RÍO DARRO

(2013- 2018)

 

 

 

AL ENCUENTRO DE GRANADA

 

 

de

 

 

José María Torres Morenilla
 

 

 

 

Granada, vista de Sierra Nevada ( T. mixta de José María Torres Morenilla)

 

 

 

Introducción

 

 

La ciudadela del monte

 

Alhambra, vergel de sombras, en el agua encantada,

con los oscuros olores de la tierra mojada

y los claros cristales de su alma intransitada,

paraíso escondido, en muchos siglos olvidada,

nacida desde lo mismo y que parece inventada,

cada día es más nueva, cada día es encontrada,

apostada frente al viento, defendida, amurallada,

con las grietas de los tiempos de la belleza parada,

que habla de las victorias y que fue la derrotada,

ora estrella, ora surco, ora arquitectura hilada,

fuente del espejo limpio, quieta luz, inmaculada,

serrana que señorea sobre la vega azulada,

con un alfanje invisible, en su mano levantada,

defensora de un tesoro vinculado a su Granada.

 

José María Torres Morenilla

 

 

Després d’aquests versos de José María Torres, poc queda a dir d’un dels més bells monuments que s’han conservat de l’època musulmana en el territori peninsular.  

  elementosinteractivos.blogspot.comalhambra-interactiva.html 15 de Marzo de 2013

***

 

 

 

RÍO DARRO

 

 

Tú, Darro, de oro conocido río,

cuán bien agora puedes señalarte

y con nueva corriente y nuevo brío

al apartado Hidaspe aventajarte.

Pues Gonzalo Mateo de Berrio

tanto procura con su ingenio honrarte,

que ya tu nombre la partera fama

por él por todo el mundo le derrama.

 

 Miguel de Cervantes

 

 

 

 

 

Prefacio

 

 

A las sombras de El Salón

 

Con este cansancio que tengo bien me vendría estar sentado bajo las sombras del Salón, oír, en el recuerdo, el goteo del río Genil, hoy un espejo verde, callado, sin guijarros ni grietas, serenamente cansado y tan lleno como yo de viejas tropelías, de los surcos que dejaron los amores, bajo el prisma del Sol granadino, primo del de Jaén y rival del malagueño, que atraviesa todos los caminos que van a dar a la mar, la más distante, la de Sevilla, que es el morir, o sea todo lo contrario de estar sentado bajo las sombras que titilan en el Salón y recibir todavía el pálido aliento húmedo de los tranvías de la Sierra, que subieron por quebradas y cañadas y por los viejos puentes de puntillas sobre el abismo de Granada, pálidos de miedo. Aquellos tranvías de la Sierra cargados de aire limpio, de olores desterrados, de aguas subterráneas y cóncavas. Todavía hay un rastro de ellos en el cruce de la Sierra, la carretera que parte del Salón, la que contemplaba la Reina Isabel en el bronce de Mariano Benlliure, sentada magníficamente como una reina, con su bellísima papada, mezcla de buena educación y de los buenos alimentos, callaré, por Dios, hermosa mujer. Bam, bam, suenan los alabarderos de las viejas pelucas y los terciopelos viejos, los escudos, los timbales, el 2 de Enero, las chirimías gatunas de las trompetas de plata, toda la cohorte de un Imperio naciente bajo los pies de su hermosa reina- enamorado de ti escribo después de muchos siglos-. Oh mi Señora sentaos en la alfombra verde de la Vega, que os contemple la cautiva nieve, que os refresque las mejillas y tiemblen los chopos con vuestro terror y las palomas revoloteen como jaculatorias ante la serena majestad de todas vuestras preguntas. ¡ Vivan la Virgen de las Angustias y la Reina Isabel Primera de Castilla!, las hermosas mujeres granadinas que se pasean por el Salón vestidas de fiesta, perfumadas y adornadas con las flores de sus sonrisas. Que sonría Granada entera, bajo las sombras del Salón, que es es el único capaz de soportar el asfixiante calor de esta ciudad de casas encendidas, lejos del bosque blanco de la Sierra, toda hecha agua, en cascadas, en torrentes, en cuevas subterráneas, en los jardines, en los cauchiles, en las veredas, en las eternas aguas de las eternas nieves, las que toman el buen aire de Canales y regalan a puñados en el rostro de la Reina- enamorado de ti escribo después de muchos siglos-. Ay, mi Señora, cuánto tiempo hace que no vienes por aquí y nos enseñas a amar a Cristo, a juerguearnos con Cristo, como debe ser, sin quiebra ni medida, alborotadamente, bajo los cimbeles de tu Caballería Real, la que tronó más que el trueno e hizo temblar las piedras de los sentidos. Yo tu amante, mi amor secreto, tú mi amor carnal, el más espiritual de todos, mi velado amor para una tarde fresquita a las sombras del Salón...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  RÍO DARRO   

 

 

 

 

 

La verdad es sencilla como el agua, parece que se va y luego regresa. ( José María, Público 25.11.2016

 

 

 

Río Darro


Cuando el río baja a Plaza Nueva

su sonido de agua tiene mucho de mí,

yo bajo por un río quebrado de mis recuerdos,

la corriente de mis sueños,

con toda la vida entera que he vivido para ti.

Entre los hondos barrancos

se fue llenando mi amor de un amor desesperado,

tapado río de dolores de mis amores desechos,

corrientes que se olvidaron calladas en mis recuerdos,

hasta perderse del todo, sin tenerte y sin cantar,

qué pronto acaba lo bello y queda la soledad.

 

 

 

Al encuentro de Granada

 

Oh triste lágrima

inconsolable cayendo

por la belleza encontrada

 

 Siento mi alma bajar,

a un lado estoy yo,

  y al otro lado Granada.

 

 

 

Granada

 

Granada, la que me llega, la honda que hasta me besa,

la que repleta de brillos, con su nombre me embelesa,

la de montañas de nieve con blancores de azucenas,

la suave y presumida, rosal de rosas que ensueñan,

 capciosa y juvenil, tranquila y verdadera,

como una amistad perdida en medio de la belleza...

 

 

Clara

A mi hermana Clara Eugenia

Clara es luz que alumbra mis sentidos,

clara es la voz que viene del río Darro,

claro el deseo que aúno a lo vivido,

claro este mundo, que es cuanto lo que amo.

 

Por ti yo sigo senderos luminosos,

momentos claros a mi vivir atados,

lo que yo soy y quiero seguir siendo,

cuando te miro lo tengo todo claro.

 

Es claridad, que oculta como el viento,

 a mí me llega de un aire salpicado

de sentimiento, de paz, de cuanto siento,

veraz jardín, tan pulcro y tan amado.

 

 

 

Resultado de imagen de La Virgen de las Angustias de Granada

Virgen de las Angustias y de todos los Dolores,

 sobre tu frente inmarchita

caen lágrimas de Granada,

las penas no socorridas y las desventajas,

los vientos llenos de frío

y el dolor sin esperanza.

 

 

( Los árboles en el río, detalle, de Torres Morenilla)

 

Las tardes del Darro

 

Triste y sonora voz que la costumbre

un camino ha sembrado de agua misteriosa,

una perdida estera, la voz calmosa,

una imagen del río, rota, de fuente;

por ese camino van con ruiseñores

los frescos andurriales de la Sierra,

senderos ocultos, fragantes, y en la niebla

 los pasos alegres de la gente;

dolor y sal, agua y, sobrada,

entre alamares verdes y rojas tapias,

se asoma a sus balcones y los subleva

una Alhambra exaltada bellamente,

una parada en paz, guerra sin frente;

 sobre las anchas llanuras del poniente,

qué belleza y fulgor sirve Natura,

toda la tarde  viste florituras

de brocados que enardecen su hermosura.

 

 

Granada me canta y suena

como un reguero perdido

en medio de la belleza,

claro monte de mis sueños

donde pierdo mi tristeza,

desde el alto campanario

de sus ondas reverberan

 las canciones que en el viento

cantan todas sus cuestas,

tan mansamente en sus ríos,

iluminada y entera

por sus calles y avenidas,

por noches llenas de estrellas,

su mirada que me mira

y me llena de guapeza,

por ser reina de mi vida,

lo mejor que hay en la Tierra.

 

 

Jardín del amor

 

Jardín de amor, hermosa es la poesía,

en una fuente clara el agua de tus ojos mira,

el rumor de los árboles canta cuando dormitan,

todo me lleva a ti, contigo vuelve la vida,

el viento de los jardines se cuela entre mis rimas,

júntanse amor y deseo en la luz de mi alegría,

 pero si vuelve la pena cuando menos convenía

 mi jardín se queda solo como una torre granadina.

 

 

Resultado de imagen de Toledo por el Greco

Toledo

A Olvido

Toledo, la Catedral, al cielo las agujas apuntan,

ángeles con alas de oro se ensimisman y se preguntan,

un coro de piedras sube sobre las nubes trasuntas,

con cerco de río tranquilo, el Greco en su pintura

el tiempo dorado cubre, sobre la cerca y barrunta

una tormenta de oro, una incólume penumbra

de grises y de arreboles, de las montañas que enluta,

Toledo, la Catedral, la España que nos transmuta.

 

 

Retrato de un granadino

 

Qué bella patria la que contigo sigue

y en tu pecho respira y contigo asiste

al mundo grande que entre tu gente vive,

oh prados sin fronteras montes pulidos

donde la grata cueva se hizo una fuente

oh mundo de tu lugar lleno de gentes

el que contigo va limpio en tu frente,

cambio y parada vienen a estar contigo,

nervio, razón y vida en sangre tienen

un poderoso lugar donde se puede

amar del todo, cuanto del todo quiere.

 

 

Poema de la desesperación

 

Canto por encantado,

 muero por haber nacido,

 suspiro por estar pirado,

 y vivo porque no vivo;

 entre la sombra, he gozado,

al pie de la luz, el sonido,

soy rufián en noche amado

 y amante enfebrecido;

 doy la paz que me han dejado,

 bajo la nieve fui uncido,

 tengo el viento por tejado

 y piedras de oro he vestido.

 

 

Albaicín

 

Las rosas ensimismadas entre barandas oscuras,

los cielos amoratados, trabados como canción,

fuentecillas sin sonidos, la luz desde el otro lado,

miro tus ojos tan bellos y nos miramos los dos,

 al pronto la Alhambra enciende

 sus bosques amurallados, inmensa, cabal, luciente

 abraza con largos pasillos y aprieta en el corazón,

con la frialdad de la brisa llega su mirada ardiente,

los silencios van que ruedan y nos besamos los dos.

 

 

El río

 

Aún me suena el río

y el abismo que se para

en sus cristalinos pies.

 

 

Cantan la piedra y el agua su soledad

 

Echada sobre la loma, mirando al cielo de día, canta la soledad,

soledad de piedra y agua, solo el silencio es cantar,

bajará haciendo eses, luminosa, de cristal,

el agua de piedra y llanto, y la soledad,

bajará por ventisqueros, gorgoteará su verdad,

en las paradas del tiempo solo el viento escuchará,

voz de cristal sonoro, suave modo al cantar,

un hondo sonido a piedra y el del agua en su lugar,

soledad de piedra y agua, solo el silencio es cantar.

 

 

La añoranza de Granada

 

Dentro de mí quedó el recuerdo,

una mirada tuya quedó en mi olvido,

quedó perderme lo que más quiero

y no tenerte más cuando te miro;

quedó la brisa rota en las ramas

del árbol del amor lleno de espinos,

quedó la cálida flor de hojas blancas

de tu nieve y tu sol de rayos fríos;

quedó la ventana, siempre abierta,

de la luz tan antigua que he perdido,

un paisaje tan tuyo frente a mi puerta,

de un jardín que olvidé, pues siempre olvido.

Hoy, que apareces de repente

en las páginas de fotos de este libro,

te ven mis ojos y mueren por tenerte

pues mis ojos te amaron en esos sitios.

 

 

Hay delante de mí una montaña muy blanca

 

Tengo delante de mí una montaña muy blanca,

no, que es azul, no, que es morada,

no, que es tan roja como el corazón de la lava,

y si la miras de cerca tan verde como la esmeralda,

es una montaña tendida a través de una muralla,

si la miro me contempla, si me mira se me ensancha,

es una montaña perdida rodeada de montañas,

calza ríos que llevan oro con piedras bien esmaltadas,

levanta sueños y coplas y baila redondas zambras,

por de noche es como el día por el día solo es mañana,

tengo delante de mí unas montañas muy blancas.

 

 

Un mundo distinto

 

Otro mundo detrás de la montaña,

detrás de la arboleda y del profundo río,

otro mundo inaudito de gentes imposibles

que aman más que les aman

que nunca han traicionado y saben comprender,

detrás de las montañas y de las mismas gentes

otro mundo distinto de personajes amantes

que la vida derrochan de manera evidente,

que saben entenderte pues solo entienden bien,

detrás de las arboledas y de las mismas gentes

un mundo tan distinto que yo llego a entrever

detrás de mí también.

 

 

 Granada siempre a tu lado

 

Rincón soñado,

cerca de tu corazón,

siempre a tu lado,

reguero de sonoridades

y de hermosas claridades,

paseando sus paseos,

mirador de los luceros,

acomodando sus coplas,

sonoras sombras que lloran

tan cerca del corazón,

cantando con regodeo

ese dulce parloteo

que embellece su fulgor,

Granada estuvo a tu lado

y contigo se quedó,

mirándote cuando la miras

y cuando por ella suspiras

suspira su corazón.

 

 

Hasta desaparecer

 

Por qué no vuelve el río al revés

y vuelve la gente,

la gente que se me ha ido por las veredas,

hasta desaparecer

por qué la tierra se los tragó y nunca más los veré;

oh río tan lúgubre y tan preclaro bajando siempre,

parece el mismo río pero sus aguas se llevaron a mi gente,

¿ por qué no vuelves río del revés

y me devuelves mi gente?

sus palabras confortables, sus miradas complacientes,

sus ruidos y risotadas,

incluso mi soledad,

mi soledad acompañada de la gente que yo amaba

como la dureza de la roca que un camino ofrece

a las aguas transparentes

hasta desaparecer.

 

 

La Granada

 

Es un fruto que ha caído de mi árbol primordial,

ni recoge, ni recuerda, deliberadamente se queja

de algo que fue inmortal,

silenciosa y tan oscura, de frío sabor a Sierra,

en la huerta se renueva y me sabe esconder,

tiene jardines y plantas, hundidos los socavones

y por todos sus rincones se escucha sonido a mar,

caracola de los sueños, escrita sobre el deseo,

no es de luna ni es corriente sino de largos paseos,

meneando a sus fuentes y a la tarde se embellece desde el hondo lontanar,

vetusta saca de quicio pero es un claro recorrido de flores, tumbas y brisas,

 es jardín de las delicias,

mi Granada y nadie más.

 

 

La canción de Granada

 

Callad, en el aire trémula la noche cuando entregada

 el silencio es más puro y el agua leve traspasa,

se apagan breves cuchillos en el cristal de las aguas,

  se envalentonan las torres y se agachan las murallas,

entregaos a la gran fiesta del espíritu con el alma,

 oíd la canción tan tenue de la sacramental Granada.

 

 

La fría Luna de Torres Morenilla

 

El descanso del guerrero

 

La ciudad desaparece entre luces parpadeantes,

tiene el hondo misterio de la gran noche,

aquella que inunda por encima de los cielos

y que profunda proyecta un mundo moderno

de las grandes comunicaciones y las trágicas aventuras,

la ciudad es el descanso del guerrero

que vuelve con gran fatiga de los viajes ignotos,

lo llena de farolillos, encendida y apagada,

acerca la temible sombra y la hace familiar,

cálida como una noche de verano, sutil, amiga,

el frío nocturno de las grandes constelaciones quedó fuera,

llegan las olas minúsculas de los ríos cristalinos

y como en los sueños se desvanecen los edificios,

solo queda visible la gran muralla roja que recibe a los viajeros

que se despojan de sus vestiduras y tras de ella duermen...

 

 

El corazón de los héroes

 

Para amar bien hay que tener el corazón de los héroes,

la vista exacta del águila y la serenidad de un gran mar,

la inmensidad de los soles, del viento la locuacidad,

el silencio de las torres y allanados los bosques, creer en el más allá,

correr en la quebradura del río y con la infancia a la par,

para amar bien los deseos confluyen con la abstinencia,

el gozo contra los sueños, la humildad de los valientes,

el corazón de los héroes trabaja en su pleamar,

nos sube por las murallas se enreda con el leviatán,

vuela con todos los vuelos, se engrandece al mirar,

como la plácida nieve impoluto en sus senderos,

sobre la cima se asienta y en lo lúdico brillará,

con el fuego se yergue, es un poema elocuente

solo el corazón del héroe es digno del buen amar.

 

 

Bajo la Alhambra

 

Laberinto de cristal, surcos de prisas,

ojos circunstanciales, sombras sumisas,

torres de oro manchadas, rojas cornisas,

en medio un almendro en flor,

el aire se echa de lleno, tiempo hecho trizas,

mientras de los montes llegan aguas remisas,

 suenan bajos los caudales, gentes y risas.

 

 

El olvido

 

Aún sigues ahí, pues te he olvidado,

la memoria es un hálito en el río que brilla,

todas las cosas se mueren, pero quedan sus secretos,

que el río que se va enseña,

si no fuera por ti nunca estarías,

no dejarías de ser, nada, ni muerto.

 

 

Saliendo de mi Granada con Granada me encontré

el mundo es un pañuelo, cuando ya no piense en verte,

sin quererlo te veré.

 

 

La lluvia

 

Paseábase Granada rompiendo todos los charcos,

por la Cruz, la Alcaicería, el Zaidín y el Paseo del Darro,

la Sierra que tiritaba se arropaba con su manto,

los ríos acojonados se llenaban de más darros

y llovía, llovía, llovía, tal cuando a Zafra enterraron,

el Sol nunca aparecía con la bandera en su arco,

las palmeras ateridas, los olivares mustiados

y el agua seguía y seguía y Granada sin desmayo

se paseaba orgullosa rompiendo todos los charcos.

 

 

El árbol de las mil granadas

 

 La que me nombra y la que me calla,

 Granada la silenciosa, llena de luz y de agua,

tan roja y anaranjada, la apiñada más blanca

 la que sumisa susurra, la orgullosa idolatrada,

la que me sorprende al verla pero seguirá ocultada,

la que me escribe romances, la de miradas calladas.

 

 

Amigo

 

Amigo es la palabra única que te mejora,

que se pone en vez de ti, tan cerca aflora,

que lo buscas al nacer y lo encuentras al perder,

amigo es lo admirable

 estuvo cerca de ti jugando en la misma calle,

a la flor de tu piel, dentro de tu alma,

duplicado y tu envés, más que del mismo gen

el sonido del alma, el sonido del bien,

amigo es lo profundo por fuera hallado,

un misterio sin voz, de nuestro lado,

tu tesoro abierto nunca escondido,

que lo llevas entrañable como a los hijos,

tan profundo y tan cerca, en la flor de tu piel,

la mirada más bella, lo mejor de tu ser.

 

 

Las voces de la Alhambra

 

He contado a todas, muchas, y entre ellas tú no estás,

oh silencio de cristal, alas del viento, miradas del pleamar,

la soledad se acompaña solo de la soledad,

¿ quién cerrará sus ventanas? ¿ quién sus ojos cerrará?

suben sobre sus cuestas, perfumadas de arrayán,

los olvidos que se han muerto heridos por el leviatán,

con tarascadas del viento y sombras de la vanidad;

he contado a todas, muchas, y entre ellas tú no estás,

la grandeza de la Alhambra es también tu soledad,

oh silencio capital que llega desde la ciudad,

los olvidos y los desprecios en tu alma de cristal,

 la soledad que es tan tuya en tu Alhambra quedará,

entre los bosques, profunda, tu voz nunca sonará,

¿ quién cerrará sus ventanas? ¿ quién sus ojos cerrará?

 

 

Paisajes del exilio

 

 Los paisajes a la tarde oscuramente se duermen,

por el monte, entre las ramas, el boque pierde el color

y aparecen los rincones que se acuestan como perros,

el azul cielo endurece la densidad del zafiro,

tan solo el riachuelo persiste en seguir siendo

y susurra tenuemente dibujos de extraña voz,

la gris manzana es mordida por la boca de la noche,

súbitamente los rostros endurecen todos sus nombres.

 

 

Granada vista de frente

 

Qué bonita es Granada, vista de frente,

con las casas abiertas y luz poniente;

 

con balcones volados de viejas tejas

y una niña que mira tras de las rejas;

 

en Otoño lluvioso y nubes bajas

cuando brillan sus ríos como navajas;

 

yo me quedo embobado cuando la miro

y se escapa Granada, en mi suspiro...

 

 

Me adorno de flores frías

que me perfuman los pechos;

yo soy la buena poesía

inspiradora de versos,

fuego y nieve, sol y sueño,

soy la Granada tan bella,

bajada del mismo cielo.

 

 

Mi Capitán ganó batallas increíbles,

el sueño de los héroes solo lo respetan los valientes.

 

 

La música dice más

 

 A veces la Poesía fue como un río,

un río de pocas aguas y de aguas frías

que se retorcía como un gato cariñoso

 y llevaba todas mis lágrimas derramadas,

un hermoso collar de brillantes o algo parecido;

 

 a veces la Poesía me recogía y tenía para mí

palabras inauditas, ritmos sincopados, versos y más versos,

era como un secreto que acechaba los momentos bajos

y repentino exaltaba la producción añosa,

mi lugar oculto heredado sin esfuerzo;

 

a veces la Poesía escribía de mí,

yo era su objeto que ella pensaba metódica,

distribuía mis horas, me arrancaba del sueño,

yo lo entendía como algo muy cerca de Granada

pero era algo mucho más profundo.

 

 

Paseo del Darro

 

Granada está cerca, pero yo estoy en otra parte,

 mágica y sublime la Alhambra se eterniza,

 me lleva en su intelecto hacia la gran cultura,

 el arco inconmovible se derrumba sin ruido;

 discurre el tiempo entre las rejas parado,

la tierra gris canta de corrido como un río,

sus voces son de cristal pero su guitarra es hueca;

Granada está muy lejos, mecida por las nubes,

el arco lo ha quebrado el tiempo de mis lágrimas,

las voces no me escuchan ni me resbalo en la arena,

la soledad sí me nombra, qué bien sabe mi nombre;

todo es la gran ausencia cuando me faltas tú...

 

 

El farol

 

Alfarero de las sombras,

sobre la esquina montado,

la noche que lo espabila

 se desvanece al mirarlo.

 

 

El viento de Granada

 

El viento de Granada recorre a viejas ráfagas,

los golpes de cincel de espejos y de platas,

oscuro en los rincones, tan mudo en las batallas,

sinuoso y secreto en su antigua morada,

construye arcos de punta de impolutas palabras,

serpentea en las riveras, a veces cual campana

  suena todas las noches y todos los días se calla,

huele a tierra y a lluvia, de nieve es su chilava,

atroz cuando suspira, pacífico si habla,

es viento impetuoso, mural de la nostalgia.

 

 

Inspiración

 

Dame Granada tus días cálidos,

los cerriles días a muerte de las chicharras,

de trigales rubios entre los montes azules,

dame Granada tus bocanadas de sol

que son como besos secos en las entrañas

y me hacen más hombre,

dame tu no agua, tu no cante, tu no zambras,

que vuelva la luz irresistible y deje de añorarte,

que estando cerca me queme el fuego de tu alma.

 

 

Granada, la musical

 

Suena la música y me embelesa y me alza profunda

me derrama la Vega extasiada,

la palabra habita con los hombres que derrama,

 los bares llenos de plazas, sentadas como las flores,

colleras de su color con puertas de su fragancia,

 Granada la musical, en mi continuo abrazo,

 qué dulce es mi ciudad y su abrazo interminable.

 

 

 La inspiración

 

Esa música callada que suena a todas las horas,

esa mirada tan suya volando con las alondras,

la hermosura de sus parques y de su Vega extasiada,

la pintura de su nieve sobre la montaña echada,

el aire lleno de sitios inmemoriales y bellos,

la sagrada magnitud de sus torres en el cielo,

la vida tan regalada surcando por sus montañas,

el silencio que engrandece los bosques de su Alhambra,

la beatífica mirada con que me miró de niño,

su habla tan espaciosa de dulzura y de cariño,

mi soledad acompañada de esta ciudad hermosa

que me requiebra con aire y me estremece con coplas,

así me quede en Granada que en mi Granada nací,

pegado a su grandeza, solo Granada es vivir.

 

 

(  La bailadora Rocío Loreto, dibujo a lápiz de Torres Morenilla)

Sacromonte

Donosa, cortés, alada,

bien plantada y cristalina,

 de todos es admirada,

cumbre hermosa, bailarina.

 

 

Nunca dejes de quererme

 

Háblame, cántame, nunca dejes de querer,

sigue tu línea torcida, enderézame la vida,

nunca dejes de correr,

vente conmigo a los prados,

menea tu cuerpo tan bien,

 cántame, cuanto tú quieras,

háblame a solas también,

acaríciame con tus aguas

y tus alhajas que brillan

desde tu pecho desnudo

dame de nuevo la vida,

cántame, háblame, nunca dejes de querer,

la vida solo es la vida, sobre tu quebrada herida

nunca dejes de correr,

baja conmigo a los prados,

dame la vida otra vez.

 

 

Volver

 

Qué bien mi calles si la paso enamorado,

qué bien su noche para poder soñar,

qué bien mirarla y quedarme extasiado,

qué bien volver para volver a mirar.

 

 

Recuerdos de la infancia

 

Mi corazón brota como un río,

sube por las callejas, llega hasta los rincones,

se retuerce y suspira al modo transparente,

alegre como un trino, calmoso como una fuente,

Granada, Granada,

el río de la amistad perenne e inmutable

de aguas tan escaso y tan lleno de su sal,

por todos los paseos, los recovecos siempre,

mi corazón se goza teniéndola de frente,

Granada, Granada,

no puede pedir más.

 

 

El aire de Granada

 

Ese aire que me da y que se queda conmigo,

esa brisa que es mi abrigo y me viste de armonía

esa sólida melodía prendida de mis recuerdos,

ese aire nunca viento sino hermosísima poesía,

ese quedarse en mí y entrarse por mis pulmones

esa furiosa mirada colmada en mis rincones,

esa calma y sin vivir, esa mirada sin ti,

esa Granada ganada, entrando por mi ventana.

 

 

El bosque de la Alhambra

 

El aire mueve las hojas

como siempre traspillado,

 cantan las avecillas

y un riachuelo borracho

repite intermitente

  guiños que el sol le ha sembrado,

es un bosque clamoroso

muy por las sombras mojado

con ascuas rojas en sus muros

y nieves a sus costados,

planeando como un ave

sobre Granada montado.

 

 

Los montes de Granada

 

Oh montes de Granada, los extremos,

fuera de la familia y de las convicciones,

tan llenos de la cálida tierra y del silencio puro,

tan de la carne como yo, tan del soplo como yo,

polvo que sube a los cielos, tierra desperdiciada,

 olor agrio del campo de los montes solitarios

tanto de la tierra como del aire,

montes de Granada, como un seco grito,

saliéndose de todo, tan cálidos y bellos.

 

 

El Darro es la amistad

El Río Darro nunca baja solo sino lleno de gentes

  alegres por ser de Granada.

 

Perfumado de canciones te cantará

con sus versos atrevidos,

su calor de amigo íntimo,

su pudor y su verdad.

 

 

 

(Árboles en el río, detalle, de Torres Morenilla)

Postal del río Darro

 

El río culebrea por el tablero del monte

brilla tan suavemente que susurra la amistad,

un sol rojo penetra en el peine de las torres

 y el aire fresco se mueve mansamente en la ciudad.

 

 

Con la verdad de los montes

 

Desnudo de tanta sierra por el monte me perdí,

llegué a donde yo era, muy cerca estuve de ti,

arrumbé todos los astros y lo que se sirve fuera,

llegué dando tumbos abiertos, de porrazo en porrazo,

me alcé con todas las nubes, con todas las nubes huí,

me durmieron las estrellas acordándome de ti,

pasé por tu misma casa, a la vera de tu fiesta,

te estuve mirando un rato sin hablarte ni opinar

y luego ya contrahecho, hecho un asquito perdido

llegué a remotas playas donde me muero de frío.

 

 

Los versos de la amistad

 

Ten el calor de mi pecho,

el arrullo de mis besos,

mi mano sobre tu hombro

el cigarrillo que gozo

mis nubes más consideradas,

ten la amistad de Granada,

 

el aire que te estremece,

el amor nada más empiece,

las jarchas y las canciones

cascadas de ruiseñores,

mi Alhambra más coronada,

ten la amistad de Granada,

 

ten mi voz hecha de jaspes,

mi agua que desbordaste

mi barro y mis jazmines

mi mundo de colorines

mi palabra desatada

ten la amistad de Granada,

 

quédate entre mis sombras

mi estanque lleno de ondas

la alegría de mis cuevas

entre mis noches serenas

alégrate con mi nada

ten la amistad de Granada,

 

en el calor de mi pecho

en el aire de mis besos

mi cielo lleno de nubes

te conforten mis querubes

en tu alma ilusionada

ten la amistad de Granada.

 

 

 Oh Granada primordial

 

Entre los montes corriendo,

jugo de fruto y metal,

rojo sol que va saliendo

en la Granada esencial

desde los muslos fluyendo,

corriente de embrujo y sueño,

ladera mía elemental

de vigor siempre naciendo,

donosa, lúcida, siendo

una madre virginal

con pechos de nieve huyendo.

 

 

Paseo de los tristes

 

Cargamos con nosotros sobre las oscuras cuestas,

batidas por el viento sobre las ramas encuentro

el roce de las hojas que el mismo sol secó,

cuántas veces he pasado desde un río a otro río,

el lento tren de paradas qué deprisa me alejó,

quedaron entre mis venas los rojos dientes de almenas

y también aquel silencio que dentro de mí creció,

oh cuerpo que yo he entregado para un amor verdadero,

me dejaste hoy y te encuentras en otro mundo mejor,

lo mío ya fue enterrado sobre las oscuras cuestas,

aquello en lo que creí hace tiempo se murió.

 

 

Granada viene volando

 

Una Granada tan dulce saliendo de sus riveras,

una dulce enredadera subiendo a mi corazón,

mientras la noche me espera

iluminando sus fiestas y el aire mueve las velas

a donde le miro yo.

 

 

Los pájaros negros

 

Por qué súbitamente vienen los pájaros

y con su tristeza negra me hacen estremecer,

oh tú río sagrado, de las rituales aguas,

que naces en la noche y no llegas al atardecer,

también tú me acompañas y endureces tus aguas,

apenas los crepúsculos se encienden en las almenas

un vívido fulgor precede al no ser,

los pájaros oscuros se marchan con sus vuelos,

cuidadosos y discretos, humanizados siempre,

parece que llegaron sabiendo mi destierro,

un vacío más enorme trae el anochecer.

 

 

La ciudad ausente

 

He forjado mi mundo en la poesía,

una Alhambra que no está,

unas calles que no recorro,

y una casa que ya no habito,

 

me pueblan fantasmas holgazanes,

 

Granada me cruje en la boca como un petisú de caramelo,

la ciudad me tiene en el hojaldre de sus casas,

 dentro de su corazón negro yo vine al mundo (Tu elegía, Granada, la dicen las estrellas
que horadan desde el cielo tu negro corazón. F.G.L.)

y un sordo sonido a hierro me dio su nombre.

 

 

La tierra oscura

 

A veces cuando estoy solo me da tu cuerpo

un golpe de azucenas que me estremece,

una mirada de besos con que me llenas,

una tristeza sin fin que me la trae y me la lleva,

a punto de perecer,

el cuerpo tuyo desnudo me sabe a la miel

 para amarlo me lo bebo, me desborda

su agua me sabe besar y me despelota,

 a veces quiero estar solo

porque me vuelvan las ganas y a mí me crezcan

un golpe de azucenas puras sobre una tierra morena.

 

 

Ruido de la gente

 

 La soledad para la torre de la iglesia sobre el río,

en los muchos amigos

están los bosques exuberantes,

el ruido es la música sublime de la humanidad,

 los instantes de vida compartidos.

 

 

Los suspiros de Granada

 

Un Otoño lluvioso, ya senil,

suspira y sus suspiros son navajas

que brillan en el río contra mí.

 

 

Estación Madrid

De mi Cartas de Denia

No hace falta decirle al mozo de estación

la carga que llevas no es tuya.

No hace falta decirle nada.

Silba el tren y parece el silbido ganar más fuerza.

La gran campana del techo repite el silbato,

es estremecedor estar tan solo entre la gente;

si hace frío es terrorífico oír hablar.

Si se es muy pobre las manos se empeñan en estar más frías,

si se es mozo todo el mundo sabe que no eres importante.

En el cielo azul, de un añil muy repetible,

las nubes se descomponen con más agilidad que fuerza,

y un extraño olor lo invade todo como la palabra gas.

También los frenos respiran fuerte y los vagones titubean.

Al pasar por el WC se siente que ha sido perfumado,

y la cantina abierta también deja pasar los azucarillos,

las cosas inodoras huelen dulcemente a papel y a tinta.

También la máquina del café respira fuerte y los periódicos tiemblan.

Si se es muy pobre no nos espera nadie, chocan con nosotros.

Las grandes farolas encienden una opaca luz noctámbula.

Todavía es demasiado pronto. El tren para llegar ha de esperar.

No tengo más que mi chaqueta y un papel doblado en un bolsillo.

Mi papel sólo tiene palabras dobladas, sólo me tiene a mí.

Le doy vueltas y más vueltas a la vida y sigue igual.

Nunca cambiaré nada.

No hace falta decirle al mozo de estación

la carga que llevas no es tuya.

 

 

El río y el adolescente

 

El río era entonces tan blanco como un cigarrillo,

como un cigarrillo venido a menos se alargaba y retorcía,

llegaba a mis labios y me llenaba de su humo húmedo,

se agarraba a mis pulmones y desnudaba sus pechos,

morenos y llenos de vello de su monte rojo,

pasamanos de fuertes hombros llenos de curvas

y su olor a caqui de la guerrera del soldado;

por los brillantes adoquines del paseo sonaban sus pisadas,

cortas, secas, metálicas, era un río formal no cabe duda,

abstemio, regalaba sus zarzas y sus moras a los chavalillos,

reposaba en Octubre, su mes preferido, y se sentaba hosco,

la parte más femenina vivía sobre él, arriba del todo,

la Alhambra, desnuda, enseñaba sus piernas y sus recovecos,

brazos de marfil, y besos de ojos oscuros,

era un matrimonio bien avenido, aunque distante,

yo estaba allí, como siempre, fuera de sitio,

ocultando mi inteligencia hablando de mí mismo,

el tiempo discurría como un reloj estrambótico, al revés exactamente,

con la lección siempre casi aprendida, dueño de la historia,

fue allí donde empecé a fumar y a beber,

a dejar que el tiempo reposara en mi alma lleno de llanto,

todo lo contrario de la decente Granada, que nunca fumó.

 

 

Los jardines del Triunfo

 

Antes, el gran río de la Gran Vía se torcía

y bajaba dando la vuelta, a lo grande, por San Juan de Dios,

era un giro sublime e inmenso, gris como de todo buen río,

la avenida de sus aguas enfilaba a San Jerónimo,

con la Puerta de Elvira apostada, mirando de reojo,

nunca cristiana, celosa, de parte de la Alhambra,

Granada para un niño era misteriosa  y compleja,

 subían sus casas enormes que enseñaban sus retretes

en el Darro abierto detrás de la Virgen

y otras un proyecto de ciudad a lo grande,

la pobreza en esos sitios vivía en casas de varias alturas,

quisiera estar entre los míos calladamente

sin levantar una voz más alta que otra,

tengo la impresión de haberme perdido muchos amigos por esos sitios,

y ahora los echo a todos de menos.

 

 

La ventana de los postigos azules

 

Detrás de la ventana vive mi amor,

¿ será posible que ella me mire

cuando la miro yo?

el aire trae fragancias de sus rosas

y suavemente me besa besucón,

¿ se acordará de mí

 la que cautiva y lleve

  su pensamiento a mí cuando desee el amor?,

yo sigo como andando en mi destino

y paro al ver que nunca se me abrió

la azul ventana que cierra sus postigos,

mas si la miro cree mi desatino

si yo la miro ella me miró.

 

 

La verdad

 

Oh verdad cuánto me gustas

cuando te bebo hasta el embeleso,

cuando me abrasas con tu frialdad

y atraviesas mi alma con tu mirada,

no dejes de entrarte en mi trabajo

y dame tu sentido de las cosas, verdad.

 

 

Las nubes

 

¿ Hay algo más verdad tras esas nubes

que me miran más de mí desde la altura?

¿ Hay algo más de mí que en mí se apura

si me hace llegar hasta sus cumbres?

 

 

La vida de fuera

 

Posar ligeramente fuera, solamente pasar,

decir aunque decir no fuera, solamente cantar,

oír la voz, la dulce melodía que habla el corazón,

atalaya de cosas, la montaña está fría

duele, sobre las rojas colinas, solamente la voz.

Pasar por fuera, rozar tan levemente los pies de la razón,

llegar a nada, recibir tan sutilmente los entresijos de la inspiración,

no sé ni lo que digo, pero quiero sea bello,

me aparto de la esencia pues la esencia está fuera,

ligera como los vientos sin peso se derrama

y pasan todas las cosas que ocultan la verdad,

nuestra alma está cerca, tan cerca que no la vemos,

quizás en la belleza a la que tiende el poema,

las cosas desde lejos se detienen en la espera

y posan suavemente, tan solo es pasar.

 

 

Las veredas

 

Veredas para ver, verdes veredas

para mirar los miradores ciegos,

para estar en las estancias veraniegas,

para morir de viejas en las casas de reposo,

veredas que son como soplos del río al que copian,

y como río van en busca de torres cargadas de arena,

de un bosque que nadie cuida, de la ciudad vaciada,

las verdes veredas del edén y de los campos hirsutos

con espinas que se clavan desde el polvo del camino,

veredas que tiemblan como flanes de los hospitales,

las que se pierden de vista y solo se recuerdan,

aquellas que las visita la nostalgia fabuladora,

y huelen a los mastranzos y callaron las pisadas,

veredas que se entremeten del puente a la alameda,

y suspiran como putas para remar también,

las veredas recorridas a saltos por niños sin una pierna,

 miradas por los vaciados ojos de los puentes,

veredas vendadas con yodo, pegadas como mocos verdes,

las últimas veredas de las guerras impúdicas,

 las que como estrellas brillan en los versos homéricos,

veredas del corazón, de las moradas estancias,

tan solas que van a ninguna parte,

de vuelta de los hombres y del solitario ser.

 

 

Yo mismo

 

Fui una vez y no lo era,

anduve entre los aplausos de mi abuela,

corrí por callejones, fui por las riberas,

entre las ondas sangrantes de la fría Alhambra me fui sabiendo,

salí para no entrar, nunca fui a siniestros sitios,

llegué a la mar plácida de la vega y me fui sabiendo más,

perdí más amigos con el tiempo que los que gané amando,

tuve un principio y el final se me adelantó,

vi que las estrellas son hermosas aunque sean pérfidas

y que todos nos guiamos por los olores más que por la vista,

me fui sabiendo más hasta darme la vuelta del todo,

hoy me siento feliz cuando amo y no me refiero al sexo,

amar es no excluir, luchar contra lo amado,

los poemas del río son un homenaje a los hombres que pasaron,

a los amigos que hicieron una ciudad hermosa,

los viejos amigos de ojillos penetrantes y sonrisas de nicotina,

en las pilastras bajas de los ríos, con mis poemas,

los poemas son la vestidura del hombre a quien no conocí del todo,

yo mismo.

 

 

 

El río Darro es tan breve como el trago de un buen vino,

solo la vida es más corta.

 

 

 

La vida es un soplo en los ojos que nos dan las montañas.

 

 

 

La vida es tan breve que al vernos en vez de decirnos hola, deberíamos decir adiós.

 

 

La libertad solo es de todos

 

Me das tu libertad y yo a cambio te doy mi prisa,

prisa en beber el café de la mañana a un trago,

en cepillarme o escribir un poema,

prisa en enamorarme y en arrepentirme pronto,

en llegar al Darro subiendo Reyes Católicos,

en general andar por lo llano, la Alhambra está imposible,

 no saber contestar y contestar bien pero mucho después,

las prisas que me enseñó Madrid indigeridas,

 dame tu libertad a cambio, tu libertad adorna,

hace a la gente ser de este mundo y gozarlo.

 

 

Soledad

 

La soledad se cruza en el aire,

quién me dice a mí que a veces no haya querido hablarme,

eh, tú, chalado, estoy aquí más sola que tú,

el aire que me la trae el aire que se la lleva,

y me deja más solo todavía,

no corre una pizca de aire,

la tarde está vestida del cuello a los tobillos,

un calor inaguantable se llena de mis recuerdos,

como fotografías lustrosas, sin color ni tacto,

menos mal que tengo un plato caliente en casa,

en eso estaba pensando.

 

 

Medio camino lo trazó la soledad

 

Un camino tan bello para mí siempre fue una solución,

pero lo cierto es que lo anduve muchas veces solo,

  la belleza es una cárcel con sus rejas de cristal,

la solución es el hombre cuando quiere serlo.

 

 

 

Foto: Manuel Rodríguez García

Qué bien sentarme en Granada,

  y que Granada se pasee de sol a sol,

  y a mí me llegue el aire, cargado con toda mi alma.

 

 

 

Echo de menos la dureza de un banco de la Alhambra,

que se siente conmigo

 y que descanse...

 

 

Cuesta arriba y cuesta abajo

 

Por este paseo pasé años y años camino del Colegio,

cuestas y más cuestas, entre jardines y huertas,

la Alhambra era una diosa desnuda en las alturas,

 a veces, yo oía discurrir el agua del Darro,

 y este sonido parecía decirme, bajo el pretil del puente,

¡ Granada!, ¡ Granada!, con una voz muy granadina.

 

El Generalife

 

Alameda florida, parque sin dueño

flores que al paraíso salen huyendo

y un viento frío

que de la Alhambra vino a mi delirio.

 

 

La fuente

 

Un poema es tu vaso de cristal,

una lluvia de tu agua enamorada,

sonrisas de la luna acristalada,

una de tus miradas más calladas.

 

 

 

Las colinas de la Alhambra

 

Alhambra, súbete en mí,

tus pechos rojos me inspiran,

desde la umbría de colinas

y tus fuentes carmesíes;

córreme con surtidores,

 en tu jardín recostado

denme flores tus costados,

tu vientre fluya de amores;

háblame con tu cadencia,

tus bosques y arcos silentes,

con tu aliento me enardeces

y enmudeces mi elocuencia;

creo en ti y en tus tesoros,

en las cuevas que los guardan,

los blancos aljibes que encierras

y tus bosques de esmeraldas;

sueño mío desde tus torres,

cuando Granada se duerme

no quiero que me despierten

unido siempre a tu nombre;

Alhambra de mil edades,

derramada de fragancias,

juego de divinas danzas,

clara luz de oscuridades;

 tan alta, grande y lejana

en tus cipreses sublimes

tus arrayanes sutiles,

tan pegadita a Granada.

 

 

Los secretos de las fuentes

 

Me gusta pasar contigo por surcos y por avenidas,

recorrer todo tu cuerpo y hasta lo profundo estar,

hacer de mi cuerpo el tuyo, tan de seguido a ti;

me gustas, no es un secreto, hasta yo mismo lo sé,

las palabras se me enredan como arcos transparentes,

y en medio todas las fuentes, que nada saben decir.

 

 

 

La imagen puede contener: cielo, nubes y exterior

Soneto Alhambra

En la Alhambra, 23 de Octubre de 2015

Prodigiosa poesía que sigas siendo hermosa,

sentada reina en tu salón dorado,

que pase el mundo viejo y jorobado

y tú te muestres bella, asombrosa.

 

Prodigiosa lluvia que exaltas celosa

y desborda cauces en tu rincón alado,

pues vuelas quieta y el tiempo lo has sembrado

 del aire que perfumas como mujer preciosa.

 

Te quiero prodigiosa, tan llena de colores,

tan exquisita y bella en mirador de oro,

abriéndome tus ojos los más dulces amores.

 

Hazme cautivo a mí en negros corredores,

con las rejas y las sombras de tu tesoro,

¡ reina del poderío y los ruiseñores!

 

 

Ay río, que llenan los amores

y lo vacía el olvido.

 

 

La soledad solo parece bella

 cuando se pasea por Granada.

 

 

En el silencio de Granada

las sombras caminan descalzas

y a veces hasta desnudas.

 

 

Un camino que me sé

 tiene mis muchos caminos

el aire que no se ve

y el nombre que nunca olvido.

 

 

Las doradas nubes del amor

Vox clamantis de Diego Muelas ( 1698-1743)

 

Las dádivas de amor son lisonjeras

y al Amor le hacen enrojecer,

como doradas nubes de atardecer

en las colinas suaves suben ligeras.

 

Es tanto amor que dan las primaveras,

 en las mismas colinas se dejan ver

como rosas hermosas que al querer

salen risueñas y son las primeras.

 

Es bello Amor por amar belleza

y a todo encuentra digno de amar,

concepto es y es naturaleza

 

y aún si sabe todo te deja hablar,

y de tu silencio saca nobleza,

pues hace bello a todo con solo amar.

 

 

Las huellas del tiempo

 

La tierra que yo piso cuando la ando solo,

 camina con mi sombra con su carga de tiempo.

 

 

Torres desmoronadas

 

A veces las fortalezas tienen cierta inclinación

y levemente en la brisa parecen como temblar,

a veces los torreones como que también vacilan 

y se estremecen las rocas

y hasta el mismo sol dubita

 quebrados de soledad.

 

 

El tiempo de un enamorado

 

 Cuando reí, cuando pasé por fuera,

cuando mejor estuve y fue contigo,

cuando quise morir, y aún prosigo,

cuando perezca al cabo y cuando fuera.

 

Cuando estando tan solo no tuviera

ni ganas de abrazarte como amigo,

cuando me encuentre mal, como un castigo,

cuando me esté por dentro y no me muera.

 

Cuando me escriba versos de la muerte,

cuando estando ya muerto y acabado

me asome con mi alma para verte,

 

será tiempo de amor si en lo callado

de lo más mío de mí, y por tenerte,

clame por ti mi voz de enamorado.

 

 

Lo primero que se siente en lo alto de la Alhambra

es la inmensa luz que contempla a Granada.

 

 

Una noche en la Alhambra

 

Cálida nieve de dulce encanto,

donde las lágrimas no fueron llanto

sino las aguas de mi querer,

el fuego frío de tu mirada,

bajo la Luna que lo sembró,

besos de nubes nubes de escarchas,

tu hermoso cuerpo se desnudó;

por paraísos y por estanques,

gratas fragancias del corazón,

se abrieron puertas, llenaron calles

las soledades de nuestro amor;

fuimos pareja mal avenida,

tú a tus cosas, yo por mi vida

 y en dulce encuentro de tus caricias

la hermosa Alhambra nos concilió.

 

 

El sol cuando amanece

 

Ardiente sol que en la montaña luces

tu disco alegre de radiantes brasas,

canícula estival que en la tierra abrasas

con paso inmortal que en rigor conduces;

 

brillante espejo de tu escudo aduces

lo más de ti que en el albor enlazas,

dorada siembra, irresistible pasas

con fúlgido fuego de esplendentes luces.

 

Borra el cielo su azul en cuanto piensas

en tu bella tierra a la que enamoras,

eres su reloj sin pausa y sin horas,

 

y en los sutiles rayos, en paz, comienzas

a unir tu rostro y tus llamas intensas

con que, enamorado, a tu amada adoras.

 

 

La noche de desbandada

 

La noche me llega fría pinta las sombras de azul,

la luna, recién salida, de Sierra Nevada baña

 las torres sin centinelas, erguidas sobre la espalda,

con siluetas de sus senos que los desnuda la luz,

oh noche recién bañada, sábanas de tiramisú,

caramelos de canela, cortados como almohadas,

soñando todos mis sueños, contra el oscuro grisú;

quiero que vuelva la noche y me pinte su quietud,

sobre los mares antiguos que confundieron Granada,

mis escritos sean como tumbas, blancas hojas del vudú,

y la mañana, entregada, bronca acaricie mi alma,

 difumine viejas sombras que huyan por multitud

hasta que vuelva la noche bajo la luna embrujada.

 

 

El camino

 

El paseo se adentra imperceptible en mí,

 por mi cuerpo camina como un compañero.

 

 

Carrera del Darro

 

Oh río de la humanidad corriendo en contra del río,

las aceras y los puentes entre murales antiguos,

los árboles agigantados se echan sobre el abismo,

un surco de las estrellas cruza los montes partidos,

por el río de Granada sube Granada a sus ritos,

la Alhambra, más poderosa, se asoma a su precipicio,

el aire lleva fragancias de medievos muy antiguos,

 oh río de la humanidad corriendo en contra de siglos.

 

 

Soledad

 

¿ Quién vive al otro lado

que está tan callado?

 

 

Un Darro imborrable

 

No hará falta que borren lo que yo diga,

   mis palabras se irán por este cauce,

un arroyo frío que entre la luz se esquiva

salido de cueva oscura puesta delante;

quedarán si me las digo como las mías,

ni mejores ni peores, solo galantes,

serán como mis paseos y en adelante

se perderán como el río de seguida;

correrán por estos campos e irán solas,

en medio de la guerra su voz cantante

recitará para oírte, solo por escucharte.

 

 

Dos orillas

 

Una orilla es el río, otra es el agua,

una orilla me escucha con sus andares cristalinos,

 la otra guarda el silencio redondo de las campanas,

una se viene conmigo y se pasea por Granada,

 la otra no me conoce y me cierra sus ventanas,

 una me sueña y me ensueña,

  la otra va de bar en bar y bebe la madrugada,

una creyó siempre en mí, la otra nunca me ama.

 

 

( Árboles en el río, detalle, de Torres Morenilla)

 

La lírica del río

 

Quién fuera el río y así de consecuente

hablara, hablara, y sin parar siguiera

buscando los recodos, acomodándome al camino,

fluyendo con pulcritud creadora,

haciendo el curso natural del lecho,

labrar para donar mi vida;

quién no levantara la voz, con humildad,

serenamente pasar inapercibido

y hablar, hablar, como conmigo

ese susurro manso de la bondad

en la entrega total, la vida entera,

tan discretamente oculto y laborioso,

desde la esquina, abajo, como nuevo,

con ilusión, sudando el agua limpia

que todo el cuerpo empapa en lo vivido,

quién escribiera bien y tan despacio,

tan mansamente amante como un río.

 

 

El Camino del Darro

 

Camino del que bajan el Darro junto al hombre,

oscuro de simientes, de río parado en montes,

detrás del hombre solo está el monte de los hombres,

la soledad es la inmensa Alhambra que los mira despectiva,

el hombre se agarrota como cuervo entre jardines,

el silencio de las piedras repite el tongoneo de los viejos carros,

los labios cristalinos recitan versos muy fríos.

 

 

 Granada, del insigne Joaquín Sorolla ( Óleo 1910)

 

Las alegres tardes del Darro

 

La Alhambra sobre los montes cabalga inmensa,

y fulge cual soberana como una reina,

mientras la tarde se empalma sobre la plaza,

 bebida con alegría llena de guasa,

el cielo se mancha en rojo y abre sus venas

 y pone vívida sangre sobre las almenas.

 

 

 

¡¡ESPAÑA!!


Ebrio de tu grandeza

me llenaré de tu nombre,

pues el nacer hijo tuyo

me vale también ser hombre.


Los blasones y los pendones

en el dulce balanceo

de tu sencilla bandera

tremolan en mis canciones:

¡ España!, ¡ España!, ¡ España!

(1966)

 

 

 

El rincón del río

 

La vieja estampa se repite a diario, cobijada en la iglesia

que le presta su incienso y letanías doradas

como limones viejos para el lecho del río.

 

 

El limonar del patio

 

Estaba solo el árbol en el jardín, flor en su pecho,

en las heladas mañanas, como huesos en la noche

cantaba solo el árbol bajo el orbe

redondo, extenso, desnudo en su destierro;

llegaba el viento con sus nudos de raíces

y le dejaba un baile sutil, idealizado,

pintaba hojas que desnudaba grises

como lágrimas saladas del corazón herido;

en las paradas horas de un tiempo invariable

 recordaba frágil cuando débil nacía

sobre el cobijo de la tierra obscura

y ya cansado de crecer moría

por estar tan solo y débil en un jardín perdido.

 

 

¿ Qué fue de la tumba de Alejandro Magno?

seguramente se la zampó un sapo.

 

 

El tórrido verano

 

Del todo duerme Granada,

los árboles se vencen en el río,

una estrella grande tiembla en su luz,

el aire llega tórrido,

pero me parece frío,

una guitarra se rompe

 porque me faltas tú.

 

 

Patio de los Leones

 

Por la esquina acrisolada,

sale la luna escondida,

redonda, quieta, montada,

con pechos blancos se irisa,

los leones, enfebrecidos,

 la dejan pasar al trasluz,

y la luna traza rizos

de almenas con los olivos,

ingrávida, en su quietud,

el patio llena de encajes

y lo retinta de azul,

el suelo blanco se exalta

 en la cruz del arcaduz,

las columnas de alabastro

 sostienen el fino guipur

de la luna y los olivos,

cuando huye por el friso

ingrávido del vudú,

quedan las blancas paredes

de estucos esclarecidos

¡ queda Dios, queda la Alhambra,

queda la Luz!

 

 

 Anclado por amor

 

En la fuente tan blanca donde el agua para

y no cesa de manar y de saltar corriendo

vide lo más bello de ti a mí viniendo,

los ojos más hermosos en una cara.

 

Bullí de amor y el alma me animara

saliéndose de mí y como a ti huyendo

la alegría incontenible de mi amor trayendo

y en la fuente de mármol borboteara.

 

Mírenme esos ojos tan divinos

que no son de mujer sino del cielo

y no por un tiempo corto, en los destinos

del eterno fluir y el transparente velo

que el amor asalta y bulle por caminos

espumosos y alegres de su celo.

 

 

El eterno río

 

Baja a Granada el río Darro,

desnudo y negro de nieve, el agua le deja un manto,

mientras la tarde agoniza y el sol se rompe en mil caños.

 

 

Recuerdos de los músicos de Granada

 

En horas blancas, por laderas que suben,

vuelan amorosos en el jardín sus rostros,

la débil lluvia como cálida escarcha

dibuja en el paisaje sus recuerdos rotos;

la belleza que es nube más antigua del cielo,

en halo de poesía viste de oro las cumbres,

acerca los arbolillos cargados de esbeltez

y deshace sus nombres haciéndoles de nubes;

entre las verjas rotas de los cercanos cármenes,

los rostros embellecidos resuenan como música,

las lágrimas calladas no paran de caer

y traban jeroglíficos sobre veladas musas;

lloran sobre el gozo del circunspecto ciprés,

sobre los montes morenos al resguardo de la luz,

están entre nosotros con sus perdidas presencias

y bambolean los cielos desteñidos de azur.

 

 

(Árboles en el río, tablilla de Torres Morenilla)

 

Los árboles

Los árboles de Granada la invaden sin misericordia.

 

Árboles, árboles, miles de árboles,

que la palabra aún no ha oscurecido,

en la clara luz, esencial, del sol,

sus verdes hojas de mil colores hechas,

sus vuelos estremecidos, sobre el flujo de los ríos,

en praderas azules el cielo de sus copas henchidas,

posadas sin peso al paso de las brisas,

¡ oh sueño inmortal de los árboles en el universo!

que perfuman el aire y al agua dan sus vestiduras

suntuosas, orillas de la tierra confundida en su vuelo;

árboles, árboles aún posados en las riberas

en el límite alto de la mirada, como centellas

del fuego frío de la creación, recreándose en los árboles,

la sinfonía de los colores verdes, la esencia de la música

suena como una inmensa pradera llena de verdor,

árboles, árboles que suben los cielos de su pureza

en la tierra hundida, apurando la economía del mundo,

las flores y los frutos, sus perfumes y sus sombras,

nervios de la vida, que respiran con sus pechos llenos

de árboles, árboles, miles de árboles, más que de estrellas,

más hermosos y rotundos en el paisaje,

a su costado, yo sueño el más justo de mis sueños,

como hijo suyo caído de sus copas, árboles, árboles...

 

 

El jardín abandonado

 

Jardinero, si tu jardín dejaste solo,

en medio de los mundos, distante y olvidado,

aún crecieron las rosas del otoño

tan preciosas y sutiles como has dejado;

siguió el limón llenando de tersura la mañana,

y sumisa la celinda se desnudó los labios;

tal cual dejaste y más crecido espera,

en el rincón la paz que solamente es su canto,

que vuelvas a las flores y a los frutos, que aún te sueñan,

y encuentres tu jardín, para cuidarlo.

 

 

Generalife (Torres Morenilla)

Paré por verte Deseada

 

Parose el tiempo por mirar sus días

y parado se quedó ya para siempre,

el que mira el ayer tan de repente

el ayer se lo traga para siempre;

 

paré por verte, Deseada,

y mi vida se paró para quererte,

el que mira el ayer tan de repente

el ayer se lo traga para siempre;

 

y luego de adornado y precavido,

llegué a más y olvidé mi presente,

el que mira el ayer tan de repente

el ayer se lo traga para siempre;

 

tragado estoy, soluto y digerido,

solo soy yo en lo que queda al verte,

el que mira el ayer tan de repente

el ayer se lo traga para siempre.

 

 

El mirador de tu ausencia

 

Pasé para mirar y no te vi,

la acera y las piedras inamovibles eran,

el abismo de los cerros y aunque las nubes fueran

como aquellas que corrían, tal como vine fui.

 

Tu eres la luminosa, grato embrujo carmesí,

la roja que sus barrancos me gritaban y me hirieran,

tu ausencia es luna mudada aunque bella la vistieran

si no estás conmigo ni me tiemblas con tu sí.

 

Ay dolor que tan grande pintan los poetas

que tan cierto hoy me pareces en mi mal,

ay luna devoradora de farándulas secretas

que sabes y que conduces el cante a lo fatal

enciéndeme con el fuego de mis alegrías más quietas

y la mirada de mi amada me mire en mi final.

 

 

El inexorable tránsito de los poetas

 

Qué pronto el verso al pasar el día

en papel arrugado vuelve a olvido,

que el verso pasa y cuando es ha sido,

como arena menuda en la poesía,

 

que nada queda al mundo ni sería

si no es por el momento que ha leído

pues todo cuanto es apenas ha ido

y nunca viene ayer ni volvería.

 

Rola la luna y el universo rola

todo cuanto se mueve tiende a parado

después de transitar por una ola,

 

y nada queda luego ni aún lo amado

que inexorable el mundo va a su bola

rodando sin parar ni haber estado.

 

 

Los negros espacios habitados

 

Como balcón sentado al gran abismo,

que sus ventanas abriera al infinito

tan negro el corazón deshace el rito

del alma en las ventanas de uno mismo.

 

Y cruzan por el oscuro espacio de heroísmo

radiantes astros con la humildad del mito,

guerreros esplendentes, cielo bendito,

vestidos de la gloria sin fatalismo.

 

Oh edades que me cubren y llenan mi memoria

de dioses y de banderas más allá del mundo,

mensaje angelical que vestido de historia

sobre el abismo me ata y en lo profundo

vivir me hace ser de manera notoria

habitante de la vida y de escribir fecundo.

 

 

La Plaza Nueva

 

Plaza Nueva callada,

música regalada,

sonora de sonoridades,

espejo de claridades,

agua calzada,

cansada de tanta Alhambra,

algoritmo de las zambras,

entre las nubes encontrada,

dando vueltas a un café

mientras la limpian muy bien.

 

 

La plaza juega redonda en mis juegos,

tan quieta y limpia su luz me mira llana

me da sostén de vida y así me gana

para quemar lo mío entre mis fuegos.

 

Vienen como de ayer viejos los riegos

de voces comos cristales de su campana,

suena aún el silencio por la mañana,

traen mi abrazo de juerga y mis apegos.

 

Oh placita de luz, ruidito hermoso,

que en redondo a mi vida prestas tu suelo,

mírame que al mirarme me mira el cielo,

 

en mi recodo oscuro cuánto te gozo,

toco tu mar desnudo bajo tu velo,

cuerpo redondo y mío mi gran consuelo.

 

 

El amigo distinto

 

Sin ti nada es igual, todo es distinto,

al mundo haces mejor con solo ser,

mi alma has llenado con solo tu querer,

no haya más que amor y sea mi instinto.

 

Llenó mis campos el sagrado recinto

donde tu hermosura es el alma y es tener

un corazón sangrante de gran poder,

excelso amigo amado, todo es distinto.

 

Bienvenido seas en este mundo humano

y nos traigas la dicha de encontrarte

para vivir contigo y estar de tu parte.

 

Bendito el día en que la dicha te dio la mano

y contigo se fue a un mundo aparte,

el mundo que sonríe y nunca es vano.

 

 

Tan cerca estoy de ti y de tu aliento

 

Tan cerca estoy de ti que oigo tu aliento

me respira el aire que me dejas

dentro de mí llegas a mis quejas,

amada eres mi fin y mi alimento.

 

Oigo tu sueño y en tu sueño siento

que voy por tu paisaje y que me alejas

a tu mundo interior donde me enrejas

en una cárcel amorosa al momento.

 

El amor me llegó al pronto impresionante

tan grande fue que lo di por in creído

me hizo estar más fuera de mí que amante.

 

Ahora preso de amor y a amor unido

no quiero libertad y delirante

todo cuanto vivo contigo en mí he vivido.

 

 

Subiendo a la Alhambra

 

Un lugar en el mundo, una ficción, un arte,

un llegar tarde a lo que no he llegado

un amar del todo cuanto no he amado,

un ser tan solo en ti y de tu parte,

 

un quererte y al mismo tiempo odiarte,

acostumbrarme a ti desacostumbrado,

un darte más y todo me lo has quitado,

un soñar en la Alhambra para amarte.

 

Me queman los días y me achicharran

briznas negras de mí como chicharras,

me abren sus dos patas de abracadabras,

 

por cada día que pasa me la agarran,

hacen de mí lo que quieren los cornicabras,

soy yo y me la traen floja los macarras.

 

 

Con el agua viene mi amor

 

El agua parece irse y bien regresa

y siendo otra el mismo río parece

como mi mal, como mi bien, se mece

en viaje de ida y vuelta por la fresa.

 

Baja el agua su canción y la sopesa

su pulcra melodía empequeñece

mas llega amor y el corazón perece

que el mal de amor agranda y lo mal pesa.

 

Ay aguas, que venís por los recodos

tan limpias y bien nacidas de las fuentes,

canciones todas de sutiles modos

 

Cantadme al llegar y entre mis gentes

hacedme suspirar y amar a todos

como aguas de pureza y limpias mentes.

 

 

No te los quitas de la chola

 

Solarillo de Gracia, en mi azotea

de mil modos viven aquellas gentes

que mal me hicieron a mí con sus mentes,

su corazón y hasta con lo que sea.

 

No se van de mi chola aunque no vea

la manera de que huyan los silentes

cuyos recuerdos anidan aún calientes

en la frialdad que dieron, y así lo vea.

 

Como hijos como padres como nueras

huéspedes son, eternos, en la disputa,

pasan por ser deudores y así estuvieras

molido a palos por los hijos de puta,

en esta vida como en las postreras,

gentes de tal calaña roban mi ruta.

 

 

Confíteor pecata nostra

 

Yo soy de aquellos que ayer dijeron:

el sol gira en torno a la tierra ¡ y aún lo digo!,

también que amor es lo importante y me prosigo

nunca gané más que cuando otros perdieron,

 

del siglo más pasado y quienes perecieron

la semilla en mí dejaron y no consigo

salirme de ella pues que a mi semilla sigo,

impertérrito y terreno, que así me hicieron.

 

Mas otros hay que solo a muertos ganan

y contra muerte hunden espadas vencedoras,

tajadas dan a enemigos en muertas horas,

y no ser de esos ni de lo que se ufanan

me parece más de hombres que de señoras,

pues también soy de los que fobia afanan.

 

 

La casa de la liberta

 

Una casa en el río, contra el paisaje,

un nidito de amor hecho de brisas,

una colina alzada y por cornisas

toda la luz del cielo en maridaje.

 

Su camino trazado en tatuaje,

por el vientre ensalzado de sus risas,

la desnudez por vestido y por camisas

su cuerpo enganchado a mi arribaje.

 

Es mi casa de amor cerca del río,

donde me ocupa un tiempo enamorado

y donde agoto mi poderoso brío

 

La que me entrega amorosa su pasado,

abre su puerta y en donde tuve lío

en paz me deja, corrido y desahogado.

 

 

El soneto del río de oro

 

Por la serena paz de la costumbre

yo tengo un río en el paisaje atado,

canta sonoro y como despistado

me sale al pronto, fogonazo en la lumbre.

 

Ágil de cuerpo, rodeado por la cumbre,

suave la besa y mima reposado

o la quebranta con aguas levantado,

como es virtud de buena servidumbre.

 

Es mi río de metal bañado en oro,

pieza de una vez en camposanto tiene

reliquia de un pasado que en gloria viene.

 

Está sentado en mí y yo le adoro,

tanto el silencio como el vacío me llene

de mi Granada abierta, a la que siempre añoro.

 

 

El espejo del agua

 

En un mundo de cristal, hecho a medida,

transparente y luminoso al mismo tiempo,

va pasando lo que mueve en esta vida

o quedose parado en contratiempo.

 

Nos leemos y preguntamos por el tiempo

en el mapa virtual gris de su herida

y locuaz nos repite, en pasatiempo,

la tragedia mordaz como vivida.

 

Oh lunática ilusión de cristal hecha,

planicie exacta o curva, de este mundo,

primavera fatal, rota, deshecha,

 

que a la virtud anula en lo profundo

y solo muestra el rostro del que pecha

sin inmutarle el dolor de su trasmundo.

 

 

Agua que corre

 

Tiemblo al verte y al desearte,

como la luz temblorosa encandilada,

turbio mi rostro roja la mirada,

pudoroso por ser y por amarte.

 

Agua que corre y quiebra con el arte

por oscuros senderos de Granada,

camino sin retorno, ciudad amurallada

en los contornos del ser y recrearte.

 

Oh murallas de la nieve templos malditos

que os enfrentáis a mí y derrotáis,

vertientes de los miedos rotos los gritos.

 

Por cuanto en muros blancos ocultáis

el oscuro mundo de los pechos infinitos

y me postráis, rendido y puro y abandonáis.

 

 

Soneto de la nieve turbia

 

Cuando el silencio llegue en voz nacido

y la naturaleza calle su muerte,

estaré yo atado, muda mi suerte,

en infinita paz que en ti he vivido.

 

Cuando el sol como aurora encendido

pase sus manos tibias y te despierte,

de tu lecho de nieve me liberte,

estaré yo, como siempre, en agua herido.

 

Agua de la nieve, rosa del día,

por tu frente y talares he llegado

a beber de tu dicha y armonía.

 

En tu amor, por tus versos, regalado,

la paz me dejas al final del día

al albor de tu sombra, enamorado.

 

 

Los paisajes de Granada

 

Me gustan sus paisajes, esa manera

de ser jóvenes aún y todavía

ese rutilante ser, esa armonía

que en calma irisan desde afuera.

 

A sus colores combinados y a la esfera

que partida en el mundo hacen vía,

corredor bajo los cielos con poesía,

naturales, embriagados, en espera.

 

Me gusta verlos y estar acompañado

de la hermosa mujer a la que quiero,

y a la que doy mi cariño, enamorado.

 

Paisaje y campos por cuya luz me muero,

frutos me dan a mi pecho exaltado,

y todo el amor del mundo verdadero.

 

 

El niño que fuimos

 

Oh rostro esencial tan lleno de rocío,

tan sin saber de nada lo sabe todo,

ay niño primordial jugando con lo mío,

ay virtud esmerada, primicia, mi tesoro.

 

Bajo la pálida luna, fúlgida, incorruptible,

pasea su luz tan limpia y llena de jazmines,

primicia substancial, parada, límite

de un mundo estrenado tan lleno de confines.

 

Oh niño elemental en el jardín jugando,

abierta la ventana que te enseña el mundo,

recreando el lugar, para llegar amando

a cuanto habita el espacio, y para habitarlo único.

 

 


 

El misterio de Granada ( Composición en negativo de J. Mª Torres Morenilla)

 

Agua

 

Ruidosa, elemental, callada, fina,

sangre del universo transportada,

ojos en que se mira la mirada,

ámbito del mundo oblicuo, cristalina.

 

Del manantial de amor, de la colina

reguero en que desciende coronada,

multiplicada en pos, simplificada,

ruido que gota a gota en mar termina.

 

Agua que tú me diste, lengua amorosa,

que nuestro pecho hirió e hizo casa,

para la sed la plenitud calmosa.

 

Agua de los costados, pura y escasa,

en que virtud al tiempo es luz hermosa,

última, de los adioses, que Dios nos pasa.

 

 

La tristeza no canta

 

La tristeza no escribe ni me canta al oído

con sus dulces canciones que hablan siempre de amor,

la tristeza es un nombre que quedó en el olvido,

 se olvidó de mi nombre pero a mí no olvidó,

fue suave aleteo que provoca un amor,

cogidita del talle y la suave fragancia

de su boca encendida, levemente tragada

por mi mundo interior,

la tristeza no canta ni yo quiero cantarla,

me cantó la alegría

que ahora mismo resuena con lejano fulgor.

 

 

La mística soledad de la iglesia

 

En la soledad de la plaza,

por la torre de la iglesia

subía como una plegaria,

adornada de ribetes,

dorada en sus consejos,

como fina aspiración,

ligera cadena de oro

caliente del corazón,

entre las nubes quedaba

su aguja hiriendo a los vientos

con más poesía y fulgor,

ay, arroyo suave y trémulo

que en las guirnaldas del cielo

subes los viejos consejos,

en oros y en alamares

con ventanas, siempre abierto

en la soledad del día

plaza nueva del adiós.

 

 

Himno al sol

 

Eres mi sol, mi luna en primavera,

mi arco en plaza, mi altura conmovida

eres mi leche dorada que da vida,

mi alma atada en libertad primera.

 

Eres la miel, en cumbre, en mi era,

mi hermosa acalambrada, entendida,

mi sed de amor, brillante, atrevida,

incólume, inmortal, quien me libera.

 

A ti, que entras, mi carne suavemente

me adentro en ti y doy mi corazón,

mi poema enciendes como arena caliente,

 

tú, que nos unes a todos en tu unción,

 eres hijo del Dios vivo, luciente,

llevas en tu corola mi devoción.

 

 

 Otro poema al sol que uno es poco

 

Redonda plenitud callada de mi vida,

que de alegría me llenas con tu presencia,

volador de mi cielo, caliente esencia

que acaricias mi alma en ti vestida.

 

Aliento de mis preces, poesía sentida

en luz, en arte, en redonda ciencia,

halo de mi mundo, tu circunferencia

me rige plena, día a día querida.

 

En ti y en tus arrullos eternales

mecido estoy de la virtud del sueño,

eres mi sol devorador de males.

 

Por ti y en tus alas me mantienes dueño,

inalcanzable, augusto, entre inmortales,

el dios de las virtudes, mi sol risueño.

 

 

Granada mágica ( Composición de J. Mª Torres Morenilla)

 

Jardinero de la rosa

 

Cogeré tus momentos más felices

y en mí haré vivirlos para siempre,

regaré con mi agua a tu huerto,

te daré con mis ojos lo imposible;

cantaré tus canciones más escritas

con un gusto indecible por lo nuestro,

me haré amor, me haré tu siervo,

quien decline para ti lo increíble;

tendrás mi pecho y mi corazón sangrante,

la clara luz que alumbra tu camino,

tendrás mi voz, mi cuerpo dolorido,

tendrás mi fe, mi mundo incambiable;

también tendrás tus horas más pacíficas,

aquellos tus momentos, los más solos,

el paisaje callado, una palabra en paz,

yo creo que al final vas a tenerlo todo.

Por ti, por ser quien eres y aunque te digan nada

ese mundo infeliz nunca a tu lado,

porque todas las injusticias se juntaron

se hará justicia de una vez y serás cantada.

 

 

Ausencia

 

Ausencia de mujer, ausencia,

el jardín está lleno de tu ausencia,

el aire como estancado, de oscuro musgo la piedra,

la luz completamente olvidada,

todo parece mojado de tu ausencia;

las flores ya no son flores,

ni el cielo que siempre fue azul es azul sobre mi tierra,

una fuerza blanca grita por dentro de mí tu ausencia,

son como antiguas fotos perdidas en cómodas viejas,

retazos de un pleamar de tu fragante presencia,

besos que me dio la mar con dulzuras de tinieblas,

palabras, versos, la rima de tu profundo poema,

toda la vida me pasa por encima de tu ausencia,

colgada en los portales, perdida entre las huertas,

el jardín está vaciado por tu ausencia,

ausencia de ti, mujer, ausencia.

 

 

A Miguel Gallardo,

  ( 29-9-50  11-11-05)

 

Miguel, donde la luna llega y se llena de la alberca,

con la luz medio dormida y con su sombra despierta,

blanca azucena es tu voz de almíbares y de leyendas,

cantará, cantarás por siempre, dormido en la belleza

del rayo de luz transita que todavía nos dejas.

 

 

 

Poema de la rosa

 

Mi rosa es un poema desbaratado,

todo lleno de amor y rotas hojas,

rosa de mi dolor, en flor sacado,

perfumado jardín de mis congojas;

 

 la rosa eres tú que andas y picas

con tu pasito en flor de enamorada,

la rosa es el manjar con que salpicas

 ay mi alma loca a tu rosa atada.

 

 

No es el agua la que hace al río, sino el nacer,

venir de lo más profundo del querer,

ser puro y ser escaso pero sin dejar de ser,

bajar natural los lechos, alegre, y sin perecer,

para seguir o estancarse y a veces enloquecer,

que el amor se acerca a los ríos para beber

y se mira en sus espejos su buen ver,

parezca quieto o se mueva nunca dejar de correr,

acomodando el impulso a lo que se puede hacer,

y llegar hasta las riberas, granadina de buen ver,

para mirarte a los ojos, para en tus labios beber.

 

 

En la Alhambra, 23 de Octubre de 2015

 Jardinero de la Alhambra

 

Déjale crecer los bosques, y el sol en ellos se evada,

las corrientes de las aguas en trémulas cataratas,

que el aire como se allane y tiemble con sonido a agua,

los jardines alfombrados de oscura tierra asolada,

que el avellano se enrede y se exalte la enramada,

crezcan frondosos los mirtos y se recojan castañas,

para el ruiseñor zarzales y para las alondras retamas,

por los claros, los almendros, por los oscuros, granadas,

azules y costosos vidrios sobre murallas de grana,

los cipreses sin adorno, las hiedras pocas en tapias,

el boj fuera del palacio que el arrayán dentro guarda,

sin gentes con los leones y que se vea Granada,

no tales chorros de fuentes ni los llenes de guitarras,

cada flor es un poema y el silencio es su proclama,

en la grandeza del hombre se magnifica la Alhambra,

no enseñes todo, por Dios, que con misterios más gana,

muestra la Vega que ensueña y toda la Sierra Nevada,

rosales los que tú quieras, geranios y flores de agua,

no atropelles muchas flores que en la medida se encanta,

busca el perfume a violeta y del clavel la engalanas,

que canten los ruiseñores y en verano las chicharras,

riega abundante los surcos y sécala en sus plazas,

que no es de reyes ni tropas, sino de Dios es su alma.

 

 

Sierra Nevada

 

Me llega aún la campana

de los escolapios al viento,

blanca de nieve sentada

la Sierra como un velero

con una ala caída

y otra casi levantada,

orgullosa por ser bella

paseaba por Granada.

 

 

Camino de Ronda

 

Por el camino de Ronda

subíamos a sus higueras,

lechugas en primavera,

y por la luna un doncel,

correr, correr,

que baja mi capitán

vestido con su guerrera

en el pecho una bandera

y en la bandera un retén,

correr, correr,

qué verde era mi Vega,

hecha de chopos y de breñas,

la luna por calavera

y por escote la miel,

correr, correr,

los guiris no se levantan,

aúpan sus calabazas,

la virgen, cuánta ordenanza,

esto parece un belén,

correr, correr,

mientras la sierra se empalma

alta y fría en su mortaja

crujen charcos a nuestros pies,

correr, correr.

 

 

La calle solitaria

 

Una calle solitaria,

por donde anduvo mi amor,

y se ha quedado tan sola

como me he quedado yo,

los besos que tú me diste

suenan por su corredor,

como una acequia engordada

que aterra con su clamor,

 el eco de nuestros sueños,

nos repite su canción,

llena de los sentimientos

pero vacía del amor,

en una calle tan sola

como me he quedado yo.

 

 

Matar a un ruiseñor

 

Se cayó el pajarillo,

la tierra rezuma una oscura tristeza

de un día sin Sol aunque lo esté,

y de las horas que se secan en la oficina.

 

Se cayó el cantor,

el silencio puso veredas en la mirada,

y una oración en la boca traidora

que a la inocencia pudo llamar pecado.

 

 

Donde quiere o donde puede

 

Por el camino regresan los que el camino perdió,

vienen con sus alhajares, con sus vestidos de fiesta,

parapetados y en unión, sonríen y nos meten miedo,

¿ no decían que lloraban bajo la mágica luna?

¿ no decían que temblaban como cañas de bambú?

vienen a miles, ellas con faldas muy largas,

ellos con fajas y navajas, las viejas con negras enaguas

y los chiquillos conservan su mágica angelidad,

lo que el caminó vació el mismo camino llena

y no es una fiesta, pues no se les oye cantar,

es el aire que los lleva de aquí para allá,

donde quiere o donde puede.

 

 

AL ENCUENTRO DE GRANADA

 

 

 

Más que un río es una fuente,

agua y nada,

luz corriente,

 para morir por la frente

en los brazos de su amada.

 

*

 

El río pasa y con golpes de fragancia

 en dulces arboledas

 arrulla y gorgotea la honda pena

de estar tan solo.

 

*

 

Caliente como la tierra

que bajo el sol se consume,

muere el rumor de la nieve,

y se pierde entre las nubes.

 

*

 

Ellos se fueron y nos dejaron barro,

aquella tarde obscura cuando el sol murió

el viento acompañaba la tristeza del río

y las sombras buscaron el refugio de la noche.

 

Ellos se fueron y nos dejaron áfonos,

con nuestros viejos recuerdos encadenados,

mirándonos las manos estúpidas y vacías

si alguna vez pidieron nuestra ayuda antes de irse.

 

Ellos se fueron y nos dejaron el llanto,

prisioneros en la gruesa cuerda de la calle,

más solos que el espejo de nuestros amores,

como nubes palpitantes escritas en las paredes.

 

*

 

Guitarra que en la noche suenas,

negra de luna y de zambras,

río perdido entre los montes,

 y unos ojos muy bellos

en las ventanas del alma.

 

*

 

Donde la luz se desnuda y las sombras se encandilan,

 el aire dicta su verso de pluma en la cuartilla,

la lluvia que es la locura los campos moja con prisa,

las alondras quieren morirse y la nieve está aterida,

los días dejaron caer sus horas negras malditas,

y un ruiseñor, que es muy hombre, se pavonea en su levita.

 

*

 

La belleza se adorna a lo fatal

hasta la muerte desnuda

regala sus obscuros vientos,

el miedo blanco de ira

y el terror de los lamentos.

 

*

 

No los lloréis el aire guarda sus risotadas,

las alondras caminan ligeras sobre sus palabras

y hasta el virginal sol conserva su calor corporal,

nada en la vida se pierde cuando se pierde la vida,

 el amor de sus brazos abraza la eternidad.

 

*

 

Oh manjar que danza el aire,

silábico tránsito de musas,

que sale como mujeres

danzantes entre columnas,

iluminadas y obscuras.

 

*

 

Llegaba el viento

con sus nudos de raíces

y le dejaba un baile sutil, estremecido,

movía las hojas que desnudaba grises

salidas como las lágrimas

del corazón herido;

en las paradas horas

el tiempo invariable

recordaba frágil cuando venía

sobre el cobijo de la tierra obscura

y cansado de crecer moría

de estar tan solo y débil

en el jardín perdido

 

*

 

No quiero estar triste

la música me regala sus muchos sueños.

 

*

 

Por la dorada siembra

se oye cautivo un canto

mas llore lo que me llore

siempre me cantas tú.

 

*

 

Oda a Borges

Tu canto en las estrellas

sobre las cumbres blancas los rayos de la luz,

acuarela hermosa en las cansadas nieblas,

ojos de tigres radiantes sobre tu espíritu azul;

tu canto en la poesía entre los dulces sueños,

los perfumes del campo y el olor de la mar,

la magia de la química, del arrebol, del sueño,

la corola dorada de la rosa eternal;

eres sencillo y alegre, eres hondo y eres triste,

tienes el vuelo del ave y de la nieve cansada,

de las perlas el iris, de esmeraldas la paz,

llevas como en el pecho guirnaldas iluminadas

y con ellas adornas nuestro ser elemental.

 

Ay prados, donde la tierra tiembla

en esquirlas de musgos

y aleteos de los árboles,

en el quebrado río, disipadas las nieblas,

bajo el dorado fuego

de las encendidas torres;

cántaros del silencio,

páginas que encierran a tu ángel musical,

la vida renace nueva,

cantada en su misterio,

un mundo increíble y alto en tus versos sonará.

 

*

 

La vida es imparable y no escribe en los paisajes,

deja sus paisajes quietos siglos y siglos.

 

*

 

Hundir mi negra voz sobre la luz del día

y encender blancos en la noche mis cantares.

 

*

 

Resultado de imagen de cristo de los gitanos  de José Risueño del sacromonte

El Señor de los Favores

Lamentaciones de Jeremías Thomas Tallis (1505-1585)

 

Imagen del Cristo de José Risueño,

llamado de los Gitanos, en la Abadía del Sacromonte

Procesión en el monte, el Cristo pasa

entre nubes oscuras de las plegarias,

entre blancas hogueras de su querer,

como nube entre nubes se deja ver,

y se hunden en el río sus amapolas

de los cirios y los humos en procesión,

candelabros de plata sobre los pechos

que refulgen de bronces el corazón;

acongoja en el aire un gran silencio

y el cielo se enluta con los lamentos,

una música suena como cristiana,

soledad de los cristos de alma llana,

el Veleta se enciende de oscuridades,

por el camino andan todos los males,

ay Dios mío que mi vida pasa como de lado

y no llega a la cuesta de tu costado,

en el alma la noche es una canción

que se bebe su vino con devoción.

 

*

 

Granada, interior de la Catedral, dibujo de José María Torres Morenilla

 

 

"Nunca he querido dioses crucificados"

L. Cernuda

 

Laudatorio

Laudamus te y Gloria  A. Vivaldi (1678-1741)

Елена Кумановская

 

Dios crucificado, un hombre solo,

en el campo infinito de lo pequeño echado,

en la raíz de hierro a la madera clavado.

Clave en mis ojos el ancho mesianismo de su palabra:

" amaos los unos a los otros"


locura es para el irredento hombre,

pues por hombre morirá, por hombre muere

en una cruz inhábil, madre de las cruces

y su palabra cuelga:

" como yo os he amado"

 

 

 

 

REFLEXIONES, RECUERDOS Y PROSAS 

 

 

 

 

 

 

LA ABADÍA DEL SACROMONTE DE GRANADA

 

 

La Abadía del Sacromonte

Cruz del monte sobre el Darro,

hondo hollar de los tiempos por arcángeles plantado,

mirador de los recuerdos, bosques con nubes enfrentados,

collera del sagrado rito en la sierra iluminado,

la Concepción de María sobre columnas de mármol,

edificios de los mundos en los siglos edificados,

patios de arcos solemnes, ruidosos ríos plateados,

quieta luz disciplinaria del clasicismo ilustrado,

ventanas en balaustradas de mármol entre los claustros,

hórreo, luz de un recuerdo, patio de luces brocado,

colegio de humos y de chispas, silencio puro encumbrado,

entre las siete columnas por siete cruces llevado,

festín del oro y del tiempo, jugoso manjar inventado,

sobre las siete colinas la estrella de David reinando,

silueta clásica y barroca de un reino glorificado

y una fuente que no cesa de dar agua con agrado.

 

Mi colegio, La Abadía del Sacromonte, " Insigne Colegio de Teólogos y Juristas del Sacro Monte", la parte más nueva, el edificio del fondo era un Escorial con sus muchas ventana rectas, sus escaleras de mármol y la grandiosidad en los montes, ha quedado ahora vacío en parte, como un cascarón debido al fuego y a la indolencia luego de la Junta de Andalucía y de la ciudad de Granada por no repararla, ya. Con lo bien que estuve en ese Colegio, sus tradiciones ancestrales sobre San Cecilio, patrón de Granada y primer obispo, las catacumbas sobre el lado derecho y primitivo de la Abadía, con sus cipreses reverentes y enanos, sobre cuyas piedras se dice que habló el Apóstol Santiago a los primeros cristianos de España, Iliberis como la Granada ancestral, sus comidas inolvidables (creadora de la tortilla al Sacro Monte en el día de San Cecilio), sus patios, su altura, sus horas de estudio antes de cada clase, su rigor en la Literatura y las Ciencias como una seria iniciación, cultivadas realmente, en fin, la vida nos amarga y en Andalucía más, pues nos hace ser pobres entre sus enormes riquezas.

*

Por el camino del Darro pasé día a día, años, camino del Sacromonte, en el autobús alemán del Colegio, a la Abadía ancestral.

 

 

LA OTRA ALHAMBRA

 

 

De niño subía a la Alhambra todos los días de verano, me colaba en el palacio de Carlos V para oír los ensayos de las grandes orquestas del Festival Internacional de Música y Danza de Granada que suelen darse sobre el magnífico Julio granadino, gozaba enormemente pues todos tocaban de maravilla y repetían y repetían tan mágicas notas a las órdenes de los mejores directores del mundo.

 

Subir a la Alhambra, como subir a Mozart, a Beethoven, a los músicos rusos, al ballet de Ludmilla Tcherina, a las grandes obras musicales entre los árboles inmensos y el agua clara de las fuentes ( ¡ oh, caños y bajorrelieves de la Fuente de Carlos V y sus bancos de piedra en las sombras! Qué augusto es el clasicismo español, de grandes monumentos de piedra, de márnoles y de fuentes, de las cuadradas ventanas y los patios hermosos, lástima en la Alhambra, diría Lorca, pero incluso ahí, hay rincones que un niño sabe agradecer, bajo las dulces sombras en verano y el ruido musical de los caños generosos del Darro)  las torrenteras, la placidez del alma. Luego, a la tarde, montando mi bicicleta roja por mi Barrio de Fígares repetía los grandes acordes, incluso improvisaba los míos.

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(A. Schoönberg retrato de Torres Morenilla)

Pero echo de menos una cosa, no solo en Granada, sino en el mundo musical: más proyección de la música dodecafónica del gran Arnold Schönberg ( Viena, 13 de septiembre de 1874- Los Ángeles, 13 de Julio 1951). Ojalá mi Poesía descubriera la dimensión genial del dodecafonismo, el cambio artístico de dimensiones inauditas, la escalera al cielo.

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La grandiosidad de la Alhambra y la música, en la Naturaleza, porque una de las cosas más importantes de Granada es su Naturaleza, inmensa, grandiosa.

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Fui niño que anduve por Granada desde apenas los tres años, antes no, nunca fui un niño prodigio, subía a la Alhambra, a veces todos los días, me sentaba en sus bancos, especialmente frente a la fuente de Carlos V, la ciudad toda de Granada era mi casa y mi recreo, mi orgullo, mi amor  y hasta mi mentira ( ¡ Oh, los grandes rascacielos de Granada!). 

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Una escapada a Guadix, - Jesús gira como un reloj desde la torre- en aquellos mis once años, me supuso toda una hermosa huerta, mi amigo Torcuato,

y los muchos higos devorados, con los peores efectos en el coche luego.

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El amor es un espejo que además siente y padece.

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Un lugar especial para el Instituto San Isidro de Madrid, estuve allí unos años mágicos y literarios. Allí teníamos el Aula de Teatro de don Antonio Ayora a la que me apunté pronto y participé  con mi ánimo, todavía está mi nombre en la plantilla de los teatreros. Pronto empecé a darle a mis compañeros mis escritillos, que gustaron mucho, ellos, chavales inquietos, me asignaron un programa radiofónico en Radio Juventud de Madrid, donde escribía un artículo semanal. Instituto literario, en cuyas aulas han estudiado Víctor Hugo, Cervantes, Lope, Calderón, Quevedo, Tirso, Aleixandre y tantos otros. ¿ Qué escritor no ha estudiado en el San Isidro?. El San Isidro es la cátedra ambulante de los escritores. El otro día yendo por la calle Atocha por casualidad entré en la Iglesia de San Sebastián de Madrid, allí enterraron a Lope de Vega, allí se casaron escritores geniales de todos los tiempos, se bautizó Cervantes, en fin, si me vengo a Madrid acabaré escritor, seguro, pero lo difícil es vender luego siquiera un libro, según el editor de mis Poemas de la Alhambra, no vendo ni uno, ni siquiera los que compré yo por Internet. Ciudad de milagros.

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Habrá quien piense que yo, como vivo siempre en Madrid, desprecio lo granadino o a los granadinos ( un ilustre granadino me lo insinuó, elogiando mi distanciamiento de los granadinos, de cuyo carácter yo huiría, sin conocerme del todo y sin saber lo que me cabrea cualquier comentario peyorativo y generalista a los granadinos), todo lo contrario, no hay nada más granadino que asentarnos en la tierra, aunque sea otra. Granada son los granadinos y lo granadino soy yo también, yo no he cambiado Madrid por Granada sino que soy sedentario, quizás por ser muy granadino, y cuando llego a un sitio, a un barrio, no me muevo. Además, y esto es muy importante, jamás he dejado de ir a Granada.

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En aquel patio de los Escolapios todos jugábamos, bajo el radiante sol granadino,

 solo yo encontraba peces rojos en el cauchil de riego.

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En el cine de verano Albeniz del Barrio de Fígares, la oscuridad del cielo nos cobijaba,

millones de astros nos contemplaban.

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La riqueza solo sabe amontonar cosas muy pobres.

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¿ Se puede odiar lo que se ha escrito y se ha publicado? Aunque parezca mentira, sí, sobre todo porque lo hecho hecho está y ya no se puede borrar y porque nos encasilla en un tipo de literatura que no del todo lo es, aunque nazca de los más puros sentimientos. La Literatura es otra cosa, algo mucho más misterioso y necesario; es buscar un lenguaje oculto, que no tenga los lugares comunes de la costumbre, jamás puede serlo un lenguaje de reality sino el de la inflexible ley del intelecto y la más necesaria e incambiable ley del arte. Escribir en cierto modo nos empequeñece, sobre todo el publicar; una cosa que todo el mundo desea pero que no lo es todo, ni mucho menos. Yo no diría esto para el novelista, el ricachón de los escritores, para el que escribir y publicar es en su caso vivir y vivir muy bien. Los poetas perdemos el tiempo y no damos la talla de escritores las más de las veces; cuando cometemos el error de publicar nos ponemos en paños menores delante de todo el mundo, aunque desde la pereza en los primeros años aprendamos el arte de contar mentiras, las mentiras superfluas que nos gustan como son los celos o los amores prohibidos. Si a mí me preguntan por lo mío se llevarán una sorpresa, resumiré con la letra de una canción de Mari Trini, la chica que en mi juventud tenía mucho enganche y me ponía en cierto modo: " No, amigo, no, ése no soy yo". Ah y la Alhambra, yes very well.

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Cuando uno se empeña en ser lo que no se es acaba uno no siendo ni lo que se es.

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Todos tenemos una ligera idea de los tiempos antiguos, sus batallas y calamidades, sus sufrimientos y sus lujos, pero de qué reían cuando se reunían en los teatros y foros ¿ qué cosas les hacían soltar las carcajadas? pues la risa es una medida del alma, como el llanto lo es del no-alma y es una cosa que no está muy clara del todo en la historia, ¿ de qué se reían los antiguos hasta perder el decoro y mearse de risa?

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Desde la Abadía del Sacromonte tenía a mi izquierda la Sierra, a la derecha Granada y enfrente el Avellano y la Alhambra,

por eso salí tan poeta. Oh maravilla, Granada enfrente de mí.

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Me dijo un lector que mi Poesía de la Alhambra era un llanto, que lloraba por Granada. Pero para mí la poesía siempre fue todo lo contrario: un juego, un cambio, mil cambios, una idea, mil ideas, todo lo más la insigne música que nos llena y nos hace ser felices encontrando la belleza interior, la del alma: pero Granada es tan bella, y está tan fuera que nos saca de nuestras casillas y nos hace escribir, pues quién se cansó nunca de mirarla y quién se cansaría de hablarle al oído, siendo tan hermosa y cabal y tan redonda, oh mágica Granada que tuve la fortuna de que fueras mi entrañable tierra, mi más amada esencia. Subo a tu Alhambra, subo a tu cielo todos los días y me haces mejor, me haces poeta, y nunca me harás llorar porque siempre vuelvo, vuelvo hasta en los vagones de tercera del tren antiguo, los pies hinchados, como Bach buscaba al gran organista, Dietrich Buxtehude, el de la coral " Ach Herr, mich armen Sünder" y caminaba a pie 350 kilómetros junto a un amigo para ir a escucharle.

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Por nuestra necesidad de alimentarnos me temo que estaremos mucho tiempo matando a los animales y que, por ejemplo, unos seres tan tiernos y tan serios como son los jabalíes sufrirán la ociosa persecución y bellaquería de los cuchillos humanos. Criminales.

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Tenía como la cualidad mayor de mi carácter ser diplomático, así me lo dijo don Ismael Pérez mi profesor de Literatura,

ahora entiendo que el mayor de mis defectos es ser demasiado diplomático.

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El tiempo más que inexorable es burlón, desnuda nuestras palabras, las deja sin sentido, amar ¿ qué es amar cuando se tienen tantos años?

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Solo ha habido dos locuras en mi vida ( cuando digo locura lo digo con todas las de la ley, locura, locura) la música (que me gustó nada más nacer) y Granada ( que la disfruté con toda mi alma y aún más).

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La estética. Todo en la Naturaleza es estético, ha hecho animales y plantas para ser admiradas por lo bellas y completas que son, lo que pasa es que los hombres nos las comemos y a la Naturaleza esto tampoco le parece tan mal.

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Tapaos los ojos ante la Alhambra,

abridlos al momento y comprobaréis que la memoria, como Zapatero, siempre olvida algo.

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Los Maristas me premiaron a los once años un relato sobre su fundador Marcelino Champagnat, ¡¡ al fin un premio literario!!

siempre estará conmigo el bajorrelieve de metal.

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Una música rodea a la Alhambra y a Granada,

la música que lleva las almas a tocar el cielo.

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Este Darro, no podría ser de otro modo, es al final de todo mi canto a la amistad, la amistad es lo más grato de los paisajes de Granada.

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Creo que nunca he vuelto a tener aquellas reflexiones, aquella inteligencia para amar la vida, aquel espíritu universal como cuando era niño y subía a la Alhambra a diario a gozar la vida en el emporio de la grandiosidad y la intimidad de sus sombras. Disfruté Granada como un cosaco, que dirían los granadinos, a lo bestia, que es como hay que gozar en la vida, también en lo religioso como diría aquella santa española del Renacimiento, la Reina Isabel, para su amado Corpus Christi que solemnizó en Granada. Pero cuando estoy lejos y siempre, Granada para mí es el río Darro, un rincón especial precisamente, bajo la iglesia, más cerca de Granada, donde confluyen el río, el monte, la esquiva Alhambra con el paseo de piedra, también los árboles de finas hojas y de suaves temblores. Mi rincón que me hace llorar cuando estoy lejos, el rincón de mi patria, de mi esencia granadina.

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Desde Madrid, Granada es muy hermosa, sabrosa y gustosa, como una hurí en la mente de un poeta. Pero, cuando regreso, la Granada real es mucho más bella.

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Me levanto bien pronto de madrugada para escribir, no me importa lo pronto que sea, me levanto despejado y con ganas de escribir y así lo hago con profesionalidad y rigor ( más quisiera hacer lo mismo para leer, cada día soy el peor lector, me acuerdo que mi hijo siendo muy pequeño a veces no veía el partido de la televisión y cuando yo se lo reprochaba me contestaba " papá, yo no veo fútbol, yo hago fútbol, yo juego", y me callaba juiciosamente, yo me digo también que solo hago escritura). Cuanto más se aproxima el amanecer siento cierta desilusión, porque desaparece la pureza de la madrugada y se acerca el escandaloso sol con su coro de rayos calientes perdiendo la madrugada esa oscura virginidad, esa hora placentera de la noche cuando escribir es una pureza más, sin contradicciones ni interrupciones.

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Ser de Granada. Tenía por costumbre pararme y que Granada me entrara, las calles y edificios venían hacia mí, también su gente, mi cuerpo era un jolgorio del bullicio granadino, sentía la hondura de sus barrancos y la sonora agua, su viento languidecía en mí con su frescura y las enormes sombras de sus árboles caía a plomo sobre mi cabeza, vivía Granada, no vivía en Granada como un pasajero, ser Granada, no ser de Granada como un turista interior, respirar Granada por los cuatro costados, porque ser granadino es que Granada te reconozca desde el primer día y entre en ti para que tú, como a Dios, no la conozcas nunca pero vivas en ella.

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Créanme, nada hay más confortante que subir las cuestas de la Alhambra:

a un ritmo, entre musical y poético,

bajan clamorosas aguas y los bancos se asientan en la umbría de los árboles.

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La Plaza Bibrrambla, aunque no tenga gente, siempre está llena

la llenan flores, vencejos y los golpes de las sonoras campanas.

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Toledo. Por unos días no nací en Toledo, estuve los nueve meses de gestación en el vientre de mi madre en Toledo que se vino a Granada para que naciera granadino. Se lo agradezco, pero Toledo para mí tiene algo especial. Recuerdo a mis queridos toledanos Señora Isidora y su marido Señor Antonio, guardia civil retirado, que vivieron los trágicos días de el Alcázar en la guerra española y tan buenos fueron conmigo en los quebrantados días de mi juventud en Madrid. Toledo es de esas ciudades de todos, que llevamos en los genes de la cultura y la vida, con sus calles tortuosas y su finura exquisita. Ciudad tan turística como la otra mía, Granada, y no sé cuál tiene más esencia artística y humana, cuál de ellas sorprende más, si la intimista y misteriosa de la cábala y los autómatas o la del Imperio árabe con sus recónditos huecos y mujeres maravillosas. Una y otra me apasionan y las tengo como madres. Por eso en mi Río Darro cuelo una poesía a Toledo, por ser algo mío, mi ciudad encumbrada.

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Sebastopol. No me gustaría dar la impresión en este mi Darro de ser el que no soy, no soy triste ni lloro por Granada, soy tan granadino que me gusta Madrid, no soy solitario ni lloro ningún amor. mis amores literarios no son amores es literatura, siempre lo consideré así, a veces sí escribo de mis cosas, muy pocas veces, solo cuando me refiero a mis sentimientos pero no a las personas. Granada no es mi frustración ni mi misantropía como dijeron mal. Granada es mi premio que me doy de vez en cuando, mi traje auténtico que me pongo los días míos que nunca fueron los de fiesta. Tampoco es que sea importante lo que yo parezca a las gentes, sí puedo asegurar que nunca me conocieron del todo, en cierto modo fui la lección mal aprendida de los malos estudiantes, en Granada, en Madrid y en Sebastopol ( ¿ hay algo más granadino que Sebastopol?).

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En el río Darro que escribo siempre se leen dos tragedias: la del río, condenado a irse de Granada y la mía, siempre regresando a Granada.

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Cuando el verano de Granada os dé su magnífico calor,

preguntad por Los Italianos de la Gran Vía, unas muchachas delgadas y pálidas os venderán los mejores helados, el de fresa que lo es o el de limón que se acaba muy pronto en vuestra boca.

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Las palabras de los versos están en una cárcel que nadie puede cambiar.

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La poesía como el río transcurre suave en la superficie, me gusta esa poesía que no nace del llanto ni nace de los hondos sentimientos, esos que arrastran fieros a la tragedia, no me gusta el altisonante tono de los desgarros, ni hurgar las llagas, ni sacar en lo tremebundo el hacer poético, me gusta escribir tan llano como el prosista, el que al narrar no cambia el modo ni se siente mejor, distinto o airado sino que muy bien quiere contar como si la verdad contara, con elegancia y sencillez, por eso grandes escritores de la novela son pésimos poetas pues piensan que la poesía es un viaje al más allá, una escalada a los bajos fondos del alma, una tragedia en fin. Digamos que la poesía no es distinta sino breve, no es altisonante sino bien sonante, ligeramente atada y no del todo libre, tampoco es que sea una mentira como lo dijo Sócrates y el mismo Aristóteles, sino más propiamente un estilo literario, por ello las formas clásicas suelen ser exitosas pues a la poesía le van muy bien las reglas, tanto las fonéticas como las ortográficas. En cuanto a los poetas, en mi caso me dio por escribir poesías, aprovechando entre tiempos del trabajo incluso, al viento de la inspiración que es ese tiempo que de pronto nos lleva a escribir de algo como una necesidad de ese algo, pero una buena prosa, como aquella de Cela de sus primeros años, o la de Azorín suele dar unos frutos sabrosos y en nada tiene que envidiar a la poesía como deleite del alma.

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Monasterio de San Jerónimo de Granada, fundado por los Reyes Católicos

 

Cuando contemplo el monasterio de San Jerónimo estoy en mi Granada de verdad, frente al Perpetuo Socorro de los redentoristas y muy cerca de San Juan de Dios y del economato militar entonces. Sobre todo cuando estoy dentro de esta magnífica iglesia donde no caben más perfecciones juntas del Renacimiento español, gloria de la piedra y de la pintura , exégesis de la Cultura con mayúsculas, ya solo me falta un Ave Verum de Mozart para juntar el espíritu a la raíz humana, lo más cerca de Dios posible. Granada me llevó de su mano por la riqueza absoluta, la inteligencia, el trabajo y el arte y no solo a mí, a todos los granadinos. Mi alma está aquí en plenitud, me identifico con ese misterio que trasciende del mundo castellano y que tan bien se lleva con el otro árabe de manera que o son primos o algo así, si no hermanos. También los árabes dedicaron su Alhambra a Dios, y se nota, se esforzaron por llegar más alto y lo consiguieron.

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Los Maristas hicieron una coral, cantamos acompañados de músicos profesionales, por una vez y sin que sirva de precedente, en la iglesia entonces cerrada al culto de San Jerónimo, también a capella en Radio Granada y en el Teatro Cervantes  frente a la estatua de Mariana Pineda.

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El último poema

 

Mirarte fue la perfección, hundirse en la poesía,

nada más tenías qué hacer que estar al lado,

tú eras, en ese instante, el ser más perfecto;

la mirada flotaba por un tiempo infinito

con toda la belleza de un poema inexplicado,

nada quería el amor más que tu presencia,

el poema eras tú, absoluto y espléndido.

 

 

©José María Torres Morenilla

 

LOS POEMAS DE LA ALHAMBRA

 

                                                                                             

Otras obras:

 

SONETOS

 

LOS POEMAS DEL SER

 

RÍAS BAJAS

 

DIBUJOS DE GRANADA

 

DIBUJOS A LÁPIZ

 

PAISAJES Y RETRATOS

 

PROSAS PARA MI HERMANO

 

 

 

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Todas los dibujos son de José María Torres Morenilla

 

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