Mª Torres Morenilla)

 

Jardinero de la rosa

 

Cogeré tus momentos más felices

y en mí haré vivirlos para siempre,

regaré con mi agua a tu huerto,

te daré con mis ojos lo imposible;

cantaré tus canciones más escritas

con un gusto indecible por lo nuestro,

me haré amor, me haré tu siervo,

quien decline para ti lo increíble;

tendrás mi pecho y mi corazón sangrante,

la clara luz que alumbra tu camino,

tendrás mi voz, mi cuerpo dolorido,

tendrás mi fe, mi mundo incambiable;

también tendrás tus horas más pacíficas,

aquellos tus momentos, los más solos,

el paisaje callado, una palabra en paz,

yo creo que al final vas a tenerlo todo.

Por ti, por ser quien eres y aunque te digan nada

ese mundo infeliz nunca a tu lado,

porque todas las injusticias se juntaron

se hará justicia una vez y serás cantada.

 

 

Ausencia de mujer

 

Ausencia de mujer, ausencia,

el jardín está lleno de tu ausencia,

el aire como estancado, de oscuro musgo la piedra,

la luz completamente olvidada,

todo parece mojado de tu ausencia;

las flores ya no son flores,

ni el cielo que siempre fue azul es azul sobre mi tierra,

una fuerza blanca grita por dentro de mí tu ausencia,

son como antiguas fotos perdidas en cómodas viejas,

retazos de un pleamar de tu fragante presencia,

besos que me dio la mar con dulzuras de tinieblas,

palabras, versos, la rima de tu profundo poema,

toda la vida me pasa por encima de tu ausencia,

colgada en los portales, perdida entre las huertas,

el jardín está vaciado por tu ausencia,

ausencia de ti, mujer, ausencia.

 

 

Una rosa toledana (foto de Torres Morenilla)

 

El poema de la rosa

 

Mi rosa es un poema desbaratado,

todo lleno de amor y rotas hojas,

rosa de mi dolor, en flor sacado,

perfumado jardín de mis congojas;

 

 la rosa eres tú que andas y picas

con tu pasito en flor de enamorada,

la rosa es el manjar con que salpicas

  tu alma atada a mi alma loca.

 

 

Matar a un ruiseñor

 

Se cayó el pajarillo,

la tierra rezuma una oscura tristeza

de un día sin Sol aunque lo esté,

y de las horas que se secan en la oficina.

 

Se cayó el cantor,

el silencio puso veredas en la mirada,

y una oración en la boca traidora

que a la inocencia pudo llamar pecado.

 

 

Donde quiere o donde puede

 

Por el camino regresan los que el camino dejó,

vienen con sus alhajares y sus vestidos de fiesta,

parapetado, en unión, sonríen y nos meten miedo,

¿ no decían que lloraban bajo la mágica luna?

nos decían que temblaban como cañas de bambú,

vienen a miles, ellas con faldas muy largas,

ellos con fajas y navajas, las viejas con negras enaguas

y los chiquillos conservan su mágica angelidad,

lo que el caminó vació el mismo camino llena

y no es una fiesta, pues no se les oye cantar,

es el aire que los lleva de aquí para allá,

donde quiere o donde puede.

 

 

Agua

 

Agua que es solo agua,

y perdiéndose te encuentra,

agua para mirarte

y susurrarte un poema,

humilde agua de fiestas

sonando como un reguero

de su alegría tan nueva,

amansada por ser fértil,

canturreando tus penas

y es solamente agua

que baja por las veredas,

agua de los miradores

surcos de la primavera

que en la nieve se derrite,

te fecunda y se renueva,

sorbitos de un corto río,

que en poco oro te premia,

oscura como la noche,

iluminada en la vega,

agua de río y de costumbres,

que te roza y que se aleja

y cuando se va de ti

sabe siempre que se queda.

 

 

AL ENCUENTRO DE GRANADA

 

 

 

Baja el río,

más que río es una fuente,

agua y nada,

 para morir de repente

en los brazos de su amada.

 

*

 

Caliente como la tierra

que bajo el sol se consume,

muere el rumor de la nieve

y se pierde entre las nubes.

 

*

 

Ellos se fueron y nos dejaron barro,

aquella tarde obscura cuando el sol murió

el viento acompañaba la tristeza del río

y las sombras buscaron el refugio de la noche.

 

Ellos se fueron y nos dejaron áfonos,

con nuestros viejos recuerdos encadenados,

mirándonos las manos estúpidas y vacías

si alguna vez pidieron nuestra ayuda antes de irse.

 

Ellos se fueron y nos dejaron el llanto,

prisioneros en la gruesa cuerda de la calle,

más solos que el espejo de nuestros amores,

como nubes palpitantes escritas en las paredes.

 

*

 

Guitarra que en la noche suenas,

negra de la luna loca,

encendida por las zambras

y adormecida en las sombras,

el río que abajo te escucha

 se sube sobre las lomas,

para mirar tu rubor

 sobre la bruma y la alondra,

  copia de ti tus dibujos,

y garrapatea tus olas,

suena guitarra en la noche,

 cuando yo me quede a solas

y háblame de tus secretos,

que aprenderé de memoria.

 

*

 

Donde la luz se desnuda y las sombras se encandilan,

 el aire dicta su verso de pluma en la cuartilla,

la lluvia que está muy loca los campos llueve de prisa,

las alondras quieren huir y la nieve está aterida,

los días dejaron de ser en horas negras malditas,

 un ruiseñor, también loco, se pavonea en su levita.

 

*

 

No los lloréis el aire guarda sus risotadas,

las alondras caminan ligeras sobre sus palabras

y hasta el virginal sol conserva su calor corporal,

nada de la vida se pierde cuando se pierde la vida,

 el amor de sus abrazos abraza la eternidad.

 

*

 

Oh manjar que danza el aire,

silábico tránsito de musas,

que en las pilastras se sale

como mujeres desnudas.

 

*

 

Llega el viento

con sus nudos de raíces

y les deja un baile sutil, estremecido,

mueve las hojas atrás tan grises

salidas como unas lágrimas

de un corazón herido;

en las paradas horas

sobre el cobijo de la tierra oscura

 cansado de crecer se muere

por el jardín herido.

 

*

 

 

Resultado de imagen de cristo de los gitanos  de José Risueño del sacromonte

El Señor de los Favores

Lamentaciones de Jeremías Thomas Tallis (1505-1585)

 

Imagen del Cristo de José Risueño,

llamado de los Gitanos, en la Abadía del Sacromonte

Procesión en el monte, el Cristo pasa

entre nubes oscuras de las plegarias,

entre blancas hogueras de su querer,

como nube entre nubes se deja ver,

y se hunden en el río sus amapolas

de los cirios y humos en procesión,

candelabros de plata sobre los pechos

que refulgen de bronces el corazón;

acongoja en el aire un gran silencio

y el cielo se enluta con los lamentos,

una música calla, como cristiana,

soledad de los cristos de alma llana,

el Veleta se enciende de oscuridades,

por el camino andan todos mis males,

ay Dios que mi vida pasa como de lado

y no llega a la cuesta de tu costado,

en el alma la noche es una canción

que se bebe su vino con devoción.

 

*

 

Granada, interior de la Catedral, dibujo de José María Torres Morenilla

 

 

"Nunca he querido dioses crucificados"

L. Cernuda

 

Laudatorio

Laudamus te y Gloria  A. Vivaldi (1678-1741)

Елена Кумановская

 

Dios crucificado, un hombre solo,

en el campo infinito de lo pequeño echado,

en la raíz de hierro a la madera clavado.

Clave en mis ojos el ancho mesianismo de su palabra:

" amaos los unos a los otros"


locura es para el irredento hombre,

pues por hombre morirá, por hombre muere

en una cruz inhábil, madre de las cruces

y su palabra cuelga:

" como yo os he amado"

 

 

 

 

 

 

REFLEXIONES, RECUERDOS Y PROSAS 

 

Antes que nada, la inmensa alegría que tengo porque ya sé que Granada solo está ( no le pongo tilde a solo, y es una burrada, pero esto suele pasar cuando la masa dirige a la Real Academia  Española de la Lengua y no es al revés, como debería ser, talmente como las sentencias del Supremo cuando echan un guiño a los que se manifiestan y se olvidan estrictamente de los mecanismos técnicos jurídicos con milenios de pureza) solo está a tres horas de viaje en el Ave, desde Madrid. Al fin la primera ciudad turística de España, de siempre, está comunicada por este milagro de la ingeniería que es el Ave. Lo necesitábamos muchos granadinos exiliados, que vivimos con la idealización atroz de nuestra tierra, aunque no sea para tanto. Nos conformamos ahora con que Granada sea el pan nuestro de cada día, al alcance de nuestra mano, disfrutando de ella con naturalidad y sin estridencias, como siempre lo hicimos ( aunque algunos con menor locura que yo, que soy exagerado en mi amor a Granada). Desde Granada se puede ir directamente a Barcelona en seis horas y yo lo recomiendo, estuve el año pasado en Barcelona y me dejó hechizado.

 

 

 

 

 

 

LA ABADÍA DEL SACROMONTE DE GRANADA

 

 

 

Mi colegio, La Abadía del Sacromonte, que parece un conjunto del pintado medievo, junto al muro espléndido del renacimiento español, pero hay más cosas y aún más viejas, catacumbas romanas de los primeros cristianos españoles. " Insigne Colegio de Teólogos y Juristas del Sacro Monte", la parte más nueva, el edificio del fondo es como un Escorial con sus muchas ventanas rectas, sus escaleras de mármol y su grandiosidad en el monte, ha quedado ahora como un cascarón debido al fuego. Con lo bien que estuve en ese Colegio, sus tradiciones ancestrales sobre San Cecilio, patrón de Granada y primer obispo, las catacumbas sobre el lado derecho y primitivo de la Abadía, con sus cipreses reverentes y enanos, sobre cuyas piedras se dice que habló el Apóstol Santiago a los primeros cristianos, Iliberis como la Granada ancestral, sus comidas diarias, para mí inolvidables (creadora de la tortilla al Sacro Monte en el día de San Cecilio), sus patios, su altura, sus horas de estudio antes de cada clase, su rigor en la Literatura ( magníficas lecciones de D. Ismael Pérez) y las Ciencias como una seria iniciación, cultivada,, en fin.

*

Por el camino del Darro pasé día a día, años, camino del Sacromonte, en el autobús alemán, color café con leche, que me desayunaba frío al lado del Cine Aliatar, para subir al Colegio y luego, al fin, bajar a Granada.

 

 

LA OTRA ALHAMBRA

 

 

De niño subía a la Alhambra todos los días de verano, me colaba en el palacio de Carlos V para oír los ensayos de las grandes orquestas del Festival Internacional de Música y Danza de Granada que suelen darse sobre el magnífico Julio granadino, gozaba enormemente pues todos tocaban de maravilla y repetían y repetían tan mágicas notas a las órdenes de los mejores directores del mundo.

 

Subir a la Alhambra, como subir a Mozart, a Beethoven, a los músicos rusos, al ballet de Ludmilla Tcherina, a las grandes obras musicales entre los árboles inmensos y el agua clara de las fuentes ( ¡ oh, caños y bajorrelieves de la Fuente de Carlos V y sus bancos de piedra en las sombras! Qué augusto es el clasicismo español, de grandes monumentos de piedra, de márnoles y de fuentes, de las cuadradas ventanas y los patios hermosos, lástima en la Alhambra, diría Lorca, pero incluso ahí, hay rincones que un niño sabe agradecer, bajo las dulces sombras en verano y el ruido musical de los caños generosos del Darro)  las torrenteras, la placidez del alma. Luego, a la tarde, montando mi bicicleta roja por mi Barrio de Fígares repetía los grandes acordes, incluso improvisaba los míos.

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Un lugar especial para el Instituto San Isidro de Madrid, estuve allí unos años mágicos y literarios. Allí teníamos el Aula de Teatro de don Antonio Ayora a la que me apunté pronto y participé  con mi ánimo, todavía está mi nombre en la plantilla de los teatreros. Pronto empecé a darle a mis compañeros mis escritillos, que gustaron mucho, ellos, chavales inquietos, me asignaron un programa radiofónico en Radio Juventud de Madrid, donde escribía un artículo semanal. Instituto literario, en cuyas aulas han estudiado Víctor Hugo, Cervantes, Lope, Calderón, Quevedo, Tirso, Aleixandre y tantos otros. ¿ Qué escritor no ha estudiado en el San Isidro?. El San Isidro es la cátedra ambulante de los escritores. El otro día yendo por la calle Atocha por casualidad entré en la Iglesia de San Sebastián de Madrid, allí enterraron a Lope de Vega, allí se casaron escritores geniales de todos los tiempos, se bautizó Cervantes, en fin, si me vengo a Madrid acabaré escritor, seguro.

En aquel patio de los Escolapios todos jugábamos, bajo el radiante sol granadino,

 y yo encontraba peces rojos ocultos en el cauchil de riego.

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Todos tenemos una ligera idea de los tiempos antiguos, sus batallas y calamidades, sus sufrimientos y sus lujos, pero de qué reían cuando se reunían en los teatros y foros ¿ qué cosas les hacían soltar las carcajadas? pues la risa es una medida del alma, como el llanto lo es del no-alma y es una cosa que no está muy clara del todo en la historia, ¿ de qué se reían los antiguos hasta mearse de risa? La risa es un misterio, algo que siempre estuvo en nosotros y que estará después de nosotros, la eternidad.

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Desde la Abadía del Sacromonte tenía a mi izquierda la Sierra, a la derecha Granada y enfrente el Avellano y la Alhambra,

por eso salí tan poeta.

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Me dijo un lector que mi Poesía de la Alhambra era un llanto, que lloraba por Granada. Pero para mí la poesía siempre fue todo lo contrario: un juego, un cambio, mil cambios, una idea, mil ideas, todo lo más la insigne música que nos llena y nos hace ser felices encontrando la belleza interior, la del alma: pero Granada es tan bella, y está tan fuera que nos saca de nuestras casillas y nos hace escribir, pues quién se cansó nunca de mirarla y quién se cansaría de hablarle al oído, siendo tan hermosa y cabal y tan redonda, oh mágica Granada que tuve la fortuna de que fueras mi entrañable tierra, mi más amada esencia. Subo a tu Alhambra, subo a tu cielo todos los días y me haces mejor, me haces poeta, y nunca me harás llorar porque siempre vuelvo, vuelvo hasta en los vagones de tercera del tren antiguo, los pies hinchados, como Bach buscaba al gran organista, Dietrich Buxtehude, el de la coral " Ach Herr, mich armen Sünder" y caminaba a pie 350 kilómetros junto a un amigo para ir a escucharle.

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Por nuestra necesidad de alimentarnos me temo que estaremos mucho tiempo matando a los animales y que, por ejemplo, unos seres tan serios como son los jabalíes sufrirán la ociosa persecución y bellaquería de los cuchillos humanos. Criminales.

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El tiempo más que inexorable es burlón, desnuda nuestras palabras, las deja sin sentido, amar ¿ qué es amar cuando se tienen tantos años?

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La estética. Todo en la Naturaleza es estético, ha hecho animales y plantas para ser admiradas por lo bellas y completas que son, lo que pasa es que los hombres nos las comemos y a la Naturaleza esto tampoco le parece tan mal.

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Los Maristas me premiaron a los once años un relato sobre su fundador Marcelino Champagnat, ¡¡ al fin un premio literario!!

siempre está conmigo el bajorrelieve de metal.

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Una música rodea a la Alhambra y a Granada,

la música que lleva las almas a tocar el cielo.

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Los Escolapios, los Maristas y el Sacro Monte, tres colegios a cada cual mejor que supieron sacar lo mejor de mí, cada uno a su estilo. Sin olvidarme del primero de todos, la Escuela Publica de la calle Marqués de Mondéjar, a la que me apunté yo solito con tres años, aburrido como estaba de ver pasar los niños por la puerta de casa y yo sin amigos ni hermanos.

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Este Darro, no podría ser de otro modo, es al final de todo mi canto a la amistad, la amistad es el más grato de los paisajes de Granada.

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Creo que nunca he vuelto a tener aquellas reflexiones, aquella inteligencia para amar la vida, aquel espíritu universal como cuando era niño y subía a la Alhambra a diario a gozar la vida en el emporio de la grandiosidad y la intimidad de sus sombras. Disfruté Granada como un cosaco, a lo bestia, que es como hay que gozar en la vida, también en lo religioso como diría aquella santa española del Renacimiento, la Reina Isabel, para su amado Corpus Christi que solemnizó en Granada. Pero cuando estoy lejos y siempre, Granada para mí es el río Darro, un rincón especial precisamente, bajo la iglesia, más cerca de Granada, donde confluyen el río, el monte, la esquiva Alhambra con el paseo de piedra, también los árboles de finas hojas y de suaves temblores. Mi rincón que me hace llorar cuando estoy lejos, el rincón de mi patria, de mi esencia granadina.

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Desde Madrid, Granada es muy hermosa, sabrosa y gustosa, como una hurí en la mente de un poeta. Pero, cuando regreso, la Granada real es, gracias a Dios, mucho más bella.

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Me levanto bien pronto de madrugada para escribir, no me importa lo pronto que sea, me levanto despejado y con ganas de escribir y así lo hago con profesionalidad y rigor ( más quisiera hacer lo mismo para leer, cada día soy el peor lector). Cuanto más se aproxima el amanecer siento cierta desilusión, porque desaparece la pureza de la madrugada y se acerca el escandaloso Sol con su coro de rayos calientes perdiendo la madrugada esa oscura virginidad, esa hora placentera de la noche cuando escribir es una pureza más, sin contradicciones ni interrupciones.

*

Ser de Granada. Tenía por costumbre pararme y que Granada me entrara, las calles y edificios venían hacia mí, también su gente, mi cuerpo era un jolgorio del bullicio granadino, sentía la hondura de sus barrancos y la sonora agua, su viento languidecía en mí con su frescura y las enormes sombras de sus árboles caía a plomo sobre mi cabeza, vivía Granada, no vivía en Granada como un pasajero, ser Granada, no ser de Granada como un turista interior, respirar Granada por los cuatro costados, porque ser granadino es que Granada te reconozca desde el primer día y entre en ti para que tú, como a Dios, no la conozcas nunca pero vivas en ella.

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Sebastopol. No me gustaría dar la impresión en este mi Darro de ser el que no soy, no soy triste ni lloro por Granada, soy tan granadino que me gusta Madrid, no soy solitario ni lloro ningún amor. mis amores literarios no son amores es literatura, siempre lo consideré así, a veces sí escribo de mis cosas, muy pocas veces, solo cuando me refiero a mis sentimientos pero no a las personas. Granada no es mi frustración ni mi misantropía como dijeron mal. Granada es mi premio que me doy de vez en cuando, mi traje auténtico que me pongo los días míos que nunca fueron los de fiesta. Tampoco es que sea importante lo que yo parezca a las gentes, sí puedo asegurar que nunca me conocieron del todo, en cierto modo fui la lección mal aprendida de los malos estudiantes, en Granada, en Madrid y en Sebastopol ( ¿ hay algo más granadino que Sebastopol?).

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Cuando el verano de Granada os dé su magnífico calor,

preguntad por Los Italianos de la Gran Vía, unas muchachas delgadas y pálidas os venderán los mejores helados, el de fresa que lo es o el de limón que se acaba muy pronto en vuestra boca.

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La poesía como el río transcurre suave en la superficie, me gusta esa poesía que no nace del llanto ni nace de los hondos sentimientos, esos que arrastran fieros a la tragedia, no me gusta el altisonante tono de los desgarros, ni hurgar las llagas, ni sacar en lo tremebundo el hacer poético, me gusta escribir tan llano como el prosista, el que al narrar no cambia el modo ni se siente mejor, distinto o airado sino que muy bien quiere contar como si la verdad contara, con elegancia y sencillez, por eso grandes escritores de la novela son pésimos poetas pues piensan que la poesía es un viaje al más allá, una escalada a los bajos fondos del alma, una tragedia en fin. Digamos que la poesía no es distinta sino breve, no es altisonante sino bien sonante, ligeramente atada y no del todo libre, tampoco es que sea una mentira como lo dijo Sócrates y el mismo Aristóteles, sino más propiamente un estilo literario, por ello las formas clásicas suelen ser exitosas pues a la poesía le van muy bien las reglas, tanto las fonéticas como las ortográficas. En cuanto a los poetas, en mi caso me dio por escribir poesías, aprovechando entre tiempos del trabajo incluso, al viento de la inspiración que es ese tiempo que de pronto nos lleva a escribir de algo como una necesidad de ese algo, pero una buena prosa, como aquella de Cela de sus primeros años, o la de Azorín suele dar unos frutos sabrosos y en nada tiene que envidiar a la poesía como deleite del alma.

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Monasterio de San Jerónimo de Granada, fundado por los Reyes Católicos

 

Cuando contemplo el monasterio de San Jerónimo estoy en mi Granada de verdad, frente al Perpetuo Socorro de los redentoristas y muy cerca de San Juan de Dios y del economato militar entonces. Sobre todo cuando estoy dentro de esta magnífica iglesia donde no caben más perfecciones juntas del Renacimiento español, gloria de la piedra y de la pintura , exégesis de la Cultura con mayúsculas, ya solo me falta un Ave Verum de Mozart para juntar el espíritu a la raíz humana, lo más cerca de Dios posible. Granada me llevó de su mano por la riqueza absoluta, la inteligencia, el trabajo y el arte y no solo a mí, a todos los granadinos. Mi alma está aquí en plenitud, me identifico con ese misterio que trasciende del mundo castellano y que tan bien se lleva con el árabe de manera que son primos o algo así. También los árabes dedicaron su Alhambra a Dios, y se nota, se esforzaron por llegar a lo más alto.

*

Los Maristas hicieron una coral, cantamos acompañados de músicos profesionales, por una vez y sin que sirva de precedente, en la Iglesia entonces cerrada al culto de San Jerónimo, también a capella en Radio Granada y en el antiguo Teatro Cervantes  frente a la plaza de Mariana Pineda.( Por cierto soy tan mayor que he conocido incluso el Teatro Gran Capitán, ya cine, que estaba detrás la antigua Casa de Correos, la de los leones, en el lugar que ahora ocupa la escultura de Colón y la Reina Isabel de Mariano Benlliure, en Reyes Católicos.

*

 

El último poema

 

Mirarte fue la perfección, hundirse en la poesía,

nada más tenías qué hacer que estar al lado,

tú eras, en ese instante, el ser más perfecto;

la mirada flotaba por un tiempo infinito

con toda la belleza de un poema inexplicado,

nada quería el amor más que tu presencia,

el poema eras tú, absoluto y espléndido.

 

 

©José María Torres Morenilla

 

ELS POEMES DE L´ÉSSER

 

 

LOS POEMAS DE LA ALHAMBRA

 

 

LOS POEMAS DEL SER

 

 

AZUIS, AZUIS,

 RÍAS BAJAS

 

 

                                                                                             

Otras obras:

 

SONETOS

 

DIBUJOS DE GRANADA

 

DIBUJOS A LÁPIZ

 

PAISAJES Y RETRATOS

 

PROSAS PARA MI HERMANO

 

 

 

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© José María Torres Morenilla, prohibida la reproducción total, ni la parcial sin cita del autor.

Todas los dibujos son de José María Torres Morenilla

 

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