POEMAS SUELTOS

 

 

de

 

 

 

José María Torres Morenilla

 

 

 

Cronología (1962)


El pastor del Molar

Pastor, que cansado esperas

en tu soledad de monte;

que nadie viene a decirte

cuéntame cosas buen hombre.


¿ Y de qué podrías hablarle

si apenas sabes llamar

a las ovejas perdidas

que por los riscos se van ?.


En el paisaje más puro

lanzas piedras, sin mirar,

como preguntas que haces

de las que nadie oirá.



Pastor que cansado esperas

en tu soledad de monte,

fui yo feliz al decirte

cuéntame cosas buen hombre


Y no hubo juicio más sano

ni escuché mejores sones

que aquella palabra que usa

el idioma de las flores.


(1963)

SANTA TERESA

Al sentir de la rosa la espina

vio al Amor rondar en su puerta,

llama fogosa que a su Luz despierta

y desvela a sus ojos la ilusión divina.


Teresa, fuerte campana,

voz de temblores eternos,

agitadora de calmas.

 

Llovió sobre ríos secos

y en sus límpidas aguas

floreció el viejo Carmelo.

***


ISADORA BAILABA EN MI FLOR

Una mujer ríe,

dos colmillos de oro,

su mano es un cuervo

que atrapa a una rosa,

que es mi amor.

La diosa del lago regresa al fondo,

entre gigantes montañas,

espera que vuelva la noche,

duerme el arte,

duerme la vida,

el cielo está más pálido,

la rosa se marchita.

Sobre ella baila la diosa de los ojos azules,

vestida de muchos encajes,

arropada en las brisas,

sobre el lago amarillo

***

CATUTU Y OSARDA

A mi hermana Clara Eugenia

Catutu come pétalos,

Osarda duerme en jaula,

¡sin marido!

Catutu quiere ser flor,

Osarda un perro para morderle.

Filis abre las puertas a Osarda,

Catutu llora y no lo comprende...


LA CIUDAD DE LA MUERTE

Callada y dulce ciudad de muertos,

florida en lirios, tumbas y rosas,

de cruces caídas y gloriosas,

durmiente reina de todos los huertos.


El aire me trae los pensamientos

de los hombres que en tu paz moras

y el sensible morir de lentas horas,

en las profundas voces, hoy ya vientos

***

PAISAJE

Una vieja torre de iglesia

mira al cielo ebria,

gentes ocultas, negras,

como sombras, recogen tierra,

horizontes eternos, rubios,

cielos manchados por altos,

voces lejanas, como de cuerdas,

borregos sin lana lloran,

ríos sin agua,

gente sin vida, como muerta.

***

MONTE, MONTE

Monte, monte, montaraz,

montañas de cobre y bronce,

monte, montaña y el mar

y dos canciones de amores.


Caballos para trillar

el trigo de la dehesa

y un perro para ladrar

al que por ti pronto venga


Monte, monte, montaraz,

ríos de aceite y de vientos,

piedras, rocas y un lugar

donde decirte te quiero.


Lluvia, nieve y el tronar

de los caminos del beso,

por besarte, por amar

por tu alma y por tu cuerpo.


Monte, monte, montaraz,

en el que juntos iremos,

un barquito en la alta mar,

y un lunar en el lucero.

***

¡¡ESPAÑA!!


Ebrio de tu grandeza

me llenaré de tu nombre,

pues el nacer hijo tuyo

me vale también ser hombre.


Los blasones y los pendones

en el dulce balanceo

de tu sencilla bandera

tremolan en mis canciones:

¡ España!, ¡ España!, ¡ España!

(1966)

Qué limpia está mi cruz

Qué limpia esta mi cruz, Señor,

qué poco duele el hombro que la lleva;

sobre una blanda tierra me sostiene

y en la miel de la poesía me deja.

Sóbranme las coronas sin espinas,

la sequedad de mis ojos deslumbrados

en sólo sueños, la suavidad del sueño,

mas fáltanme la sed, el hambre, el llanto

de un dolor que mi alma pide a gritos

entre tantas dulzuras en las que yazgo.


Yo quedaría, así, siempre caído

si tú me dejas de extender tus manos.


(1967)

Me llevó una nube

Me llevó un nube

a tu casa alta,

caminé en el aire,

que era mi alma,


tú, que no me abriste,

eras toda agua;

grité con cristales

no tenía palabras,


te pedía mis besos

que tu no me dabas,

volví como vine,

la cabeza baja,


por unos senderos

llenos de esmeraldas,

por unos caminos

de azules de plata,


sobre aquellos ríos

pintados de nácar,

me llevó un nube

a tu casa alta


y eras tu la nube

porque eres agua.

Madrid(1966)

***

 

Despedida a un maestro (1 Marzo 1967)

Azorín

Claro, ponderado y pulcro.

 

Con cuánto dolor maestro

recibí la noticia de que te ibas:

pareció que el sol no luciría

sobre tu blanca Castilla.


Conmigo irán tus frases y el aroma

del romero, tu silencio,

la profundidad en los días,

caerá sobre mí

esa roca gigante que levantaste

vestida de la palabra más iluminada

y la más sencilla.

***

 

 

Quieto en tu abrazo (1967)

Quieto en tu abrazo, traspasado

de ruidoso murmullo transparente,

fuertemente, quieto, en la mudez, saciado.

Atenazado su hierro en mi espalda,

como suave mordedura de claridades,

con los afanes

resbalados por el agua.

Quedéme saciado y quieto,

roto en la nada del cristal oscuro,

en los brazos de la mujer que amo,

con miedo y gusto.


 


Cronología

(1969)

II NIEVES

1

Fuiste no sé qué mal

que arrastró mi cuerpo.

Eres siempre amor que llevé en mis sienes;

que en mi hombre radica

como brote de estrellas ensangrentadas

y derroche de lunas retenidas.

2

En el vacío palpo tu cuerpo,

lúcida forma hundida en el cielo,

azuláceas cenizas nuevas

voltean mis ojos al oscuro vientre de tus huellas,

preñadas de ilusiones, palabras y caricias.

Mientras los labios tiemblan no sé qué canción atendida

y palpitan las estrellas friamente.

Oh soledad, por ti, agonizante;

muerte primera para mi primer deseo

que arranco del hondo estadío de mi alma

3

Esta tristeza amor camina

sobre tus blancos pasos;

aladas sombras de un doloroso bosque

con las fuentes del genio detenidas en su agua;

y las manos del viento derramadas, tibiamente.

4

No te imagino de esposa que laborea en la casa,

que me acompaña a dar un paseo

o atiende cuidadosa a mis hijos.

Siéntote ola debajo de mi pecho,

constancia a mi carne adherida,

en mi sueño hundida fijamente.

5

Sí, ya me voy,

no temas, te dejo libre,

entre tus risas no tiene que haber

un recuerdo mío.

Pero florece primavera en este viaje,

y entre la tierra brama una furia

de color y de aroma,

que en este bosque se derrama

y por los cielos asciende.

Sí, ya me voy con el sueño,

y te dejo entre tus risas.

Pero florece primavera en este cuerpo

y, por tu cuerpo, brama una furia

de dolor y de dureza.


Sigues en ti, dentro del aire,

volando de sonrisa en sonrisa.

Yo me voy,

y te dejo libre.

6

De todo lo que el poeta siente

solamente no huye su tristeza

o tu nombre


7

Tristeza,

sólo un verso en la sién,

tristeza,

en el arco infinito del amanecer.


Mi corazón es pueblo

que canta y ríe,

que con el vino bromea,

ebrio de tus besos;

en la frialdad de la noche

mira los espejos ocultos de las aguas,

alza luego un vuelo, por si luego amar,

y su voz suena en la montaña, sola,

sin más atención que la que deja la piedra.


Esencia de mi voz,

tu imagen está en la noche,

en el iris de tus ojos

quedará su esperanza y su desilusión.

8

No quiero dejar dentro de mí,

nada de amargura, por pequeña que sea,

que nuevamente el corazón me ahogaría

para quedarme mañana solo.

No quiero dejar dentro de mí

cualquier alegría, por pequeña que sea,

que nuevamente el corazón me abrasaría,

para quedarme mañana aún más solo.

9

Da el sol en los campos y en tu cara

dan tus ojos una mirada tan bella,

como manojo de rayos sobre el cristal de un arroyo.

Erguida, azul, la florecida tierra,

tu cuerpo lo llena de candidez y rubor,

vergonzosa inocencia de tu hermosura,

en tu andar derramada la fragante pureza.

Yo me alejo ciego,

a la sombra incierta de la melancolía,

con el gusto de nuestro amor, que en mi pecho

aprieta hondo y mi universo ensancha.

10

Yo te amo, pero te dejo libre,

porque, si no, amor es como viento

que se pierde en un pecho oscuro.

Sé todo lo que puedo con mis manos

esculpir en tu cuerpo y en tu alma,

pero te dejo libre.

11

Creo en la resurrección,

porque es necesaria;

cuando las cosas no están bien dispuestas

es preferible a los milagros, la muerte;

y sentir el extraño ser

que dentro del cuerpo desea salir

en busca de caminos auténticos.

13

Sentir un frío que se adentra en la mirada,

querer decir palabras y recibir caricias,

a veces bastaría cerrar los ojos

cuando se acaban los paisajes

y la noche se sueña en un sueño intranquilo.

Querer poder reir y cantar de nuevo,

para comprender luego que nuestra boca se ha secado.

Sólo queda reemprender un vuelo,

para caer de nuevo, en otra parte.

14

Espero leer tu carta,

no sé qué puede haber en ella:

en la vida arriesgo el corazón,

y huyo luego con mi paso inocente,

amo más que pienso y sonrío

sin entender que la alegría la borran unos números,

en cualquier papel manchados.

15

Amor es palabra

y absurdamente me persigue.

16

Díle al corazón que estalle,

a tu alma que luche,

a tus ojos que me miren.

Dentro de tu belleza,

díle a tu cuerpo que me viva,

a tus manos que me abracen,

a tus sueños que me sueñen,

ahora que somos jóvenes.

17

Esos tus ojos tan enormes,

en tu rostro, mi rubor subliman,

la candidez en el alma de una niña,

y en el cuerpo esbelto de una adolescente.

18

Tu seguirás dentro del viento,

del agua, de la noche, de la tierra.

19

Y después de olvidarme, poder seguir,

doloridos nuestro miembros, ya sin duda,

unos ojos son incomprensibles

cuando furtivos pesan en los nuestros,

cuando se van y nuestra boca queda muda.

Sobran las estrellas,

habrá un llanto irresistible,

en los fornidos brazos del sol sobre la tierra,

y en nuestra sangre, excesivamente grande,

el vívido recuerdo que nos sorprenda a veces

y nuevamente nos asuste.

20

Ayer necesitaba aquello;

si no, hoy no fuera nada.

Yo creo al amor como la medida del tiempo para el hombre.

En cada amor se engendra un universo que crece por su pecho,

una absoluta precisión del espacio,

una más completa unión con lo creado.

Pero a veces se ha de desamar

y quedar tan puro como la nada,

pues hay que volver nuevamente.

21

No quiero envejecer mi alma,

que estas ideas marchiten con el tiempo,

que el imperialismo de los números me aleje

del amor por la sencillez de mi poesía.

No quiero envejecer mi cuerpo,

que otros cuerpos no ejerzan en mí tan extraordinaria atracción,

que mi boca esquive la huida de un beso

o que mi corazón torpemente consienta en contemplar paisajes.

22

Quise en verdad ayer,

¡Aún está tan cercano!

Su nombre, su presencia, una palabra

me llevaba invariablemente a un pesado letargo

por donde pude contar esas otras cosas de amor.

De mi boca sólo salían los besos en el viento

y de mis ojos unas lágrimas inútiles.

Queda hoy la bella serenidad con que buenamente llevo mi renuncia.

23

De cada uno de mis desengaños,

de cada uno de mis deseos insatisfechos,

de cada ilusión por mí sufrida

salen versos a puñados

que me llevan a la pureza de una cuartilla blanca como ésta,

y al estirado y caprichoso cielo rectilíneo que dibuja la pluma sobre ella.

Y ya, entonces, con alegría comienzo a vivir,

porque sé, al menos, que con esto puedo amar.

24

Qué simple tu alma para sentir

lo que es la vida;

qué conceptos tan puramente sencillos

mantienes con la misma.

Si todo fuera así el Universo sobraría.

Y tú y yo: todo..

Por eso cuando te veo asombrarte diariamente

me sonrío de tu milagro

y te dejo, no sin cierta melancolía.

25

Si tú hubieras llegado a concebirme realidad

O tu mente no quería aprehenderla

O tienes un concepto del amor totalmente absurdo.

Tal vez si hubieras entendido mi llamada

Hubiera sido más benigna mi renuncia

Y hubiera vuelto a la realidad con más vehemente alegría.

Pero qué concepto distinto de ti tienes.

Crees que basta con poner en medio sonrisas y burlas.

26

Yo imagino la noche sobre el río,

sobre tu cuerpo un manojo de estrellas;

veo sus vientos deshojar los árboles,

surcar con su arado la luna en los rincones,

en tu boca bebo del fruto esencial,

en tus ojos

imagino la noche enfurecida

apretando mi cuerpo en tu cuerpo.

27

No quiero decir de tu belleza

ni siquiera cantar sobre tu cuerpo

que me importas tú en la esencia

de nuestro sueño, adormecidos,

de tu arrogante ser esquivo,

de tu fiereza;

de tu saber mirar y sonreír

con un corazón que se adivina inmenso

y una ternura valedora de mi mejor canto.

28

Tan torpemente necio soy contigo

que a cada paso te descubro

este amor que por dentro se me enciende

y por cada poro de mi cuerpo aspira

llegar a ti.

Por esto cínicamente recojo tu burlona sonrisa

para gritarme interiormente

por una paisaje irreal en el que abrazarte con todas mis fuerzas.

FIN

 

OTROS POEMAS

 

El arpa de Santal

( Santal es un arpista maravilloso que engalana la Plaza de Oriente de Madrid con su música callejera invisible)

 

Del arpa de Santal salen escalas

de sus notas brillantes chispas de estrellas,

ríos de cristales, hermosas cabelleras,

danzas arcanas, vestidas de doncellas.

 

Juglar de la armonía al sol sacada,

de la música extrema, embellecida,

en su jaula de oro, fuente metida,

gozan los dulces aires su alegoría.

 

Al viejo modo lo nuevo se renueva,

suena clara su luz de mediodía,

van castillos y prendas, nubes que irisan

sobre el azul radiante que al valle invitan.

 

Juglar de los picos oscuros y de las cumbres,

de los tiempos que vuelven del cielo intacto,

toca las hermosas claves, con pulso exacto,

consonante asentida, mundo encantado.

 

Bandera medieval, arcos de punta,

fuentecilla esmerada, claro escogido,

ojos de la amada, jardín uncido,

escudos de metal, lances de justas.

 

Los ruidos de la calle, sirenas oscuras,

forman guirnaldas grises sobre la acera,

por las cinturas del humo su música viajera

arrebata a la ciudad con notas puras.

 

Al lado de lo mío oigo un buen sueño,

con alas de cristal, del arte dueño;

al lado de lo mío hay otra vida,

que suena aún más hermosa, mejor medida.

 

Ay, corazón calmoso, andando por la calle,

amiga de la música esta alma mía,

mirando por el cielo, oyendo su armonía,

¡ qué bien suena el arpa callejera, nunca se calle!

 

 

Cuando duele amar

 

Se me suelta un poema que viene sin palabras,

que no sabe lo que dice ni qué decir,

que habla por que habla,

que solo piensa en ti;

se me suelta un poema a modo de las lágrimas,

como el llanto y su pena, no lo sabe decir,

en el cuerpo me duele y me duele en el alma,

solo piensa en ti;

se me suelta un poema que es una plegaria

que digo entre los dientes, sin decir,

la rutina del cuerpo que desgrana palabras,

que solo piensa en ti;

se me suelta un poema dotado de la gracia,

que baila con la música, es un decir,

un poema que cambia el mal por su charanga,

y olvida que no olvida, que solo piensa en ti.

 

 

Me gusta

 

Me gusta contemplar la paloma en la fuente,

el pájaro que huye, los límites del mal,

me gusta arribar a lugares con sombras

y ver la luz que inunda la tierra sin parar;

me gusta estar sentado tan solo en la ribera

cuando los árboles vuelan, de pronto, sin volar,

me gusta ser veraz sin palabras siquiera

porque toda palabra es menos que verdad;

me gusta oír los ruidos de las aguas que suenan,

que bajan torrentosas con clámides de mar;

me gusta estar soñando, a media vela siempre,

y seguir con el sueño sin querer despertar;

me gusta estar contigo y ponerme más cerca,

y que plácidamente ocupes mi lugar,

me gusta ese calor que unes a mi cuerpo,

que juntemos los rostros y el beso que me das,

me gusta que ese beso no sea un cuento hermoso

sino lo más profundo de tu ardoroso amar.

 

¡ Me gustas, me gustas, eres lo que me gusta más!

 

 

El patio verde

 

Una cosa es segura, yo me pierdo

en la amplia geografía menuda, extensa,

del interior de mí, de mi pereza,

en que al buscarme a mí nunca me encuentro.

Pasajero de mí, en mí navego,

por nada tengo al mundo mío de lo íntimo,

extraño soy de mí, pequeño, ínfimo,

sin referencias en nada, tal me mantengo.

Algún día, una vez, extrañamente

de abigarradas nubes ocultado

un rayo de mi luz interior he sacado

que me sorprendió a mí igualmente.

¿Seré valiente el día en que conmigo

trocaré toda duda y levantando

la voz de mí no me dé por vencido

y al alma tuya ponga mi voz de enamorado?

 

 

Los gritos de un niño

 

Yo descuido los deberes,

emborrono el problema, antepongo a las letras

el discurrir plateado del Genil

y el nombre de Dios, único y bueno.

Donde me yergo yazgo,

doble gusto le doy a mis compañeros de errar en sus miedos,

un balón de cuero sólo sirve para jugar,

pero mi gran puntapié todavía espera la eternidad serena

y chuta fuerte en los rincones del niño:

jugar, jugar siempre.

Hora va siendo que me crezca en la boca la dulzura

de morder al profesor,

de desnudar a las gentes que sellaron mi sudario:

si aún no he muerto, si aún puedo encontrar mis cines,

besar la aguas frescas, con sed, bajadas por la Alhambra,

amar entre las piernas de amor,

andar por los senderos de la vega;

aún enciendo el falaz cigarrillo,

que me mate de una vez,

y puedo derribar todas las vallas publicitarias

que en mi mejilla izquierda siniestros mercaderes han levantado.

 

¡ Por qué suben mis gritos de niño con tanta fuerza!
 

 

Poema al hombre

 

Un hombre, al fin, tan rudo de modales,

tan pronto en el requiebro y en la voz,

alzando con sus manos el aire también duro,

miradas de diamante, bajuras de tenor,

mi hombre hombre, teñido por la hombría,

por la palabra justa y por el desamor,

con su pecho cubierto de su osada manía

de hacer temblar las rosas tan llenas de pudor,

con brazos poderosos y poderosa frente,

voluntad de hierro, de prontos, de pavor,

seguro que mancilla lo femenino al diente

que en blandecidas fuentes manan alrededor,

hombre hombre, desde que fue un niño,

machote por los riscos del mariquita amor,

con pecho de arcángel y recta su manía,

pureza de los montes, de lo viril clamor.

 

 

Poema con frío

 

Te he vestido también con mi infancia,

de los tiempos llovidos en los nudos del frío,

de murallas roídas, de los barros con fuego,

de las casas abiertas que quedaron atrás;

te he vestido bajando al albur de tus ríos,

al pelambre herrumbroso, despojado de árboles,

en los montes morados que se hundían en tus aguas,

a las negras acequias, caracolas sin mar;

a la plácida luz que brillaba en tu cielo,

desbrozada de ramas, rutilante de azul,

al crepúsculo denso que moría en tus mármoles,

a la parda maraña, enredada sin nombre,

al paseo interminable en ocultos palacios,

a las voces que gritan y se gritaban solas,

al eco de unas noches teñidas de aflicción.

 

 

La estación

 

No hace falta decirle al mozo de estación:

la carga que llevas no es la tuya.

No hace falta decirle nada.

Silba el tren y parece el silbido ganar más fuerza.

La gran campana del techo repite el silbato,

es estremecedor estar tan solo entre la gente;

si hace frío es terrorífico oír hablar.

Si se es muy pobre las manos se empeñan en estar más frías,

si se es mozo todo el mundo sabe que no eres importante.

En el cielo azul, de un añil muy repetible,

las nubes se descomponen con más agilidad que fuerza,

y un extraño olor lo invade todo como la palabra gas.

También los frenos respiran fuerte y los vagones titubean.

Al pasar por el WC se siente que ha sido perfumado,

y la cantina abierta también deja pasar los azucarillos,

las cosas inodoras huelen dulcemente a papel y a tinta.

También la máquina del café respira fuerte y los periódicos tiemblan.

Si se es muy pobre no nos espera nadie, chocan con nosotros.

Las grandes farolas encienden una opaca luz noctámbula.

Todavía es demasiado pronto. El tren para llegar ha de esperar.

No tengo más que mi chaqueta y un papel doblado en un bolsillo.

Mi papel solo tiene palabras dobladas, solo me tiene a mí.

Le doy vueltas y más vueltas a la vida y sigue igual.

Nunca cambiaré nada.

No hace falta decirle al mozo de estación:

la carga que llevas no es la tuya.

 

 

Cuesta abajo

 

...a veces las cuestas se quedan solas,

y bajan y se tuercen, bajo el quebrado cielo y las esquinas rotas,

y aunque los árboles están del otro lado y los niños en la escuela,

hay un movimiento ondular intuido que nos arrastra el alma

y una pesada carga de la nada se rueda cuesta abajo,

nunca mejor dicho...

qué será del salitre mío de las palabras,

esta necesidad de quedarme pese a todo,

con extremada reverencia se me ha echado del funeral noctámbulo,

se me ha dicho: ¡fuera! con el poco ruido que hacen los malos cánceres,

y yo como un perro remolón he vuelto a ellos,

¡quiero estar con vosotros, soy menor, pero quiero quedarme!

para vergüenza propia a veces me leo, como un poseso,

desatendiendo la curvatura de las calles, llevo el papel arrugado

donde escribí y escribí de cualquier cosa,

como si las cosas quisieran posar para ser escritas,

mi insistencia en perpetuar rastros tiene el mal olor de la necesidad,

el mismo dedo oscuro de la huella del pecado viejo que corroe las almas,

no me ha bastado con respirar profundo y llenar el alma

de los vientos frescos que el buen Dios ha bajado para el hombre,

contemplar la llaneza de mi tierra desde el alto cerro y sus colores verdes,

pintiparados para que brille dentro el profundo río que nos hace vivir,

que nos hace soñar y temblar y llorar y reír y maldecir, acariciar

con los ojos tan bellos con que contemplamos a belleza, ser felices,

porque la felicidad es un río, un pasar, no es ser ni estar, pasar,

pasar solamente como mano que recorre el cuerpo de la amada...

 

 

Blanco

 

Blanco, lima y papel, luna y desierto,

duro dolor en traza, leve de alma,

Carrera del Abecedario, de Darío fuerza,

blanco de Salazar, de no durar, de nada,

de temblar con el frío y de hundirse en el viento,

de flamear en los huecos de un cinamomo,

blanco del todo,

crac, crac, blanco hasta la pureza in marchita,

del sonido único en la nota que salta del piano,

blanco, blanco, blanco, puños de sal y de escarcha,

prisionero de un beso y de un sueño,

hasta morir de blanco.

 

 

El viajero

 

Por la esquina de una calle viene un hombre,

tanto se parece a mí que podría decir soy yo,

es un hombre despojado de muchas cosas,

más bien diría que no es un hombre sino una pintura oscura,

borrosamente oscuro, con una gabardina pálida,

se adorna con un sombrero como yo nunca lo hice,

tiene mis años, pero desprendidos, como si no se notaran,

camina tan seguro como un cinematógrafo, mi viejo idilio,

y hasta en su delgadez me recuerda mis viejos tiempos,

sus pasos se pierden lejanos en el hueco de la tarde,

la soledad se viste de acero y se difumina como pintura negra

bajo el acero real de las nubes grises.

 

 

Llamadme con rocío


Cuando la doblada camisa se hunda en el armario

llamadme con un nombre repleto de rocío,

como una calle húmeda, con el olor de Otoño,

traed canastos llenos de piedras muy mojadas

y habladme con los musgos y rayos insonoros;

traedme un cuadro roto, plegado de lisuras,

y los periódicos viejos ¡con sus noticias nuevas!

para que toque el hombro de la ciudad que amé,

podréis decir su nombre sin que me hagáis llorar.
 


El verdadero amor nunca nació en nosotros,

ni habló nuestro lenguaje, sino el contrario,

no nos sonrió, ni se gustó mirándonos,

no fue río, ni mar, ni calor, ni asombro,

el verdadero amor, como inexistente,

siempre estuvo de nuestro lado.

 

 


 

III POEMAS AL ALIMÓN

 

de

 

José María Torres Morenilla

y

 Alfonso Colodrón Gómez-Roxas

            Madrid Febrero 2005

 

Poemas de versos entrecruzados por internet

 

Es posible ver poemas de diferentes poetas en un mismo libro. Más raro es ver versos de diferentes autores en el mismo poema.

He aquí un experimento poético y transpersonal: sincronizar, salir de los estrechos límites del ego personal, permitir que la inspiración a dúo haga brotar las palabras, sin apegos, sin saber por donde discurrirá el poema.

Alguien lo empieza, alguien lo acaba. Uno más uno no son dos en el reino de la poesía. Uno más uno son muchos, somos todos.

 

Adentro, más adentro

Hay días sin sol y noches sin sueño
que nos hacen aderezar las rutinas
y despertar a la lucidez que nos rodea,
que nos invitan a mirar hacia adentro...
más hacia adentro, adentro del todo,
del mar parecen apacibles, idílica la música,
y su luz robada al sol, somnolienta y amiga,
llena de niños, de sonrisas llenos,
las ilusiones vuelan como telas cortadas
de las sedas suaves y los colores más bellos
una dulce compañía nos abraza y nos extingue...
Si fue el amor, pasó deprisa y quedó en recuerdo,
un día sin sol, una noche sin sueños.

Somos luz, espuma y olas o el eterno retorno

Si tocas la luz, te vuelves luz,
en la asombrada penumbra
de tus ojos deslumbrados.
Si subes a la solitaria cumbre,
de nuevo bajarás al poblado valle,
mas como eres puro viento
subirás y bajarás como las olas,
regocijadas o enfurecidas,
hasta tocar las costas
en donde sin cesar mueres,
para convertirte en vapor y nube,
en río dulce y álamo reflejado,
en el pájaro que en él anida
y en el águila que lo avizora

Tocaste la luz y fuiste luz,
dejaste la sombra y sombra fuiste
en tus ojos deslumbrados;
al sol subiste en una nube
y al valle bajaste como sol,
y allí sonó de nuevo tu viento embravecido,
agitando aún las olas de una mar
de nuevo renacida, de sal, espuma
y luces coralinas.

Fuiste el discurrir del río, su curso fiel,
mejor no haya nunca quien en ti se creyese cantado,
rota la canción de amor para el helecho tierno
y para el horizonte lleno de tu valles tan poblados.
Del alfa a ti la omega,
de la razón al trabajo bien gozado:
incesante la rueda nunca dejará de hallarte
en lo siempre bien hallado.

El fuego robado

Rápidos acordes de negro y blanco
no vuelan, no, entre las cuerdas del arpa alada,
mas quedan, sí, sobre el contundente piano,
sin papel ni tinta, impresas sus huellas,
como recorren la memoria los recuerdos
que nunca debieron dejar de ser simples hechos
instante a instante en el tiempo eterno repetidos
por un corazón sin nostalgia, sin anhelos,
instalado en el puro gozo del amor sin tiempo...
En el puro gozo de tu amor sin tiempo
la imagen de la fidelidad dejó su huella,
cumbre nevada de la que bajan nieves
y en la que generoso corazón se derrite en fuego;
mirada para la oscuridad total de las estrellas,
agua de la nobleza que discurre por el río
y en la que beben extraños animales
de inmensos ojos iluminados y de ternuras tibias.
Alas en las riberas frescas de asombrados álamos
que vuelan quietos en las corrientes frías
de los enmudecidos aires ya callados
y aún más la otra mirada, virgen, la tuya,
contemplando cómo una triste canción sobre el piano
una huella de amor sostiene,
soplo que al eterno Prometeo ha robado
y que acaricia los íntimos resortes
de un alma enamorada: un sólo amor,
eterno siempre y, como tu canto, inacabado.
en la tarde, en la mano que saluda
y en el ancho puerto que tu llegada espera.
Ligereza del mar rozan sus olas,
apenas un requiebro y el gran barco bosteza,
reflujos de maderas y de mojadas perezas.
Ya llega al mar tu sonrisa transparente,
y en los puertos se borran sus barcos y sus cielos,
una anchura inmensa el horizonte gana,
cae precipitada en tus brazos la tarde entera,
y en el descanso del agua tu beso nos confunde,
amor mío recordado, mi amor nunca olvidado.

Diálogos poéticos

No te preocupes por mi flor de narciso
ni la posible omnipotencia de pedestal futuro,
pues añicos de marfil todavía piso
de las torres derrumbadas por los vientos certeros,
huracanes de verdad, camino y vida.
Si la palabra fluye del más hondo sentimiento,
si el sentimiento eleva la mirada y la rutina,
por rutina, poder y por amor la vida más profunda vivencia lleva,
buena ruta caminamos y mejor rumbo navegamos,
con buen pan y vino y los vientos del destino,
tersas las velas, brillante la mirada en el horizonte fija
y, por encima de ti, espuma, gaviotas, cielo y nubes
y debajo el polvo de marfil y la turquesa aguada.
Allá en el fondo, donde todo se funde y se diluye,
apenas restos de naufragios, tesoros desperdigados,
sobre los que crece la vida diversa y coralina,
que perpetúan los sueños, el amor y los anhelos
quedaron sepultados por nuevas labores
en barbecho.

Te respondo con bien pues la fortuna halla
lo que el trabajo elaboró a si debido tiempo:
disciplina de acero, campo a la llana,
primor de la sonrisa, peso del sueño.
Tanto buscaste en otros lo que a ti negabas
que al fin tu poderoso fluido se desató tan solo
y escribes, con la solana puesta, vientos de albas,
y a lo lejos, ligeras brisas con reposado aplomo.
¡Ay! amigo, mucho me temo que desaté una mar
por buen camino puesta en mis versos del barro,
tu bello mar de corales y de purpúreos ocasos,
acabará derribándome a mí del pedestal..
Con mi poeta leo la buena disciplina
un ejército de versos del trabajo,
marchar por los ínclitos caminos,
la mirada fija, en tu horizonte exacto.
El mar te ondea banderas, las más hermosas,
si todo animal amado sus elementos allega:
es la palabra sagrada quien descubre al momento
la verdad, el camino y la vida que en ti reposan.

La poesía, más que cosa alguna, es trabajo
y aquel que no lo entienda así enteramente yerra;
ese afán simple y llano de saber veo aflorar,
rotas las singladuras, en tus versos llanos.
Te veo vencer y convencer, me veo a tu lado
como poeta nuevo vencido sin apenas trabajo,
pues ya la vida da a cada profesión un mundo,
y en cada mundo del que sabe es el hallazgo.

No envidies lo que no tienes,
pues prestado el envidiado lo tiene
y tu deseo la posesión retiene
y tu imaginación la agranda y la mantiene,
que está adentro muy adentro
lo que anhelas tener afuera,
telón, escenario y decorado
de la obra que repites cada día...
... Sueño no cumplido es
vigilia permanente de la Envidia,
mas expresarla también es
el mejor halago al cercano amigo
si con tristeza no se ha sentido.
Por virtud el envidioso entiende trampas
y a más corazón opone razones,
por amor comprende sus añagazas
y a los dones servidos los cree su alma.
No envidies lo que no tienes
y lo tendrás guardado y en orden
por otro al que pasas los desvelos.
Admira la apostura que en galanas formas
tiene por natural don quien las posee;
no admires tampoco en exagerada forma,

El jardín aéreo

Picotean cacahuetes
tras la ventana
herrerillos acróbatas
que el nido saca
No les asustan los juegos
de mis chinitas,
ni con ellos compiten
los gorriones gorrones,
de campanillas.
De sus años enanos,
hora a hora bien cumplidos,
-el bonsai no es juguete
que es un olivo-,
les contempla la sombra
de la joven morera,
que en lugar de las moras
cacahuetes colgados
en los hilos presta.
No saldrán los manises
que tragaron los herrerillos,
mas en sus hilos de seda
un mantel han sacado
mariposas hiladoras
muy bien pintado.
Jardín recién regado
que a mi ventana asciende,
sombra de mariposas
hacia el cielo teje,
y en la plácida luz
de la alborada,
en la mesa, en familia,
entre rayos de sol se difumina,
todo en silencio, chissss,
o con diminutos ruidos,
ovillitos de plumas,
del viento rizos,
tras los cristales,
cual guiños de color juegan
a ser fugaces:
Alas de alambre,
picos cortados,
patas que quiebran
cantos callados,
y al mediodía
relleno y azul
un sol radiante
recién peinado.
¡Volad chinitas,
jugad en ellos,
picad las sombras
de los secretos!
Y al arrebol,
subid y subid y subid,
por la escalera
de caracol,
que en espiral
sube y baja,
como la vida,
como los sueños,
como la muerte,
como las nubes
en el cielo.

Cacahuetes colgados
en los hilos presta.
No saldrán los manises
ras los cristales,
cual guiños de color juegan
a ser fugaces:
Alas de alambre,
picos cortados,
patas que quiebran
cantos callados,
y al mediodía
relleno y azul
un sol radiante
recién peinado.
¡Volad chinitas,
jugad en ellos,
picad las sombras
de los secretos!
Y al arrebol,
subid y subid y subid,
por la escalera
de caracol,
que en espiral
sube y baja,
como la vida,
como los sueños,
como la muerte,
como las nubes
en el cielo.

La fuente de la vida

Fuente que sin cesar mana,
la savia, aun semidormida,
las hojas del primer invierno fuerza
a desprenderse y caer en tierra,
cual alas de mariposas mecidas.
Fuente que sin cesar mana,
la vida, aun recién nacida,
canta, llora, y sin pensar prospera
a solas con su soledad escondida,
en cada rama, en cada hoja, en cada flor
de la vida a la vida se abrirá una puerta,
un secreto de amor recién sacado,
un atreverse, un roce de las manos...
heridas las sombras al fin desde la fuente
y su tranquilo sonido de aguas corrientes.
Fuente que sin cesar mana
la vida extrae desde su herida,
y la regala, donosamente la regala
sin que nadie lo perciba

Animalario  

A punto de morir triste el otoño,
por la iluminada transparencia del acuario,
deambula mudo, elegante y sin sombrero
un pez sin caramelo.

Plúmbeas pisadas
sobre un crujir de ramas,
bramidos de trompas
al horizonte:
el elefante

Pisadas pausadas,
como un frufrú de hojas secas,
en sus patas mil arrugas:
la tortuga.

 

Peces de acuario

Chispas de color en el agua,
continuo movimiento ondulado
en busca horizontes ignotos o,
tal vez, en huida perpetua del aquí
para evitar un ahora estancado.
¿Sois peces de cálido fuego
o mariposas que errasteis la jaula?
¿Qué futuro perdisteis al nacer sin reposo
flotando en un agua sin olas?
Al presente compartís el suave lecho,
con un mágico duende llamado el de la noche,
que juega entre vosotros, vestido como pez,
mientras todo lo observa, sin perder detalle.
Él, resabiado, astuto y transparente,
se oculta en cualquier cosa, que no tenga color,
y lo escucha todo: me oye llamar a mis hijas,
cuenta mis pasos mañaneros, en busca del café.
No lo despierta la llamada al teléfono,
pero parece que a veces tiene poder
para hacer que suene, y que luego calle...
Mágicamente ladea mis cuadros, sabiendo mi manía
por mantener derechos sus marcos;
enciende la luz del baño, me esconde las llaves,
pierde mis relojes...
¡Sabe mi nombre, sabrá mi nombre, lo sabe todo!
Mariposas de cristal, chispas de color,
bailarines alegres en vuestra vida hallada,
contáis entre los vuestros con un diestro entuertador:
Por esto sois cautelosos también y sois esquivos,
más de la suerte, o no suerte, de haber nacidos cautivos;
pues no se os oculta que un pez es solamente un pez,
incapaz por tanto de hacer a los hombres faenas,
y que un astuto duende nunca será un pez,
aunque de pez bellamente se vista
y como pez dance  y yo lo alimente...
Sí: de tarde en tarde.


nadie merece tanto loor en lo profundo
y si es en vida, hacienda, riquezas o trabajos,
ya te he dicho a otro déjalo cuidarlos.
Pero al amigo envídialo de otra manera
y se lo dices para ufanar sus musas:
realza de sus obras la inteligencia
o lo que es más vanidoso, la belleza.
Final: la envidia es condenable de todos modos
pues, siendo buena crítica y conocedora,
ciega está de ella misma al no dar mérito
al hecho de entender las buenas cosas.

Trinos de canario... los recuerdos

Canta, canario, canta,
desde tu jaula encerrado,
aun con la puerta cerrada
y la vista en el árbol cercano.
No ceses tu trino esperanzado
Canta, amor mío desde la noche
que ha quedado en mis sábanas bordada;
desde la aurora que en mí besaste
y me despierta y arrulla en tus mañanas, tuyas...
Tuyo es el aire, tuyo el camino paseado,
tuyo es el eco que a modo de tu silencio me acompaña;
y la plaza y su higuera y los lánguidos álamos.
Tuya es la sangre de cobre y los besos oscuros que el sol se deja...
Canta, canario, canta,
desde tu jaula encerrado,
aun con la puerta cerrada
y la vista en el árbol cercano.
No ceses tu trino esperanzado
Una carta de las tuyas, antigua, leo ahora,
en ella dices cosas tan bellas que en mí se hunden
como nubes pasajeras que siempre regresan,
cargadas de temblorosas lluvias amorosas.
Entonces sí me reías, como la luz en los montes,
y cogías mis manos y las apretabas repentina,
como queriendo retenerme en todo tu tiempo;
y presentieras que ya nunca nos veremos.
Canta, canario, canta,
desde tu jaula encerrado,
aun con la puerta cerrada
y la vista en el árbol cercano.

No ceses tu trino esperanzado.

En  memoria de Agustín

Creíamos que no nos veías,
pero hasta los tuétanos
tu corazón nos calaba,
pues callabas y escuchabas
nuestros más íntimos rincones,
tus cavilaciones callabas
y también tus opiniones
y en el silencio, sólo presencia,
simple, dada y recibida.
Adivinar tus deseos
era como mirarnos al espejo
cada mañana de rocío
confundidos con los nuestros...
Y así pasaban los días
y las horas y los meses,
con rutina y disciplina,
con voluntad de titanio
sin pretender nunca nada,
jamás nada superior
a los límites aceptados.
Qué bello es tan rojo el corazón
que tu cálida sombra me deja,
qué agrupado y en continuo es el rincón
que después de ti se queda,
como esperándote siempre;
Alma de los arroyos que, así corriendo,
cristalina y pura diste el agua más impensada
y que, parada,
fuente en manantial se deja una alborada
muda de escuchar los cielos,
sorda de tanta luz anegada,
ciega de la clamorosa llama
que en tu amor de hermano prende,
al lado nuestro, discreto compañero,
en la suave e imperecedera escala
por la que siempre ascenderemos,
en cada una de las lágrimas,
ahora, para ti solamente, derramadas.

Juego de espejos: la amistad

Si tú me miras a lo profundo,
soy más yo sin dejar de ser tú,
que yo también te miro y te remiro
y tu reflejo desnuda quién soy yo
al tiempo que te despoja de ese tú
que cree mirar sin cambiar nada.

Si adivinanza pones adivinanza queda,
por más vueltas que le dé no encontraré el sentido:
así,
que por mirarte dices que cambio, y yo solamente miro,
pues despojado estoy de ti, cual tú seas prenda,
desnudado en sí y en no, las dos caras de mi sino,
ciego de mirarte y remirarte en el claro sol que fijó el destino,
acabaré siendo otro sin dejar de ser tú mismo,
pues en lo profundo si me miras hallas
que una vieja palabra habitaste: amigo.

 

Chagall, en las penumbras del día

Parnasos lleno de payasos,
soñé anoche a medianoche,
cuando los mimos hablan
y los charlatanes callan,
el gesto llena el silencio
y de la memoria las palabras se borran.
De día, al mediodía,
ya del todo despierto,
soñando con las doce campanadas
con las que a esa hora el sol nos ciega...
borradas las estrellas que se alejan,
puntos de colores en las miradas
y brillantes vestiduras de la noche
con los oscuros reflejos oscuros caprichosos.
Turquesa el cielo que palidece el rostro
de un viejo payaso a la sonrisa atado.
Más bella la noche, magnífica, que al día le trae
la magia imparable de los soldados de plomo
y bailarinas etéreas de frágiles tules,
y casitas pequeñas de ventanas iluminadas
y la azul soledad de un mágico universo
en los blancos caballos subidos a los pinceles.
Así Tristana también en ti soñé,
en esta hora al sol, danzante en mi rostro
y la algarabía infantil corrigiendo los jardines,
doce latidos de estrella unen mis días a tus manos
y la noche se engrandece y toma vida
y una música que de lo más lejano viene
nos envuelve de nuevo y
contigo se borra mi sonrisa puesta,
y los brillos metálicos de mi cruel vestidura
y las palabras y gritos tartamudeados
y las viejas peleas de coro de los otros payasos.
Contigo suena el aire de otro modo
cual fuera pulsado por el buen Salinas,
y los exagerados brillos y colores del oficio
se tornan naturales, y sosegados
su belleza ensancha el pecho
de mi corazón enamorado.

Canción de la Nostalgia Agradecida

Canta, canario, canta,
desde tu jaula encerrado,
aun con la puerta cerrada
y la vista en el árbol cercano.
No ceses tu trino esperanzado.
 

Canta, amor mío desde la noche
que ha quedado en mis sábanas bordada;
desde la aurora que en mí besaste
y me despierta y me arrulla siempre en las mañanas...

 
Tuyo es el aire, tuyo el camino que pisábamos,
tuyo es el eco que a modo de silencio me acompaña;
y la plaza y su higuera y los lánguidos álamos.
Tuya es la sangre de cobre
y el beso oscuro que el sol se deja...
 
Canta, canario, canta,
desde tu jaula encerrado,
aun con la puerta cerrada
y la vista en el árbol cercano.
No ceses tu trino esperanzado  


Una de tus cartas, de las que guardo, leo ahora,
en ella dices cosas tan bellas que en mí se hunden
como pasajeras nubes que siempre regresaran,
cargadas de las temblorosas lluvias amorosas.


  Entonces sí me reías, como la luz en los montes,
y cogías mis manos y las apretabas, repentina,
como si quisieras retenerme para todo tu tiempo
y presintieras que ya nunca nos veríamos...


  Canta, canario, canta,
desde tu jaula encerrado,
aun con la puerta cerrada
y la vista en el árbol cercano.
No ceses tu trino esperanzado

Canción de la Alegría

Caen los sentimientos en cascada
como caen las notas apasionadas del arpa;
los recuerdos dulcemente caen
como los pétalos de la rosa ingrávidos...
posados sobre las duras piedras grises,
que me talló en su día amor y que creí dureza;
sostén me son ahora las calamidades pasadas,
que acogen hoy con suavidad estos días,
como una mano viril, llena de ternura.

  Ruidos de la mar ahogada se columpian
detrás de mí; entonces era tu mano amiga,
el hoyo que dejaste en la alfombra de mi  alma,
y el suave calor de tu amistad incorrupta. 

  ¡Oh mundo sigue cantándome desde las colinas!,
que se balanceen los pinares y el sol me dance:
nada se aquiete, todo baile en los pies del aire,
todo se mueva en mí, en este  vuelo de la paz...
que la antigua alegría del vino me caliente, más nueva, la feroz juventud que fué mi vida:

 ¡Vida, vuelve a cubrirme en tus tibias sábanas de sangre ilusionada, y tu tacto de nieve sobre mi mirada caiga!

 

Alfonso Colodrón Gómez-Roxas

José María Torres Morenilla

 


                          

RÍO DARRO, al encuentro de Granada

 

 

LOS POEMAS DE LA ALHAMBRA

 

DIBUJOS A LÁPIZ

 

 

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