Inefable Esencia

( 2009/ 2019 )

 

 

de

 

 

 

 

José María Torres Morenilla


 

 

 

 

 

 

Inefable esencia
 

La belleza es tu nombre, la escala es mi deseo;

ay, perfección eterna, al instante, en mí, ha puesto,

luz que, tan profunda, de la oscuridad es cuna,

infinita llamarada, postigo del alma;

tus pasos me reclaman, tu ríos hacen mi fuerza,

la mano en el cristal sin olor es su esencia;

ay, perfección eterna, al instante asumida,

la belleza es tu nombre, la escala es mi deseo.
 
 
 
 

Patrística alegría

 

Oh sonido virginal que de la pureza sales

y armonioso maravillas los sentidos,

trayéndonos la paz, escribiendo

sobre senderos inmáculos

 con tu divina sabiduría,

oh luz perpetua que al alma cuidas

y hermosísima concurres con el hombre,

la hermosura es tu valle, la palabra es tu refugio.

 

 

 

 

Celeste voz

 

Celeste voz que en los sentidos mueves

los puros deseos del alma encontrados

y plenamente embaucas dulcemente

a la dicha que traes de la inmortal morada,

mi corazón regalas de hermosas melodías

que felizmente encuentras en la eternidad inspiradas.

 

 

 

 

Qué limpia está mi cruz.

 

Qué limpia está mi cruz, Señor,

qué poco duele el hombro que la lleva;

sobre una blanda tierra me sostiene

y en la miel de la poesía me deja.

Sóbranme las coronas sin espinas,

la sequedad de mis ojos deslumbrados

en sólo sueños, la suavidad del sueño,

mas fáltame la sed, el hambre, el llanto

de un dolor que mi alma pide a gritos

entre tantas dulzuras en las que yazgo.

 

Yo quedaría así siempre caído

si tú me dejas de extender tus manos.

 

 

 

 

Los salmos

 

En hilera de cipreses palpitan sublimes notas

 que más que cantar oran con leves entonaciones,

el hombre es un arcángel cuando le canta a Dios,

Señor que el orbe llenas, los cielos no te contienen,

los salmos sobre los montes, detrás de todas la gentes,

entre hileras de cipreses, se elevan a tu grandeza.

 

 

 

 

Transmutación

 

Escribe en mi carne, tras de mis ojos mira,

acógeme en mis manos, con mis palabras habla,

vístame tu sencillez, tu cordura es la paz,

arrastra mis sentidos a campos que no sienten,

y sé para mi cuerpo su muralla infranqueable

la luz cuando es divina por sombras es exaltada.

 

 

 

 

De lo escondido, su fuente

 

Pasa oscuro y veloz,

con todo su esplendor,

pasa silencioso, mudo,

el más ruidoso loor.
 

De lo escondido, su fuente,

de la medida, inmedido;

se llega y queda en poniente,

su amor en amor metido.
 

¿ Qué número no ha contado,

ni precisión no ha tenido?,

¿ qué límite no ha rozado,

ni de su fuente ha bebido?
 

De lo escondido, su fuente,

de la medida, inmedido;

se llega y queda en poniente,

su amor en amor metido.
 

¿ Hay más que pueda entender

a Quien, escondido, me hizo,

y me pensó y me quiso,

aún antes de yo nacer?

 

 

 

 

Un sendero en las nubes

 

Un sendero en las nubes más allá del corazón,

por donde se asciende y vuela para encontrar a Dios,

una puerta que vigila otra que se cierra cierta,

una luz que te mira y que siempre te encuentra,

ya tus pasos lo buscan entre selvas ignotas

sendero donde caminan las inaccesibles ondas,

detrás de la ciudad detrás de los valles,

puerta a puerta contigo, desde tu misma calle,

cuán profunda es la vida que trascurre sencilla,

cuántos tesoros guarda, cuántas las vidas.

 

 

 

 

El Señor de El Pardo


Cristo yacente, enterrado vivo,

vieja madera tallada de un viejo olivo,

de cristal sus heridas y verdes sus hojas,

se ha parado una flecha, en barcarola,

cúmulo de espigas y de puertas abiertas,

por las rendijas del cielo sale a cubierta,

de aquella mar paseada se siente ahora

un aire de incienso excelso, que es su sombra,

no se oyen los ayes que el viento mueve,

pero quita los pecados a quien Él quiere.

 

 

 

 

Yo recojo

 

Del gran tormento una oración,

del pensamiento una ilusión,

de la nada su vigor, que no la cansa,

de la vida sus derrotas amorosas que no acaban,

del dolor la herida, de la herida la flor

de la flor la sonrisa que entregamos a Dios

y de todo cuanto existe la enorme soledad,

del espacio el infinito, del tiempo la eternidad.

 

 

 

 

Mi Dios

 

Mi Dios me hizo el mundo grande e infinito,

 desde que nací me dije el mundo es divino,

¡ Es tanta la riqueza que para mí hizo Dios!

nunca me miréis con lástima pues, si lo que veis es grande,

muchas más cosas y más grandes hizo Dios en mi corazón.

 

 

 

 

Parad mi corazón

 

Parad mi corazón que sigue dando vueltas,

de una cosa a otra, de la verdad a la mentira,

parad mi corazón que solo ama en la elipsis del mundo,

que sube por estancias inamovibles y baja por senderos ocultos,

parad mi corazón que tiene perfil de rocas que alegran animalillos

y solo sabe amar, que es un rayo de luz en las tinieblas,

parad mi corazón que está agotado y solamente vive

que quiere las palabras y el hábito de los sueños,

parad, paradle, que estando por la vida

transita como un muerto entre penumbras inconmovibles.

 

 

 

 

 

 

 

Si pinchas sobre el título Los campos de Dios una música tibetana

ayudará a encontrar el sentimiento de estos poemas.

Música: Harp Music Tibetan - Celestial Relaxing 432 hz Strings Solo Playlist for Study, Concentrate and Yoga

 

 

Los campos de Dios

 

Tan limpio, tan sereno, tan lleno de la luz,

tan renacido y nuevo, tan parecido a Jesús,

 

Dios, que en las profundidades más altas nunca acabas,

que a mí cada día renuevas y que conmigo hablas,

 

eres el paraíso, la fuente eterna, la melodía segura

caricia de mi alma y de mi amor eres su cura:

 

eres la primavera de mis delicias, la sed de amor,

eres mi hartura.

 

Nada en Ti muere ni en Ti acaba,

¡ Solo Dios!, desde lo eterno el presente alumbra.

 

 

 

 

¿ Verdad que existe Dios allá en las cumbres?

 

Aún no puede haberse acabado del todo,

sobre la rosa, el silente sol, la sal, la soledad,

en la tierra, el trigal, la tarde y el torrente,

en los campos, el pan, la canción y los caminos,

bajo el agua, el cristal y desde la mar

aún llueve Dios levemente.

 

 

 

 

La paz no es el regalo


No, sin lugar de rosas, tienes la paz,

 es dorada colmena de amor colmado;

no, sin pensar en  ti, en ti es amado

el suave fulgor que a la vida enlaza

el cada día de todos, en tu templanza;

por más que los tiempos, a todos nos cambien

y nos volvamos valientes en lo fácil,

groseros o soberbios en lo peor,

en nada cambia la dulzura de los tiempos,

 la suave mano  que en todos  participa

el mensaje de paz y de alegría

que es radiante verdad entrando en campos,

 llenando su horizonte de poesía,

 oculto y esperado el claro día

que nos devuelve el sol.
 

 

 

 

¡ Ya viene Dios!

 

Ya viene mi Dios, ya se acerca,

una música sublime le acompaña,

ya pasa por mi calle en procesión

unido a mis vecinos y a mi alma.

Qué gran misterio es Dios y cuán excelso,

como mañana radiante en Primavera,

sin sombra luz, sin anunciarse, espera,

mi corazón llenado de armonías

en tanta paz celebra que me llega.

Que me llega mi Dios, mi alma viste

de hermosura sencilla, la más íntima,

desde lo más puro de mí pone una brisa

de todo cuanto al vivir lo contraría;

no es lo contrario Dios, sino lo propio,

lo más querido en mí es su grandeza,

para encontrarle olvido mi poesía

pues no soy más que su ser, su alma sólo;

que se vuelva mi Dios para mirarme,

para parar en mí sólo un momento,

si ciego he sido y no lo he visto en todo

que al final de mi vida tenga su encuentro.
 

 

 

 

Las doradas nubes del amor

 

Las dádivas de amor son lisonjeras

y al amor le hacen enrojecer,

como doradas nubes de atardecer

por colinas suaves suben ligeras.

 

En tanto amor se dan las primaveras

que en las mismas colinas se dejan ver

como rosas hermosas del querer,

que salen risueñas y son primeras.

 

Es bello el amor por amar belleza,

por que a todo encuentra digno de amar,

concepto es y también naturaleza

pues sabiéndolo todo deja hablar

o de tu silencio saca nobleza,

y hace bello a todo con solo amar.

 

 

 

 

La música callada

 

La música callada de este sueño prendido

en las cuatro paredes de mi cuarto de estar;

este estar asumido en la pobreza y ser rico,

llorar de amor y el amor nunca lo haya sabido,

este ser para amar sin que nadie mueva un músculo,

estas paredes mías repletas de mí mismo,

para morir luego, un día que será lejano,

la vida pasará con sus huellas de silencio,

conforme pase el tiempo, llenándome de olvido.
 

 

 

 

Los versos calmosos

 

 Ya doran en los campos los rayos de mi sol,

en la silente estepa se respira el espacio,

en la verde campiña discurre un río pequeño,

que es mi nombre, tan corto, en ti garabateado;

 la mar, si queda lejos, está luego a la mano,

si me miran los ojos celestes, amorosos;

sobre los campos corren veloces animales

y el dulce néctar fluye como suave introito,

la simple ceremonia de mi palabra inútil;

huyeron viejos humos que el tiempo había quemado:

otro día, que es nuevo, para nosotros llega,

con qué pequeñas cosas se disfruta el amor

y se hace infinito en nuestro cuarto de estar.

 

 

 

 

Los trabajos del monte

 

Trabaja el corazón, la dicha gana,

del hombre, en la razón, su fuerza

viene del mar, en bien se esfuerza,

altura y sol, que bondadoso afana;

trabaja el más allá con un poco de esto,

por consumir su hambre de la dicha infinita

y llega luego a recibir su cita,

relegada la muerte, el alma repone presto; 

trabaja la ansiedad, la calma boba

que al sueño más profundo en el sopor ofusca,

despierta al hombre si en la verdad le busca,

y mira con pureza y a su pereza roba;

trabaja el tiempo e inmortal lo hace

naciendo de lo alto, que en lo seguro es,

no es muerte, ni es desgana, no es la hez

si mira al cielo sin que virtud rechace;

trabaja el ser desde gentil substancia,

amigos hace al mundo y a la vida,

une a las gentes y en su unidad ceñida

trasciende el hombre a superior estancia.

 

 

 

 

Del Amor


No digáis pronto que no existe Dios,

el amor es la juntura de todo lo que existe,

no neguéis tan ciegos su delicada mano,

ni la fuente sonora que ensalza la poesía;

amad y se os abrirán las puertas ocultadas,

los senderos rotos os parecerán caminos,

 la luz temblará con sus ondas en vuestros ojos,

quedaréis tan llenos de la palabra amor,

que luego buscaréis en vosotros los versos

que habíais olvidado y que venían de Dios.

 

 

 

 

De qué es olvidado

 

De qué es olvidado el corazón hermoso

que atrevido nos ofrece la extrema solución,

la fuente del dorado néctar,

el agua tranquila que mansa corre,

la razón que discurre entre jardines fragantes,

la ilusión de la vida;

de qué es olvidado, si el ayer está tan cerca como el hoy,

y los recuerdos viven atados a la nostalgia;

todo es paz, aunque los vientos venzan a los árboles:

 todo se dio sin recibir a cambio,

nada tuvimos si no fue nuestra fe;

de qué es olvidado si parece lejano

y está tan cerca como el hoy.

 

 

 

 

Los tiempos
 

Ay, tiempos en los que el hombre olvida

y a la razón dorada la cubre de miseria,

ay, del alma desconsolada que a su razón le priva

la verdad inexpugnable que es principio de la vida.

Descansa alma mía sobre la verdad sin cuento,

consuélate en El pues en su Verdad te animas:

no eches sobre su luz incorrupta tus miserias,

pues en ti hay un halo de esa luz divina,

sobre esa luz, construye tus pasos por el mundo luego,

aférrate a ello y no te separes nunca más de la vida.

 

 

 

 

El otro 

 

No cesa el río de venir, no se cansa

de bajar y de llegar en su alegre ruido;

ni la montaña a subir su empeño apura

la alta serenidad más y más su altura;

ni el hondo espacio del universo negro

deja de expandirse ni de hundirse luego;

desde el  azul, la mirada de mi otro yo dejado,

todavía cercano y rotundo me proyecta

la imagen más perfecta que de mí he tenido,

y me mira también y sin reproches

 espera que aúne mi poesía a su naturaleza;

que vuelva a ser de nuevo el ser creado

que vino más de Dios que de la nada;

y no cesa de amarme en su cordura,

me baja por su río cristalino de agua pura,

y a mi verdad la sube a su montaña única,

me expande infinito para soñar lo bueno,

para que esté en mí de nuevo como nuevo,

 que vuelva a ser de nuevo el ser creado

que vino más de Dios que de la nada.

 

 

 

 

La herida 
 

No es el amor glorioso

por sembrar armonías,

 ni de rayos ruidosos

es su hermano menor,

que es el amor, ante todo, cauteloso,

quien suturó la carne

antes de ser herida,

y antes de ser vida con su vida amó.

 

 

 

 

Los pasos de la verdad

 

Tiembla la luz, se exalta y se enaltece,

el universo es una fiera y en sus cumbres vive,

como leones rugientes se estremecen

al presentir los leves pasos increíbles:

 oh grandeza que los astros entienden,

 la suave mano que a la vida rige,

su libertad coronada en las cumbres;

la paz que llega agita los corazones,

anuncia y pone alas a sus destinos.

 

 

 

 

Verdad

 

Verdad eres montaña oculta,

roca regada por fuente de agua silenciosa,

profunda también tu mirada en la llaneza;

verdad eres la sombra de Dios en cada cosa,

dormida para que el valiente te encuentre,

para que el valiente te defienda,

pues, aunque eres grande, vulnerable pareces al impío.
 

 

 

 

Cantarán las piedras
 

Las duras piedras cantarán estremecidas

la Fiesta es su Creador que las visita,

 alegres exultan y sacan de sus duras almas

la dicha infinita que clama al redentor,

entienden las piedras que su voz enamora,

se enamora el alma y se hace inmensurable:

en la divina fuente yo bebo sin hartura,

¡ ay, mar tan grande!

que me da más sed que mi sed apura.

 

 

 

 

Llegar

 

Llegar, al fin, la frente sudorosa,

el camino largo, grande el silencio,

el mundo es maravilla que nos suena,

  timbradas notas llenan el espacio,

 empeño es en el alma seguir siendo,

para llegar después y en bien vencer,

tanto vencer o descansar venciendo,

en una eternidad suenan las notas,

címbricas fuentes de la luz sus ondas,

fluidas sombras de eternidad viviendo.

 

 

 

 

Desde los valles

 

Inmensos son los valles que surcan esta tierra,

altas sus colinas pero se suben fáciles,

hundidos están sus mares y plácidos los ilumina

un sol lleno de amores donando siempre vida.

Por sus campos ignotos vuela la suave brisa

y en bosques ancestrales anidan ocultos pájaros

que melódicos y armoniosos sus cánticos regalan,

todo es quietud, en paz, todo es belleza,

en paz, habitan los hombres con su alegría a cuestas,

en paz, duermen los sueños de noches iluminadas;

paz, en los jardines y en las verbenas,

 paraíso es la patria, fuente de la poesía,

por sus surcos arados la palabra germina,

en pos del infinito lo más pequeño acoge,

y mirando a lo pequeño la inmensidad aproxima.

 

 

 

 

La verdad puede ser otra

 

Puedo apostar de nuevo a estar equivocado

por haber dicho de más, mejor fuera callado,

la columna simétrica separa las alta estancia

y hace de nuestra morada nuestra prestancia

por el confín del mundo a grosso modo

yo entendía una cosa equivocado en todo,

puedo apostar de nuevo a estar equivocado

y vivir de manera distinta y con más agrado.

 

 

 

 

A mi amigo

 

Aire que al cielo va del cielo vuelve,

camino que yo sigo ahora fue tu camino

 que el tiempo no ha borrado, nunca se pierde

lo que en la vida se amó, siempre está vivo.

 

 

 

 

Los versos sagrados
 


Yo quiero rescatar con mi llaneza el sagrado nombre que a todos nos conforta,

yo quiero ser el hombre de la tierra y rescatar los pasos perdidos en las sombras;

yo quiero estar volando, como en un soplo, sobre la tierra volar y sobre el sol,

yo quiero llegar a lo más profundo de todo, yo quiero llegar a Dios.

 

 

 

 

Todo pasa

 

Todo pasa deprisa, incluso los recuerdos;

dichoso el hombre que conoce a sus semejantes,

que los tiene por amigos y ve licuar las nubes

efímeras de las cosas del mundo pasar entre los montes;

dichoso quien pone un leve toque de amor en cualquier rostro,

quien sonríe las ocurrencias, quien diariamente aúna,

el que nunca olvida los pasos de los hombres,

pues mira con amor y con amor le miran.

 

 

 

 

El verdadero Amor

 

El verdadero amor nunca nació en nosotros,

ni habló nuestro lenguaje, sino el contrario,

no nos sonrió, ni se gustó mirándonos,

no fue río, ni mar, ni calor, ni asombro,

el verdadero amor, como inexistente,

siempre estuvo de nuestro lado.

 

***

Epílogo

de

Alfonso Colodrón

 

 

Simplemente sublimes. Estás sembrado. Sigue así si no te agotas. Que se agoten cielos y tierra antes que enmudezcan tus palabras, se seque tu lengua al aire ventilada, enronquezca tu garganta de gritarle al mundo que es amor, olvidado amor, de predicar la esencia que es sencilla y resplandor.

Hay quien vive cantando y tu vives poetizando. Hay quien vive en efímeros oropeles de pantalla plana, de colores fugaces de palabras de ruido. Pero tú te alimentas de palabras vivas, de realidades sin nombre antes de su bautismo en poesía. Tú bautizas sin pila ni agua bendita, sin casulla ni roquete. Con las teclas en sinfonía a la luz de la luna y de las estrellas, en desvelos de nubes desgarradas, entre calores y heladas... entre ayunos de silencios y palabras...

Amen.

 

24 de Noviembre de 2009

 

fin

 

 

 

 

©José María Torres Morenilla

Música del poema Inefable Esencia: Vox clamantis de Diego Muelas ( 1698-1743)

Prohibida la reproducción total del texto.

 

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